SANTANDER DOS DE MAYO. ¿DÓNDE ESTÁ LA BANDERA CABALLEROS? General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

¿Dónde está la Bandera, Caballeros?

No quería creérmelo. Incluso cuando me enviaron la foto pensé que era un montaje. Quisiera equivocarme, pero es real. Santander. Homenaje a los héroes del Dos de Mayo. En el monumento a Pedro Velarde en la plaza Porticada. Pedro Velarde y Santillán, capitán de Artillería, era de Muriedas, en el Valle de Camargo. Es el verdadero artífice del levantamiento del 2 de mayo en Madrid. ‹‹Es preciso batirnos; es preciso morir; vamos a batirnos con los franceses››. Murió dejando en su ejemplar actitud el futuro de España. Son las páginas más gloriosas de la unidad, de amor a España, de patriotismo popular. Fue la rebelión de la Nación, del pueblo español. Una fecha que solo tiene un nombre, sin intermediarios: España. La tierra de los españoles, la soberana e independiente tierra española que no admite injerencias de nadie.

Era un día para hablar solo de España. Y españolear.

Santander rinde homenaje al héroe, capitán Velarde, y deposita a los pies de su monumento una corona de laurel. Hacen la ofrenda la alcaldesa, doña Gema Igual, y el Delegado de Defensa en Cantabria, coronel de Infantería de Marina, acompañados de dos reservistas que representan a los ejércitos de Tierra y Aire. Asisten las autoridades civiles y militares. La alcaldesa habla y recuerda la importancia de aquellos acontecimientos en el devenir de la historia de España y la necesidad de aprender de ellos.

Suena el Himno Nacional.

Preferiría no contarlo.

Una ofrenda sin los colores de España

Por primera vez veo depositar una corona de laurel ante un monumento a los héroes sin el lazo de la Bandera de España. Por primera vez veo a un soldado español portar una corona en homenaje a sus compañeros muertos en aras a la unidad e independencia de España, sin la cinta con los colores de la Bandera de España. En el acto más firme de sentido patrio, el más popular y ejemplar, protagonizado por el pueblo español; en el rotundo homenaje a la Nación española, de norte a sur, de este a oeste, la corona de laurel no lleva el lazo con la Bandera de España.

No hay excusa ni error posible. Cualquier cosa se puede esperar de los representantes políticos, pero jamás hubiese pensado que los soldados rindiesen homenaje a los héroes del Dos de Mayo sin los colores de su Bandera. Y menos el día de la lealtad, de la unidad de España.

Podría seguir escribiendo mientras la indignación se apodera de mí.

No hay excusa. Alguien debe darnos explicaciones.

Quisiera que fuese un error y que alguien rectificara mis palabras. Quisiera equivocarme. Pero llevamos mucho tiempo en el que nos olvidamos de España. Un olvido más; o algo más que un olvido. Hay olvidos ejemplares. El que es fiel en lo poco…

‹‹¿Dónde está la bandera, caballeros,

que dos pueblos enteros

con su anchuroso pabellón cubría?››

En el rotundo homenaje a la Nación española ¿Dónde está la Bandera, caballeros?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

4 mayo 2017

CALLE DEL GENERAL DÁVILA (II) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Calle General Dávila en La Roda

-Buenas tardes. ¿Sabe usted dónde queda la calle del general Dávila?

– Por supuesto. Mire aquella que sube hacia la iglesia. Es muy pequeñita, pero principal. Está en el centro.

-¿Pero no estaba en esa zona Casa Juanito? Yo siempre paraba ahí cuando iba a Murcia.

-Efectivamente, enfrente mismo arranca la calle del general. En casa Juanito también paraba Don Juan Carlos cuando estaba en la Academia de San Javier. Cuando la carretera nacional pasaba por aquí paraban mucha gente. ¡Ahora ya…!

Como habrán adivinado me encontraba en La Roda. En ‹‹La muy noble y muy leal Villa de La Roda››. Alguien me había dicho que allí había una calle que llevaba el nombre de mi abuelo. Merecía la pena ir a pasar el día y descubrirla. Inolvidable; para repetir. No dejen de visitar La Roda y reposar su encanto y gastronomía.

Al buen hombre que me indicaba el lugar donde estaba la calle quise tentarle un poco y seguí preguntando ya que capté enseguida su buena disposición.

-¿Usted sabe quién era ese general Dávila?

-Sí, sí… era un general muy importante de Franco; fue ministro y estuvo de capitán general en Sevilla.

Me sorprendió y entonces insistí con algo más directo.

-Mire usted, se lo pregunto porque yo soy el general Dávila.

Imagínense la cara que puso el hombre hasta que le aclaré que yo era una tercera generación de generales, mi abuelo (el de la calle), mi padre, y yo.

Aquél buen hombre me estrechó la mano y me acompañó hasta el pie del rótulo donde ponía: CALLE GENERAL DÁVILA.

Vista de la calle general Dávila en La Roda

-Los hubo de un lado y de otro. Como aquí y en todas partes. Los unos de unos y los otros de los otros, pero todos somos los mismos e iguales. Ya nadie discute por eso. Ahora hay otros problemas. Aquí nos gusta recordar las cosas de viejos, así las llaman la juventud, y no está de más tener los nombres en las calles para el recuerdo. Pero bueno entre nosotros, por ahora, nadie se plantea esas cosas. Ya digo, tenemos otros problemas. Aunque claro con tal de salir en la tele, vaya usted a saber…

-¡Con Dios! Amigo, y gracias.

-Gracias a usted y un placer estrechar la mano de un general. Lo recordaré siempre que por aquí pase.

Así terminó mi visita a ese bello rincón manchego: La Roda. ¡Volveré!

Parece que llega el momento de que la Calle general Dávila de Madrid deje de llevar ese nombre por decisión de la alcaldesa -cuyo nombre he olvidado-  y una Comisión que ha encontrado un buen negocio de publicidad en esto de la revisión histórica. Algo habrán aprendido, aunque cuando se parte de cortas o preconcebidas ideologías es muy difícil asumir la historia.

Por lo que tanteo, entre ellos (alcaldesa y comisión) y los madrileños hay un abismo insalvable de educación, respeto y buenas maneras; a favor de los madrileños claro. En fin, gracias señora alcaldesa y comisionados. Sin acritud y con sinceridad: ¡Gracias!

Un soldado no está para monumentos ni para rotular calles sino para cumplir con su deber y, acabado este, dar paso al siguiente que ocupe su puesto en formación. El que destaca lo hace por mérito de los demás, razón por la que los nombres colectivos sean más justos que los individuales. Eso le oía decir yo a mi abuelo.

En Santander la Calle General Dávila es la más larga y me atrevería a decir que famosa. Une Santander con El Sardinero. Hace unos meses estaba sentado en una de sus terrazas que dan al mar cuando el camarero se acercó amablemente.

-¿Es usted el general Dávila?

-Pues sí. Usted dirá.

Paseo del general Dávila en Santander

-Está invitado señor. Yo fui legionario con usted en Viator, Tercio Tercero. Pero hoy la invitación es doble. Por usted y los viejos tiempos y por su abuelo que tiene la calle más grande y bonita de Santander.

Pues que lo siga siendo por el tiempo que juzguen conveniente.

Al llegar a Madrid cogí en la estación un taxi para ir a Príncipe de Vergara donde tenía una reunión. El taxista me comentó que venía de allí de llevar a una señora algo mayor y que cuando se montó en el taxi le dijo que la llevase a la calle general Mola.

-Señora ¿Será Príncipe de Vergara? ¿no?

-No caballero. He dicho y repito general Mola, pero si se empeña en llevarme a Príncipe de Vergara, pare que me bajo.

-Mire señora, yo la llevo a usted a general Mola o al mismísimo Valle de los Caídos. ¡Estaría bueno!

Pon rótulos; quita rótulos. Códigos postales, direcciones, nombres absurdos o malintencionados…

Las calles están para pasear y vivir en paz. Estos avanzados ediles y asesores van de otra cosa que se confunde con el contenido de las esquinas, farolas y papeleras. El olor y aspecto es mejorable y Madrid lo sabe, pero aguanta. Ya no se leen los rótulos de las calles; hay que bajar la cabeza, mirar a donde pisas y proteger la nariz.

Más de cien generales dan nombre a las calles de Madrid

Más de cien generales dan nombre a calles en la Comunidad de Madrid; cerca de treinta en Madrid capital. Seguramente ninguno de ellos por voluntad propia. No necesitan rotular nada que no sea su hoja de servicios y conservar el amor y respeto de los suyos.

La historia ahora se conforma con una ley caprichosa aprobada bajo el sectarismo de una ideología. En ella se amparan para remover y revolver nombres con incultura y flagrante fraude a la historia.

Ayuntamiento de Madrid

El dinero parece suyo. Madrid aguanta. No sabemos hasta cuando. Esperemos que no se atrevan también a cambiarle el nombre. La uniformidad, la impuesta, y el mal gusto se van imponiendo. Todo es posible y todo se va cumpliendo. Quieren que lleguemos tarde a la historia y a la verdad; para ello cuentan una historia suya. Pero eso es algo imposible; la verdad acaba floreciendo incluso en los lugares más áridos y sectarios.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

22 marzo 2017