A UN AMIGO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Gabriel Albiac es mi amigo. Eso no es mucho: lo es todo.

A un amigo nada le pides, de un amigo nada persigues, nada esperas, ¿te parece poco la amistad? Lo dice Cicerón ‹‹No hay cosa más grande que tener a alguien con quien te atreves a hablar como contigo mismo››.

Por eso, y más, pero solo por eso, quiero dejar sus palabras encerradas en la humildad de este blog, para siempre, para todos. Que vuelen.

Son las pronunciadas en el momento de recibir de manos de Sus Majestades los Reyes el premio de ABC Mariano de Cavia.

<<Leer a Albiac supone un verdadero placer porque su prosa muestra una altura que no es frecuente, soporte además de un pensamiento honesto, sólido y erudito. Albiac ha enfatizado muchas veces que su “compromiso con el rigor de la escritura es absoluto”. Es cierto, Gabriel, siempre leal a la verdad, es uno de esos intelectuales imprescindibles. Un faro de lucidez que sigue arrojando luz en sus artículo y ensayos>>.

Es palaba de Rey.

La de Gabriel lo es.

Por eso les dejo el destello de sus palabras.

Con su permiso. Gracias amigo, maestro.

Rafael Dávila Álvarez

 

Majestades,

Autoridades presentes,

Queridas Catalina y Soledad Luca de Tena,

Querido Director, Bieito Rubido,

Queridos compañeros de ABC,

Queridas hijas, querida Susana,

Amigos.

Múltiples vidas caben en la vida de un hombre. Y, al fin, no nos asombra ver los muchos que fuimos. Sí, sospechar que algo hubo que hizo, de esos muchos, uno solo. Los místicos tienen el privilegio –aun doliente– de hallar esa unidad en Dios. Otros hemos vivido la desazón serena de verla nacer en parajes más áridos. Yo tropecé con ella, muy pronto, en la escritura. Como una ascética sin desenlace: una espera del Dios que nunca adviene. Que no debe advenir nunca.

El primero de esos muchos que fui es un niño. Que, en la pereza de la hora de la siesta, repite, sin saberlo, lo escrito por un griego cuyo nombre ignora. La ventana del dormitorio cierra muy malamente: todo existe malamente en la casa desvencijada. Es agosto en la serranía valenciana. Y el sol golpea, fuera, las paredes de cal como un espejo. Por las rendijas de postigos que no encajan, finos haces de luz proyectan en el muro una pantalla. Y, en la pantalla, sombras: son las gentes que pasan, silenciosas, por la calle. Sombras. Afiladas como figurillas de Giacometti. Las ve desfilar sobre la pared. Les finge historias, más reales que su mundo átono. Y el niño de esa tarde, en la hora de ceguera de la luz de agosto, contrae la enfermedad. Llegará el día en el que un libro, al azar de una biblioteca pública, dé nombre a eso. Y el ya adolescente sepa que un griego, dos mil quinientos años antes, lo había llamado filosofía:

«Imagina un calabozo subterráneo en forma de caverna. En él moran hombres, desde su nacimiento encadenados con la mirada fija al frente. A su espalda, centellea la luz de un fuego. Entre el fuego y los prisioneros, alguien hace pasar –como en un teatro de sombras– siluetas de hombres y animales».

El discípulo se inquieta:

–«Extraña escena cuentas, Sócrates. Y ¡qué extraños son esos prisioneros!».

Y el maestro sonríe:

«Pues, mira: en todo, esos prisioneros se parecen a nosotros. Sólo ven las sombras que el fuego proyecta sobre el fondo de la caverna, frente a ellos. ¿Tendrán acaso por real otra cosa que esas sombras?». Naturalmente que no. Realidad y sombra son, para los cautivos, lo mismo. Lo mismo, verdad y engaño.

Pues bien, esos mismos hombres somos. Nosotros. Los hijos del siglo XX.

En el gran entusiasmo que cerró los años sesenta, el joven que fui soñó darse a la filosofía. Y el hombre que, veinte años después, apostó por escribir en el vértigo de los periódicos no creyó estar haciendo otra cosa que cumplir el platónico mandato: retornar a la caverna, catalogar el guiñol de sus sombras, descifrarlas.

Hace ahora diez años, yo asistía a mi primera noche de los Cavia. Ya de madrugada, Guillermo Luca de Tena se ofreció a acercarme en su coche a mi domicilio. Cruzando un Madrid desierto, conversamos sobre los oscuros fantasmas de esta patria, de historia inmensa y trágica. Y sobre la gran tarea de nuestro presente: fundar el vínculo ético de la nación. Aquella madrugada, tuve la certeza de estar de vuelta a casa.

En ABC he encontrado el lugar en donde hacer lo único que siempre quise: escribir. Debo agradecer a cuantos aquí he cruzado el haber sido garantes de aquella fe de Don Guillermo en «la verdad y en la buena escritura». Debo agradecerlo, en primer lugar, a Catalina y Soledad, sus hijas, que siempre me abrumaron con su afecto. A Bieito Rubido, maestro riguroso de una orquesta bien afinada. A todos los que, en la redacción de esta casa, me enseñaron la aspereza y la gloria de un oficio en el cual yo siempre me supe un privilegiado. Han sido, créanme, los diez mejores años de mi vida de escritor.

Es un hombre chapado a la antigua, este que afronta hoy, intimidado, la mirada de quienes lo precedieron en el premio que ABC instituyó, hace un siglo, en honor de aquel Mariano de Cavia que había sido la firma más preciada en la cabecera de la competencia, «El Sol», porque era un tiempo decididamente más caballeroso que el nuestro. Intimidado por la mirada de esos 98 grandes. Por la mirada del Gabriel Miró, la luz de cuya prosa fue primero una música, escuchada de niño en la voz de su madre. Por la del Jacinto Benavente, en cuya severidad moral su padre le aconsejó reconocerse. Por la del Octavio Paz, cuyos «Vislumbres de la India» lo guiaron a él, un día, camino de Hyderabad y de sus hijas. Por las del áspero Cela y el lírico Vargas Llosa, que lo conmocionaron a los diecisiete… Por la de tantos amigos… ¿Cómo no sentirse abrumado por esa herencia?

«Las Ramblas, a lo lejos» nació en la evocación de una tierra herida: la Barcelona de agosto de 2017. En la evocación también de una tragedia española. La que enuncia una monja de la Nueva España en 1688: «triunfante quiero ver al que me mata, / y mato a quien me quiere ver triunfante». Quise esbozar una elegía por nosotros, todos, por estos que –con palabras de Aldana– de nuestro propio mal somos ministros. Eran mi vida y mis leyendas las que vi desmoronarse un 17 de agosto en el que el cielo de Arizona ardía con las Ramblas.

Al inicio de esa «Tercera», una voz tormentosa de mujer dejaba caer este epitafio, que es el de mi generación: «ser libre significa no tener nada». Este hombre que, en la noche de los Cavia, cierra el ciclo de los que fue para llegar aquí, percibe que no buscó nunca otra cosa en la escritura: ser libre. Y que a ello lo apostó todo.

Nada ha cambiado en eso el torrente del tiempo. Los muchos que fui son el mismo: aquel de una tarde de agosto de, digamos, 1955. Caducaron las ilusiones; la escritura sigue intacta. Pasé mi vida persiguiendo sombras: afiladas figurillas de Giacometti. Ustedes, señores del jurado, han tenido la bondad infinita de premiar a un tejedor de sueños, que nada poseyó en esta vida que no fueran las demasiadas líneas que trazó sobre las aguas. Rayas efímeras, las llama Platón: palabras.

Las palabras pasan. Todas. Quede una sola esta noche:

Gracias.

Gabriel Albiac. Premio Mariano de Cavia 2019.

ABC 3 de diciembre 2019

Blog: generaldavila.com

9 pensamientos en “A UN AMIGO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

  1. Queridísimo amigo, y amigos:
    – Rafa, te decía ayer que tu colaboración era caviable, y hoy nos traes a este foro nada más y nada menos, que a GABRIEL ALBIAC, al que con lo mejor de mi misma, desde aquí, le doy la enhorabuena por su premio, junto con mi gratitud por ESCRIBIR como hace.
    – Os decía hace dias que a ser inteligente, o a escribir, no se aprende. O estás tocado por la mano de Dios, y lo eres por nacimiento, o a lo más que puedes llegar, es a parecerlo sin serlo, pero cuando llegue alguien que verdaderamente lo sea, se volteará (caso de conflicto de ideas) a quien lo parecía y no lo era.
    – Imposible para mí contestarte a tí en lo que escribes, y a un INTELECTUAL de la envergadura de ALBIAC, que debería ser Principe de Asturias de Las Letras, y lo digo yo con vinculos familiares directísimos con la competencia al ABC; el desaparecido y decimononico periodico “El Sol”, que mencionais, y que aunque rivalizó con ABC, me consta que los fundadores de ambos diarios compartian tertulias, amigos, y un largo etc. Escribo esto último, al menos, en la credibilidad de que lo que me contaron en casa de niña, no es una leyenda urbana familiar…
    – Me ratifico en mi enhorabuen, mi queridisimo Gral. Dávila, me dicen que con lo que escribiste ayer le has quitado hasta el resuello a más de uno…así tendrán de de negra la conciencia, añado yo.
    -Que paséis un buen día de la Constitución, que se impone reformar, pero no por mindundis, sino por JURISTAS ESPECIALISTAS en constitucionalismo, apoyados por politólogos y demás.
    ¡¡ POR DIOS Y POR ESPAÑA A MIS REYES SERVIR HASTA MORIR, VIVA LA LEGIÓN !!

    Esperanza González de Fonseca Marco

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  2. Buenas tardes, General Dávila:
    Magnífico, y felicitaciones, muy merecidas, a D, Gabriel Albiac. por el premio recibido.
    Gracias, por ponerlo en el blog.
    Un afectuoso saludo General Dávila.
    !Viva España ! ! Viva el Rey ! ! Viva la Legión !
    Josefa López del Moral Beltrán

    Le gusta a 1 persona

  3. !Que magnífico discurso, qué delicioso, qué sincero y yo diría también, qué humilde!

    La humildad de los verdaderamente grandes.

    Hermoso su artículo de hoy, General Dávila. Y qué honor y satisfacción debe ser tener un amigo de las características de D.Gabriel Albiac, a quién admiramos todos lo que hemos tenido la oportunidad de leerlo, en mayor o menor medida.

    Gracias por transcribir ese discurso, porque al igual que le ocurre al señor Fernández de Castro, según dónde estés no llega el complemento cultural que me imagino habrá sido el que lo haya publicado completo.

    Saludos

    Margarita Alvarez.Ossorio

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  4. Me es imposible hacer un comentario. He leído esta mañana de un tirón todo y lo he cerrado. He saboreado el texto, lo he rumiado y me parece una obra de arte.
    Tener un amigo es un tesoro, y si uno es de la talla de nuestro Director y el otro D. Gabriel Albiac , ya es un lujo.
    Cierto que desde niños vamos cambiando día a día, y si somos capaces de comprender eso estamos descubriendo la filosofía de la vida.
    . Me doy por vencido, no tengo nivel para opinar hoy.
    Si puedo decir que hoy he sido feliz,leyendo, rumiando y volviendo a leer. GRACIAS. 🇪🇸🇪🇸🇪🇸

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  5. Con permiso de Vuecencia, mi General. Le felicito por tener un amigo de esa admirable categoría. ¡Arriba España y viva La Legión!. Julio de Felipe

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  6. Decía el escritor argentino Jorge Luis Borges que se sentía más orgulloso de lo que había leído que de lo que había escrito. Gabriel Albiac es una de esas personas a las que uno se siente orgulloso de leer.

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  7. A las órdenes de V.E., mi General.

    Un amigo para estar más que orgullosos de tenerlo. Y un auténtico mago de la palabra.
    Si en todos los periódicos hubiera una página diaria de alguien así, llegaría un momento en que ya no se hablaría de los políticos ni de sus ocurrencias, y se extinguirían por falta de publicidad.

    ¡¡¡Viva España!!!

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