
1927.- El marqués de los Trujillos, bajando la cortadura «La Mariana»
La nostalgia y la poca memoria que me queda, me devuelven aquellos años de jinete en clave poética, eso sí, envueltos en el celofán de la complacencia.
Pero aún me acuerdo de lo sucedido el 12 de agosto de 1928 en la IX Olimpiada, Juegos Olímpicos de Ámsterdam.
Hípica.-Saltos de obstáculos. Prueba por equipos Medalla de oro : España.
Capitán. D. José Álvarez de las Asturias y Bohórquez con “Zalamero”
Capitán. D. José Navarro Morenés con “Zapatazo”
Capitán. D. Julio García Fernández con “Revistada”
Ámsterdam, la capital de los diamantes, es una perfecta combinación de piedra y agua, en donde las caprichosas fachadas de sus casas: estrechas por una motivación fiscal; los impuestos se fijaban en función del ancho de la fachada. Los diferentes tamaños de las ventanas , por un motivo social; más grandes en los pisos bajos, donde vivían los señores y pequeñas en los altos destinados al servicio.
Todo esto hace que sea una ciudad original con mil caras.
El deporte español acudió a Ámsterdam en su tercera cita olímpica y lo hizo con un equipo formado por: 10 atletas, 12 nadadores, 6 regatistas, 7 tiradores de esgrima, 8 jinetes, 7 boxeadores, 17 futbolistas y 15 jugadores de jockey hierba. Pero los Juegos de Ámsterdam pasaron a la historia del deporte español, por ser la primera vez en la que sonó el himno nacional y donde nuestra bandera fue izada en el mástil de los vencedores. Fueron los jinetes militares, los tres capitanes profesores de la Escuela de Equitación Militar de Madrid: D. José Álvarez de las Asturias y Bohórquez, marqués de los Trujillos y Gentilhombre de Cámara de Alfonso XIII con “Zalamero”, D. José Navarro Morenés, conde de Casa de Loja con “Zapatazo” y D. Julio García Fernández sobre “Revistada”, los que ganaron el día de la clausura de los juegos, la medalla de oro en la disciplina de saltos, prueba por equipos, plata fue Polonia y Suecia bronce.
Participaron 16 naciones, siendo esta la única prueba de todo el programa olímpico que presidió y donde entregó las medallas la reina Guillermina de Holanda.
El marqués de los Trujillos, era el profesor de exterior de la EME (Escuela Militar Ecuestre), y fue junto a su ayudante el teniente D. Antonio Álvarez Osorio, los auténticos descubridores de las cortaduras de la Zarzuela en los terrenos de El Pardo, bautizadas entre otros, con los nombres de «Mariana» y la gran «Trujillos», y que al frente de los alumnos del curso de 1927, los primeros que las bajaron.
A su regreso a Madrid, nuestros jinetes con las medallas de oro, se sorprendieron al comprobar que en la estación del Norte no había nadie esperándoles, desilusionados pensaron que el telegrama que pusieron al Ministerio de la Guerra anunciando su llegada no había sido recibido. Lástima de foto que nadie hizo. Porque menuda escena.
Decía Groucho Marx que :«La justicia militar es a la justicia, lo que la música militar es a la música», aunque no creo que la justicia militar tuviese la culpa de la soledad de nuestros medallistas en la estación madrileña de Príncipe Pío, más bien se debería a fallos burocráticos del Ministerio.
Al final todo se compensó con un banquete que les ofrecieron en el hotel Ritz al que acudió el Rey Alfonso XIII.
La medalla de oro y todos los trofeos ganados en su vida deportiva le fueron robados al marqués de los Trujillos durante la II República de su domicilio madrileño. En 1984, Juan Antonio Samaranch, presidente del COI (Comité Olímpico Internacional) al enterarse, envió una réplica exacta de la medalla que le fue entregada en diciembre de ese año por SM. el Rey D. Juan Carlos I con un emotivo acto en el Club de Campo de Madrid.
Después del parón olímpicos de 1940, al renunciar la ciudad de Tokio, que había sido elegido como sede de la XII Olimpíada, debido a las consecuencias de la guerra chino-japonesa, vino el de 1944 donde los juegos habían sido concedidos a la ciudad de Londres, pero debido a la II GM. la XIII Olimpiada tampoco se pudo celebrar.
Tres años después de acabar la más terrible de las guerras, se designa de nuevo a Londres sede de la XIV Olimpiada -recompensa a una ciudad mártir-, los Juegos Olímpicos no se conceden a un país, sino a una ciudad, pero debido a las grandes dificultades que en esos momentos pasaba la capital inglesa, fue esta la más austera de todas las Olimpiadas, pero fue aquí, en Wembley, donde la tradición ecuestre española de saltos vivió su segundo y último triunfo olímpico.
El equipo español; que estaba compuesto, como en Ámsterdam, por tres profesores de la Escuela Militar de Equitación de Madrid (Campamento), Navarro Morenés, Gavilán y García Cruz, ganaron la medalla de plata, el bronce fue para Gran Bretaña y el oro se lo llevo el equipo mejicano.
XIV Olimpiada. Juegos Olímpicos de Londres. 1948.- Hípica. Saltos de obstáculos. Equipos.
Medalla de plata.-España.
Teniente coronel D. José Navarro Morenés con “Quórum”
Comandante. D. Marcelino Gavilán y Ponce de León con “Forajido”
Comandante. D. Jaime García Cruz con “Bizarro”
De ese equipo, cabe destacar que, José Navarro Morenés fue el jinete que durante más tiempo figuró en cabeza de la lista de los jinetes ganadores de saltos de su época, ganó dos medallas olímpicas con un intervalo de 20 años. El conde de Casa de Loja de capitán en 1928 ganó el oro en Ámsterdam y siendo teniente coronel en 1948 la plata en Londres montando a su famoso “Quórum”. Se retiró cuando el Estado le compro su caballo.- en 1953 se lo cedieron a Paco Goyoaga – el genio de la equitación española de saltos de todos los tiempos, y con él conquistó en 1956 el Campeonato del Mundo de París.
De la Olimpiada de Londres, Andrés Mercé Varela, el gran periodista deportivo catalán, , me contó que cuando en el avión de la delegación olímpica española- donde también él viajaba como enviado especial del diario “Mundo Deportivo”- se escuchó al piloto decir: enseguida sobrevolaremos los acantilados blancos de la costa de Inglaterra. Moscardó presidente del COE (Comité Olímpico Español) y jefe de la delegación, le pidió el micro a la azafata y dijo:
― «Ahora que llegamos a esta tierra de cabrones digamos todos ¡Viva Franco! ¡Arriba España!»
Los deportistas, me dijo, le aplaudieron, y él socarronamente me ampliaba…
―«En aquella época, el jefe nunca se equivocaba».
A José Moscardó Ituarte, conde del Alcázar de Toledo, laureado Capitán General del Ejército y Delegado Nacional de Deportes, no le hacían gracia los hijos de la “Gran Bretaña”.
No es fácil trasladar a las nuevas generaciones lo que fue esa época, cercana y lejana a la vez, y lo será más difícil a partir de ahora, porque esos hombres ya no están aquí para contarlo, yo que tuve la suerte de rozarles, con gran respeto y admiración hoy los he recordado. Descansen en paz.
En 1928, al año siguiente de inaugurar las cortaduras de la Zarzuela, el Rey manifestó su deseo de presenciar las cortaduras, y una vez acabadas, durante el banquete que en la Escuela de Equitación se celebró en su honor, S.M. honró a los jinetes con un brindis sobre las cualidades de entusiasmo y arrojo de la Caballería Española, añadiendo:
―«Arma de mi particular cariño, que jamás me ha dado un disgusto»
Días más tarde, solicitó el deseo de tener algunas fotografías de las cortaduras para enseñarlas en Inglaterra para donde partía a los pocos días.
Con la cena de desagravio del Ritz y la reposición de la medalla robada, una vez más no se engañaron en repartir las mercedes, porque dieron más crédito a sus ojos que a sus oídos, y siempre el premio a los servicios y no al favor.
El capitán Montergón , miembro del equipo francés, que había tomado parte en el concurso de saltos de obstáculos de Madrid ese año, nada más llegar a su patria, publicó en la «Revue de Cavalerie» un emocionante artículo sobre lo que había visto en la cortaduras de la Zarzuela de España. Os mando parte del artículo, y que para mayor exactitud, lo dejo en su idioma.
«Ils y sont allés, hommes et chevaux. Ils se sont laissés tomber comme des pierres dans le vide absolu, rebondissant de ressauts en ressauts. Trois seulement ont effectué sans chute l´effroyable trajet, mais ils sont allés. Honneur á ces cavaliers intrépides, á leurs chevaux aussi braves qu´eux; honneur surtout á leur guide, a celui qui le premier s´ést lancé, entrainant les autres, qui a mesuré l´obstacle d´un coeur ferme et en a pris la responsabilité. Et l´on comprenda mon emotion quand je dirai que ce guide etait mon ami, le capitaine Marquis de los Trujillos, qui, sous mes yeux, a deux reprises, a réalisé cet exploit…»
«Fueron hombres y caballos, se dejaron caer como piedras en el abismo profundo, rebotando de salto en salto. Solamente tres completaron el asombroso trayecto sin caerse, pero todos bajaron. Honor a estos intrépidos caballeros, y a sus caballos igual de valientes que ellos; honor sobre todo a su guía , el primero que se lanzó , animando a los demás, quien superó el obstáculo del miedo en su corazón, y asumió toda la responsabilidad. Comprenderán mi emoción cuando diga que este guía era mi amigo, el capitán marqués de los Trujillos, quien ante mis ojos, en dos ocasiones, realizó esta hazaña».
Pero que tendrá nuestro deporte, y sobre todo su gran protagonista, el caballo, que engancha y apasiona hasta incluso cuando, como en mi caso, estoy desde hace años, pie a tierra. Que tendrá, cuando sabemos que el jinete no es más que lo que su caballo le aporta, que tendrá sabiendo como sabemos por todo lo comentado, que la equitación es la escuela de la humildad por excelencia.
…Pero ya ni me acuerdo de todo aquello, como dicen ahora: ni mono tengo.
¿Qué cuanto hace que lo dejé? No se, ¡ah!, ahora me acuerdo, exactamente:
―«Veintiséis años, cinco meses y quince días.
Cortaduras de la Zarzuela. Arriba: Los invitados. Abajo: La tanda sin noveda
Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver.
Zaragoza julio 2023.