CONTRA LA INDEPENDENCIA FIRMEZA. NO BAJARSE LOS PANTALONES Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Pedro Sánchez-Torra el dúo dinámico

A los ataques de Torra, a los insultos al pueblo español, el Gobierno de España reacciona: más diálogo, hablar más ¿Hablar de qué? ¿Dialogar sobre qué?

El enfrentamiento de quien apoya al Gobierno, Torra,  llama a la violencia. El concepto de violencia es muy delicado. Llama a la fuerza. Termina con el diálogo y da paso al enfrentamiento. Hay que cortarlo de raíz. Por lo sano, si es que algo sano queda. Porque el provocador apoya al que se sostiene el Gobierno y en sus enredos resulta ser el provocado. ¿Serán lo mismo provocador y provocado? Entonces sí que estamos perdidos.

Pedro Sánchez juega con la Nación, que no es suya. La responsabilidad está en la Ley. Las Instituciones son responsables de su cumplimiento y unas deben ser exigentes con las otras.

Del poder simbólico hay que pasar al material. Basta de declaraciones. Hay prisa. Es urgente.

Celaa… ¿Seguir dialogando?

Desaparece el Estado si transitan por caminos divergentes, pasos perdidos. Muchas horas de inútiles resultados discutiendo lo imposible y engañando al soberano pueblo español. Intelectualmente es muy pesado volver a exponer las mismas ideas una y otra vez y cerrarse en ese círculo sin salida recorriendo ahora el diámetro, ahora la circunferencia. Si queremos podemos seguir así hasta lo inevitable. Eso que nadie quiere pronunciar, pero que se acerca entre tanto diálogo y charlatanería de poco interés y bajo nivel intelectual y práctico. Esto es un engaño que terminará con el patio de butacas en pie de guerra contra el escenario y lo que esconden tras las bambalinas.

Hablando se entiende la gente. Los charlatanes engañan a la gente.

Se acabó el tiempo. Es la hora. Solo hay una solución, que el soberano pueblo está pidiendo a voces. Es la liberación. Intervengan la autonomía catalana, de una vez por todas, apliquen el 155 o la Constitución entera, pero hagan algo, unos y otros, tirios y troyanos, dejen de engañar al soberano pueblo, retírese el que no sabe o no se atreve, dé paso a la cordura antes de que esto acabe mal, con una solución que nadie quiere.

Sé que hay temor, que el ministerio del Interior está en alerta máxima y que se avecina un mes de incertidumbre con tendencia a máximos niveles de alerta. ¿Qué puede pasar? Todo. El Centro Nacional de Inteligencia se mueve, avisa, predice… no sabemos si acierta.

La solución parece que nadie la sabe.  Pero existe. En estos casos hay que elegir la más sencilla, sin temor a las reacciones. Se toma la decisión de acuerdo con lo más probable y se atiende con firmeza a la seguridad previendo lo más peligroso. Todos sabemos cuál es la única solución que queda: Intervenir la autonomía, aplicar la ley. ¿Y después? No hay más solución que el tiempo. Tiempo para educar, para enseñar convivencia y solidaridad. Desde la escuela, sin adoctrinamiento como el que los españoles sufren en Cataluña y el País Vasco y que son los causantes de todo lo que nos está ocurriendo que, de seguir así, probablemente nos lleve al fin de España. Llegados a estos límites, sobrepasado lo admisible, con la situación tan enconada, el Estado, aún en el más extremo de los casos, también tiene soluciones. La Ley es como una guía de actuación. Solo hay que seguirla, cumplirla y hacerla cumplir.

Para evitar llegar a extremos que hacen temblar, mejor tomar medidas a tiempo. Señor presidente del Gobierno del Reino de España coja el toro por los cuernos, olvídese de diálogos inútiles y suspenda la autonomía y pasemos a la segunda fase: educar. Desde la infancia, conocer, dar alternativas, enseñar la verdad, sin adoctrinar. El odio es una labor hecha contra España que hay que deshacer. Llevará tiempo, pero es la única solución.

Tendrá usted a todo el soberano pueblo detrás. Si no sabe cómo hacerlo, o no se atreve, dé paso a las urnas con talante democrático. España está en peligro y requiere un verdadero gobernante y no un aficionado a los bajos vuelos que tanto nos cuestan. Nosotros ya no tenemos ni tiempo ni ganas de seguir hablando o dialogando con unos golpistas que encima se ríen de nosotros; y se gastan nuestro pan y el de nuestros hijos. Ruina moral y material.

<<La paz no es la ausencia de guerra. Es una virtud, un estado de ánimo, una disposición para la benevolencia, la confianza y la justicia>>, y aquí no se da ninguna de esas condiciones de paz.

Es obligación del Estado: si no hay consenso debe haber coerción.

Contra la independencia solo queda la ley aplicada con toda firmeza.

No bajarse los pantalones: claudicar en condiciones humillantes.

¿O es que nadie va a tener el valor y la resposabilidad de detener este golpe de Estado?

Antes de que sea tarde.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com