DONALD TRUMP, LOS EEUU Y MÉJICO General de División Juan Chicharro Ortega

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Polémica ha sido la reciente visita que el candidato republicano a la  Presidencia norteamericana, Donald Trump, ha realizado a Méjico. Ya con antelación a la misma fueron muchos los mexicanos que protestaron por la llegada del millonario por considerar que tiene planes inmigratorios ofensivos contra los hispanoamericanos y especialmente contra los mejicanos. Y de hecho hasta el gobierno de Enrique Peña Nieto ha sufrido parte de las consecuencias como lo demuestra la dimisión del Secretario de Hacienda Luis Videgaray señalado como el responsable de haber llevado al candidato republicano al país.

Siempre han sido dificultosas las relaciones entre Méjico y su poderoso vecino del norte y, la postura de Donald Trump, compartida por muchos norteamericanos, no es más que una muestra más de un situación derivada de la historia. En estos momentos, y en los que vendrán en un mediato futuro, si yo fuera norteamericano de la clase dominante en los EEUU, durante dos últimos siglos, o sea WASP (white anglo saxon protestant), clase de la que es paradigma Donald Trump, estaría seriamente preocupado. Y ello debido a que la presencia hispana en los actuales EEUU está cambiando esta nación, les guste o no.

donald-trump-iiiTodo empezó en 1840 con la rebelión de Tejas y la guerra consecuente entre México y los EEUU, guerra perdida por Méjico y donde todos los territorios al norte del río Grande y el desierto de Sonora fueron ocupados por los EEUU. Así, California, Nuevo México, Arizona, Tejas, Nevada, Utah, territorios que otrora formaran parte del Virreinato de la Nueva España, y luego de México, pasaron a formar parte integral de los EEUU; sin embargo gran parte de sus pobladores, pese al cambio de soberanía, se mantuvieron en sus lugares y aún hoy constituyen hasta un 50% de la población de dichos Estados. Un porcentaje de población que se incrementa día a día y que según cálculos estadísticos fiables, pese a todas las vallas y controles migratorios que se pongan, allá por los años 2060/70 constituirá una amplísima mayoría en los Estados citados, o sea, en más de una cuarta parte de los EEUU actuales.

¿Qué quiere decir esto? Pues que al contrario de lo que ha sucedido hasta ahora donde la población hispana se ubica en los estratos medio/bajos de la sociedad, en apenas una generación esa etnia va a dominarlo todo. De arriba a abajo. Lo que fuera parte de México hace 200 años, y que le fue arrebatado por la fuerza, constituirán Estados de los EEUU pero dominados por una población mayoritaria de origen mejicano en todos los ámbitos de la sociedad y ¡ojo¡ en todas las capas sociales.

Y ahora vamos a ligar esta situación con otra realidad creciente: la del propio México actual. México, hoy, con una población de unos 120 millones de habitantes, es la potencia industrial numero quince del mundo. Es la nación más rica de toda Iberoamérica, si bien adolece de problemas estructurales relativos a una desigualdad tremenda en cuanto al reparto de la riqueza y tiene graves quebraderos de cabeza relacionados con el crimen organizado y el narcotráfico. Si Méjico fuera capaz de solucionar estos inconvenientes internos -desde luego nada fáciles, pues la idiosincrasia es terca- y consiguiera una estabilidad social y política adecuada, el desarrollo económico sería espectacular y en un cuarto de siglo nos encontraríamos a Méjico como una de las naciones líderes del mundo. Al tiempo. donald-trump-iv

De todo lo expuesto y de desarrollarse los acontecimientos, tal como parece lo más probable, dentro de 40/50 años veremos que los EEUU tendrán un vecino al sur que ya no será el vecino pobre, sino una potencia mundial y con influencia por todo el suroeste de su territorio; un territorio, por cierto, que le fue robado en su día y que por historia pertenece a Méjico.

Imaginémonos, por un momento, que allá por esos años, Arizona, por ejemplo, tenga una población mayoritariamente mejicana y que al sur linde con un Méjico potente, donde el nivel de vida no difiera en nada del resto de los Estados Unidos, al contrario de lo que sucede hoy. Tal vez suceda, entonces, que el Estado citado, así como los otros, tuvieran la tentación de reintegrarse a su Patria originaria.

¿Ciencia ficción? No crea. No es tan descabellado. Bien podría aventurarse uno a afirmar que podría quedarle poca vigencia a la tremenda frase del presidente mejicano Porfirio Díaz (1830-1915): “¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos!”. Esas fueron las palabras que pronunció el presidente mexicano y que permanecerán vigentes en la medida que los políticos norteamericanos se mantengan fieles a las ideas del expansionismo anglosajón basadas en la Doctrina Monroe y en las ideas del Destino Manifiesto acuñadas por O’Sullivan. Parece que, en lo concerniente a Méjico, conviene ir olvidando este credo, a tenor de los datos actuales y de la imparable tendencia que marcan. Salvo que, y haciendo una reflexión prospectiva desde la base de la historia de los EEUU, el Méjico futuro no alcanzara la estabilidad anhelada que la situara como potencia mundial por impedírselo alguien. Desde siempre los EEUU han vivido ajenos a las vicisitudes de sus vecinos del sur salvo cuando en ellos se han dado circunstancias que afectaran a los intereses norteamericanos. Baste recordar sus intervenciones en Cuba, Nicaragua, Panamá, Colombia o Chile, por poner sólo algunos ejemplos.

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México pierde la mitad de su territorio

¿Consentirán los EEUU un Estado potente en su vecindad que pueda poner en riesgo su estabilidad? 

Buena pregunta. Tengo la impresión de que Donald Trump no es ajeno a este fenómeno que ve venir imparable y se anticipa desde ya a los acontecimientos.

Yo como español le gritaría a Donald Trump: ¡VIVA MÉJICO!

Juan Chicharro Ortega. General de División de Infantería de Marina (R.)