«Freno a la globalización» Melitón Cardona (Embajador de España)

La globalización

La apertura de fronteras de los años noventa auguraba grandes promesas en materia de bienestar, movilidad y libertad. Ya existían mercados interiores que superaban las fronteras tanto en Norteamérica (Nafta) como en Europa (Unión europea) y Sudamérica (Mercosur). Finalizó la Ronda Uruguay y se creó la Organización mundial del comercio a la que China se preparó desde un primer momento para ingresar. Hoy, el panorama es irreconocible. Un presidente abiertamente proteccionista en Estados Unidos amenaza a sus principales socios comerciales con barreras arancelarias y tanto la UE como China anuncian represalias. En la Unión europea, su segunda potencia económica está en trámites de abandonarla en virtud del llamado Brexit mientras en Italia han obtenido resultados notables algunas fuerzas políticas antieuropeístas. La OMC (organización mundial del comercio) es sombra de lo que fue desde el fracaso de la Ronda de Doha y los significativos tratados económicos en el Pacífico (TPP) y el Atlántico (TTIP) sólo funcionan sin los Estados Unidos. El juego de sanciones y contrasanciones con la Federación rusa sigue su marchaalocada ymuy poco racional. El mundo parece contraerse, con la diferencia de que no es como resultado de una crisis como la de los años treinta, sino en mitad de una coyuntura mundial que va viento en popa.

A la vista de lo anterior, cabe preguntarse por qué, precisamente ahora, ha resurgido el riego proteccionista. Hay varias razones, algunas provocadas por la globalización y otras no; me basaré en las que ha expuesto Henrik Müller, profesor de periodismo económico en la universidad técnica de Dortmund, en un reciente artículo en la prensa alemana.

 En primer lugar, el comercio internacional intensivo obliga a la especialización: los países concentran sus actividades económicas en aquellos sectores que mejor desempeñan mientras otros se contraen por el efecto de las importaciones, lo que significa que, a nivel interno, surgen ganadores pero también perdedores; es cierto que, en conjunto, aumentan los ingresos de la población, pero no de manera homogénea, algo que los países con sistemas de protección social pueden paliar mientras que en otros marcos institucionales menos avanzados, como el de los Estados Unidos, los ciudadanos se muestran contrarios a la globalización, creando un caldo de cultivo al populismo. En segundo lugar, existe un factor demográfico: la apertura de los noventa favoreció a los nacidos en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado ya que las oportunidades que ofrecía conllevaban riesgos que los jóvenes estaban dispuestos a asumir. Las envejecidas sociedades de Europa y China han percibido más peligros que oportunidades en la globalización. En tercer lugar, la cadena de crisis financieras (Méjico en 1994, Asia en 1997, países emergentes en 1997, la explosión de la burbuja de las punto com en 2000, la quiebra de Lehman Brothers, la de Europa a partir del 2010 y la tal vez la que está por venir en China), todas ellas crean incertidumbre, generan pocos ganadores, muchos perdedores y no parecen disiparse del todo; otro factor de generación de populismo. En cuarto lugar, gestionar la globalización exige instituciones internacionales eficaces y los Estados Unidos, que en los años cuarenta promovieron su creación, se muestran hoy reticentes ante las mismas. También los cambios en el equilibrio de poderes mundial han debilitado las instituciones internacionales.

Lo peor es que la globalización en sentido amplio proseguirá en sus aspectos más negativos: flujo internacional de informaciones no siempre fiables, movimientos migratorios descontrolados, problemas medioambientales y riegos terroristas, mientras los más favorables se irán diluyendo al calor de populismos más o menos intensos.

Melitón Cardona (Embajador de España)

Blog: generaldavila.com

21 marzo 2017