CENANDO EN PALACIO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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Cena en Palacio

Hacía tiempo que no era noticia la recepción de un Jefe de Estado en visita oficial a España. También lo ha sido el protocolo Ceremonial por sus novedades y traslado de lugar. Todo un acierto. El cambio de escenificación del recibimiento de El Pardo al Palacio Real de Madrid es, bajo mi punto de vista, un acierto y algo que se esperaba hace ya tiempo. Cualquier modificación en los actos que presiden los Reyes requiere un minucioso estudio que abarca detalles de gran sensibilidad ya que se trata de lograr la perfección en las formas y el fondo de algo tan sencillo, de ahí su dificultad, como es mostrar respeto, educación, armonía y equilibrio. El protocolo entre naciones no es una rutinaria ceremonia; muestra en todo su esplendor desde la historia de un pueblo hasta los irrenunciables principios y esencias del sentir nacional. Sería bueno que estos actos se popularizasen de tal forma que cualquiera pudiese contemplarlos de cerca y seguirlos como algo propio, que lo es, y en definitiva participar con su presencia y así alcanzar el acto la grandeza y sentido que realmente representa. Las verjas son un obstáculo que aleja demasiado; pone una distancia por medio mayor que la material y la seguridad no es excusa ya que se sabe que la mejor es la que no se nota.

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Desfile de la Guardia Real

La ceremonia además ha sido estrenada con la visita a España del presidente de Argentina. No podía haberse escogido mejor y más emotivo encuentro para ponerla en marcha.

Luego están las interioridades, el protocolo desconocido e íntimo de los salones y estancias privadas. También lo hay y es tan variopinto que no existe norma que lo regule. Tan variable como presidentes y jefes de Estado hay en el mundo; cada uno es un mundo. En eso no se diferencian del resto de los mortales.

Uno de los actos que con más detalle se prepara es la cena de recepción. Ya les he contado alguna de las anécdotas que allí se cuecen. Son tantas que dan para un buen y entretenido libro. Descubren incluso la personalidad de algunos afamados personajes. La preparación de la mesa es un acto digno de ser contemplado y admirado. Se hace con el mismo esmero que un ama de casa prepara la suya para sus hijos y nietos en Nochebuena. Hay mucho amor en cada gesto y en cada movimiento porque allí se escenifica y se escribe un día de la historia de la Nación. No puede haber fallos. Aunque a veces, imprevistos e imprevisibles, los hay.

La presidencia se sitúa en el centro de la mesa y en los extremos el jefe de la Casa del Rey y su Secretario General. Alrededor de ellos se sitúa al personal de la Casa.

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Mesa de Palacio Real preparada para recibir a los comensales

Todos en pie esperábamos, situados en nuestro lugar en la mesa, la entrada de los Reyes y Jefe de Estado al que se ofrecía la cena de bienvenida. Rodeado de un ambiente que, al que asiste por primera vez, embriaga y sobrecoge te encuentras viviendo una película en directo, como protagonista, y hasta los personajes que descubres, muchos de ellos de revista, te parece que son irreales. Aquel día me sentaba, como jefe de la Guardia Real, al lado del jefe del Cuarto Militar. A la hora de sentarnos y cruzar las primeras palabras con tus vecinos de mesa, se hizo el acostumbrado y profundo silencio de la expectación. Es el comienzo de los discursos protocolarios. En nuestro protocolo es costumbre que estos se hagan al comienzo de la cena en contra de lo habitual que suele ser esperar a los brindis finales. La razón que se esgrime, real o leyenda urbana, da para un artículo entero que otro día les ofreceré.

El caso es que una vez puestas las posaderas en la silla, la reacción de todos los invitados es colocarse lo más cómodo posible dentro de lo que la etiqueta te permite. Es decir incómodo, embutido en tus galas, y más pendiente de lo que te rodea que de la cena en sí. En estas estábamos cuando el Jefe del Cuarto Militar, una vez bien asentado, se recostó sobre el respaldo de su silla, momento en el que este, por años de la silla y presión de tan alto cargo, cedió llevándose, casi, el cuerpo del teniente general irremediablemente al suelo. Digo casi porque hubo dos fuerzas que al final impidieron el desaguisado. Una (la menor), que pudo ser peor que dar con sus huesos en el suelo, fue que se agarró a la parte del mantel que colgaba y otra (la mayor) mi rápida reacción agarrando como pude la poderosa espalda de mi jefe. Fue un momento que por mucho que intente explicar nunca comprenderían. Tuve la sensación de que se rompía el mágico momento y todos volvíamos a ser simplemente mortales.

Al agarrarse el general al mantel, las copas de los cerca de ciento veinte comensales tintinearon, décimas de segundo, lo suficiente para pensar que era un terremoto. Todos miraron, hasta los reyes, hacia el lugar del epicentro. El terremoto era el Jefe del Cuarto Militar. Pero, como es habitual, él no se percató de nada y cuando yo creía que me iba a dar las gracias, que incluso aquello me podría significar una felicitación en mi hoja de servicios, el general sin inmutarse, miró a derecha e izquierda mientras comentaba con una sonrisa de satisfacción:

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Palacio Real de Madrid

-Vaya reflejos que todavía conservo.

Fue la conversación de la cena. Su buena forma física y rápida reacción.

Cambio de sillas y revisión al día siguiente de todas y cada una.

El protocolo en esta ocasión se mantuvo y sacamos una buena moraleja:

Mantén la espalda tiesa y no la apoyes ni en quién piensas que es tu amigo. El que creías tu respaldo puede convertirse en tu enemigo.

Cosas que se aprenden del protocolo que no deja de ser una elegante  manera de poner las cosas sobre la mesa.

¡Ojo! Siempre con un buen respaldo.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog. generaldavila.com

28 febrero 2017

LAS GOLONDRINAS DEL PALACIO DE LA ZARZUELA (General de División Rafael Dávila Álvarez)

img_40831_ins_3737272_600Les llamará la atención que hoy escriba sobre un asunto ajeno a la temática usual de nuestro blog: las golondrinas. Es simplemente un descanso intelectual y un paseo por una página oculta de la personalidad formada en otros menesteres.

Simples anécdotas que tienen su moraleja. Adivínenla ustedes mismos.

En esta época del año algunos esperamos impacientes la llegada de las golondrinas, vencejos y avión común. Un poco antes o después, en breve, estarán aquí. ¿Cuántos se dan cuenta de su llegada?

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Cuando era niño recuerdo que en el balcón de casa anidaba todos los años una pareja de golondrinas. En cuanto nacían los golondrinos mi madre se apresuraba a ponerles en una patita, como si las anillara, un lacito con la bandera de España. Yo conocí aquellas golondrinas ya con la bandera en una de sus patas. Mi madre nos contaba que al año siguiente el nido lo ocuparía una de las crías como así venía comprobando cada año.

La inocencia infantil me hizo pensar que aquellas golondrinas nacían con la bandera de España en su patita debido a su origen español.

Don Camilo José Cela en su casa de Madrid en Río Rosas, cuando llegaba la primavera, pegaba con papel cello en el ventanal del living un cartel que decía: ‹‹No cerrar la persiana. Hay un nido de golondrinas››. Aquel cartel sin duda define a nuestro nobel tanto o más que cualquiera de sus libros. Fue el mejor de todos ellos.golondrina-joven-principios-mayo_1_1692533

La entrada principal al domicilio y zona privada del Palacio de la Zarzuela, donde viven los reyes eméritos, tiene un zaguán donde todas las primaveras anidan unas golondrinas. Nadie las invita, pero aparecen puntualmente a primeros de abril. Son golondrinas comunes, ni daúricas ni reales, del pueblo llano y sencillo, que han encontrado un palacio para anidar.

Debajo del nido un pequeño armarito servía para que los ayudantes de campo dejásemos  allí nuestras gorras y así tenerlas siempre a mano al salir acompañando a los reyes. Como pueden imaginar la llegada de las simpáticas golondrinas y sus constantes bombardeos en las entradas y salidas al nido, obligaban a una prudencial retirada de las gorras militares a posiciones menos vulnerables.

palacioespanaComo es lógico la puerta y el zaguán se cierran al anochecer, pero había que dejar, por orden de Su Majestad la Reina, el acristalamiento de la puerta abierto para que las golondrinas entrasen y saliesen de su nido a la hora que estimasen oportuno. Más de un atardecer, casi anochecido, la Reina salía a comprobar que todo estaba en orden mientras con una sonrisa sensible y hermosa veía los últimos vuelos de la tarde de aquellas golondrinas palaciegas.

En ocasiones sus vuelos y gorjeos por el pequeño zaguán sorprendían a algún Jefe de Estado entrando en el palacio, lo que con frecuencia era interpretado como señal de esperanza y amabilidad en el recibimiento. Embajadoras de la paz y armonía, oí decir a alguno de ellos.

También recuerdo al que dijo: ‹‹Vienen de mi país, creo que además a estas las conozco porque son las mismas que en el invierno anidan en mi palacio››.

Cerca de Madrid, en Navacerrada, hay un precioso cerro que popularmente se conoce como El Cerro de las golondrinas nombre que viene de una vieja leyenda que dice que una de las golondrinas que arrancó una de las espinas clavadas en la frente de Cristo, voló y voló sin rumbo fijo hasta caer en este cerro y allí depositar la espina. Desde allí se ve el mejor paisaje de la Sierra de Guadarrama. Era la tierra y la poesía de Luis Rosales (“sentí en tu mano un desfile de golondrinas que vuelven”). ‹‹Porque entre el atardecer y el anochecer, entre el Cerro de La Golondrina y La Peñota, se alzará mi monumento››.Golondrinas-extincion

‹‹Las golondrinas no se matan. Las golondrinas son de Dios››, nos enseñaban de niños, cuando se las esperaba y formaban parte de tu compañía en los atardeceres de juegos infantiles; cuando las vacaciones eran la calle.

Ya bajan las golondrinas

con el vuelo muy sereno

a quitarle las espinas

a Jesús de Nazareno.

Ya vienen las golondrinas

con el pañuelo en la mano

pa quitarle las espinas

a Jesús de Nazareno.

normal_golondrinasHoy me dicen que empieza a vérselas, junto a los vencejos y los aviones comunes, por el sur, ese sur que es Sevilla. Vienen ya para la Semana Santa, puntualmente. Llegan respondiendo a la voz del poeta, don José María Pemán:

¿Y no habrá ya golondrinas

para arrancar las espinas

de la frente del Señor?

Mientras el mundo, burlando

vaya en tu frente clavando

sus zarzas y sus espinas

¡nosotras tus golondrinas,

te las iremos quitando!

Seguirán siendo el sueño de un niño que las veía nacer con la bandera de España en su patita. Serán el mejor libro escrito por un nobel. Son la sensibilidad y belleza en la mirada de una Reina de España.

Habrá golondrinas si la ternura del alma las alimenta, mientras pongamos nombres como El Cerro de La Golondrina.cristodelasgolondrinas1

Siempre habrá golondrinas mientras el mundo, burlando, vaya en Su frente clavando sus zarzas y sus espinas. Porque ellas, las golondrinas, se las irán quitando.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

18 marzo 2016