Quod nihil illi deerat ad regnandum praeter regnum. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

A su regreso de Waterloo Lord Wellington es aclamado como héroe nacional en Bruselas. No conocen al hombre ni al militar.

La pregunta que le hacen es de tal simpleza que podría haberla contestado Copenhagen, su resistente caballo.

-¿Le ha gustado que a su regreso de Waterloo le aclamara la población en éxtasis?

-En absoluto; si hubiera fracasado, me habrían fusilado.

La guerra tiene al menos dos caras. Los vencedores y los vencidos. Nada tienen que ver victoria y derrota para la presencia mezclada de héroes y villanos en el campo de batalla. Por eso el general sabe dosificar sus triunfos y mientras saborea la victoria no olvida la derrota; tampoco pierde de vista su retaguardia.

Nos dice Maquiavelo que Alejandro Magno llegó a ser dueño de Egipto y del Asia Menor en pocos años y, muerto apenas había conquistado tales territorios, cuando parecía razonable que se alzaran en rebelión, los sucesores de Alejandro los conservaron sin hallar otra dificultad que la derivada de sus ambición personal. Nadie debe asombrarse de la facilidad con que Alejandro conservó Asia bajo su cetro ni de las dificultades con que tropezaron Pirro y tantos otros a la hora de conservar sus conquistas cosa que no ha de atribuirse al mayor o menor talento y capacidad del vencedor sino, más bien, a la diversidad de los vencidos. (El Príncipe. Cap. IV. Maquiavelo).

Ustedes lo entienden. Mejor no explicarlo. La capacidad del vencedor es conocida solo en parte (no sabemos lo que nos queda por ver). La diversidad de los vencidos a la vista está.

Ya no hay rey. Ahora entra en juego el Emperador. Que tiemble Europa. No hay caballo, ni Bucéfalo ni Copenhagen, ni siquiera la yegua Babieca, pero siempre habrá un mystére rumbo a ninguna parte.

En el Palacio de la Moncloa, camino de convertirse en Versalles, recibe a los vasallos, ahora perdedores: vamos a hablar del Estado. Desde el palacio dirige un imperio de perdedores. Todos. Hablar del Estado.

-¿Del catalán? Me ha preguntado una señora que pasaba a mi lado.

-¿De la España plurinacional o de la federal? Me decían en la cola del supermercado.

-¡Que no! ¡Que no sube los impuestos! ¡Qué vamos a vivir mejor!

En mi calle, cortita y algo de pueblo, han cerrado en estos últimos seis meses tres tiendas.

-No me da para pagar el alquiler.

-Me quedaba una empleada y he tenido que despedirla.

-Llevo tres meses que aquí no entra nadie.

Puede ser que ahora se le ponga cara de bueno y pretenda hacernos creer que él nada tuvo ni tiene con independentistas, filoterroristas, y que nunca caerá en los brazos del comunismo podemita. Pues ni ante notario. Tampoco aquello era una crisis.

Ya nadie pregunta por Puigdemont. ¿Se le mira -y juzga- de distinta manera?

Nadie pregunta por indultos.

Muchos cambian de bando. Los medios no; aferrados a lo suyo, les ha ido bien.

Acaba de terminar una dura batalla. Se retiran las tropas. Algunas retroceden. Una fuerza que se rinde sin haber agotado todos los medios de defensa, está deshonrada, y su jefe es el responsable.

Claro que aquí los motivos son más prosaicos que esas cosas del deber, del honor y del valor. En algún partido político tiemblan solo por una razón: <<Si el emperador me quiere que me pague, pues solo el honor de estar con él no me alcanza>> (Mozart).

En la puerta de ese Palacio, rumbo a Versalles, debería figurar este bello poema del Indio Naborí que figura en la entrada del partido comunista cubano:

Si no vienes a dar,

a dar el tiempo, el corazón, la vida

no desesperes por entrar

que en la entrada comienza tu salida.

Si vienes a buscar

el privilegio, la ocasión mullida,

no desesperes por estar

donde la flor más bella es una herida.

Este lugar es un lugar propicio

para el amor al sacrificio

aquí tienes que ser

el último en comer

el último en dormir

el último en tener

y el primero en morir.

(Jesús Orta Ruiz, Indio Naborí, 1922-2005)

No estaría de más esperar a la salida.

Ver como se entra para ver como se sale.

<<Quod nihil illi deerat ad regnandum praeter regnum>> (Nada le faltaba para reinar excepto el reino).

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

7 mayo 2019

10 pensamientos en “Quod nihil illi deerat ad regnandum praeter regnum. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

  1. Buenos dias;
    El hombre también se mide por su capacidad de justicia, innata esta al conocimiento,no son palabras para muchos oidos y así va esta nación decrépita:
    «¡Por qué tan duro! — dijo en otro tiempo el carbón de cocina al diamante; ¿no somos parientes cercanos?» —
    ¿Por qué tan blandos? Oh hermanos míos, así os pregunto yo a vosotros: ¿no sois vosotros — mis hermanos?
    ¿Por qué tan blandos, tan poco resistentes y tan dispuestos a ceder? ¿Por qué hay tanta negación, tanta renegación en vuestro corazón? ¿Y tan poco destino en vuestra mirada?
    y si no quereis ser destinos inexorables: ¿como podriais vencer conmigo?
    Y si vuestra dureza no quiere levantar chispas y cortar y sajar: ¿cómo podríais algún día crear conmigo?
    Los creadores son duros, en efecto. Y bienaventuranza tiene que pareceros el imprimir vuestra mano sobre milenios como si fuesen cera, bienaventuranza, escribir sobre la voluntad de milenios como sobre bronce, — más duros que el bronce, más nobles que el bronce. Sólo lo totalmente duro es lo más noble de todo.
    Esta nueva tabla, oh hermanos míos, coloco yo sobre vosotros: !ENDURECEOS!
    (Zaratustra, — capitulo. de tablas nuevas y tablas viejas)
    Haya paz pero tambien haya guerra!!

    Viva España

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  2. Buenos días mi General,
    Profunda reflexión la que refiere VE en su excelente Post. Siento una profunda sensación de derrota, ante la imposibilidad de encontrar un lider que aglutine las fuerzas Constitucionalistas. Alguien con carisma, que recupere una visión de España, alejada de los intereses particulares y partidistas que nos han llevado a la derrota.
    Si mi General, derrota con todas las letras, la que hemos sufrido aquellos que abogamos por la Unidad de España y por un Gobierno fuerte, ajeno al chantaje de los que quieren romper a nuestra querida Patria física y económicamente. Desgraciadamente moralmente, parece que hemos quedado bastante tocados en ésta refriega.
    En ésta larga travesía del desierto, que promete ser larga y en ciertos momentos desalentadora, para encontrar un cierto consuelo, hemos de fijarnos en “la espalda de nuestro Capitán”, no perderla de vista y permanecer más unidos que nunca.
    D. Rafael, España merece la pena. Gracias por estar ahí siempre, mi General.

    Pd: No me ha quedado muy claro, ese párrafo que se refiere al Mystere…el subconsciente me sugería un Falcon.

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  3. Mi General,
    Sé perfectamente que VE no se encuentra tocado…Gracias a Dios. Y espero que por nuestro bien, nunca le afecte.
    Le devuelvo ese fuerte abrazo, con todo mi respeto y consideración.

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  4. Yo opino que los lideres se construyen con los suficientes apoyos pero nos encontramos que la derecha constitucionalista se divide por antagonismos partidistas pues todos quieren ser presidente de gobierno cuando debería de ser lo contrario primero España la constitución y el rey y nuestro ejercito

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  5. Buenas tardes, General Dávila:

    Muy bueno y profundo lo de hoy, lo he leído varias veces, y lo comparto, de principio al fin su contenido…

    Aunque no soy nadie, solo una española de a pié, estoy al servicio de España, del Rey y de las Fuerzas Armadas, con la Legión. Hoy, mañana, y siempre, si se me necesita.

    Un afectuoso saludo para todos y para Vd, General Dávila .

    !! Viva España !!

    Josefa López del Moral Beltrán

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  6. La diversidad de los vencidos..ahí está el quid de la cuestión, V.E. ha puesto el dedo en la llaga que más duele.

    Se perdió una batalla. ¿Habrá ocasión o probabilidad de no perder la guerra?

    Los consejeros de Versailles son muy hábiles, y siguen más bien el pensamiento de Mozart que el del Indio Naborí.

    Nos instalaremos en la esperanza, esa nunca se pierde.

    Un afectuoso saludo

    Margarita Alvarez-Ossorio

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  7. Con permiso de Vuecencia, mi General. En el último párrafo ha dejado claro la catadura moral de los lideres de algunos partidos. “Si el Emperador me quiere, que me pague”. ¿Saben lo que significa DEBER, HONOR y VALOR ?. ¡Arriba España y viva La Legón!. Julio de Felipe

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  8. A las órdenes de V.E., mu General.

    Magistral. Después de tantos meses de “campaña” en la que se han llamado de todo excepto guapos y la baba pestilente de los finalmente vencedores, no por su valía ni por sus programas y objetivos, sino por su dominio del insulto y la manipulación, lo inunda y contagia todo, hay fotos y frases que provocan horror y náuseas.

    O todo es una farsa y un montaje previamente acordado, o aquí hay más cobardes y traidores de lo que se pensaba. Bien está y es lo correcto que los políticos hablen aun desde posiciones e ideas opuestas. Pero de eso a sentarse a comer con quien se ha dedicado a echarle a uno balas en el plato, va un abismo. Eso es una rendición sin lucha y sin condiciones, y se califica a sí misma y a quien la practica. Con los enemigos declarados de la Patria, no se comparte ni una gota de agua en medio del desierto. ¿Dónde queda para algunos el concepto del honor y la dignidad?. ¿En poder del enemigo?.

    Jamás pensé que vería cosas que estoy viendo. No sé, quizás sea que uno ya no entiende nada, porque vive en un mundo que no es aquel en el que nació y creció, y está desorientado.

    ¡¡¡Viva España!!!.

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  9. Cuando los herederos de aquellos soldados, que alzaron sobre el pavés al capitán y Caudillo, han consentido con mansedumbre inaudita que se le fusile a salivazos, todo honor y dignidad se ha perdido.
    El enemigo lo sabe. Y obra en consecuencia.
    No hay pues otra solución que seguir con fe a quien alce de nuevo esa bandera, que ahora se encuentra en el fango pisoteada por los enemigos.
    Y solamente entonces, en España, volverá a amanecer.
    Hagamos pues examen de conciencia…. y confesemos nuestros yerros.
    Porque de cumplir la penitencia nadie nos puede ya librar.

    Y bueno es para ello recordar el poema “El regreso de los vencidos”….

    Por la estepa solitaria, cual fantasmas vagarosos,

    abatidos, vacilantes, cabizbajos, andrajosos,

    se encaminan lentamente los vencidos a su hogar,

    y al mirar la antigua torre de la ermita de su aldea,

    a la luz opalescente que en los cielos alborea,

    van el paso retardando, temerosos de llegar.

    Son los hijos de los héroes que, en los brazos de la gloria,

    tremolando entre sus filas el pendón de la victoria,

    regresaron otras veces coronados de laurel.

    Son los hijos, la esperanza de esa raza poderosa

    que, los campos fecundando con su sangre valerosa,

    arrastraba siempre el triunfo amarrado a su corcel.

    Son los mismos que partieron entre vivas y clamores,

    son los mismos que exclamaron: ¡Volveremos vencedores!…

    Son los mismos que juraban al contrario derrotar,

    son los mismos, son los mismos, sus caballos sudorosos

    son los potros impacientes que piafaban ardorosos

    de los parches y clarines al estruendo militar.

    Han sufrido estos soldados los horrores de la guerra,

    el alud en la llanura y las nieves en la sierra,

    el ardor del rojo día, de las noches la traición;

    del combate sanguinario el disparo, la lanzada

    —el acero congelado y la bala caldeada—

    y el empuje del caballo y el aliento del cañón.

    Pero más que esos dolores sienten hoy su triste suerte,

    y recuerdan envidiosos el destino del que muerte

    encontró en lejanas tierras. Es mejor, mejor morir,

    que volver a los hogares con las frentes abatidas,

    sin espadas, sin banderas y ocultando las heridas,

    las heridas que en la espalda recibieron al huir.

    A lo lejos el poblado ya percibe su mirada:

    ¿Qué dirá la pobre madre? Qué dirá la enamorada

    que soñaba entre sus brazos estrecharle vencedor?

    ¿Qué dirá el anciano padre, el glorioso veterano,

    vencedor en cien combates? ¿Y el amigo? ¿Y el hermano?

    ¡Callarán avergonzados, si no mueren de dolor!…

    Y después, cuando a la lumbre se refiera aquella historia

    del soldado, que al contrario disputando la victoria,

    en los campos de batalla noble muerte recibió;

    y los viejos sus hazañas cuenten luego, entusiasmados,

    se dirán los pobres hijos del vencido, avergonzados:

    ¡Los valientes sucumbieron y mi padre regresó!…

    Tales cosas van pensando los vencidos pesarosos,

    que, abatidos, vacilantes, cabizbajos y andrajosos,

    caminando lentamente, se dirigen a su hogar;

    y al mirar la antigua torre de la ermita de su aldea,

    a la luz opalescente que en los cielos albores

    van el paso retardando, temerosos de llegar.

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