EL SOLDADO ESPAÑOL NO ENTRA EN LOS PRESUPUESTOS DE DEFENSA. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

Muy eufórico veo a ese ministerio de Defensa que hace llamarse español, ministerio de Defensa que nada sabe de guerra ni de España, que defiende sus intereses como partido y no como nación. De la industria de las armas también se encarga, aunque esta tenga a los soldados a pie y sin dinero porque es incapaz de terminar un vehículo de combate para que nuestros soldados tengan una mínima protección. Lo del vehículo «Dragón» debería acabar con la desvergüenza de muchos y revisar más allá de los contratos. Como siempre lo tendrán que suplir con celo y tener su pecho descubierto para parar las balas que atraviesan esos corazones humildes a los que nunca se les agradece lo suficiente su callada y inestimable labor. No hay institución más ingrata que esta que se aprovecha de la entrega y el valor para que con deshonor se los relegue a los últimos de la lista. Entre las prioridades del ministerio llamado de Defensa no están los soldados que a los 45 años se les enseña la puerta de salida con una mísera limosna para que vayan tirando.

A aquellos, incluso uniformados, que sin pudor dicen que los que se van es que no han sabido aprovechar  las oportunidades, que son muchas, que no tienen las capacidades requeridas,  les diría cosas sobre el honor y el valor, sobre las capacidades de unos soldados que forman y conforman unidades como la Compañía que es en definitiva un conjunto equilibrado de capacidades medias. Esos que alegan lo de las oportunidades quizá estén por encima de las capacidades medias y esto de la milicia no vaya con ellos.

En este ministerio llamado de Defensa, que nada quiere saber de la guerra, se confunden cúpulas, la civil y la militar,  en una confusión que les lleva a apaisanarse a los uniformados y a militarizarse a los paisanos. Ya no sabemos quién manda. El apaisanado militar obedece y sonríe sin jamás asesorar más allá de la buena postura y mejor posición de firmes. Un mimetismo peligroso que confunde a los que obedecen, a los que creían que aquí se venía a servir a la Patria cuando resultó que la patria disminuía su valor en un  mercado donde todo se vendía y compraba con los contravalores de la traición y el precio injusto.

No hay necesidad de soldados que resultan un incordio para la gestión ministerial. El ministerio de Defensa funcionaría exactamente igual, sin mover una silla, sin unidades. Son un estorbo y lo mejor es mandarles de misión, mientras más lejos mejor. Se les da un dinerito que calla bocas, quedamos muy bien internacionalmente, son baratos y muy buena gente. Para gloria del presidente.

Otra cosa son las armas. A los civiles lo que les gusta son las armas. Las de guerra. Por eso hemos emprendido una carrera armamentística falsa, para armar a una industria sin futuro alguno, pero con la que se van a enriquecer todos menos los soldados. Si viniesen mal dadas no hay mejor defensa que muros de soldados, los pechos abiertos, sin 8×8, sin munición y recurrir el parapeto del honor que las cúpulas no tienen, el de defender a la patria. Otros dan premios  mientras fabrican balas a miles de euros.

Se encierran en los ahora llamados War Room como el recién creado por una empresa de tecnología y armas que sueña con la guerra y las elecciones democráticas. Le dan a todo lo que se pueda controlar, incluso disponen de unas puertas giratorias con tecnología muy ad hoc de aquellos que ven que sus estrellas se apagan a la vez que se bajan del pódium. Algunos incluso contratan a uniformados extranjeros del país que se asienta colonialmente en territorio español para que les asesore sobre el cambalache de las armas. Los nuestros no valen así que tomen nota los futuribles.

Lo de las armas es fiebre que viene de Europa y echan la culpa a Putin o a Trump, depende. España es discípulo aventajado en eso de las armas. Hemos iniciado una carrera armamentística sin saber para qué ni para quién. Existe un conglomerado de intereses, en ocasiones bastardos, y una indefinición de intereses que suelen chocar entre sí.

En este mundo tan pacífico está de moda la guerra y cuando alguien quiere acabar con ella se le acusa y menosprecia. La única realidad es que mueren siempre los mismos. La guerra se extiende en armas, con tecnologías inimaginables, pero en las trincheras sigue el hombre.

Napoleón después de la tan inútil como sangrienta batalla de Eylau, al ver devastado su Ejército, pronuncia quizá la más doliente y cruel definición del hombre. Entre el 7 y el 8 de febrero de 1807 hubo un feroz enfrentamiento entre el Emperador y el general ruso Bennigsen. Sus consecuencias suenan en la historia militar y humana. Fue la batalla de Eylau. Resultado: la nieve se disolvía con la sangre de los muertos y heridos y el campo de batalla humeaba como si fuese la puerta del infierno. Napoleón observa el pandemónium y sin inmutarse pronunció un espumarajo que no tiene otro análisis que la violencia de pensamiento que acaba con el hombre sin poner límite a la guerra que lleva dentro.

«Une nuit de Paris réparera tout cela». «Todo esto lo remedia una noche de París». Los soldados muertos yacen sobre la nieve. Su ejército mermado. Fruto de una noche parisina surgirán nuevos reemplazos, ese es el tiempo que necesitará para tener más carne de cañón. Dudo de su sufrimiento. Napoleón solo sufriría por la derrota.

Una feroz sangría que a nada condujo. Ninguno de los cadáveres pudo contarnos si había merecido la pena. Los muertos no hablan, solo recuerdan: ¿por qué? ¿para qué?

La guerra ignora a los hombres. A los soldados los ignora la guerra y la paz. No se los conoce ni reconoce.

En nuestro ministerio de Defensa, que nada sabe de la guerra, no interesan los soldados, son un estorbo del que hay que desprenderse a los 45 años. No contéis con ellos en el 2% ni en el 5%.

Interesan las armas, la tecnología y desmilitarizar de manera urgente a Calderón de la Barca que solo decía tonterías sobre el honor, el valor y una religión de hombres honrados.

En estos tiempos hablar de hombres honrados y de religión solo puede acarrear malas consecuencias.

¡A las armas mis paisanos!

«He visto con pena soldados amenazados por hombres civiles. Si el rey se hubiese mostrado a caballo…».

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

23 octubre 2025

¿GENERALES? MEJOR DIRECTORES GENERALES. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

Ser general no es lo que parece. Puede que sea muy importante en ciertos lugares, no en el Ejército. Aquí, donde la más principal hazaña sigue siendo obedecer, sin límites, surge la ironía en eso de que sea la principal hazaña obedecer. No faltan razones. Cuando Calderón escribía esos versos bien sabe la historia que las cosas eran muy distintas. Hoy es mucho más difícil sobre todo cuando se ordena lo que no se cumple y así se desordena lo mandado.

El mérito de obedecer es el resultado de una eficiente y dura formación. Nada peor que ese mérito se haya transformado en sumisión que conlleve el incumplimiento de las razones del espíritu militar, una religión de hombres honrados. Y pobres en su mayoría.

En su libro Arte del buen mandar español el general Bermúdez de Castro cuenta la anécdota del General Castaños que fue a cumplir al rey Fernando VII vestido con pantalón de dril, chupa blanca y sin abrigo en un día muy frío del mes de marzo. El rey le preguntó cómo iba vestido de verano con aquel tiempo tan infernal y el Duque de Bailén le contestó: «Señor, la última paga que cobré es la de junio; así es que yo estoy viviendo en verano».

¿Cobra mucho un general? Pues como todo y todo, depende. ¿De qué depende? Del ministro, del presidente, del general, de la OTAN… yo que sé. Puede que sea cosa de Trump o del 2% o de la guerra o de la paz.

Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?».

«Contentaos con vuestra paga», dice San Lucas que así respondió San Juan Bautista. (Lucas 6,10). Pues a callar. Pobres y silenciosos.

Me pregunto si alguno de los versos de Calderón deberían de ser cambiados.

…honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido

Éramos pobres, pero con dignidad. Se nos pedía y dábamos lo que no teníamos. Nada tuvimos, más que España, muchos hijos, cambios constantes de colegios, inadaptación y rechazos en ciertos lugares (de España, ¡Ay si yo les contase!), de un lado para otro; abre casa, cierra casa, curso de esto, curso de lo otro. Para vivir lo justo, a veces ni eso.

Claro que cuando se dan cuenta del cuento los que de él viven, se echan cuentas y estas no salen. A ellos, a los que fijan la norma, les sale barato. No se libra ninguno del constante mal hacer y deshacer las cosas de la milicia. Desde el del piano hasta nuestros días, unos con más notoriedad que otros, pero iguales al fin y al cabo.

Leo en un periódico de ámbito nacional el titular que encabeza un artículo: «El Gobierno permite las puertas giratorias a decenas de jefes militares«. No sigo leyendo.

Como nos ilustra el general Bermúdez de Castro en su obra Arte del buen mandar español la palabra general aparece en el siglo XVI, pero su significado, sus atribuciones y deberes, son tan antiguos como la guerra. <<Lo mismo que se llama estratego entre los griegos, cónsul con los romanos, duque en los godos, cabdiello en el primer periodo de la Edad Media, condestable en el resto de la Edad Media y capitán al finalizar esta>>.

El capitán y el cabo eran los mandos principales que agrupaban desde las mesnadas a las compañías y posteriormente a las colunelas transformadas en coronelía de donde surgió el coronel.

La coronelía en Italia se dividía en compañías mandadas por capitanes. Fue Gonzalo Fernández de Córdoba el capitán de estos capitanes por lo que para distinguirlo de ellos le llamaron general porque los abarcaba a todos.

Puertas giratorias fue un invento de un ministro de Defensa que quiso que todo girase a su alrededor y se rodeó para tal hazaña de fieles generales que alcanzaron la gloria. En las empresas o instituciones cercanas. Inteligencia le llaman. Todos sabemos de quienes hablamos. Lo institucionalizó el pesoe que agradece los clamorosos silencios y es muy de la energía eléctrica que fluye por los enchufes.

Claro; así se entiende que el significado de «general» en el Diccionario de la Real Academia Española en su primera acepción sea tan claro: «Común a todos los individuos que constituyen un todo, o a muchos objetos, aunque sean de naturaleza diferente». «Común, frecuente, usual». En definitiva lo que nos viene a decir es que «General» es lo más común. Por tanto no está de más girar en torno a ese torno que una vez fuera te introduce en un mundo nuevo con una pasta gansa donde el correaje se cambia por chaqueta hortera y corbata llamativa, más hortera si cabe.

Siempre me sorprendió una encuesta que nos hicieron siendo alumnos en la Escuela de Estado Mayor. El grueso de la encuesta era que explicásemos las razones de haber elegido la carrera de las armas como forma de vida. Éramos oficiales de todos los países, incluso no pertenecientes a la OTAN, como Corea del Sur o Venezuela. Los españoles, todos, unían sus respuestas, por encima de cualquier otra, a la vocación de servicio a la Patria. Los oficiales del resto de naciones también, pero no como primera razón, sino detrás de un puesto de trabajo, de un sueldo o de labrarse el futuro. Nos estamos europeizando. Por eso Calderón no estuvo en la OTAN y le sobra algún que otro verso.

En el Ejército español la vocación ha impulsado el oficio de las armas, pero las armas no siempre han sabido corresponder al sacrificio de sus soldados. Se ha manipulado la información con una vida regalada de prebendas, de economatos y del casi todo gratis, cuando ha sido una profesión mal tratada siempre; repito: siempre.

Este periódico nacional que publica eso de los militares y las puertas giratorias, cita a algunos, pero se olvida de otro(s) ya que no es cosa nueva, de ahora. Es antiguo como el paso dado por aquel que  dijo lo de  «morir antes que matar» con tal perversidad que hundió el oficio.

Llevamos tiempo oyendo hablar de equiparación salarial entre las Fuerzas de Seguridad del Estado, de las Policías Autonómicas, pero nadie habla de la equiparación salarial de las Fuerzas Armadas.

Nadie habla de los sueldos militares fuera del ámbito castrense, no interesa, no hay sindicatos, pero la ministra conoce de primera mano el problema. Eso es seguro. Que le importe es otra cosa. No hacen ruido.

¿Equiparar?, ¡claro!, todos somos iguales, desde la ministra al cabo de guardia, aunque no son equivalentes sus trabajos.

En el tema de los soldados la equiparación empieza porque al cumplir los 45 años ya no me sirves. Te quedará el paro y, si acaso, tendrás una medalla (no pensionada).

Resulta, siguiendo el escalafón, que el Sargento de la Guardia Civil Jefe del puesto de Torrejón cobrará  más que el Capitán del Ejército del Aire que está de Alerta en la pista de la Base Aérea, a escasa distancia del anterior, pero con una responsabilidad ¿equiparable?

Resulta, que hay suboficiales que se apuntan a las pruebas de acceso a la Guardia Civil por una entendible y sencilla razón: 700 euros (más) mensuales.

Resulta, que hay capitanes, jefes de compañías, con experiencia de combate, idiomas, vocacionales, curtidos en unidades especiales, valor reconocido, que han sido captados por grandes empresas, esas que todos ustedes pueden imaginarse, las mejores, con carácter internacional, y a las que no accede cualquiera. Les contratan como directivos y les pagan lo que valen, que es mucho. No son las empresas de las puertas giratorias de nuestros políticos sin mérito.

Todo esto va a suponer la pérdida de un activo de profesionales, los mejores, que buscarán alivio a su situación hartos de agradecidos masajes y penurias en casa.

La Ministra actual y la anterior conocen el problema, al detalle, con datos, explicado hasta la saciedad.

Está entendido. ¿Olvidado? Soldados, suboficiales, oficiales, hartos de palabrería, y aburridos de ver como la política se mete en sus entrañas buscan su porvenir justo y equitativo; no equiparable. La ministra de Defensa, mientras, pasea sus elogios a los soldados, hace demostraciones de su moderación y equilibrio; mientras traga con los insultos de su presidente y hace como que no oye.  A los soldados menos. No son industria rentable.  La realidad es dura e incuestionable.

San Juan Bautista, cuya festividad celebramos pronto, hoy cambiaría su discurso: Dad a cada uno lo que se merece.

Nadie habla de los sueldos militares fuera del ámbito castrense, no interesa, no hay sindicatos, pero la ministra conoce de primera mano el problema. Eso es seguro. Que le importe es otra cosa. No hacen ruido.

Desde general hacia arriba todos lo hemos hecho unas veces bien otras mal. Resultado: regular.

Esperemos que la llamada cúpula militar, JEMAD y JEME,s. sigan en la exposición e insistencia de este grave problema ya que, -utilizando ese idioma tan ajeno al nuestro-, son los únicos <<representantes sindicales>> que tenemos.

Pues eso dice el periódico de ámbito nacional: «El Gobierno permite las puertas giratorias a decenas de jefes militares».

¡Es que  somos tan pobres! que comparamos entre ser general o Director General. Lo segundo.

Rafael Dávila Álvarez General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

19 mayo 2025