Aunque pueda parecer, no me refiero a la «Historia de una escalera» la obra de teatro de Antonio Buero Vallejo, donde se analiza a la sociedad española, con todas sus mentiras, a través de la vecindad, resaltando el mal ambiente que hay entre sus habitantes, con sus personajes cobardes que no conciben tener un futuro diferente al presente.
Esta pequeña historia fue la que viví en la escalera de mi casa aquel 28 de abril.
El apagón me pilló en la calle, a mi móvil le quedaba poca batería y eché en falta esa línea telefónica perdida que nos permitía comunicarnos aunque hubiera un apagón, y es que «no se pueden poner todos los huevos en la misma cesta».
Cuando llegué a casa, tampoco funcionaba el ascensor, subí los nueve pisos a pata con mi vértebra chafada, y lo primero que ví, fue a mi vecino apresurarse a sacar al perro porque, en el caso de que la oscuridad se hubiera prolongado, pensaría que siempre sería mejor que al can le pillase meado.
No tenía a mano un transistor para saber lo que estaba pasando, y es que como esclavo
de lo digital, había olvidado la importancia de lo analógico. No se de donde salió , pero abajo en el portal apareció un aparato de radio a pilas dando algunas noticias relacionadas con el apagón. Al cabo de un rato, sonó el anuncio de una comparecencia desde la Moncloa, con el «puto jefe» y tres ministras empoderadas, pero sin ningún conocimiento en el sector del petróleo, gas y distribución de energía. Al momento, el dueño del transistor al enterarse de la catadura de los técnicos, cambió el dial a los 40 principales.
Frente a las críticas de la descarbonización, de las barreras de género y del cambio climático, todos esos progres, a su pesar, tendrán que reconocer que no hay en el mundo una energía más ecológica que la nuclear.
Pero volvamos a los peldaños de nuestra pequeña historia:.
Subiendo y sufriendo mi escalera, me acordé de mi admirado Alfonso de Ussía Muñoz-Seca, nieto materno del dramaturgo Pedro Muñoz Seca, y sobrino del teniente general Jaime Miláns del Bosch y Ussía.
Cuatro meses después del golpe de Estado con el que tuvo lugar el inicio de la guerra civil española, D. Pedro el autor de «La venganza de don Mendo» estando preso en la popularmente conocida como cárcel de San Antón de Madrid, la prisión provincial de hombres número 2 instalada en el edificio de las Escuelas Pías de San Antón de la calle Hortaleza de Madrid. De esa cárcel, el 28 de noviembre de 1936 fue sacado de madrugada para ser fusilado en Paracuellos del Jarama junto a otro centenar de presos, por los milicianos llamados de la Vigilancia de Retaguardia.
Contaba Ussía, que su abuelo al entrar en su casa de Madrid, y encontrarse muy a menudo con el ascensor averiado, al subir a pie hasta su cuarto piso, con el humor que le caracterizaba, dejaba en los rellanos de los pisos pegatinas como estas a sus vecinos:
Uno y dos.- ¡No hay ascensor!
Uno, dos y tres.-¡Tenéis que subir a pie!
Uno, dos, tres y cuatro.-¡Tenéis escalera para rato!.
También yo por culpa del apagón tuve que subir a pie con mi columna tocada: Uno, dos, tres, cuatro, cinco…….hasta nueve, y ¡desde ese día, tengo chafadas piernas, glúteos, rodillas y rabadilla, pero al final me encontré en la puerta de casa.
Al cabo de tres horas la luz volvió, y recuperamos también la realidad. En mi infancia a los apagones los precedía la tormenta, y no hacía falta que nadie nos hiciera esperar días para que tuviéramos claro que la red requería atención por parte de los responsables, directos o indirectos.
Ahora es después del apagón cuando en toda España viene la tormenta.
Desde hace tiempo corren muchas noticias y más silencios relacionados con: la terrible Dana de Valencia, el apagón general, el caos ferroviario actual…, y en todos aparecen sus directivos, los altos cargos nombrados por el Gobierno a través de las puertas giratorias, y que por su ineficacia no generan ningún megavatio, pero se llevan una buena pasta.
Es por este motivo, lo que hace que los trenes se paren en mitad de recorrido y que no lleguen a sus horas, hasta tal punto que el ministerio del que dependen, Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible (MITMA), se haya convertido en el de «Transportes y Movilidad Sospechosa».
La marca España cotiza a la baja, y todo suena a que la enferma esté enumerando sus síntomas.
Los misterios de este ignorante Gobierno no se pueden vocear desde las tribunas, pues son como antorchas de fuego, que en manos de un sabio pueden iluminar en los apagones, pero en las de la mayoría de esa pandilla de fanáticos incultos pueden incendiar España.
Si he de resumir en una sola palabra el desastroso momento que atravesamos sería ESPERAR, y en esta singular e inquietante espera nuestros gobernantes, a fuerza de mentir y fingir, nos pueden llevar a vivir en una dictadura bananera y hacernos creer que estamos en una democracia.
«EXTRA OMNES» («TODOS FUERA»)
Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver.
Zaragoza 11 de mayo 2025.
Blog: generaldavila.com






















