NOTIFICACIÓN PASE A RETIRO
La vida pasa volando, más aún para un veterano aviador, como es mi caso.
Echando la vista atrás, parece que he vivido varias vidas, en relación con los periodos de tiempo dedicados al estudio, oposiciones, centros de formación, academia y los más de 15 destinos militares diferentes, en suelo patrio y fuera de nuestras fronteras, que he tenido a lo largo de mis 45 años de servicio a España en la carrera militar. Así es, parece que fue ayer, cuando abandoné el nido familiar en la profunda Sierra de Aracena, para incorporarme a las aulas de la Compañía de Jesús, los jesuitas, en la madrileña calle Alberto Aguilera, en el Grupo Pre-Militar del Instituto Católico de Artes e Industria (ICAI). Tras aprobar el ingreso, me incorporé un 8 de septiembre de 1978, celebración del día de la Virgen del Amparo (empezaba con buen pie), al Centro de Selección de la Academia General del Aire (CSAGA) en la Base Aérea de Armilla, Granada. Allí, tras dos años duros de formación, en donde el selectivo de ciencias de la universidad se compaginaba con la formación militar teórica y práctica; ingresé como cadete con la XXXVI Promoción en la Academia General del Aire de San Javier, Murcia.
El anticipo de mi pase a la situación administrativa de Retiro, lo tuve a través del Boletín Oficial de Defensa (BOD) un 26 de octubre de 2023, en donde, por Orden 762/17335/23 se me comunicaba mi pase a la nueva situación administrativa, que no emotiva ni de actitud, coincidiendo con mi 65 cumpleaños el próximo día 03-06-2024. Cuando llegó el día D, hora H, desembarqué de mi situación en prevengan en guardia de Reserva para tomar la cabeza de playa del Retiro, desarmado y sin apoyo aéreo cercano, con más tristeza que júbilo (de ahí que para los militares no sea Jubilación sino Retiro, que es más propio de nuestra condición castrense). La nueva situación me fue comunicada por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migración, Secretaria de Estado de la Seguridad Social y Pensiones y, en particular en mi caso, como servidor público, por parte de la Subdirección General de Gestión de Clases Pasivas. Fue aquí cuando me vino realmente el bajón y, también, mi indignación. No sólo dejaba de estar en situación de Reserva (como los buenos vinos), sino que pasaba a formar parte de las filas de las Clases Pasivas. ¡Por los clavos de Cristo! ¿Cómo es esto posible? ¿Qué he hecho para merecer tan gratuito agravio? ¿Qué metamorfosis he sufrido que no me he dado ni cuenta? ¡Me están llamando “Pasivo” en mi cara, sin ningún motivo, ni decoro!
¿CLASES PASIVAS?
Si nos atenemos a la definición que hace la RAE en relación con este palabro: En su primera y segunda acepción, no identifico a la actitud de los servidores públicos, en particular, si nos atenemos a los sinónimos y antónimos:
- adj. Que implica falta de acción o de actuación.
Ant.: activo.
- adj. Dicho de una persona: Que deja obrar a los demás o permanece al margen de una acción.
Sin.: inactivo, indolente, inerte, inmóvil, quieto, apático, abúlico, desganado, desinteresado, indiferente, despreocupado, impasible, pasota1.
Ant.: activo, participativo.
En su tercera acepción, la RAE nos hace mención, por nuestros servicios prestados.
- adj. Dicho de un haber o una pensión, o de un derecho: Que son disfrutados por algunas personas en virtud de servicios que prestaron.
HISTORIA DE UN ESTIGMA
El régimen, mal llamado, de Clases Pasivas es una institución histórica que ha sido fundamental para garantizar la seguridad económica de los funcionarios tras su pase a la situación de jubilación o retiro. El sistema ha permitido que los funcionarios públicos se beneficien de una mayor estabilidad en su pase a la situación de jubilación o retiro, pero la percepción de «Clases Pasivas» ha generado un estigma que no refleja, en absoluto, la dedicación de estos servidores públicos a lo largo de sus carreras profesionales.
Para abordar la inconveniencia de llamar «Clases Pasivas» a los funcionarios del Estado que han dedicado su vida al servicio público, es importante reflexionar sobre el origen y la evolución de este término y cómo, con el tiempo, ha quedado desfasado respecto a la realidad de las funciones que estos servidores desempeñan. Lejos de ser «pasivos», como sugiere la denominación, los funcionarios del Estado han sido actores activos clave en el desarrollo y funcionamiento de la sociedad española, desempeñando sus cometidos con lealtad, eficiencia y, en muchos casos, asumiendo riesgos considerables.
El término «Clases Pasivas» tiene sus raíces en la administración española de los siglos XVIII y XIX. Se utilizaba para referirse a aquellos empleados públicos que, tras haber cumplido con los requisitos de edad y servicio, pasaban a recibir una pensión de jubilación del Estado. En ese contexto, el adjetivo «pasivo» hacía referencia a la situación de jubilación o retiro, es decir, a aquellos que ya no prestaban servicios activos. Es decir, tomando el antagónico de Activo, aparece el palabro Pasivo. Sin embargo, lo que en su momento fue una denominación puramente diferenciadora bastante simple, para identificar la nueva situación de los servidores del Estado, con el paso del tiempo ha tomado arraigo, con una connotación que no refleja el compromiso y la dedicación de quienes forman parte de este colectivo.
El uso de tan inapropiado término ha persistido, y aunque se sigue aplicando legalmente para designar a los funcionarios del Estado jubilados o retirados que reciben una pensión pública, su uso común puede transmitir una imagen errónea, tergiversada e incluso ofensiva. Los empleados públicos, a lo largo de su carrera, no han sido «pasivos», ni en el sentido literal ni en el figurado de la palabra. Al contrario, su labor ha sido esencial para el buen funcionamiento del Estado, y muchos de ellos han trabajado bajo condiciones de estrés, en situaciones de crisis económicas o pandemia, en entornos de riesgo y peligro (como los integrantes de las Fuerzas Armadas y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado), o han asumido grandes responsabilidades buscando siempre el bienestar de todos sus compatriotas.
NORMATIVA EN VIGOR
Las Clases Pasivas del Estado es un régimen especial de la Seguridad Social que regula las pensiones de jubilación, retiro, viudedad, orfandad e incapacidad de funcionarios civiles y militares del Estado español. Se rige por una normativa específica, que ha sido modificada a lo largo de los años para adaptarse a las necesidades sociales y económicas del país.
Las principales disposiciones normativas que regulan las Clases Pasivas incluyen:
- Ley de Clases Pasivas de 1987 (Texto Refundido del Real Decreto Legislativo
670/1987, de 30 de abril):
Esta ley regula el régimen de jubilaciones y pensiones de los funcionarios públicos del Estado, miembros de las Fuerzas Armadas, jueces, magistrados y fiscales, así como otros colectivos específicos. Establece las condiciones para el acceso a la jubilación y las cuantías de las prestaciones. También define los derechos de los familiares en caso de fallecimiento del titular.
- Real Decreto 1414/2006, de 1 de diciembre:
Regula el reconocimiento, cálculo y abono de las pensiones en el Régimen de Clases Pasivas del Estado, estableciendo el procedimiento administrativo para acceder a las pensiones.
- Ley 11/2020, de 30 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado
para el año 2021:
Introdujo reformas en el régimen de pensiones de Clases Pasivas, afectando principalmente a las cuantías y condiciones de acceso, adaptándolas a las nuevas condiciones socioeconómicas. Desde 2011, los funcionarios de nuevo ingreso están incluidos en el Régimen General de la Seguridad Social, salvo ciertas excepciones.
- Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas:
Aunque no es una ley específica de Clases Pasivas, regula los procedimientos administrativos que se deben seguir para acceder a las prestaciones, entre otros aspectos administrativos que afectan a los funcionarios públicos.
FUNCIONARIOS DEL ESTADO: SERVIDORES ACTIVOS, NO PASIVOS
Los funcionarios públicos han sido, históricamente, los cimientos sobre los que se ha sustentado la administración del Estado en áreas tan diversas como la justicia, la seguridad, la educación, la sanidad y la defensa. En muchos casos, estos servidores públicos han trabajado bajo presiones considerables, enfrentándose a situaciones de riesgo, especialmente en los cuerpos de seguridad, las Fuerzas Armadas y los servicios de emergencias.
Por ejemplo, los miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como la Policía Nacional y la Guardia Civil, han asumido riesgos físicos directos en el cumplimiento de su deber. Han sido testigos y sufrido catástrofes medioambientales, terrorismo, conflictos armados y situaciones de peligro que, en algunos casos, les han costado la vida o les han causado lesiones graves. Llamarlos «Clases Pasivas» tras su pase a la situación de retiro no solo desmerece sus valores, sino que atenta contra su espíritu de servicio y amor a España, al que han jurado defenderla y proteger sus libertades hasta derramar la última gota de su sangre. Del mismo modo podíamos hablar de aquellos funcionarios que han trabajado en la administración de justicia, en educación o en sanidad dedicando largas horas de esfuerzo y sacrificio a garantizar el bienestar y los derechos de la ciudadanía. No se puede hablar de «Clases Pasivas» en aquellos maestros que han educado generaciones, ni de los médicos y enfermeros que han trabajado en hospitales públicos, muchas veces en circunstancias extremadamente difíciles, como en el caso de la pandemia generada por el COVID, ni a los integrantes de la carrera judicial, haciendo valer y respetar nuestras leyes. Estos profesionales han sido la columna vertebral del sistema público español, contribuyendo activamente al desarrollo y progreso de la nación.
El término «Clases Pasivas» también invisibiliza el impacto emocional y físico que tiene el servicio público en la vida de los funcionarios. Para muchos de ellos, el paso a la jubilación o retiro no significa un cese en su actividad ni una desconexión total de su vida laboral; más bien, representa el fin de un ciclo que ha sido marcado por un compromiso constante al servicio público.
Es importante destacar que, aunque algunos pueden percibir la jubilación o retiro como un período de descanso, para muchos otros funcionarios públicos sigue siendo un tiempo en el que su experiencia, formación, talento y conocimientos siguen siendo valiosos para nuestra sociedad. Numerosos funcionarios jubilados o retirados, los llamados también eufemísticamente, seniors, continúan participando en actividades relacionadas con su campo de trabajo, ya sea a través de consultorías, voluntariado o en roles de mentoría para las nuevas generaciones. Continuar con el uso del término «Clases Pasivas» refuerza una visión negativa, retrograda y desfasada del papel que los funcionarios públicos desempeñan en nuestra sociedad. El concepto de «Clases Pasivas» está asociado con inactividad, una cualidad que no se corresponde en absoluto con el desempeño del servidor público, pese a los prejuicios y sambenitos que tiene que soportar por algunos sectores de la sociedad, debido a la falta de sensibilidad y, en particular, por el desconocimiento de sus cometidos. Si bien es cierto que el Estado ha optado por mantener esta denominación por razones históricas y legales, se hace necesario replantear su uso desde un punto de vista ético y de reconocimiento. No se trata simplemente de un cambio terminológico, sino de un ajuste que refleje la realidad del trabajo de estos servidores públicos. No podemos ignorar que detrás de cada jubilación o retiro hay personas con décadas de esfuerzo, entrega y sacrificio en pos del bienestar colectivo.
CAMBIO CULTURAL Y SOCIAL
Dada la naturaleza activa del trabajo realizado por los funcionarios del Estado, sería más justo e idóneo utilizar un término que reconozca su contribución y compromiso. En lugar de «Clases Pasivas», a dicha subdirección general de gestión podríamos denominarla «Clases de Servidores o Funcionarios Públicos”, un término que refleje su situación administrativa real y actual. Esta opción no solo dignificaría su trayectoria profesional, sino que también subrayaría el valor de su experiencia y conocimientos, que siguen siendo relevantes incluso después de su pase a jubilación o retiro. Un término más neutro y respetuoso que pone énfasis en su vocación de servicio, sin caer en la connotación negativa de la pasividad. Este término además reconocería que, incluso en su situación de jubilación o retiro, muchos funcionarios continúan contribuyendo al bien común de diversas maneras en diferentes ámbitos de nuestra sociedad.
CLASES PASIVAS: SERVIDORES PÚBLICOS, ACTIVOS Y CON CLASE.
El cambio de terminología no solo debe ser una cuestión administrativa o legal, sino también cultural y social. La percepción pública de los funcionarios del Estado ha sido, en ocasiones, marcada por estereotipos y prejuicios que no se corresponden con la realidad. Los funcionarios son, en su inmensa mayoría, personas comprometidas con el servicio público, que realizan su labor con diligencia y dedicación. Cambiar el término «Clases Pasivas» por uno más acorde con su labor contribuiría a cambiar también la manera en que la sociedad percibe y valora a estos servidores públicos.
CONCLUSIÓN Y PROPUESTA
Llamar «Clases Pasivas» a los funcionarios del Estado jubilados o retirados es una denominación anacrónica y despectiva, que no refleja la realidad del trabajo y dedicación que han desempeñado dicho personal a lo largo de sus carreras. Estos trabajadores, servidores y asalariados públicos, han sido activos, comprometidos y esenciales para el buen funcionamiento de la compleja y versátil maquinaria del Estado.
Es momento de revisar este término y optar por uno que dignifique su trayectoria profesional, que suprima prejuicios y sambenitos que no se identifican con su callada labor, pero llevada a cabo con tesón y buen hacer, reconociendo su papel en la construcción y desarrollo de la España actual. Terminar con el uso peyorativo del término «Clases Pasivas» es no solo un acto de justicia, sino también una muestra de respeto y consideración hacia quienes han dedicado toda su vida profesional al servicio de España y los españoles desde las diferentes administraciones públicas y aún pueden prestar y prestan una valiosa aportación a la sociedad, fruto de su bagaje laboral y experiencia profesional.
Desde este foro de pensamiento militar, con el debido respeto y consideración, solicito a la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migración, Dña. Elma Saiz Delgado que tome en consideración esta propuesta de este veterano aviador para cambiar una designación inapropiada y despectiva para los funcionarios públicos que, seguro que redundará, en el ánimo de todos los jubilados y retirados públicos, así como, de los compañeros que aún siguen en activo, al pie del cañón al servicio de España y de todos los españoles.
Para finalizar, y como suele decir mi querido y respetado General Rafael Dávila, también en situación de Retiro, y al que tomo como ejemplo en mi actitud ante la vida, una expresión suya que define meridianamente el espíritu real de los jubilados y retirados servidores públicos: “Retirado. Ni del todo, ni de todo”.
Julio Serrano Carranza Coronel de Aviación (Ret.) Ejército del Aire y del Espacio
Blog: generaldavila.com
27 septiembre 2024