DON JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Hoy he ordenado, algo, lo que se puede, mi biblioteca, porque se ha muerto José Jiménez Lozano. En cuanto me he enterado he recopilado sus libros, casi todos, y he vaciado uno de los anaqueles para poner juntos, El Mudejarillo, Maestro Huidobro, Las Memorias de un escribidor, su antología poética de El Precio… ¡son tantos!, novelas, cuentos, Diarios íntimos, poemas. Hace unos días, muy pocos, me llevaba de regalo el maestro Gabriel Albiac Precauciones con Teresa y el Mudejarillo en una preciosa edición reciente de la editorial Confluencias. Hablamos de don José al que leo constantemente, en esos momentos de lectura profunda, gracias a mi amigo Gabriel.

A partir de ahora quiero tener cerca todo lo escrito, que yo conozca, de don José. El lugar preferente de mis estanterías para Homero y don José. Lo otro puede esperar.

Uno de los libros no lo encuentro. Sé cuál es, está repetido, tengo muchos repetidos, porque me gusta tener varios del mismo; cuando uno merece la pena compro varios, para regalar y regalarte, para que los encuentres incluso cuando no los buscas;  manías. El caso es que, en el que no encuentro, escribí algo sobre Cervantes y Jiménez Lozano, que es Premio Cervantes, y ahora me gustaría recordar; esta debe ser una broma de don José que no quiere que escriba aquello. Recuerdo algo así como que Jiménez Lozano no es Premio Cervantes sino el mismísimo Cervantes.

Siento el dolor de la marcha de un amigo. Al que solo conozco por leído, muy leído. Escribió algo del atardecer con <<un libro de Pascal entre sus manos/ junto al dorado fuego que se mueve…/¡Oh, si este momento fuese eterno!/Nada más pedirías a la vida/¿Estás seguro?! Eterno se hace el momento, eterno quien lo ha vivido.

Podría decir don José, como el escribidor, y Maestro fray Luis: Por mi mano plantado tengo un huerto.

Sin querer me llega la protesta. Que él dijo:

La vida es para siempre, Dios,

¿ya no te acuerdas?

Y santa Rita, Rita

lo que se da no se quita,

o no juego contigo a más vida

ni tampoco a más muerte.

Siempre me haces trampas,

me prometes,

no te devuelvo nada, ya no es tuyo:

Santa Rita, Rita,

lo que se da no se quita,

¿no te acuerdas?

Y cuando murió Maestro Huidobro <<dijo el médico asimismo, que no era, además, como un agonizante, sino como alguien que estuviese esperando, en una estación, un tren, y echara una cabezada. Eso dijo>>. Así debe ser. Dejemos que Maestro Lozano dé su cabezada mientras espera. Seguro que volverá de aquel viaje al que le llevó don Austreberto, al lugar entre dos ríos, el Parque Municipal de Isola, el Paraíso Terrenal que decían los niños. Después de hablar con el señor Virgilio, el guía.

Me queda la tristeza de que se haya ido en La estación que gusta al cuco.

Marzo alzó el vuelo de la niebla

y volviste a reconciliarte con Homero.

Durante cuatro meses de afilados hielos

y brumas como boscaje  con herrumbre,

apagado o rojo, cruel sol de amaneceres

invernales a punto estuviste, dilo,

de hacerte asceta y calumniar al mundo,

pero ¿cómo en abril ya renunciarías

a la vida, si has de morir mañana?

Y así no puede acabar todo, ¿cómo va a serlo, si te lo explicó aquel viejo canario muerto?

¿ADÓNDE está tu canto, ahora?

¿Adónde?

Pero aguzo mis oídos y escucho,

porque

el Dios antiguo debe de haberlo recogido,

o todos

viviríamos en balde para siempre.

¿ADÓNDE?

Fuera libros de los anaqueles. Hoy el lugar está ocupado, lleno para siempre: es de don José Jiménez Lozano.

Agudizo mis oídos y escucho…

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

9 Marzo 2020

 

10 pensamientos en “DON JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

  1. Mi General: Permíteme que hoy, de manera que entenderás, te dé el pésame, por el fallecimiento de “ un amigo “. Hay personas que dejan una huella tremenda y que son como de la familia.
    Guardare este epitafio, como ejemplo de cariño a un amigo perdido. DEP. 🇪🇸🇪🇸🇪🇸

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  2. Apreciado General Dávila.
    Hermoso homenaje el suyo.
    Una gran pérdida…

    Eclesiastés

    ¡Oh! ¿Y yo no estaré ya
    para cuando florezcan?
    La tierra que me cubra
    ¿no dará rosas?
    ¿Sólo hay olvido, ni niebla de memoria
    bajo las hierbas rústicas?
    ¿En qué blasón antiguo
    habéis visto ennoblecido el heno?
    Hoy, está en su verdor
    y mañana
    lo arrojarán al horno.
    Pero sabed que fui,
    que viví y he existido.
    Mi nombre no os importe:
    podéis pisar el césped,
    recostaros.

    Tantas devastaciones, 1992

    D. José Jiménez Lozano E.P.D.

    Le gusta a 3 personas

  3. Hoy, mi General, compruebo tenemos a más de un poeta entre nosotros.

    Este comentario de hoy no es capaz de escribirlo quién no tenga un espíritu de auténtico poeta, porque no es sólo poeta quién escribe poesía, también lo son quienes tienen la capacidad de entenderla y sentirla como usted lo hace. Me deja maravillada esa vena que nos descubre de vez en cuando. Usted lo ha repetido en varias ocasiones, que el legionario es también por añadidura un poeta, pero me va a disculpar si le digo que hay ciertas sensibilidades que a una no le casan con un soldado, y esa es otra cosa más que he aprendido leyendo éste blog, que el espíritu combativo, la disciplina y el sacrificio no están reñidos con la sensibilidad extrema que usted demuestra ante la muerte de un poeta, de un escritor, de “un amigo”.

    Un texto precioso, un texto que es pura poesía en prosa. Un texto que a todos nos gustaría saber escribir cuando nos deja alguien querido o admirado.

    Puede que “su amigo” se haya ído, que ya no esté entre nosotros su cuerpo, pero mientras haya personas que lo recuerden como usted lo hace, que posean los libros que escribió y los lean y los paladeen como algo exquisito digno de tener en su corazón para siempre, seguirá entre nosotros. Es la ventaja de quienes pueden alcanzar la eternidad a través de sus obras.

    Gracias por señalarnos a uno de esos seres excepcionales, y empujarnos a leerlo a quienes no le conocíamos más que como una referencia, como será mi caso.

    Demasiados años fuera de España, demasiadas lecturas de autores extranjeros que eran los que tenía a mano. Compruebo que me he perdido a muchos escritores contemporáneos españoles que no estaban a mi alcance, y me duelo por ello, porque estoy segura de que no me va a dar tiempo de leerlos a todos, pero al menos a D. José Jiménez Lozano lo leeré con la atención debida, gracias a usted.

    Saludos

    Margarita Alvarez-Ossorio

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  4. A las órdenes de V.E., mi General.

    El reloj sideral no se detiene y llega un momento en que advertimos que nos vamos quedando solos, porque se van muriendo los amigos. Y si además son especiales por su valía y por el influjo que tienen sobre nosotros, su muerte parece más injusta e incomprensible.

    Pero los genios nunca mueren, son eternos en la obra y el legado que nos dejan. Dicho en castrense, “La muerte no es el final”. Ya que lo ha nombrado de pasada, Homero, por ejemplo, al que ninguno de nosotros llegamos a conocer obviamente, y muchos otros autores clásicos griegos y romanos, siguen vivos, no han muerto ni morirán nunca para quienes hemos leído y disfrutado sus obras.

    Preciosa página literaria, si me permite V.E. la opinión. Muy bella semblanza.

    ¡¡¡Viva España!!!

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  5. En este blog se lleva uno grandes y muy gratas sorpresas, como este artículo de hoy, de una gran profundidad literaria y vital. Una elegía en prosa por el amigo que se va. Hace pocos días, visitaba la tumba de un familiar en un cementerio y al salir pasé junto una lápida en la que estaba inscrita la siguiente frase: Solo morimos cuando nos olvidan.

    Un escritor vive mientras se le lee. Cada vez que alguien abra un libro de don José Jiménez Lozano, seguirá vivo.

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  6. Nunca lloré por quien no conocí físicamente. Leerle engrandeció mi alma pequeña, casi orgásmica satisfacción releer su perfecta dicción escribiendo, sí dicción perfecta. Y qué decir del fondo, a muchos nos hizo mejores.
    Maestro entre maestros, ya quien todo lo puede ha recogido en su amoroso abrazo, ya la alegría nos debería embargar por su destino; pero no puedo, mi pequeñez ay! las comparaciones, me impide dejar de llorar, un llanto seco de los que dejan sangre en el alma.
    Que El Gran Jefe nos lo guarde como merece.
    Gracias D. José.

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  7. POR EL HONOR DE TOD@S Y PARA QUE EL AYER Y AMÉN DE HOY SIRVA DE INSPIRACIÓN PARA L@S DE MAÑANA.
    Un suboficial.
    A España servir hasta morir.
    “Porque el amar a España es amar a los nuestros “.
    Abrazos fraternales.

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  8. Gracias, mi General, por traernos hasta estas páginas en el aire esa belleza hecha palabra del Maestro Jiménez Lozano.
    Elevemos por su alma nuestras preces.


    Requiem æternam dona ei Domine
    Et lux perpetua luceat ei.

    Pater noster qui es in cælis,
    santificetur nomen tuum,
    adveniat regnum tuum,
    fiat voluntas tua
    sicut in cælo et in terra.

    Panem nostrum quotidianum da nobios hodie
    et dimitte nobis debita nostra
    sicut et nos dimittimus debitoribus nostris
    et ne nos inducas in tentationem;
    sed liberanoa a malo.
    Amen.

    Requiescat in pacxe.
    Amen.

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