EL MAGNICIDO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Raro es el día que no se produce una agresión en Cataluña por portar un símbolo de España. Este sábado ha sido en la estación del metro de Urquinaona (Barcelona). Después de ser empujado por la espalda un hombre recibió un fuerte golpe en la cabeza mientras los agresores gritaban: <<mori España>>. Resultado: una brecha en la cabeza de 8 centímetros. Su delito: llevar una gorra de España. Un agente de policía que presenció los hechos logró detener al agresor, pero ante las amenazas que recibía decidió soltarle. Miedo, hay mucho miedo. Riesgo, mucho riesgo. Indefensión, mucha indefensión. Hay ley, no quien obligue a cumplirla. Que cada uno se las arregle, lo que es sumamente peligroso porque da lugar a la ley de la selva y que el más fuerte o sagaz imponga bajo amenaza el control; de la selva. Hay miedo. Mucho miedo. Nadie habla claro, ni piensa en alto, ni siquiera para él; hasta las conciencias están controladas.

Entre todo este desorden, inquietud, salta la noticia de un intento de magnicidio planeado contra el presidente del Gobierno de España, doctor Sánchez. Nos enteramos al mes y pico de la detención del presunto magnicida. Ante el extraño suceso los fiscales de la Audiencia Nacional dicen que nada sabían y los jueces del alto organismo que no vieron motivos para hacerse cargo del asunto. ¿Por qué? ¿Por qué nos lo cuentan ahora? Al presidente del Gobierno tiempo le ha faltado para hacerse eco de la noticia y salir a hacerse la foto mientras pedía una defensa sosegada de las ideas. Las ideas deben ser las que le quitaron de la cabeza al que en Barcelona portaba una gorra de España. Las sosegadas ideas le han costado una brecha de 8 centímetros, señor presidente. Sosegado y real ha sido el golpe sufrido; una constante diaria. Por supuesto no un magnicidio, cuyo alcance debe investigar la policía para tranquilidad de todos.

Más de 300.000. Me explico:

Guardia Civil y Policía Nacional: 150.000

Vigilantes de Seguridad: 80.000

Policías Autonómicas: 24.000

Policías locales: 60.000 (?)

Más de 300.000 personas dedicadas a la seguridad. De todos. Cerca del triple que las Fuerzas Armadas. Estamos en teoría bien asegurados, pero la práctica no coincide.

¿Por qué? Porque el problema no es policial sino político. Extenderme más ofende a la inteligencia. ¡Es tan evidente!

El supuesto intento de magnicidio no debe quedar en el olvido. Cualquier cosa puede ocurrir y debe investigarse a fondo para que no queden dudas. Por ahora solo tenemos confusos datos. La seguridad del presidente debe analizarse al milímetro. Dicen que <<era un lobo solitario>> y podría alguien decir la gracia de que <<Menos lobos Caperucita>>, pero no es para tomárselo a broma. Tampoco la seguridad de todos y cada uno de los españoles que en vez de escolta llevan un símbolo de España.

El ciudadano español de la brecha de 8 centímetros en la cabeza no anda con supuestos, ni intentos: le han abierto la cabeza por llevar una gorra de España. Mañana será otro y otro y así….

Con una brecha en la cabeza este español sí que no está para bromas. Le ha visto las orejas al lobo; y muy cerca. Ha recibido su dentellada.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

12 noviembre 2018