MAS HAY AVES EN EL CIELO… Y VIEJOS QUE ESPERAN General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Estos días de confinamiento mi ventana recobra su importancia.

Tengo una ventana que me permite mirar a los pájaros cuando llegan y cuando se van. También veo a los que siempre están. ¿Nos conocemos? Los mirlos andan a la gresca con las urracas que adivinan enseguida donde están haciendo el nido, entre la hiedra, y ya no dejan la pelea. El mirlo es valiente y la mirla trabajadora. Los gorriones en cuanto empiezan a ver el trasiego desaparecen.

Tengo una ventana que no es una ventana cualquiera porque solo es de pájaros. Puede que haya otras cosas, que seguro que las hay, pero ellos me han dicho que solo les mire a ellos, que lo demás no interesa; total que estamos de acuerdo porque yo la ventana solo la quiero para ver los pájaros. Este año ando preocupado porque los vencejos están tardando en llegar o, a lo peor, están volando tan alto que mi vista no los alcanza. Tampoco hay aviones porque el aeropuerto al que bajan a posarse debe estar cerrado por estos virus nuevos. Cuando veo alguno lo miro como desde la selva amazónica lo harían los sin contaminar que allí viven, y entonces no le doy más importancia porque a mi los aviones metálicos ni me van ni me vienen; como a ellos.

Mantengo abierta la  ventana hasta que se hace de noche y ya no veo ni  a los murciélagos volando, o lo que sea lo que hacen, que no se sabe muy bien si vuelan o hacen piruetas desde una cama elástica que les acompaña.

<<Mas hay aves en el cielo,

lirios en el campo. No ocurre

nada>>*

Sigo con el recuerdo a Jiménez Lozano. Imborrable.

<<La primacía de lo político destruye lo espiritual, al convertir al señor en esclavo>>.

Un elogio a la vejez es el título del artículo de Gabriel Albiac (ABC.19-03). <<El Quevedo que sabe cómo el tiempo nos hace, en cada instante, “presentes sucesiones de difunto”. El Góngora que llama a que la inteligencia sepa sobreponerse al pavor de tal destino: “la razón abra lo que el mármol cierra”, en deslumbrante traslación lírica del san Pablo que interroga: “muerte, ¿dónde está tu victoria?”>>.

Los que gestionan el coronavirus  han puesto fronteras a la vida. Los de una edad aquí, los de más edad allá. Sálvese del horno quien pueda. El ser humano no deja de asombrar… a los pájaros al menos.

Tengo ya mi edad. Me han educado a dar la vida por los demás. No hace falta que me empujen. <<Ni la llamo ni la huyo; puede venir cuando quiera>>. Nunca pensé que habría prioridades y selección en el triaje en función de la edad; eutanásico. No empujen. Ya me muero solo.

Esta ventana no tiene barrotes, pero como si los tuviera porque ni puedo salir por ella ni tampoco entrar, así que cuando veo a los pájaros no sé si ellos pensarán que estoy enjaulado. Últimamente estoy pensando muy en serio en ello y a punto de cerrar la ventana. O ponerle barrotes para que no me la puedan robar. Esas son las soluciones de hoy, muchos barrotes, alarmas y seguridades porque nadie está seguro de nada. ¿Será porque no miran a los pájaros? Porque a ver: ¿si no para que hacen ventanas en las casas?, ¿no es para ver a los pájaros? A lo mejor es para ahorrar luz, esa que siempre llega tarde.

Supongo que todos habrán ido alguna vez a una Residencia de ancianos. Pueden comprobar que los viejos no apartan su mirada de la puerta de entrada. Esperan. Miran a todo el que entra y al que sale. Esperan que alguna entrada sea para ellos. Una sonrisa.

Su mirada es una eterna primavera de renacer ilusiones con la llegada de alguno de los suyos. No existe para ellos el tiempo. Todo es espera, de lo que fue; creen que volverá un haz, un fulgor de aquello. Hoy los hemos encerrado, nadie llega, crueldad a su espera, puede que, para algunos, sea eterna.

Soledad de pájaro

solo y solitario

soledad del cardo

y soledad del páramo.

Son tres soledades,

ya estoy acompañado.*

Viven solos, en su <<inventario>>:

Yo tenía un peón, de niño,

unas canicas,

un lacre rojo y una cuerda,

una sonrisa.*

Por edades. Los unos a la derecha, los otros a la izquierda ¿quién decide? ; y entonces morirán unos y más tarde otros. ¿Quién decide?

Los viejos ya no damos ni siquiera sombra.

Quedemos tranquilos. Nos enseñaron y educaron a dar la vida por los demás sabiendo que cuando se exige tanto, entregarlo todo, la enseñanza culmina con el ejemplo. Pero, por favor, no empujen.

*Poemas de El Precio, Antología poética de José Jiménez Lozano.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

23 marzo 2020

DON JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Hoy he ordenado, algo, lo que se puede, mi biblioteca, porque se ha muerto José Jiménez Lozano. En cuanto me he enterado he recopilado sus libros, casi todos, y he vaciado uno de los anaqueles para poner juntos, El Mudejarillo, Maestro Huidobro, Las Memorias de un escribidor, su antología poética de El Precio… ¡son tantos!, novelas, cuentos, Diarios íntimos, poemas. Hace unos días, muy pocos, me llevaba de regalo el maestro Gabriel Albiac Precauciones con Teresa y el Mudejarillo en una preciosa edición reciente de la editorial Confluencias. Hablamos de don José al que leo constantemente, en esos momentos de lectura profunda, gracias a mi amigo Gabriel.

A partir de ahora quiero tener cerca todo lo escrito, que yo conozca, de don José. El lugar preferente de mis estanterías para Homero y don José. Lo otro puede esperar.

Uno de los libros no lo encuentro. Sé cuál es, está repetido, tengo muchos repetidos, porque me gusta tener varios del mismo; cuando uno merece la pena compro varios, para regalar y regalarte, para que los encuentres incluso cuando no los buscas;  manías. El caso es que, en el que no encuentro, escribí algo sobre Cervantes y Jiménez Lozano, que es Premio Cervantes, y ahora me gustaría recordar; esta debe ser una broma de don José que no quiere que escriba aquello. Recuerdo algo así como que Jiménez Lozano no es Premio Cervantes sino el mismísimo Cervantes.

Siento el dolor de la marcha de un amigo. Al que solo conozco por leído, muy leído. Escribió algo del atardecer con <<un libro de Pascal entre sus manos/ junto al dorado fuego que se mueve…/¡Oh, si este momento fuese eterno!/Nada más pedirías a la vida/¿Estás seguro?! Eterno se hace el momento, eterno quien lo ha vivido.

Podría decir don José, como el escribidor, y Maestro fray Luis: Por mi mano plantado tengo un huerto.

Sin querer me llega la protesta. Que él dijo:

La vida es para siempre, Dios,

¿ya no te acuerdas?

Y santa Rita, Rita

lo que se da no se quita,

o no juego contigo a más vida

ni tampoco a más muerte.

Siempre me haces trampas,

me prometes,

no te devuelvo nada, ya no es tuyo:

Santa Rita, Rita,

lo que se da no se quita,

¿no te acuerdas?

Y cuando murió Maestro Huidobro <<dijo el médico asimismo, que no era, además, como un agonizante, sino como alguien que estuviese esperando, en una estación, un tren, y echara una cabezada. Eso dijo>>. Así debe ser. Dejemos que Maestro Lozano dé su cabezada mientras espera. Seguro que volverá de aquel viaje al que le llevó don Austreberto, al lugar entre dos ríos, el Parque Municipal de Isola, el Paraíso Terrenal que decían los niños. Después de hablar con el señor Virgilio, el guía.

Me queda la tristeza de que se haya ido en La estación que gusta al cuco.

Marzo alzó el vuelo de la niebla

y volviste a reconciliarte con Homero.

Durante cuatro meses de afilados hielos

y brumas como boscaje  con herrumbre,

apagado o rojo, cruel sol de amaneceres

invernales a punto estuviste, dilo,

de hacerte asceta y calumniar al mundo,

pero ¿cómo en abril ya renunciarías

a la vida, si has de morir mañana?

Y así no puede acabar todo, ¿cómo va a serlo, si te lo explicó aquel viejo canario muerto?

¿ADÓNDE está tu canto, ahora?

¿Adónde?

Pero aguzo mis oídos y escucho,

porque

el Dios antiguo debe de haberlo recogido,

o todos

viviríamos en balde para siempre.

¿ADÓNDE?

Fuera libros de los anaqueles. Hoy el lugar está ocupado, lleno para siempre: es de don José Jiménez Lozano.

Agudizo mis oídos y escucho…

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

9 Marzo 2020

 

LOS ALMENDROS Y EL 23F. TODO UN GOLPE General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Se acerca el 23F que fue una broma al lado del golpe de Estado en marcha, el que avanza silencioso y oculto bajo el poder del propio Estado, o Gobierno o desGobierno, o lo que esto sea. Tuvo repercusión, entonces, aquello de los almendros. Se empezó a hablar del colectivo <<Almendros>>  y después de tantos años y pesquisas nadie sabe quiénes eran; ni siquiera si eran.

Claro que es primavera y el almendro tiene la manía de ser <<el primero que se levanta>>, que según José Jiménez Lozano, es lo que significa su nombre en las lenguas primigenias.

<<Su flor es abatida una y otra vez, pero sigue relumbrando cada año; y, según las leyes de Darwin, ya debía de haber mudado, si esa helada siempre ha supuesto su muerte. Pero, entonces, ¿quiere decir esto que incluso el ser siempre abatidos no puede matar nuestra esperanza?>>, y continúa diciendo don José: <<Mata la helada a la flor del almendro, /un año y otro año, y uno y otro siglo, /contra la ley de Darwin./¿Será la flor de Darwin la esperanza humana,/o flor de almendro?>>.

No hay primavera que no salga a pasear entre almendros de esperanza para oler el sutil aroma de atracción antes que les pille la helada. Quizá lo haga porque es efímero, la flor y su olor, porque es el primer signo de esperanza de la naturaleza que sabe jugar como nadie entre la vida y la muerte. Todo muere y todo renace, que sepamos, por ahora. Pese a la seguridad de la derrota la flor hace frente a la adversidad y llena los campos de ilusión, aunque esta sea imaginaria o efímera. Cumple con su deber, sin soñar con grandes esperanzas, sino con la limitada y pequeñita de una flor temprana que a otras indica su hora. Es la hora, el único momento, breve y, por eso, fructífero

La España que nos domina es la que ha conseguido asaltar las instituciones pistola en mano. Junto a la que ha sobrevivido y vivido con el lujo y poder que concede el 3%. Todo ello, hoy, en apretada conspiración con la mano izquierda que, de tanto apretarla, ha secado la rosa, marchita al ser cortada de cuajo por la hoz y machacada por el martillo. Todo un golpe.

El colectivo, los del golpe de ahora, ya no tienen nombre florido, y nos encontramos con el temor frente a la esperanza. ¡¿Si no fuese por la lección de la naturaleza, por esa diminuta flor que inunda campos, carreteras, autopistas y jardines!? Anuncia desde cualquier lugar, con suma humildad, que mata la helada a la flor del almendro, un año y otro año, pero no puede acabar con ella.

El almendro es un árbol alóctono por lo que, de acuerdo con la alcaldesa de Vic, habría que poner fin a su costumbre de florecer en castellano y aparentar esperanza en su aspecto físico, así que, o se injertan, o se cortan todos. Además tiene nombre de golpe de Estado.

<<Tenemos que concienciar a los catalanes autóctonos de que quienes hayan nacido fuera deben aprender el catalán, y poner fin a una costumbre muy presente en determinadas zonas del país de hablar en castellano a cualquier persona que por su aspecto físico o por su nombre no parezca catalana>>.

El almendro nada intenta parecer, ni sabe del 3%, ni ha usado pistolas, ni siquiera tiene la belleza aislada de una rosa, ni hoz ni martillo son suficientes para cortarlo, ni de aquí, ni de allí, que no le preocupa, ni a nadie ha pedido permiso para florecer en uno u otro lado. Simplemente florece contento con el lugar donde le ha tocado hacerlo.

La flor del almendro es abatida una y otra vez, pero sigue relumbrando cada año. ¿Quiere decir esto que incluso el ser siempre abatidos no puede matar nuestra esperanza?

Me acerco a la humildad del sabio y a su lado escucho: <<¿Será la flor de Darwin la esperanza humana,/o flor de almendro?>>.

Nuevos brotes: ¿dónde?¿Ley de Darwin?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

17 febrero 2020

LOS HÉROES DE MIS DÍAS RETIRADO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

En estos días de zozobra, cuando el retirado se retira, <<avanzada la tarde, me vuelvo a casa y entro en mi despacho. Y en el umbral me despojo de mis vestidos cotidianos, llenos de fango y lodo, y me visto de ropas nobles y curiales. Entonces dignamente ataviado, entro en las cortes de los hombres antiguos, donde, amablemente recibido por ellos, me deleito con ese alimento que es solo para mí, y para el que yo nací>> (Palabras que gentilmente me cede Maquiavelo).

Hoy, 17 de noviembre del año 2019, encuentro el descanso en la sabiduría, en la de uno de los hombres más sabios que conozco. Claro que sabiduría y bondad es lo mismo. Y viceversa. Desde Platón lo sabemos.

No hace falta que me entiendan. Él tampoco lo necesita.

¡Velay! Si lo hacen.

EL PITAJUELO

<<Entró el hombre en la librería y se puso a mirar los libros, pero no encontraba nada interesante hasta que dio con una historia de la guerra civil del 36 y, como vio que la gente hojeaba los libros, él también se puso a hojearla y vio allí fotografías que debían de recordarle aquel tiempo porque sus gestos eran como si reconociese allí a las gentes o los hechos y los lugares. Y luego comenzó a buscar por el libro.

El librero se acercó y dijo:

-¿Busca alguna cosa en especial en este libro?

Y él contestó:

-No, no.

Y dejó el libro en el anaquel. Luego preguntó al librero si tenían una historia sagrada de José y de sus hermanos, cuando estuvieron en Egipto, o de Florinda la Cava.

-No, no –contestó el librero.

Pero entonces él miró de todos modos el índice de los nombres de pueblos y ciudades y luego de personas, y no venía.

-¿Y entonces? –dijo él.

Y le comenzó a contar al librero que el cura de su pueblo era muy pequeño, y que andaba siempre, cuando iba a otros pueblos a confesar, montado en una burra muy grande, y llevaba un paraguas colorado, que tenía lentes de metal blanco, y que jugaba al pitajuelo y a las canicas con los chicos, pero que, cuando llegó la guerra civil, se las tuvo tiesas con los rojos y con los azules.

-Y ¡cuidadito! -dijo- si le tocaban a alguien.

Y también le dijo que, cuando vinieron una vez a su pueblo a hacer política, entre él y los monaguillos soltaron los cerdos, y ese fue el recibimiento que tuvieron.

-¡Claro! ¡Claro! –dijo el librero.

Pero el hombre muy serio, le miró al librero de hito en hito, y dijo:

-Y digo yo que con los que salvó y aunque solo fuera por lo del pitajuelo, tendría que tener alguna mención en un libro ¿no?

-Pues no -dijo el librero.

Y el hombre saló de la librería muy desilusionado>>.

(José Jiménez Lozano)

Esta es una narración, una pequeña gran historia, escrita por don José Jiménez Lozano, al que sin haber visto nunca conozco muy de cerca.

No es necesario que nos veamos porque, como me sigue diciendo Maquiavelo, aunque nunca le hayas visto <<ellos por su humanidad, me responden. Y durante cuatro horas no siento ningún aburrimiento, me olvido de toda ambición, no temo la pobreza, no me da miedo la muerte: me transfiero enteramente donde están ellos>>.

A pesar de que, como auténticos héroes, suelen permanecer en silencio.

¡Velay!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

17 noviembre 2019