LOS ALMENDROS Y EL 23F. TODO UN GOLPE General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Se acerca el 23F que fue una broma al lado del golpe de Estado en marcha, el que avanza silencioso y oculto bajo el poder del propio Estado, o Gobierno o desGobierno, o lo que esto sea. Tuvo repercusión, entonces, aquello de los almendros. Se empezó a hablar del colectivo <<Almendros>>  y después de tantos años y pesquisas nadie sabe quiénes eran; ni siquiera si eran.

Claro que es primavera y el almendro tiene la manía de ser <<el primero que se levanta>>, que según José Jiménez Lozano, es lo que significa su nombre en las lenguas primigenias.

<<Su flor es abatida una y otra vez, pero sigue relumbrando cada año; y, según las leyes de Darwin, ya debía de haber mudado, si esa helada siempre ha supuesto su muerte. Pero, entonces, ¿quiere decir esto que incluso el ser siempre abatidos no puede matar nuestra esperanza?>>, y continúa diciendo don José: <<Mata la helada a la flor del almendro, /un año y otro año, y uno y otro siglo, /contra la ley de Darwin./¿Será la flor de Darwin la esperanza humana,/o flor de almendro?>>.

No hay primavera que no salga a pasear entre almendros de esperanza para oler el sutil aroma de atracción antes que les pille la helada. Quizá lo haga porque es efímero, la flor y su olor, porque es el primer signo de esperanza de la naturaleza que sabe jugar como nadie entre la vida y la muerte. Todo muere y todo renace, que sepamos, por ahora. Pese a la seguridad de la derrota la flor hace frente a la adversidad y llena los campos de ilusión, aunque esta sea imaginaria o efímera. Cumple con su deber, sin soñar con grandes esperanzas, sino con la limitada y pequeñita de una flor temprana que a otras indica su hora. Es la hora, el único momento, breve y, por eso, fructífero

La España que nos domina es la que ha conseguido asaltar las instituciones pistola en mano. Junto a la que ha sobrevivido y vivido con el lujo y poder que concede el 3%. Todo ello, hoy, en apretada conspiración con la mano izquierda que, de tanto apretarla, ha secado la rosa, marchita al ser cortada de cuajo por la hoz y machacada por el martillo. Todo un golpe.

El colectivo, los del golpe de ahora, ya no tienen nombre florido, y nos encontramos con el temor frente a la esperanza. ¡¿Si no fuese por la lección de la naturaleza, por esa diminuta flor que inunda campos, carreteras, autopistas y jardines!? Anuncia desde cualquier lugar, con suma humildad, que mata la helada a la flor del almendro, un año y otro año, pero no puede acabar con ella.

El almendro es un árbol alóctono por lo que, de acuerdo con la alcaldesa de Vic, habría que poner fin a su costumbre de florecer en castellano y aparentar esperanza en su aspecto físico, así que, o se injertan, o se cortan todos. Además tiene nombre de golpe de Estado.

<<Tenemos que concienciar a los catalanes autóctonos de que quienes hayan nacido fuera deben aprender el catalán, y poner fin a una costumbre muy presente en determinadas zonas del país de hablar en castellano a cualquier persona que por su aspecto físico o por su nombre no parezca catalana>>.

El almendro nada intenta parecer, ni sabe del 3%, ni ha usado pistolas, ni siquiera tiene la belleza aislada de una rosa, ni hoz ni martillo son suficientes para cortarlo, ni de aquí, ni de allí, que no le preocupa, ni a nadie ha pedido permiso para florecer en uno u otro lado. Simplemente florece contento con el lugar donde le ha tocado hacerlo.

La flor del almendro es abatida una y otra vez, pero sigue relumbrando cada año. ¿Quiere decir esto que incluso el ser siempre abatidos no puede matar nuestra esperanza?

Me acerco a la humildad del sabio y a su lado escucho: <<¿Será la flor de Darwin la esperanza humana,/o flor de almendro?>>.

Nuevos brotes: ¿dónde?¿Ley de Darwin?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

17 febrero 2020

LOS HÉROES DE MIS DÍAS RETIRADO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

En estos días de zozobra, cuando el retirado se retira, <<avanzada la tarde, me vuelvo a casa y entro en mi despacho. Y en el umbral me despojo de mis vestidos cotidianos, llenos de fango y lodo, y me visto de ropas nobles y curiales. Entonces dignamente ataviado, entro en las cortes de los hombres antiguos, donde, amablemente recibido por ellos, me deleito con ese alimento que es solo para mí, y para el que yo nací>> (Palabras que gentilmente me cede Maquiavelo).

Hoy, 17 de noviembre del año 2019, encuentro el descanso en la sabiduría, en la de uno de los hombres más sabios que conozco. Claro que sabiduría y bondad es lo mismo. Y viceversa. Desde Platón lo sabemos.

No hace falta que me entiendan. Él tampoco lo necesita.

¡Velay! Si lo hacen.

EL PITAJUELO

<<Entró el hombre en la librería y se puso a mirar los libros, pero no encontraba nada interesante hasta que dio con una historia de la guerra civil del 36 y, como vio que la gente hojeaba los libros, él también se puso a hojearla y vio allí fotografías que debían de recordarle aquel tiempo porque sus gestos eran como si reconociese allí a las gentes o los hechos y los lugares. Y luego comenzó a buscar por el libro.

El librero se acercó y dijo:

-¿Busca alguna cosa en especial en este libro?

Y él contestó:

-No, no.

Y dejó el libro en el anaquel. Luego preguntó al librero si tenían una historia sagrada de José y de sus hermanos, cuando estuvieron en Egipto, o de Florinda la Cava.

-No, no –contestó el librero.

Pero entonces él miró de todos modos el índice de los nombres de pueblos y ciudades y luego de personas, y no venía.

-¿Y entonces? –dijo él.

Y le comenzó a contar al librero que el cura de su pueblo era muy pequeño, y que andaba siempre, cuando iba a otros pueblos a confesar, montado en una burra muy grande, y llevaba un paraguas colorado, que tenía lentes de metal blanco, y que jugaba al pitajuelo y a las canicas con los chicos, pero que, cuando llegó la guerra civil, se las tuvo tiesas con los rojos y con los azules.

-Y ¡cuidadito! -dijo- si le tocaban a alguien.

Y también le dijo que, cuando vinieron una vez a su pueblo a hacer política, entre él y los monaguillos soltaron los cerdos, y ese fue el recibimiento que tuvieron.

-¡Claro! ¡Claro! –dijo el librero.

Pero el hombre muy serio, le miró al librero de hito en hito, y dijo:

-Y digo yo que con los que salvó y aunque solo fuera por lo del pitajuelo, tendría que tener alguna mención en un libro ¿no?

-Pues no -dijo el librero.

Y el hombre saló de la librería muy desilusionado>>.

(José Jiménez Lozano)

Esta es una narración, una pequeña gran historia, escrita por don José Jiménez Lozano, al que sin haber visto nunca conozco muy de cerca.

No es necesario que nos veamos porque, como me sigue diciendo Maquiavelo, aunque nunca le hayas visto <<ellos por su humanidad, me responden. Y durante cuatro horas no siento ningún aburrimiento, me olvido de toda ambición, no temo la pobreza, no me da miedo la muerte: me transfiero enteramente donde están ellos>>.

A pesar de que, como auténticos héroes, suelen permanecer en silencio.

¡Velay!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

17 noviembre 2019