CONFINAMIENTO INCONSTITUCIONAL Rafael Dávila Álvarez

En una democracia las cosas no funcionan a capricho del que gobierna, sino con respeto a la Ley. Eso está muy bien, pero la clase política, que hizo la Ley, se lo pasa por el arco del triunfo.

Ni el confinamiento ni el cerrojazo al Congreso de los Diputados fue legal. Quitarse la responsabilidad y señalar a otros es inmoral. Las dos cosas han sido sentenciadas por el Tribunal Constitucional que son los que legalmente la interpretan.

¿Consecuencias? Ninguna para los inconsecuentes. Si usted se equivoca con la Administración puede prepararse para el calvario legal al que le someterán los administradores.

Estos años de pandemia todo ha sido una farsa, lo dice el Tribunal Constitucional: hemos estado sometidos a un recorte de nuestros derechos fundamentales. Pensé que eso era un delito, pero por lo que veo no es que no lo sea, sino que no todos somos iguales ante la Ley. Ser político es equivalente a ser irresponsable, que todo queda en manos de ese verbo tan gaseoso: gobernar.

Nos han robado, hablando en román paladino, dinero y libertad, uno en metálico y otro, lo que es más grave, en el mayor de los derechos fundamentales.

No pasa nada.

Se lo diré con palabras muy graves, pero que todos entendemos y ellos más que nadie: el Gobierno que tenemos en estos momentos en España cree que es fácil engañar al pueblo con esa liturgia, vieja conocida, que predica la revolución socialista consistente en decir que lucha por la igualdad económica y la realidad es un recorte de las libertades civiles.

Ese es el secreto. Se constituyen en una Religión: el término tiene todo el sentido de ir en mayúscula. Tan es así que estos nuevos religiosos hacen temblar —¿dudar?—hasta al Papa: Populismo.

Pero el mundo es tan viejo que es difícil engañarlo.

En la Apología de Sócrates Platón describe su despedida con una predicción: «Ahora dejadme predecir lo que os va a suceder a vosotros que me habéis condenado, pues estoy a punto de morir y en estos momentos es cuando los hombres están más dotados del don de profetizar. Os predigo que después de mi muerte caerá sobre vosotros, ¡por Zeus!, un castigo mucho más duro que el que me acabáis de infringir. Me habéis condenado con la esperanza de quedar libres de responder de vuestros actos, pero os profetizo que las cuentas os van a salir muy al revés: cada día aumentará el número de los que exijan explicación de vuestros actos, a quienes hasta ahora yo he podido contener, aunque vosotros no lo advertíais, y tanto más duros serán cuanto más jóvenes y, por ello, más exigentes; por eso viviréis aún mucho más enojados. Estáis muy equivocados si creéis que la mejor manera de desembarazaros de los que os recriminan es matarlos. No es éste el modo más honrado de cerrar la boca a quienes os inquietan; hay otro mucho más fácil: no perjudicar a los demás y mejorar la propia conducta en todo lo posible».

Se despide Sócrates con una petición para el futuro, para los hijos que vienen: «Y si presumen de ser algo, sin serlo de verdad, reprochádselo como yo os he reprochado, y exigidles que se cuiden de lo que deben y que no se den importancia, cuando en realidad nada valen».

Digo, que no soy Sócrates: ¿Quiénes os habéis creído ser?

REVELACIÓN

Sol vencido te regala,

en la tarde de otoño,

el poder y la gloria.

Mira tu alargada sombra:

nunca serás más grande.

(El Precio, antología poética José Jiménez Lozano)

Después de calmar mi furibundo enfado leo a Sócrates y al volar en el sueño de don José llego a la conclusión final: estos personajes nos roban la cartera, la de los valores, y nos da igual.

Hay que hacer un juicio sobre la cartera de valores, que son ¡tan distintos! Ya saben a los que me refiero cuando digo que nos los roban. Ahí está el problema: nos da igual, ¿o hemos gastado los valores?

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

29 0ctubre 202

ESPAÑA EN LA PLAZA DE COLÓN. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Fotografía Diario El Mundo

Quand’io mi volgo indietro a mirar gli anni/ch’ànno fuggendo i miei penseri sparsi…

«Cuando me paro a contemplar los años/y veo mis pensamientos esparcidos…» (Petrarca. Soneto CCLVII).

—Pues dime, ¿qué concepto has hecho de España?

—No malo.

—¿Luego bueno?

—Tampoco.

—Según eso, ¿ni bueno ni malo?

—No digo eso.

—Pues ¿qué? ¿Agridulce?

—¿No te parece muy seca, y que de ahí les viene a los españoles aquella su sequedad de condición y melancólica gravedad? (Baltasar Gracián, El Criticón).

He asistido a una manifestación, una más, o menos, en la Plaza de Colón, en Madrid. He visto jóvenes, menos jóvenes, mayores, «muchas viejecitas vestidas de negro, con los cirios pálidos en las pálidas manos…». Hacía una mañana dulce y caía el sol de junio entre abanicos. En el fondo de un paisaje humano se esfumaba la silueta negruzca de lo que era España, que olvida el pasado. Había indignación profunda en el ambiente, un río de gente se deslizaba manso, claro, entre rojas y amarillas banderas.

En medio del asalto frívolo de los tahúres, de ladrones vestidos de socialistas, de bandidos de la traición, esta hora era para mi espíritu como un oasis. «Me sentía en una atmósfera de sinceridad y de fe».

Todas estas viejecitas, jóvenes y menos jóvenes, sentían profundamente; no eran literatos; no eran artistas; no leían fondos brillantes de periódicos. «De cuando en cuando entonaban una plegaria larga, melodiosa, que iba a perderse» en la cima de Colón junto a su bandera, que recogía un himno sin letra, con algo de España que grita y no se entiende, solo oye la música. Esta es una España sin letra.

«Yo pensaba en España». Veía nuestros santuarios, «nuestros humilladeros, puestos a la entrada de los viejos pueblos», veía España en sus trozos, jirones de peleas, casi en ruinas, una chimenea por donde salía el humo de quemar sus restos, en hogueras de traidores. Veía hablar a gente resignada, «poniendo grandes espacios de silencio en su conversación».

Todo parecía un rezo, de aquellos antiguos entre cirios, entre rosarios dirigidos desde el púlpito cuando ya no hay quien dirija la letanía, aunque reunidos contestan en voz alta. No saben a quién siguen.

Todo está parado; en la ciudad «han cesado en su afán diario los oficiales y artesanos; están mudos los primitivos telares, las carpinterías, las locas y rientes herrerías». Nada va quedando de lo que iluminaba aquello; que era, mejor o peor, pero era España.

Cuando este rosario termina… ¡Ay Señor! Desaparece lo poco que había, quedo, de este día, un rumor de letanía, clamores, y nada más que silencios que quisieron gritar: España, España, España. Nadie les oía.

Entre unas cortinas, moquetas, humo de tabaco rubio y sonrisa, desde una ventana alguien miraba: veía solo cipreses en la desolación castellana. «Cipreses centenarios, cipreses inmóviles, cipreses que os levantáis en la desolación castellana, cipreses que habéis escuchado tantas voces y lamentos, tantas súplicas salidas de humildes corazones, cipreses que habréis oído las plegarias de nuestros abuelos y de nuestros padres; yo tengo para vosotros —pensaba el risueño mirón— para vuestro tronco desnudo y seco, para vuestro follaje rígido, inmóvil, un recuerdo de simpatía y amor». Sonreía la máscara del poder.

Mira —el mirón—, con sonrisa desvergonzada, mientras pasa la novedad; que es la de siempre. Los de siempre, como siempre y en el redil de siempre. No hace falta ni cayado. Es como si arrodillados estuviesen ante el humilladero. El muy sinvergüenza se lo transmite a su amo:

—No hay de qué preocuparse.

Son las primeras horas del día. Reunidos. «Ellos, ¿no son como la encarnación secular de todo un pueblo anónimo, insignificante, de generaciones que nacen y mueren oscuramente?».

Yo veía los gritos silenciosos y retirados, los de tantas veces, «ermitas que se levantan en las fragosidades de una montaña o en la monotonía de un llano», ya por nadie visitados.

Ayer era ese domingo que presagia calores, que esta tierra se convierte con ello en otra cosa: dolores, temores y temblores. Temo esa terminación.

«Yo veía, en fin, todos los parajes y lugares que en nuestra España frecuentan la devoción y la piedad». ¿No está en esa plaza, en este cielo seco, en este campo duro y raso, toda nuestra alma, todo el espíritu intenso y enérgico de nuestra raza?

—Pues dime, ¿qué concepto has hecho de España?

—Que habrá que recomponerla porque a este paso, por mucho que caminen, de un lado a otro, por mucho que griten, ¡que poco queda ya de España!

Son palabras entresacadas de Azorín: España, del último capítulo: Epílogo en los Pirineos.

La noche del domingo al lunes me sentí solo y lejos, creyendo que seguíamos en las tinieblas, a los pies del humilladero de los nuevos dioses, en esa soledad y lejanía de la que nunca se vuelve. Es inútil; me dije para mis adentros.

«Cuando la noche es negra, una candela

no puede nada contra las tinieblas, pero

sí contra las tinieblas de tu alma; ya no importa

que haya otra noche fuera».

(José Jiménez Lozano)

Los centinelas han dado la voz de alarma; dudo: ¿Quiénes eran los de de la Plaza de Colón?, ¿ejércitos sin voz, sin voces de mando, sin generales que portasen una candela que iluminase las tinieblas del alma de España? Cuando la noche es negra.

Rafael Dávila Álvarez

14 junio 2021

Blog: generaldavila.com

 

 

 

 

LOS LIRIOS DEL CAMPO Rafael Dávila Álvarez

Hoy cumple 91 años don José Jiménez Lozano. Sigue entre nosotros. Cada vez que canta el cuco o vuela la golondrina; oigo ladrar a un perro en el campo, en la lejanía, o miro el vuelo de los vencejos. Allí donde hay vida que viene o que se va, veo a don José.

Una primavera de azucenas en este mundo en el que «la verdad solo ha hecho su aparición como desgracia e irrisión».

Me recojo en la emoción con el prólogo que Enrique García-Máiquez hace en El Precio, una antología poética del maestro Jiménez Lozano.

Hoy, ayer y será mañana, todos los días son para estar al lado de esa poesía tan cotidiana que lee la verdad que nos acompaña, guste o no, la veamos o no.

En el repentino encuentro entre pocas y ordenadas palabras, engarzadas las letras, descubres tesoros y dices: ¡Velay!

La HIERBABUENA

Era una pequeña hierbabuena

que quería ser azucena, y penaba.

Sufrió mil años en las primaveras,

y quería extinguirse cada estío.

Justo se secó aquel año,

en que una pobre mujeruca enferma

buscó hierbabuena para su tisana,

y solo halló un matojo seco,

y azucenas.

Ya nadie escucha al cuco, que a lo mejor se ha quedado solo para los que buscan las hierbas buenas en las cunetas. Los que no supieron servir a dos señores y no sintieron el agobio del vestido ni de que comerán mañana.

¿Quieres que te lo cuente otra vez? ¡Si me entendieras!

Porque quien escribe que «En la alcoba, la ventanita tenía también su pañizuelo blanco para que no entrase frío y el sol del verano se matizase cuando por las mañanas era poderoso», no tiene que escribir nada más, porque es como aquello de «En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme», o más lejos ¡Canta, diosas, la ira de Aquiles el de Peleo!

Los que se quedan con la añadidura, si es que se la dan, si hubiese algo por añadidura, que como dice Kierkegaard eso es para los afligidos y que ningún hombre es capaz de disuadirte de tu pena. «Así las cosas, lo mejor es buscarse otros maestros cuyo discurso no sea incomprensión, cuya animación no encierre ningún reproche, cuya mirada no juzgue, cuyo consuelo no exaspere en vez de calmar». Y nos dice con razón que toda incomprensión viene del hablar.

Es por lo que callo y leo al maestro Huidobro, porque como el lirio él no coteja su bienestar, o a lo mejor malestar, con la pobreza, o a lo mejor la riqueza, de ninguno.

¡Cuidado!

Diez años esperó que el árbol seco

floreciera de nuevo. Diez años

con el hacha aguzada y temblorosa,

pero el árbol

solo exhibía sus desnudos brazos,

la percha de la urraca y de los cuervos.

Cortóle al fin, y, de repente,

vio su corazón verde, borbotón de savia;

un año más, y hubiera florecido.

Más paciencia para mirar y ver a nuestro alrededor, a nuestro lado, que llega el aliento del sufrimiento y lo dejamos pasar de largo, como si con nosotros no fuese; y resulta que éramos nosotros; y vienen a cortarnos ya que nos creían secos.

Sí. Dice, y es para mí poner cátedra, Enrique García-Máiquez que tras leer a don José «no podemos seguir mirando, leyendo, pensando ni viviendo igual que antes». Ese gerundio que es la vida en cada instante. A mí me ha pasado; me está pasando.

En él estamos.

Mirad a los lirios del campo, miradlos. O no habréis visto nada. Mirando no veis.

«Tocamos la flauta y no bailasteis. Cantamos canciones tristes y no llorasteis». Todo os da igual.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

13 mayo 2021

 

 

CUENTO PARA NIÑOS MAYORES O PARA MAYORES SIEMPRE NIÑOS Rafael Dávila Álvarez

Sé que lo leí en algún libro y eso me ha hecho buscarlo, que es una buena fórmula de lectura. Entre este y el otro, hasta que encuentras lo que buscas, acabas leyendo toda la bibliografía. Si tienes suerte y tardas en encontrarlo, mejor.

Leí que una vez hubo un pintor de Corte, que su mejor retrato no había sido del gusto de la Gran Concubina. Eso era de una gravedad extrema y, aunque el tirano gustaba de su pintor, más le gustaba ella, así que mandó buscarle mientras preparaba un castigo propio de la mente de un tirano.

Sabía que esta historia estaba escrita por un contador de cosas de todo tipo y rarezas; por eso me fui a los estantes donde tengo a los que cuentan casos tan increíbles, que luego no me acuerdo y que al volver a leerlo me parece que nunca lo había hecho antes. Por otro  lado son mis escritores preferidos y al caer la noche busco entre ellos por si alguno me da las buenas, que son muy callados y casi nunca dicen nada, y hay veces que lo que cuentan es para no dormir, porque te acuestas con esa extrañeza: ¿qué habrá querido decir? Por eso en estas noches de invierno, cuando entra el ruido del viento por la chimenea, que se apaga, cuando fuera no se puede estar, aún seas centinela, me voy sin pasar por esos libros no vaya a ser que no me dejen dormir.

Por la mañana ya es distinto, cuando ellos deben descansar, porque en esos vasares no hay ruido, ni huecos vacíos, y nunca he buscado a esas horas. Es la de leer en los ojos de los pájaros, que, cuando amanece, se posan en las ramas de la higuera con la libreta bajo el brazo repasando las tareas del día que empieza. Cuando los libros duermen, ellos, los pájaros, hablan mientras no vuelan. Se puede leer el día en sus ojos.

Soy capaz de recordar que el pintor apareció ante el tirano, a su llamada, y, aunque no sabía nada, como el rey era muy caprichoso, podía ser que le llamaba para premiarle o para matarle, que cualquier cosa era posible en aquella intriga y tanta veleidad.

Era, como el rumor le había dicho, para matarle, pero no de cualquier forma sino que, como era tirano, le concedió dos clavos para sostenerse un tiempo y defenderse del dogal implacable en torno a su garganta. Porque su mejor retrato había disgustado a su concubina.

Pero ya no sigo porque he dado con la historia que buscaba. Acabo de encontrar el libro y el poema.

«La Cuerda y los ratones»

El tirano condenó al pintor de Corte

porque su mejor retrato había disgustado

a la Gran Concubina.

Sólo le concedió dos clavos

para sostenerse un tiempo

y defenderse del dogal implacable

en torno a su garganta.

Pero el pintor asióse de una mano

y trazó con la otra la figura

de pequeños roedores en el muro.

Púsoles rubíes por ojos y dulce piel caliente,

así que, agradecidas, tomaron vida las figuras

y royeron la asesina cuerda. Estuvo libre.

Pero para esto escribes tú, confiésalo,

por que tus sueños te liberen de la muerte;

y crees por esto mismo, dilo:

para que tu Dios se levante de la nada

y te salve con su cálida mano en el sepulcro.

Dibuja ratoncillos o simples palotes escolares

si no puedes más, no sabes.

Pero hazlo con amor y primorosamente:

te salvarán los ángeles, confía.

Si eso sucedió al pintor de Corte

¿por qué no a ti, aunque seas tan pequeño?

(José Jiménez Lozano)

Me dijeron que la historia era cierta, aunque hacía mucho tiempo que no había vuelto a ocurrir hecho semejante. Desde el tiempo de Ptolomeo, general de Alejandro, que al fundar una biblioteca donde se guardaban todos, todos, los libros, en Egipto, empezaron a leer incluso los roedores; y la pintura se convirtió en jeroglífico que quería decir algo, pero había que adivinarlo. Claro, así era imposible que las figuras tomasen vida y más bien de lo escrito empezaron a salir monstruos con muchas cuerdas a modo de dogales.

Ahora hay mucha gente atada y ni los roedores se atreven a meterse donde no les llaman.

Me he puesto a pensar en todo ello mientras mis nietos me traen su dibujo escolar con belenes y papanoeles, rebaños de ovejas, patos, cerditos, burros, vacas y pastores. También han pintado ángeles.

En este concierto feliz no falta Herodes en su castillo, que espero que no me llame porque no he pintado, nunca, nada; aunque no se sabe. Habrá que cuidarse mucho.

Hay tanto amor y primor en lo que han pintado mis nietos, que espero que sean los ángeles quienes tomen vida y nos salven, como nos anuncia don José.

En homenaje, recuerdo y admiración a D. José Jiménez Lozano

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

21 diciembre 2020

 

 

 

 

 

 

 

A LA SOMBRA DE LAS PISTOLAS. Rafael Dávila Álvarez

España tiene miedo. No es solo a la Covid-19; no. Es algo peor; hay miedo al Gobierno, al amo, a esos que nos vigilan y deciden; empieza a haber miedo al político y eso es fascismo y tiranía.

El precario trabajo está a punto de desaparecer y el ERTE o el paro —alternativas comunistas en sus manos— te someten como un yugo. Tus derechos quedarán reducidos a lo que legislen durante un periodo en el que son la Ley y la Justicia. Lo alargarán todo lo que puedan. Incluso si no hay elecciones será su triunfo. Caminan solos rodeados de portadores de tirsos.

¿Para qué meterse en líos? Tu vida en sus manos. Juegan con ello. Miedo y esperanza. Ni lo uno ni lo otro. Son los mismos vacíos que a nada conducen. Se impone ser consecuente y para ello, primero, conscientes de lo que nos jugamos.

Pónganse en pie y no se dejen engañar. Recios robles y flexibles juncales, pero no esperen ni cedan. En cualquiera de las situaciones estará fuera de lo que el deber les impone, que a nada les obliga, sino a vivir con la dignidad de conocer y aprender que ser libre solo depende de usted y que tener miedo es un eslabón más de la cadena con la que está usted atado a la caseta.

Vivir con miedo no es posible, no es vivir, ni siquiera morir.

Los árboles se miden por su sombra o su fruto y, tanto lo uno como lo otro, no son el árbol sino sus consecuencias, así que me estoy pensando que la sombra y el fruto son más importantes que la realidad del que las produce. Vagan entre nosotros sombras dantescas y se han secado los frutos.

Párate y no temas a tu sombra, aunque te persiga, sino a las que no son la tuya.

Aún recuerdo Revelación del siemprevivo José Jiménez Lozano:

SOL, vencido te regala,

en la tarde de otoño,

el poder y la gloria.

Mira tu alargada sombra:

nunca serás más grande.

Nunca fue la sombra más larga que en el declinar del sol o al mediodía en el solsticio del invierno. Todo declina; cuando se hace la sombra alargada.

Temor. ¿A quién?: a las consecuencias de imponerse las sombras de las pistolas que hicieron, y pretenden ahora, declinar a España.

Es la hora de luchar y unirse contra los que han conseguido que el comunismo y el terrorismo se unan y lleven del ronzal al conjunto de la sociedad española. Con bozal también.

No habrá nadie de los grandes, y ya saben a quienes me refiero, que haga o deje de hacer algo que, viendo que va contra la justicia y la moral, le perjudique a su negocio (moral y material, que los dos conviven). Antes quebrarán su rodilla y rendirán pleitesía a su sombra.

Nos sentimos cómodos encadenados en una caverna convertida en taberna, donde se reúnen las sombras del pasado advirtiendo que están ahí; y que aquel horror puede volver en cualquier momento. Solo hace falta que nos demos la vuelta y veamos la realidad. No se han ido. Ahí siguen.

Creedme. Dejad la cueva. Soltad vuestras ataduras y acompañadme al mundo del conocimiento. Descubramos a nuestros tiranos. Miedo a su sombra de tan triste recuerdo que se alarga; esperemos que sea en su declinar. De todos nosotros depende..

Porque no hay que tener miedo cuando se mira de frente y con la verdad por delante.

Mira tu alargada sombra y no dejes que otra la suplante, ni que te persiga, como antaño hacía cuando como miedo te vigilaba.

De pronto, como del trueno, se ha ennegrecido el horizonte, se atisba una tormenta de rayos y centellas, cuando unas sombras de muerte rasgan el silencio con un disparo del pasado, fugaz, y que en lo oscuro se hacen presentes, disfrazadas y, tú que las conoces de otra veces, ves que ofrecen la mano, la que iba armada, pactan con el miedo de la muerte.

Ha sonado el trueno, pero no lo hemos oído.  El rayo nos ha golpeado sin darnos cuenta.

A la sombra de las pistolas.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

15 noviembre 2020

 

PRIMAVERA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Es una espectacular primavera la que ya está luciendo. Del amarillo de los jaramagos pasamos a las blancas margaritas. El rojo de las amapolas, tan efímero, recuerda la vida y la muerte, en las cunetas, donde están las reliquias del origen de las cosechas. El cereal, que encaña, aparece salpicado de diminutas flores blancas que se mezclan con las pálidas pamplinas.

Los mirlos del parque, ahora cerrado, clausurado para los niños, tendrán dos polladas; en la segunda será el macho quien se ocupe de la alimentación.

Relaja ver las lagartijas, viejos dinosaurios, calentándose al sol sin que nadie las turbe.

Las golondrinas y los vencejos han llegado; como si todo siguiese igual. Si levantas la mirada al cielo.

Dice un poema anónimo  del siglo XI escrito en Almería:

LA ALBAHACA

¡Déjame de ríos, de barcos

y de paseos por Santiponce!

La mata de albahaca que hay en mi casa

es para mí más preciosa que el paraíso.

¿Habremos caído en la cuenta? ¿Estará ya seca de hastío? Lo bueno -y lo malo- es nuestra capacidad de olvidar y no mirar hacia ninguna parte.

Siempre me impresionaron, y lo siguen haciendo, las palabras de Jesús en capítulo VI de San Mateo: <<Mirad las aves que vuelan por el cielo: ni siembran ni siegan ni almacenan en graneros la cosecha; sin embargo vuestro Padre que está en el Cielo les da de comer […]. No estéis, pues, preocupados por el día de mañana, porque mañana ya habrá tiempo de preocuparse. A cada día le basta con sus propios problemas>>.

¡Cuánto pensamos en ello; entre afanes!, y ¡cuántos afanes vuelven! Entonces te das cuenta que podría ser que lo que tomas por conocimiento sea la puerta del error. Esos afanes…

Aprendo del maestro Albiac el juego de Pascal entre la diversión y la conversión.

<<La diversión es lo que “divierte”, lo que me saca de mí mismo para perderme en El Otro. La conversión es el retorno hacia mí mismo que me permita proyectarme hacia Dios>>.

Llego al gran dilema de Pascal: <<Mío, tuyo>>. En su edición de los Pensamientos Gabriel Albiac añade una nota: <<El pasaje es, como lo señala Lafuma, un desarrollo de la tesis de San Juan Crisóstomo: “Es porque algunos tratan de apropiarse de lo que es de todos por lo que las querellas y las guerras estallan, como si la naturaleza se indignara de que el hombre por medio de esta fría expresión, lo mío, lo tuyo, ponga división en donde Dios puso unidad. He ahí el principio de los desórdenes; he ahí la fuente de mil conflictos”>>.

La rigurosidad de Pascal  le lleva a decir en sus debates con Mitton: <<El yo es odioso>>.

Un Embajador informaba a la Señoría de Venecia que una de las razones de la fortaleza interna de los Tercios españoles en Flandes era hacer la camareta que no era otra cosa que unirse ocho o diez para vivir juntos jurándose (dándose la fe) de sustentarse en la necesidad y en la enfermedad como hermanos. <<Ponen en estas camaretas las pagas reunidas proveyendo primero a su vivir y después se van vistiendo con el mismo tenor, el cual da satisfacción y lustre a toda la compañía>> (Tercios de España. Fernando Martínez Laínez y JM. Sánchez de Toca). Era uso no solo entre soldados, sino entre los maestres de campo y oficiales superiores, lo que formaba unidades muy sólidas cuyos miembros se sacrificaban individualmente por el bien del grupo.

Quizá nadie le deba nada a nadie, porque somos a la vez nadie y nada; antes que otra cosa. Sin acudir a la rotundidad pascaliana hoy vemos que <<Mío, tuyo>> quiere decirlo todo, sobre todo, cuando algunos tratan de apropiarse de lo que es de todos y eso es todo: la naturaleza indignada.

Una simple mata de albahaca puede ser más preciosa que todos los paraísos.

Diez años esperó que el árbol seco

floreciera de nuevo. Diez años

con el hacha aguzada y temblorosa,

pero el árbol

solo exhibía sus desnudos brazos,

la percha de la urraca y de los cuervos.

Cortóle al fin, y, de repente,

vio su corazón verde, borbotón de savia;

Un año más, y hubiera florecido.

(Árbol Seco- José Jiménez Lozano)

Esta primavera nos la vamos a perder, pero otras volverán si dejamos quieta el hacha que exhibe el <<Mío, tuyo>>.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

7 mayo 2020

MAS HAY AVES EN EL CIELO… Y VIEJOS QUE ESPERAN General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Estos días de confinamiento mi ventana recobra su importancia.

Tengo una ventana que me permite mirar a los pájaros cuando llegan y cuando se van. También veo a los que siempre están. ¿Nos conocemos? Los mirlos andan a la gresca con las urracas que adivinan enseguida donde están haciendo el nido, entre la hiedra, y ya no dejan la pelea. El mirlo es valiente y la mirla trabajadora. Los gorriones en cuanto empiezan a ver el trasiego desaparecen.

Tengo una ventana que no es una ventana cualquiera porque solo es de pájaros. Puede que haya otras cosas, que seguro que las hay, pero ellos me han dicho que solo les mire a ellos, que lo demás no interesa; total que estamos de acuerdo porque yo la ventana solo la quiero para ver los pájaros. Este año ando preocupado porque los vencejos están tardando en llegar o, a lo peor, están volando tan alto que mi vista no los alcanza. Tampoco hay aviones porque el aeropuerto al que bajan a posarse debe estar cerrado por estos virus nuevos. Cuando veo alguno lo miro como desde la selva amazónica lo harían los sin contaminar que allí viven, y entonces no le doy más importancia porque a mi los aviones metálicos ni me van ni me vienen; como a ellos.

Mantengo abierta la  ventana hasta que se hace de noche y ya no veo ni  a los murciélagos volando, o lo que sea lo que hacen, que no se sabe muy bien si vuelan o hacen piruetas desde una cama elástica que les acompaña.

<<Mas hay aves en el cielo,

lirios en el campo. No ocurre

nada>>*

Sigo con el recuerdo a Jiménez Lozano. Imborrable.

<<La primacía de lo político destruye lo espiritual, al convertir al señor en esclavo>>.

Un elogio a la vejez es el título del artículo de Gabriel Albiac (ABC.19-03). <<El Quevedo que sabe cómo el tiempo nos hace, en cada instante, “presentes sucesiones de difunto”. El Góngora que llama a que la inteligencia sepa sobreponerse al pavor de tal destino: “la razón abra lo que el mármol cierra”, en deslumbrante traslación lírica del san Pablo que interroga: “muerte, ¿dónde está tu victoria?»>>.

Los que gestionan el coronavirus  han puesto fronteras a la vida. Los de una edad aquí, los de más edad allá. Sálvese del horno quien pueda. El ser humano no deja de asombrar… a los pájaros al menos.

Tengo ya mi edad. Me han educado a dar la vida por los demás. No hace falta que me empujen. <<Ni la llamo ni la huyo; puede venir cuando quiera>>. Nunca pensé que habría prioridades y selección en el triaje en función de la edad; eutanásico. No empujen. Ya me muero solo.

Esta ventana no tiene barrotes, pero como si los tuviera porque ni puedo salir por ella ni tampoco entrar, así que cuando veo a los pájaros no sé si ellos pensarán que estoy enjaulado. Últimamente estoy pensando muy en serio en ello y a punto de cerrar la ventana. O ponerle barrotes para que no me la puedan robar. Esas son las soluciones de hoy, muchos barrotes, alarmas y seguridades porque nadie está seguro de nada. ¿Será porque no miran a los pájaros? Porque a ver: ¿si no para que hacen ventanas en las casas?, ¿no es para ver a los pájaros? A lo mejor es para ahorrar luz, esa que siempre llega tarde.

Supongo que todos habrán ido alguna vez a una Residencia de ancianos. Pueden comprobar que los viejos no apartan su mirada de la puerta de entrada. Esperan. Miran a todo el que entra y al que sale. Esperan que alguna entrada sea para ellos. Una sonrisa.

Su mirada es una eterna primavera de renacer ilusiones con la llegada de alguno de los suyos. No existe para ellos el tiempo. Todo es espera, de lo que fue; creen que volverá un haz, un fulgor de aquello. Hoy los hemos encerrado, nadie llega, crueldad a su espera, puede que, para algunos, sea eterna.

Soledad de pájaro

solo y solitario

soledad del cardo

y soledad del páramo.

Son tres soledades,

ya estoy acompañado.*

Viven solos, en su <<inventario>>:

Yo tenía un peón, de niño,

unas canicas,

un lacre rojo y una cuerda,

una sonrisa.*

Por edades. Los unos a la derecha, los otros a la izquierda ¿quién decide? ; y entonces morirán unos y más tarde otros. ¿Quién decide?

Los viejos ya no damos ni siquiera sombra.

Quedemos tranquilos. Nos enseñaron y educaron a dar la vida por los demás sabiendo que cuando se exige tanto, entregarlo todo, la enseñanza culmina con el ejemplo. Pero, por favor, no empujen.

*Poemas de El Precio, Antología poética de José Jiménez Lozano.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

23 marzo 2020

DON JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Hoy he ordenado, algo, lo que se puede, mi biblioteca, porque se ha muerto José Jiménez Lozano. En cuanto me he enterado he recopilado sus libros, casi todos, y he vaciado uno de los anaqueles para poner juntos, El Mudejarillo, Maestro Huidobro, Las Memorias de un escribidor, su antología poética de El Precio… ¡son tantos!, novelas, cuentos, Diarios íntimos, poemas. Hace unos días, muy pocos, me llevaba de regalo el maestro Gabriel Albiac Precauciones con Teresa y el Mudejarillo en una preciosa edición reciente de la editorial Confluencias. Hablamos de don José al que leo constantemente, en esos momentos de lectura profunda, gracias a mi amigo Gabriel.

A partir de ahora quiero tener cerca todo lo escrito, que yo conozca, de don José. El lugar preferente de mis estanterías para Homero y don José. Lo otro puede esperar.

Uno de los libros no lo encuentro. Sé cuál es, está repetido, tengo muchos repetidos, porque me gusta tener varios del mismo; cuando uno merece la pena compro varios, para regalar y regalarte, para que los encuentres incluso cuando no los buscas;  manías. El caso es que, en el que no encuentro, escribí algo sobre Cervantes y Jiménez Lozano, que es Premio Cervantes, y ahora me gustaría recordar; esta debe ser una broma de don José que no quiere que escriba aquello. Recuerdo algo así como que Jiménez Lozano no es Premio Cervantes sino el mismísimo Cervantes.

Siento el dolor de la marcha de un amigo. Al que solo conozco por leído, muy leído. Escribió algo del atardecer con <<un libro de Pascal entre sus manos/ junto al dorado fuego que se mueve…/¡Oh, si este momento fuese eterno!/Nada más pedirías a la vida/¿Estás seguro?! Eterno se hace el momento, eterno quien lo ha vivido.

Podría decir don José, como el escribidor, y Maestro fray Luis: Por mi mano plantado tengo un huerto.

Sin querer me llega la protesta. Que él dijo:

La vida es para siempre, Dios,

¿ya no te acuerdas?

Y santa Rita, Rita

lo que se da no se quita,

o no juego contigo a más vida

ni tampoco a más muerte.

Siempre me haces trampas,

me prometes,

no te devuelvo nada, ya no es tuyo:

Santa Rita, Rita,

lo que se da no se quita,

¿no te acuerdas?

Y cuando murió Maestro Huidobro <<dijo el médico asimismo, que no era, además, como un agonizante, sino como alguien que estuviese esperando, en una estación, un tren, y echara una cabezada. Eso dijo>>. Así debe ser. Dejemos que Maestro Lozano dé su cabezada mientras espera. Seguro que volverá de aquel viaje al que le llevó don Austreberto, al lugar entre dos ríos, el Parque Municipal de Isola, el Paraíso Terrenal que decían los niños. Después de hablar con el señor Virgilio, el guía.

Me queda la tristeza de que se haya ido en La estación que gusta al cuco.

Marzo alzó el vuelo de la niebla

y volviste a reconciliarte con Homero.

Durante cuatro meses de afilados hielos

y brumas como boscaje  con herrumbre,

apagado o rojo, cruel sol de amaneceres

invernales a punto estuviste, dilo,

de hacerte asceta y calumniar al mundo,

pero ¿cómo en abril ya renunciarías

a la vida, si has de morir mañana?

Y así no puede acabar todo, ¿cómo va a serlo, si te lo explicó aquel viejo canario muerto?

¿ADÓNDE está tu canto, ahora?

¿Adónde?

Pero aguzo mis oídos y escucho,

porque

el Dios antiguo debe de haberlo recogido,

o todos

viviríamos en balde para siempre.

¿ADÓNDE?

Fuera libros de los anaqueles. Hoy el lugar está ocupado, lleno para siempre: es de don José Jiménez Lozano.

Agudizo mis oídos y escucho…

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

9 Marzo 2020

 

LOS ALMENDROS Y EL 23F. TODO UN GOLPE General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Se acerca el 23F que fue una broma al lado del golpe de Estado en marcha, el que avanza silencioso y oculto bajo el poder del propio Estado, o Gobierno o desGobierno, o lo que esto sea. Tuvo repercusión, entonces, aquello de los almendros. Se empezó a hablar del colectivo <<Almendros>>  y después de tantos años y pesquisas nadie sabe quiénes eran; ni siquiera si eran.

Claro que es primavera y el almendro tiene la manía de ser <<el primero que se levanta>>, que según José Jiménez Lozano, es lo que significa su nombre en las lenguas primigenias.

<<Su flor es abatida una y otra vez, pero sigue relumbrando cada año; y, según las leyes de Darwin, ya debía de haber mudado, si esa helada siempre ha supuesto su muerte. Pero, entonces, ¿quiere decir esto que incluso el ser siempre abatidos no puede matar nuestra esperanza?>>, y continúa diciendo don José: <<Mata la helada a la flor del almendro, /un año y otro año, y uno y otro siglo, /contra la ley de Darwin./¿Será la flor de Darwin la esperanza humana,/o flor de almendro?>>.

No hay primavera que no salga a pasear entre almendros de esperanza para oler el sutil aroma de atracción antes que les pille la helada. Quizá lo haga porque es efímero, la flor y su olor, porque es el primer signo de esperanza de la naturaleza que sabe jugar como nadie entre la vida y la muerte. Todo muere y todo renace, que sepamos, por ahora. Pese a la seguridad de la derrota la flor hace frente a la adversidad y llena los campos de ilusión, aunque esta sea imaginaria o efímera. Cumple con su deber, sin soñar con grandes esperanzas, sino con la limitada y pequeñita de una flor temprana que a otras indica su hora. Es la hora, el único momento, breve y, por eso, fructífero

La España que nos domina es la que ha conseguido asaltar las instituciones pistola en mano. Junto a la que ha sobrevivido y vivido con el lujo y poder que concede el 3%. Todo ello, hoy, en apretada conspiración con la mano izquierda que, de tanto apretarla, ha secado la rosa, marchita al ser cortada de cuajo por la hoz y machacada por el martillo. Todo un golpe.

El colectivo, los del golpe de ahora, ya no tienen nombre florido, y nos encontramos con el temor frente a la esperanza. ¡¿Si no fuese por la lección de la naturaleza, por esa diminuta flor que inunda campos, carreteras, autopistas y jardines!? Anuncia desde cualquier lugar, con suma humildad, que mata la helada a la flor del almendro, un año y otro año, pero no puede acabar con ella.

El almendro es un árbol alóctono por lo que, de acuerdo con la alcaldesa de Vic, habría que poner fin a su costumbre de florecer en castellano y aparentar esperanza en su aspecto físico, así que, o se injertan, o se cortan todos. Además tiene nombre de golpe de Estado.

<<Tenemos que concienciar a los catalanes autóctonos de que quienes hayan nacido fuera deben aprender el catalán, y poner fin a una costumbre muy presente en determinadas zonas del país de hablar en castellano a cualquier persona que por su aspecto físico o por su nombre no parezca catalana>>.

El almendro nada intenta parecer, ni sabe del 3%, ni ha usado pistolas, ni siquiera tiene la belleza aislada de una rosa, ni hoz ni martillo son suficientes para cortarlo, ni de aquí, ni de allí, que no le preocupa, ni a nadie ha pedido permiso para florecer en uno u otro lado. Simplemente florece contento con el lugar donde le ha tocado hacerlo.

La flor del almendro es abatida una y otra vez, pero sigue relumbrando cada año. ¿Quiere decir esto que incluso el ser siempre abatidos no puede matar nuestra esperanza?

Me acerco a la humildad del sabio y a su lado escucho: <<¿Será la flor de Darwin la esperanza humana,/o flor de almendro?>>.

Nuevos brotes: ¿dónde?¿Ley de Darwin?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

17 febrero 2020

LOS HÉROES DE MIS DÍAS RETIRADO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

En estos días de zozobra, cuando el retirado se retira, <<avanzada la tarde, me vuelvo a casa y entro en mi despacho. Y en el umbral me despojo de mis vestidos cotidianos, llenos de fango y lodo, y me visto de ropas nobles y curiales. Entonces dignamente ataviado, entro en las cortes de los hombres antiguos, donde, amablemente recibido por ellos, me deleito con ese alimento que es solo para mí, y para el que yo nací>> (Palabras que gentilmente me cede Maquiavelo).

Hoy, 17 de noviembre del año 2019, encuentro el descanso en la sabiduría, en la de uno de los hombres más sabios que conozco. Claro que sabiduría y bondad es lo mismo. Y viceversa. Desde Platón lo sabemos.

No hace falta que me entiendan. Él tampoco lo necesita.

¡Velay! Si lo hacen.

EL PITAJUELO

<<Entró el hombre en la librería y se puso a mirar los libros, pero no encontraba nada interesante hasta que dio con una historia de la guerra civil del 36 y, como vio que la gente hojeaba los libros, él también se puso a hojearla y vio allí fotografías que debían de recordarle aquel tiempo porque sus gestos eran como si reconociese allí a las gentes o los hechos y los lugares. Y luego comenzó a buscar por el libro.

El librero se acercó y dijo:

-¿Busca alguna cosa en especial en este libro?

Y él contestó:

-No, no.

Y dejó el libro en el anaquel. Luego preguntó al librero si tenían una historia sagrada de José y de sus hermanos, cuando estuvieron en Egipto, o de Florinda la Cava.

-No, no –contestó el librero.

Pero entonces él miró de todos modos el índice de los nombres de pueblos y ciudades y luego de personas, y no venía.

-¿Y entonces? –dijo él.

Y le comenzó a contar al librero que el cura de su pueblo era muy pequeño, y que andaba siempre, cuando iba a otros pueblos a confesar, montado en una burra muy grande, y llevaba un paraguas colorado, que tenía lentes de metal blanco, y que jugaba al pitajuelo y a las canicas con los chicos, pero que, cuando llegó la guerra civil, se las tuvo tiesas con los rojos y con los azules.

-Y ¡cuidadito! -dijo- si le tocaban a alguien.

Y también le dijo que, cuando vinieron una vez a su pueblo a hacer política, entre él y los monaguillos soltaron los cerdos, y ese fue el recibimiento que tuvieron.

-¡Claro! ¡Claro! –dijo el librero.

Pero el hombre muy serio, le miró al librero de hito en hito, y dijo:

-Y digo yo que con los que salvó y aunque solo fuera por lo del pitajuelo, tendría que tener alguna mención en un libro ¿no?

-Pues no -dijo el librero.

Y el hombre saló de la librería muy desilusionado>>.

(José Jiménez Lozano)

Esta es una narración, una pequeña gran historia, escrita por don José Jiménez Lozano, al que sin haber visto nunca conozco muy de cerca.

No es necesario que nos veamos porque, como me sigue diciendo Maquiavelo, aunque nunca le hayas visto <<ellos por su humanidad, me responden. Y durante cuatro horas no siento ningún aburrimiento, me olvido de toda ambición, no temo la pobreza, no me da miedo la muerte: me transfiero enteramente donde están ellos>>.

A pesar de que, como auténticos héroes, suelen permanecer en silencio.

¡Velay!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

17 noviembre 2019