«EL ARTE DE LA GUERRA» General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

El Arte de la Guerra

<<Almas humanitarias podrían concebir fácilmente que exista una inutilización, un desarme artístico del adversario sin causarle demasiadas heridas, y que tal sea la verdadera tendencia del arte de la guerra. Por muy bello que esto nos parezca, nos vemos obligados, sin embargo, a destruir el error, pues en asuntos tan peligrosos como es la guerra, los errores que se dejan subsistir por benignidad son precisamente los más perjudiciales>>. Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz no sabía el giro que iban a tomar las cosas.

En el arte de la guerra no existen reglas fíjas. Las reglas se establecen de acuerdo con las circunstancias. La suprema habilidad consiste en vencer sin derramar una sola gota de sangre. Se sabe desde el periodo de los Reinos Combatientes, cuando la guerra se convirtió en actividad fundamental. Entonces se profesionaliza su práctica y los grandes pensadores se ocupan de ella como una filosofía de influencia y expansión del poder de las ideas.

Desde un principio no es apoderarse del terreno lo más importante sino de las voluntades. Poco ha cambiado desde entonces.

Clausewitz vivió la guerra caliente, en su más alta temperatura: un acto de fuerza para obligar al contrario al cumplimiento de nuestra voluntad. Para él la fuerza, es decir, la fuerza física es el medio; someter al enemigo a nuestra voluntad, el fin.

reinos Combatientes

Hoy no hay diferencias entre los fines perseguidos. Tampoco las guerras se declaran formalmente. Simplemente suceden como algo habitual, sin mucho sentido mientras estén lejos. Hay distintos tipos de enfrentamientos. No todas las guerras se desarrollan igual, aunque todas buscan el mismo fin. En siglos de historia se ha producido un salto cualitativo. Se tiende a vencer sin derramar una sola gota de sangre, algo impensable para Clausewitz.  Es la forma más hábil de ganar una guerra. De máxima actualidad. Los que son expertos en el arte de la guerra someten al enemigo sin combate. La fuerza física no es el único medio.

Los principios de la guerra poco han variado. Los procedimientos lo han cambiado todo.

El arte del engaño es la máxima que hoy impera. En la guerra o si quieren en el día a día. Es en definitiva lo mismo. Ganar voluntades mediante el engaño. ¿Para qué derramar sangre? Se engaña al enemigo mediante la creación de apariencias o de ilusiones. Es lo que hoy nos brinda la nueva cultura de las redes que nos atenazan mientras seguimos creyendo nadar en el mar libre. Todo el arte de la guerra, o si quieren del día a día, está basado en el engaño.

La OTAN (¿Trump o Europa?)  despliega su músculo en una exhibición  de juguetes de guerra frente a su enemigo: ¿Rusia o Putin?

La OTAN despliega en Polonia, Estonia, Letonia, Lituania

Si tu enemigo está unido, divídele.

Chang Yu: <<Clavad una cuña entre el soberano y sus ministros; o, si no, enemistadle con sus aliados. Sembrad entre ellos las sospechas mutuas, de manera que reine en ellos el malentendido. Así podréis conspirar contra ellos >>.

Dos despliegues. Uno lo forma un conjunto de intereses, no muy claros, de aliados en tanto en cuanto beneficie a su individualidad. Despliegue aparatoso y probablemente inútil. Armas que tiene una probabilidad mínima de empleo. También con una brecha de capacidades y cierta incapacidad para operar de manera conjunta. En ello están: la interoperabilidad.

El otro. El del otro, más avanzado, despliega en todos los campos, el clásico visible y lento, junto al virtual, eficaz y veloz. Sin distinguir fronteras: la guerra en red y la ciberguerra. Plantea conflictos de carácter social e ideológico entre naciones y sociedades. Propaganda, campañas psicológicas, sabotaje o interferencias, provocar un cambio de opinión o inducir a decisiones erróneas.  Ejemplos sobran. También su despliegue se ocupa de los sistemas de mando y control del adversario así como de sus sistemas de información, inteligencia y distribución.

¿Cuál es más eficaz? ¿Virus, gusanos, caballos de Troya, bombas lógicas, spywares, phisings… o carros de combate, cañones y misiles?

Sun Tzu ha dicho: <<La guerra es un asunto de importancia vital para el Estado, es la provincia de la vida y de la muerte, el camino que lleva a la supervivencia o a la aniquilación>>.

Pero como decía el Libro de las Metamorfosis: <<Con la alegría de superar las dificultades el pueblo olvida el riesgo de la muerte>>.

O peor. Que a nadie importe ser un simple terminal de la red y vivir una libertad compartida por los impulsos que te inyectan.

Es así y así se lo contamos: <<Se engaña al enemigo  mediante la creación de apariencias o de ilusiones>>.

Al amigo también. Es el desarme artístico en el que no creía Clausewitz.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog generaldavila.com

29 noviembre 2017

LA BATALLA DE LAS NARRATIVAS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Acabo de impartir una conferencia en el ministerio de Defensa a los oficiales que participan en el curso de Comunicación Social y que organizado por este ministerio imparten profesionales de la materia. Su finalidad es prepararlos para hacerse cargo de la planificación, organización y ejecución de las actividades de información pública de las unidades y de las relaciones con los medios de comunicación a que dichas actividades den lugar. Cada vez cobra más importancia este aspecto en un mundo en el que el objetivo de todos, guerras sin declarar, invisibles guerras de la comunicación, es la mente humana. La pacífica guerra está en la red y a pesar de ser silenciosa puede causar tantos estragos como un bombardeo.

En mi ponencia declaraba que las exigencias de transparencia de los medios de comunicación no son compatibles muchas veces con el afán de eficacia de los ejércitos, sobre todo en operaciones. El derecho a la información es indiscutible, pero como todos los derechos, está delimitado por razones de seguridad nacional. En mi opinión este es un tema de especial delicadeza ya que no se puede ni debe abusar de esas razones y recurrir a ellas para no informar con veracidad y responsabilidad. No exagero si digo que con cierta asiduidad vemos pasividad y una orientación más política que operativa en la información de lo que ocurre en los ejércitos, estén o no en operaciones.

Por otro lado no hay cultura en la milicia que fomente dar a conocer el pensamiento militar a través de la comunicación, ni de manera privada no como institución. Es una asignatura pendiente de nuestra democracia. Un soldado no debe tener más limitaciones que aquellos que el honor y la dignidad le marcan, junto al respeto y cumplimiento de la ley. Hay muchas cosas y experiencias que contar y que la sociedad demanda. Es cuestión de contarlo y saber contarlo para evitar aquello que le oí a un sabio coronel: <<Si no se cuenta lo que se hace otros contarán lo que no se hace>>. La comunicación es un arte y exige mucha dedicación y trabajo. Por ello es muy loable que el ministerio de Defensa forme a sus oficiales en este difícil mundo de la comunicación a la vez que anime a los que saben hacerlo a escribir, hablar, contar y participar. Formación que se hace imprescindible en un mundo que ya está inmerso de pleno en lo que viene llamándose la batalla de las narrativas. Hay que saber combatir en ese ambiente. La guerra y la paz se difuminan, una fina línea las separa. La batalla de la narrativa trata de dominar el relato de cualquier operación, militar o no. La percepción es tan importante para su éxito como el evento mismo. Al final del día, la percepción de qué ocurrió importa más que lo que pasó realmente. Tenemos recientes ejemplos de victorias militares que se han encontrado con la derrota informativa y política. La comunicación se ha convertido en uno de los factores principales a tener en cuenta a la hora de tomar una decisión. Nuestros oficiales deben conocer profundamente las técnicas y procedimientos del mundo de la comunicación cuya característica principal es la incertidumbre y rápida evolución.

<<Nunca olvidéis que la guerra es la comarca de la incertidumbre; las tres cuartas de aquellas cosas en que se basa la acción en la guerra yacen envueltas en la niebla de una mayor o menor incertidumbre>>. La cita de Clausewitz podría ser actual y añadirle que la comunicación puede disipar la niebla o aumentarla en función de saber o no utilizarla.

No está de más recordar El arte de la Guerra de Sun Tzu: <<Todo el arte de la guerra está basado en el engaño>>. Conviene no olvidarlo porque hoy existe una herramienta muy poderosa que contribuye a ello si no sabemos manejarla y más cuando la guerra no se hace a cañonazos sino a golpes de relato y la victoria o derrota son simples percepciones.

Me ha sorprendido, no podía ser de otra manera, los conocimientos, la capacidad de nuestros oficiales, junto a su enorme interés e ilusión por conocer a fondo este mundo de la comunicación. Podemos estar tranquilos. Es destacable también la buena organización y planificación del curso con un cuadro de magníficos profesores. Lo mío ha sido una simple charla, contar una experiencia y he salido gratificado.

Al final he dejado una sugerencia, un enigma. Como el final de muchos romances tradicionales españoles que concluyen antes de que haya terminado la historia. El romance del Conde Arnaldos me ha servido para ello.

Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va

Don Ramón Menéndez Pidal lo llamaba: saber callar a tiempo.

Tan difícil es hablar como callar.

De cada uno de nosotros depende saber a quién y cómo le decimos nuestra canción.

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Blog: generaldavila.com

28 noviembre 2017

MIS PELOTAS A MODO DE PERPENDÍCULO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

En seguida entenderán el significado del título que suavizo porque no soy dado a este tipo de vulgaridades cuando se realizan fuera de contexto. Así la malsonante palabra verán cómo alcanza toda su fuerza expresiva leída en su contexto.

En la época en que por el Sahara, tan español, patrullaban nuestras queridas tropas nómadas, eran frecuentes los encuentros y desencuentros con las equivalentes fuerzas argelinas de vigilancia de la frontera. Fronteras difuminadas y difíciles de materializar en horizontes inabarcables y cambiantes paisajes dibujados al gusto del viento y la luz. Todo era igual, pero distinto según el momento y la intención de la mirada. Es tierra de valientes y astutos soldados. El indomable desierto pone a prueba a sus hombres. Uno de los que salió fortalecido en la contienda de aquella belleza hostil fue un pequeño -de estatura- comandante que solía acompañar a camello a sus patrullas por las difuminadas fronteras. El encuentro con las equivalentes fuerzas argelinas era frecuente y se producía dentro de esa cordialidad de los hombres del desierto, pero sin fiarse de la más mínima brisa. Se produjo en uno de aquellos encuentros en la soledad inabarcable, donde todo es nada y nadie.

-Estás en mi tierra. Has cruzado mi frontera.

Que sí, que no. ¿Dónde están las marcas?

-El equivocado eres tú…

Los nervios afloran. El diminuto comandante baja del camello. También el oficial argelino. Frente a frente se miran, sin hostilidad, pero con firmeza. Hay muchos propósitos hostiles que no van acompañados de enemistad del sentimiento alguno. En asuntos tan delicados como los de las fronteras, los errores que se cometen por complacencia o benignidad son los más perjudiciales. Hay que mantenerse firme con todas sus consecuencias.

El comandante español parece más pequeño al hundirse en la arena abriendo ostentosamente las piernas. Se oyen sus palabras en el silencioso desierto. No es necesaria ninguna traducción. Todos entienden aquel idioma.

-Aquí la frontera la marcan mis cojones a modo de perpendículo.

El oficial argelino no entiende muy bien, pero se humilla. Baja la cabeza. Gestos de despedida y… ¡Con Dios…! Aquí no ha pasado nada.

Es la disuasión de la mirada, del gesto. El aplomo y seguridad hacen más que cien cañones. Se gana o se pierde por una actitud. La de perder siempre está emparejada con la cobardía, a veces llamada prudencia. Los límites son difusos como las fronteras en el desierto. Hay que tomar decisiones y clara actitud. Por pequeño que uno sea; de estatura.

‹‹La guerra es la comarca del peligro y, por tanto, el valor la primera y más importante propiedad del guerrero. De dos clases es el valor: valor físico o el valor en presencia del peligro personal, y el valor moral ante la responsabilidad, sea ante el tribunal de algún poder externo o ante el interno, esto es, la conciencia›› (General Von Clausewitz).

Ante la responsabilidad: el valor. Lo que no ha tenido Puigdemont cuando ha visto el gesto de quien marca la frontera: la ley.

Desde luego no es una cuestión de pelotas, pero cuando las fronteras se difuminan y los contendientes están a punto de convertirse en enemigos no está de más un gesto claro y rotundo: ‹‹Porque la guerra es la comarca de la incertidumbre; las tres cuartas partes de aquellas cosas en que se basa la acción en la guerra yacen envueltas en la niebla de una mayor o menor incertidumbre. Es indispensable, pues, aquí, un entendimiento exquisito y penetrante para llegar a descubrir la verdad con el tacto de su juicio›› (General Von Clausewitz).

Empezamos a descubrir la verdad en el momento en que la niebla se disipa ante su aparición. Pero sigue diciendo Clausewitz que la guerra es la comarca del azar. Aumenta la incertidumbre de todas las circunstancias y modifica la marcha de los acontecimientos.

Puede tardar el regreso y encarcelamiento de Puigdemot: cobardía, incertidumbre y azar.

De aquí a las elecciones faltan menos de dos meses.

La inseguridad en todas las hipótesis y la constante intromisión del azar hacen que en la guerra se aparezcan sin cesar las cosas de manera distinta a como se las esperaba. Estamos en guerra y son indispensables: inteligencia y valor. Hasta el final que no será el 21 de diciembre.

Dejemos bien marcada la línea de la frontera. Si es necesario… a modo de perpendículo. Como marcan las ancestrales leyes de lo confuso.

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Blog. generaldavila.com

6 noviembre 2017