
Los cuatro jinetes del Apocalipsis de San Juan (Viktor Vasnetsov)
Esta semana, durante el acto de apertura del curso político, Pedro Sánchez sintetizaba su promesa de una fiscalidad más progresista con la frase: «Más transporte público y menos Lamborghinis», como ridículamente dicen ahora convertida en un «trending topic» (tema del momento).
La mención no parece casual: los «Lambos» es la marca de coches favorita de los pseudogurús de las finanzas que atraen a millones de jóvenes con sus discursos en las redes. Personalmente, cuanto más conozco el mundo de los gurús, influencers y márquetin, más me gusta el de Mortadelo y Filemón.
Nadie ha dudado nunca, con respecto al hecho de que la verdad y la política no se llevan demasiado bien, y nadie, que yo sepa, ha colocado la veracidad entre las virtudes políticas. Los mensajes emitidos por la mayoría de nuestros políticos, como este último, dando más importancia al tren, metro o al bus que a los coches de lujo, es un claro mensaje emocional simple y estúpido, y tendremos que tener en cuenta que responder a una estupidez vuelve a las personas como el mensaje. La mentira es una parte inevitable de la naturaleza humana, pero para muchos el mentir casi siempre es provechoso.
En todo conflicto suele haber tres versiones: la de una parte, la de la otra…y la tercera que es la más completa, y además, la verdadera. En eso de que «el jefe siempre tiene razón» que «seríamos buenos vasallos si tuviésemos buen señor» o simplemente aquello de «la soledad del mando» no dejan de ser frases hechas, o puede que sean mentiras piadosas, pues no se entiende que unos jefes estorben a otros en sus escaladas, y que todos aspiren a esa soledad.
Las mentiras de los políticos, son declaraciones realizadas por alguien que sabe a ciencia cierta, cree o sospecha que sus palabras son falsas en todo o en parte, esperando que nos las creamos, pues estudiaron a fondo la manera de ocultar la realidad o la verdad en forma parcial o total. Por eso, paradójicamente solo puedo dar credibilidad a ciertas afirmaciones cuando hayan sido desmentidas públicamente.
Como contaba el cínico de Romanones, cuando en el hemiciclo del Congreso por la mañana dicen nunca, quieren decir hasta esa misma tarde, Churchill remataba en la Cámara de los Comunes, que es la Cámara Baja del Parlamento, aquello de que: la política no es como la guerra, en la política te pueden matar muchas veces.
Hoy en España, se miente a lo grande por codicia, por vanidad o soberbia o para destacar y tener notoriedad y vivir de ella. ¿Y que decir de la ambición por el poder y por seguir manteniéndolo a toda costa?.
De todo esto solo están exentos; el loco, al que por su enfermedad se le excusa de ser veraz en lo que dice, y el novelista, que por su oficio nos cuenta mil batallas más o menos bellas envueltas en verdades y mentiras, buscando saciar al lector ávido de intriga y final.
Del novelista Pérez-Reverte: «El malvado solo no es muy peligroso, pero los mil tontos que lo rodean le hacen poderoso. Hay muchos más tontos que malvados. Con el malvado se puede negociar, sobornarlo si se hace de forma inteligente, pero con el tonto nunca.»
La teoría la conocemos, la práctica es la que se nos resiste, y por eso la verdad pierde más batallas que la mentira.
Y, lo peor de todo, es que esos políticos mentirosos, duermen tranquilos, y encima, hasta pelan los langostinos, pagados por otros, con la mano izquierda. La única forma de saber si son honestos es preguntárselo. Si responden sí, ya sabemos que son corruptos.
Si el presidente del Gobierno, controla la economía, el poder jurídico y los medios de comunicación, y puede hacer lo que le plazca, los demás pasaremos de ser ciudadanos a súbditos, y estaremos ante dos Españas, una que muere y otra que bosteza. Se olvidan que deben gobernar las leyes y no los hombres. De todas formas, en política siempre se tuvo que elegir entre dos males.
Si un presidente enfermo va al médico y no le habla de lo que realmente interesa, le miente y no le dice donde y cuando le duele, lo que de verdad necesita ese enfermo mudo y mentiroso, no es un médico sino ¡un veterinario!.
«Veterinarios, bastante desgracia tenéis con serlo. Y no lo digo porque no sea una profesión digna y honrada, sino por estar llena de dificultades. Tales son, que nada tiene de extraño que durante siglos, siendo la ignorancia de los médicos proverbial, fuese la vuestra legendaria. El médico, en efecto, siempre ha sabido, poco más o menos, dónde les dolía a los enfermos, pues éstos tienen, desde tiempo inmemorial, la costumbre de quejarse, no así los animales. Si a todo esto añadimos la necesidad de entender lo mismo en las dolencias del puerco que en las del canario flauta, se comprenderá lo difícil de sus diagnósticos. (Del libro: El noble bruto y sus amigos, de Adolfo Botín Polanco)».
Desgraciadamente una mentira repetida mil veces por ellos, tiene el peligro que, para muchos, se convierte en una realidad, así nos va, y además exigen a los suyos que sostengan las mentiras oficiales aunque corran el riesgo de la autoinmolación política.
Solo nos queda votar cuando toque, pero con los ojos bien abiertos, no como últimamente, que no se preocuparon de saber lo que estaban votando ni de leer el texto, y ahora tienen que salir todo compungidos a la palestra a pedir perdón. A ver si todos los parlamentarios se dan cuenta que su labor no consiste sólo en asistir a los plenos, para abuchear al contrario y aplaudir al jefe.
Nunca decepcionan, siempre encuentran la ocasión de meter aún mas la pata.
Como no podía terminar estas notas sin tener algo relacionado con mi querido caballo, traigo a un jinete que trota de verdad sobre su caballo blanco, «a la española», con el asiento siempre en contacto con la montura, sin introducir en el esfuerzo, el alivio o trampilla que significa el tiempo en suspensión del británico aire «trote a la inglesa».
Es uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis de San Juan.
La historia es verdadera, aunque pueda parecer misteriosa y aterradora, pero no hay razón para que lo sea. Gracias a la Biblia, podemos saber lo qué representa cada jinete. Y aunque su cabalgar ha significado muchos problemas en la Tierra, también puede significar buenas noticias.
«La visión comienza con estas palabras: «Vi, y, ¡miren!, un caballo blanco; y el que iba sentado sobre él tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo para completar su victoria»
Quién es este jinete? La clave para identificarlo está en el mismo libro de la Revelación , donde se le llama «La Palabra de Dios», era el documento que se entregaba a los profetas en el Antiguo Testamento. (Al fin y al cabo Apocalipsis significa Revelación).

La Basílica del Pilar y el rio Ebro a su paso por Zaragoza.
Que anden con cuidado, pues una persona capaz de detectar mentiras puede identificar la verdad. Hasta entonces, lo mejor será ponerse un «detente bala» de los que usaban, hasta hace poco en el campo de batalla, los militares españoles sobre su corazón, debajo del uniforme.
Todavía celebrando las fiestas del Pilar, todos los santos tienen su octava, acabo con el «Coro de Repatriados» de la zarzuela «Gigantes y Cabezudos», ambientada en la Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Muy Benéfica, Siempre Heroica e Inmortal Zaragoza.
…Por la patria te dejé, ¡ay,de mí!
Y con ansia pensé siempre en ti
Y hoy, ya loco de alegría, hoy, madre mía
Me veo aquí, me veo aquí.
Por fin te miro, Ebro famoso
Hoy es más ancho, hoy es más ancho y es más hermoso
Cuanta belleza (cuanta belleza), cuánta alegría (cuanta alegría)
Cuanto he pensado si te vería (cuanto he pensado si te vería)…
Coronel de Caballería® Ángel Cerdido Peñalver
Zaragoza 20 octubre 2024.