“Lo que va de un auto a otro” Melitón Cardona (Embajador de España)

La Justicia en España

Lo que va de un auto a otro en la Audiencia nacional y el Tribunal supremo es lo que va de va de la firmeza a la tibieza, de la convicción a la relativización y, en definitiva, de la justicia a secas a la justicia acomodaticia.

He leído por tres veces atentamente el auto de la magistrada Lamela de la Audiencia nacional y el del Magistrado Llarena del Tribunal supremo; si el primero me ha parecido impecable en el fondo y en la forma, el segundo me ha dejado el mal cuerpo de aquellos que, impecables en el fondo (aunque no en la forma por reiteración de errores ortográficos y sintácticos graves) concluyen con una incongruencia indigna del razonamiento de fondo, lo que no es de extrañar en un estamento judicial en el que la jerarquía de sus miembros no depende de una instancia independiente como sería la de la cooptación, sino que deriva de la voluntad de un Consejo del Poder judicial políticamente mediatizado.

Así, el magistrado Llarena considera que el alzamiento “violento y público” que contempla el artículo 472 del Código Penal es imputable a los acusados, lo que es de agradecer; lo razona impecablemente admitiendo que “la querella destaca los numerosos vestigios que existen de que se infiltraron muchos comportamientos agresivos” de la que los querellados aparecen como responsables necesarios; señala el papel “medular” de la Sra. Forcadell, como Presidenta del Parlament de la Comunidad autónoma de Cataluña por “el liderazgo que ha ostentado en cada una de las fases del proceso” y su empecinamiento en desatender los requerimientos del Tribunal constitucional y, sin solución de continuidad, se marca sorprendentemente una parte dispositiva en la que acuerda “la prisión provisional, eludible mediante prestación de fianza de 150.000 euros” para la responsable de los hechos gravísimos (el más grave, el intento de secesión de la Comunidad autónoma cuyo Parlament preside del Estado del que forma parte y deriva su propia legitimidad) que el propio Magistrado considera acreditados.

Soy incapaz de comprender qué puede llevar a un Magistrado del Tribunal supremo a adoptar una decisión tan ligera y contradictoria en un supuesto de hecho tan grave: prefiero no formular hipótesis que me sumirían en el desconcierto o la indignación.

Los antiguos romanos despeñaban desde la Roca Tarpeya a los reos de traición, pero los actuales magistrados españoles se limitan a decretar la libertad provisional a quienes a la hora y media de disfrutarla proclaman en las redes sociales sentirse orgullosos de haber defendido la libertad de expresión del Parlament, “seu de la sobirania nacional” sin que sean capaces de ordenar su reingreso en prisión siquiera por el riesgo de reiteración delictiva que el día anterior no han querido apreciar.

Patético finis Hispaniae de la mano de politicastros y sus magistrados paniaguados.

M. Cardona. Embajador de España

Blog: generaldavila.com

14 noviembre 2017