Mandar soldados, mandar sobre los que tienen como primer y fundamental deber defender a España incluso con la entrega de la vida, no admite experimentos gaseosos sobre la formación y preparación de los que mandan. Mandar no es dar órdenes ni aplicar leyes y reglamentos sino liderar desde el ejemplo. No es servirse sino servir desde el espíritu de entrega a un objetivo y un ideal, España y los españoles
Mandar es también decir siempre la verdad, a los de arriba y a los de abajo.
Si la preparación técnica es importante más lo es la formación moral. El espíritu de un soldado no se forja con leyes y reglamentos sino fomentando las virtudes históricas y permanentes como el amor a la Patria, el honor, la disciplina y el valor.
Un soldado no vive exclusivamente por un salario, que gana con sangre, sudor y lágrimas, sino por el sustento moral que le lleva al sacrificio y que recibe de la sociedad a la que sirve y de las Instituciones que la gobiernan y dirigen. Ellos deben ser su ejemplo, apoyo y respaldo moral. Sí no, es preferible cambiar su primer y fundamental deber por otro y así no engañar a nadie.
Alguien debe preocuparse y ocuparse de atender las necesidades de nuestros soldados y darles forma con leyes y reglamentos. En el plazo de 20 años la política de personal de las Fuerzas Armadas ha estado regulada por tres leyes (1989-1999-2007), a las que hay que añadir la regulación de nuevas Reales Ordenanzas y la Ley de Derechos y Deberes. Para tan corto tiempo es mucho cambio, sobre todo cuando este no es de procedimiento, sino que afecta a la esencia de la vocación, a su motivación y a las expectativas de futuro de todos y cada uno de los que visten el uniforme; y lo más grave, a sus familias, base y sustento de esta profesión de las Armas.
Siempre la polémica ha rodeado las distintas legislaciones. La última, la Ley de la Carrera Militar, hace ya siete años, trajo el desencanto entre los que ejercen el oficio de las armas. La polémica y los recursos envejecen en los tribunales mientras se sufren las consecuencias del tiempo perdido entre comisiones y falsas promesas.
El sistema de ascensos y escalas cercenó las expectativas de carrera, enrarecido el tradicional compañerismo y dañado la esencia de cualquier cambio, la motivación.
El nuevo modelo de enseñanza para los oficiales abre interrogantes y dudas de su eficacia. Poco de historia militar, de humanidades y tradiciones, claves de la formación militar, mientras se crea algo indefinido entre soldado e ingeniero. Ingeniería del alma es la necesaria para cumplir su primer deber de soldado.
Los suboficiales siguen sin tener un tratamiento acorde con sus capacidades y prestigio, y se les priva de la merecida promoción y de sus legítimas expectativas. Hay una enorme deuda con ellos y no se les reconoce su valía y preparación. Son la clave, la infraestructura de nuestros ejércitos.
La tropa sigue con su permanente temporalidad y escasas perspectivas de dignificar su profesión y facilitar su reinserción en la vida civil. Su temporalidad debe ser resuelta asegurando, sin la menor incertidumbre, su futuro estable.
Hay cosas que no exigen comisiones ni sindicatos o juntas de gorriones. Cumplir con su deber y obedecer hasta morir debe tener una obligada respuesta, una exigencia y responsable compromiso, entre los que mandan desde ese Ministerio de Defensa, y hacerlo antes de que se suprima, o veamos materializada alguna otra brillante idea de las que, como consecuencia de la falta de liderazgo, ahora circulan por los medios.
Porque lo que se percibe es desamparo y poca valoración de unos profesionales, que amén de jugarse la vida, han renunciado a sus derechos ciudadanos en beneficio de España.
“…con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de corsarios…”, amigo Sancho.
Un viento seco y sin vida nos trae el sonido de la guerra. A pesar de la lejanía de su origen lo hemos reconocido enseguida. Trae olores de duros combates en aquellos históricos escenarios de vida y muerte. Viene de la tierra que es el principio de todo y donde la guerra es la rutina diaria. Tierra de guerreros que se enfrentan a lo que les es ajeno y donde nunca vence la abundancia de recursos sino la crudeza del violento mensaje. La vida se enfrenta al miedo de la esclavitud impuesta por la cultura de la muerte.
¡Irak!, suena a guerra y a duros enfrentamientos.
¡Irak!, suena a guerra en el frente y a olvido en la retaguardia.
¡Irak!, es una duda para el soldado que allí luchó y que, sin saber todavía porqué, con urgencia fue retirado.
¡Irak!, una guerra de nombre prohibido que se libró en varios frentes y en todos se perdió. Solo venció el honor y el valor de los soldados. No es nada raro, suele ocurrir en todas las guerras; las pierden los que una vez que las empiezan no tienen, para ganarlas, el valor suficiente.
Se gana o se pierde una guerra escuchando el mensaje que te envían desde la retaguardia. Aún perdura el mensaje de derrota que se envió a nuestra tropas, ¡retirada! Un hueco vacío que otros con urgencia, enfrentados a la incertidumbre, tuvieron que ocupar. Así llegó para nosotros la utopía del final de la guerra.
Ahora volvemos.
Con la misma legalidad que entonces, ahora volvemos.
Con el mismo mensaje de entonces, no combatir, ahora volvemos.
Solo esperamos que no volvamos con la misma duda de entonces.
No hay mayor desasosiego que ordenar hoy una cosa y mañana la contraria. Nada más amargo para el soldado que verse sometido a las oscilaciones de las vacilantes y contrapuestas decisiones.
Es una vida dura la del soldado. Una vida llena de constantes riesgos, fatigas y sacrificios. Duras jornadas de incertidumbre en lejanos horizontes donde eres permanente centinela que espera la aurora. Enfrentado a un enemigo escurridizo, cruel y duro, que no suele dar la cara y -¡cuantas veces!- limitada tu posibilidad de reacción.Es una vida dura la del soldado. La de hombres que cuando el amor a la vida les dice al oído que se separen del peligro, les dice su espíritu militar que se mantengan en el puesto de honor.
Es una vida dura la del soldado, que acepta el sacrificio, incluso el mayor de todos, sin que haya razones de índole material que le lleven a ello. Estar convencidos de que se lucha por una causa justa es su asidero moral más firme ante la brutalidad de la guerra.
Es el honor y la honra los sentimientos que han acompañado a las unidades moviéndolas hasta límites insospechados.
Es una vida dura la del soldado cuando te envían a una guerra sin nombre, enmascarada con mensajes que limitan el espíritu de lucha propio y la voluntad de vencer.
Es una vida dura la del soldado que vive pendiente de una bala perdida, de una emboscada, un artefacto escondido o la permanente incertidumbre que acontece cuando en soledad se vislumbra la muerte.
Es una vida dura la de soldado cuando te juegas la vida mientras en la retaguardia se discuten y ponen en entredicho las razones y las órdenes por las que te han trasladado a estos confines.
Es una vida dura la del soldado, pero no hay vida más honrosa y hermosa siempre arropado por la camaradería y la fraternidad de tus compañeros.
Irak, arma arrojadiza entre unos y otros, combates de hemiciclo, guerra prohibida, desconcierto de las tropas.
Hubo grave incomprensión en aquellos enfrentamientos de la retaguardia.
En vanguardia se jugaban la vida los soldados de España.
El domingo 12 de octubre celebramos el día de la Fiesta Nacional. La participación queda reducida a la Corona y a las Fuerzas Armadas. La recepción posterior, la de los corrillos, en estos tiempos que corren, es pura anécdota.
Se eligió esta fecha por ser el día del descubrimiento de América, por simbolizar la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los reinos de España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos. Palabras llenas de buenos propósitos que no tienen su reflejo en el conjunto de las instituciones del Estado y, por lo tanto, tampoco en la sociedad. Ninguna Institución del Estado, al margen de la Corona, cooperan en realzar esta fecha. Nada, ni declaraciones institucionales, conferencias, jornadas de recíproco conocimiento. De España como Nación, nada.
¿Dónde están los políticos, profesores y colegios, universidades, embajadas, autonomías, medios de comunicación, Reales Academias, el Instituto Cervantes o la Marca España ¿Cómo celebran esta festividad? ¿Fiesta Nacional? Mucho queda por hacer; todo queda por hacer.
Recoges lo que siembras. Si siembras vientos recoges tempestades. Tenemos lo que nos merecemos aunque España y los españoles no se merezcan lo que tienen.
Una nación “discutida y discutible” centra su fiesta nacional en “el coñazo del desfile” mientras los soldados se quedan sin su “A España servir hasta morir” por capricho de un ministro de defensa. Lucha entre presidentes autonómicos para ver quién hace más sonora su ausencia este día en Madrid. La Fiesta Nacional de España no va con ellos. El Parlamento y el Senado, cerrados. La soberanía nacional desperdigada. Crisis de unidad y sentimientos. Profunda crisis de valores alrededor del día de la Fiesta Nacional de España. El valor de España tasado en marca comercial. Una tarea académica, política y de carácter inclusivo. Planteamientos exclusivamente económicos. De España como Nación, nada, mientras la soberbia o la inconsciencia de un pequeño grupo de hombres, se atreven, por sí y ante sí, a romper la unidad de España.
Sobra el Ministerio de Defensa, sobran los soldados, sobra el desfile militar, sobra la defensa. ¿Y la Fiesta Nacional?
El próximo domingo, 12 de octubre, serán las Fuerzas Armadas la única institución que, junto a la Corona, celebren el día de la Nación española. ¿Sobramos?
La gran mayoría sentimos y amamos a España con enorme fuerza y valentía. No debemos dejarnos dominar por el pesimismo sino por la esperanza que da la fuerza que tenemos, desde la unidad, esa que desde las Fuerzas Armadas hoy nos piden, “Un día de todos”. Es la conmemoración del día en que España como Nación surgía en el mundo; y así seguirá siendo pese a quien pese.
Fiesta Nacional de España, Día de la Virgen del Pilar Patrona de la Hispanidad, de Zaragoza, de la Guardia Civil.
Nuestra identidad, nuestro futuro, está en la unidad, en nuestra fuerza como pueblo, como españoles. Gritemos sin miedo ¡Viva España!
Quedan unos días para que celebremos el día de la Fiesta Nacional.
Todos los años, llegada esta fecha, surge el interrogante sobre su finalidad y sentido ya que nadie se preocupa de explicar y fomentar el espíritu que encierra esta celebración. Este año el interrogante es doble ya que surge la misma pregunta en aquellos que conocen su significado. Razones muy poderosas llevan a preguntarse: ¿Qué celebramos?
Poco o nada tenemos que celebrar este año cuando estamos a las puertas de un grave intento de romper la unidad de España.
A todos los interrogantes intentaremos dar respuesta en estos días previos a la celebración en toda España, creemos, del día de la Fiesta Nacional.
¿Por qué el 12 de octubre es el Día de la Fiesta Nacional? ¿Qué significado tiene esta fecha para España y los españoles? ¿Por qué hay un desfile militar? ¿Es el Día de las Fuerzas Armadas?
En 1978 se estableció el día de las Fuerzas Armadas, coincidente con la festividad de San Fernando, celebrándose cada año con especial énfasis en una Capitanía General. El año 1987 se extendió la celebración simultáneamente a todo el territorio nacional, quedando configurado el día de las Fuerzas Armadas como una jornada de encuentro y comunicación entre los ciudadanos civiles y militares.
Al aprobar las Cortes Generales en 1987 una ley que establecía el 12 de octubre “Día de la Fiesta Nacional”, se decretó en1997 que se trasladasen a este día los actos más significativos que se venían desarrollando anualmente el Día de las Fuerzas Armadas (sin suprimirlo), al considerar que tal medida contribuiría notablemente a realzar la conmemoración de la Fiesta Nacional y a la plena integración de todos los elementos históricos y culturales que conforman la Nación española. Esa es la razón por la que se celebra un desfile militar el 12 de octubre, que nada tiene que ver con el día de las Fuerzas Armadas.
A lo largo de la historia de España, la Fiesta Nacional del 12 de octubre se ha conmemorado con distintos nombres: “Fiesta Nacional” en 1892, “Fiesta de la Raza” en 1918, “Día de la Hispanidad” en 1958 y “Día de la Fiesta Nacional de España y de la Hispanidad” en 1981 y, por fin, “Día de la Fiesta Nacional” en 1987.
La ley actual dice:
“La conmemoración de la Fiesta Nacional, práctica común en el mundo actual, tiene como finalidad recordar solemnemente momentos de la historia colectiva que forman parte del patrimonio histórico, cultural y social común, asumido como tal por la gran mayoría de los ciudadanos.
Sin menoscabo de la indiscutible complejidad que implica el pasado de una nación tan diversa como la española, ha de procurarse que el hecho histórico que se celebre represente uno de los momentos más relevantes para la convivencia política, el acervo cultural y la afirmación misma de la identidad estatal y la singularidad nacional de ese pueblo”.
La simple lectura del texto legal es suficiente para sonrojar a todos los que irresponsablemente nos han llevado al lugar de incertidumbre en el que nos encontramos. Algo que resulta práctica común en cualquier nación aquí, entre la confusión conceptual y la meliflua actitud de los responsables de cumplir y hacer cumplir la ley, nos encontramos ante la España de la incertidumbre. No tenemos la certidumbre de estar en un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular al ponerse en duda la misma Nación española y por tanto, la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes.
Esta es la situación de la Nación española cuando llega el día de la Fiesta Nacional. Que cada cual vea y ¿responsabilidades?, que a cada uno la sociedad se las demande.
Un ruego para ese día, la Bandera que llevan en su corazón, la de España, cuélguenla en sus balcones.
La extensa bibliografía sobre la Guerra Civil y los ricos fondos documentales no han sido suficientes para aclarar los detalles de los preliminares de la Guerra Civil y la actuación de sus protagonistas. Todavía hay documentos y revelaciones guardadas en los archivos. Hoy les hago partícipes de uno de los episodios más interesantes de los primeros días de la guerra civil y que tuvo gran trascendencia en el desarrollo político y militar de la contienda.
Se trata del proceso que llevó al nombramiento de Franco como “Mando Único” para las operaciones militares y Jefe del Estado Español. Son varias las versiones -con baile de fechas incluido- sobre las reuniones de la Junta de Defensa en Salamanca y confusas las decisiones que allí se tomaron. El excesivo protagonismo de unos y el silencio de otros han hecho que algunas sombras, y muchas dudas, rodeen estos acontecimientos; incluso alguno de los personajes que merodeaba cerca de los protagonistas ha contado la verdad a medias, con lo que la confusión ha sido mayor.
La trascendencia de la figura de Franco ha desviado la atención de las decisiones que adoptó la Junta de Defensa Nacional en los comienzos de la contienda. Estas decisiones son la clave para entender como se desarrollaron estos inicios y las consecuencias que tuvieron para el futuro.
El General Sanjurjo iba a incorporarse para dirigir un Directorio Militar. Al producirse su muerte se constituyó oficialmente en Burgos la Junta de Defensa Nacional que dirigió los primeros pasos de la guerra en el bando nacional.
En sus reuniones iniciales se trató el asunto del mando único de las operaciones, aunque sin prestar mucha atención a las propuestas planteadas. Al margen de la Junta se produjeron presiones para que Franco asumiese la Jefatura Militar, pero esta actuó con plena libertad sin dejarse llevar por ellas.
Hasta el 27 de Septiembre en que se libera el Alcázar de Toledo no se toma la definitiva decisión de dar el mando único a Franco. En esa fecha se había logrado consolidar el enlace y el contacto material de los tres ejércitos operantes, Norte, Sur y Expedicionario de África. La falta de coordinación entre sus mandos (Franco, Mola, Queipo de Llano) y sus diferencias de criterio, en algún caso enfrentado, no era lo más apropiado para la coordinación de una guerra que, en principio, se había previsto corta pensando en la rápida caída de Madrid.
Se hacía necesario un mando único.
Entre las diez y las once de la mañana del veintisiete de septiembre de 1936 se reúne, en la Dehesa que Pérez-Tabernero poseía en Salamanca, la Junta de Defensa Nacional.
En principio la reunión está convocada para deliberar y adoptar acuerdos que en consonancia con la situación alcanzada se juzgase procedentes.
Concurren a la reunión el General Cabanellas, Presidente de la Junta de Defensa, los vocales de la misma Generales, Gil Yuste, Queipo de Llano, Saliquet, Franco, Orgaz, Ponte, Mola y Dávila junto a los coroneles, Montaner y Moreno Calderón, dejando de participar en la reunión únicamente el vocal de Marina, Contralmirante Moreno. Acompañando al general Franco llegó al lugar de la reunión el general Kindelán, jefe de las fuerzas de aviación, cuya presencia en el acto, no obstante no pertenecer a la Junta, no fue recusada.
La reunión empezó con amplia deliberación sobre el frente logrado en las operaciones y entre las previsiones futuras se trató el tema del “Mando Único” como de primordial e inaplazable decisión. Fue el general Kindelán (como hemos dicho no era miembro de la Junta) quien de modo más extenso y reiterativo razonó sobre ello. Al no lograrse la unanimidad propugnada, acordose proceder a la votación abierta de la que fueron excluidos los dos coroneles vocales, que permanecieron sin intervenir en la deliberación.
Resultado de la votación fue acordarse por mayoría de votos, lindante con la unanimidad, decretar el Mando Único para las operaciones militares que se ejercitaría por el General Franco sin que ello afectase a las atribuciones y función de la Junta de Defensa.
A renglón seguido hizo el General Franco manifestaciones propias del caso y designó personal para cargos que implicaba la nueva modalidad castrense, terminando con ello la reunión y trasladándose los miembros de la Junta al comedor de la casa donde almorzaron. Finalizó ya entrada la tarde comenzando los vocales a marcharse a sus respectivos puestos de mando.
Esta situación creó cierta contrariedad en el General Dávila al apreciar que no se había desarrollado en la reunión de la mañana la trascendente misión que la Junta debiera afrontar, por lo que intentó retener a los compañeros y continuar con la reunión. El ambiente y la marcha ya iniciada por la mayoría no se prestaban a ello.
El General Dávila le expuso al General Mola cuan preciso e inaplazable era tratar con toda urgencia el tema ya que, aparte la imperiosa necesidad de que el mando militar tuviera absoluta libertad de actuación sin riesgo de las trabas, impedimentos o rémoras inherentes a la actuación de la Junta de Defensa, era muy de tener en cuenta que nuestra Entidad Estatal no estaba reconocida por ningún Gobierno extranjero y por informaciones oficiosas que les habían llegado, alguno de esos Gobiernos deseaba que desapareciese rápidamente el cariz de Pronunciamiento Militar que significaba el regir al País una Junta de Generales.
Mola se mostró conforme, asintiendo a la consecuencia de que debiera la Junta declinar sus poderes en el General Franco nombrándole Jefe del Gobierno que él constituiría con elementos y organización no afectados por la tara que al Estado del momento se achacaba. Sometida la propuesta, en el patinillo de la finca, a la consideración de Franco, este contestó hallarse dispuesto a asumir el cargo y “pechar con la papeleta si se tomaba tal decisión”.
Con la conformidad de Franco el General Dávila se encontró con la difícil papeleta de convocar al conjunto de los vocales de la Junta para plantearles tan trascendente cambio.
La mayoría de los vocales ya habían iniciado el regreso a sus lugares de residencia por lo que hubo grandes dificultades para su convocatoria, iniciándose las consultas a partir del día siguiente a base de comunicación telefónica o mediante rápidos desplazamientos que llevaron a cabo los generales Mola y Dávila.
No fue fácil obtener el voto afirmativo mayoritario. Se habían introducido dos factores de enorme trascendencia y que daban un vuelco total a la dirección política y militar:
-La desaparición de la Junta de Defensa Nacional asumiendo el General Franco el mando militar y el conjunto de funciones que hasta entonces desempeñaba esa Junta.
-La constitución de un Mando Político otorgándole a Franco el cargo de Jefe del Gobierno del Estado español.En definitiva Franco asumía todos los poderes, el militar como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas y el político como Jefe del Gobierno del Estado español.
La propuesta no fue del gusto de todos y hubo grandes dificultades para conseguir, de una forma tan acelerada, el voto afirmativo de la mayoría. Dejaremos los detalles para próximos artículos.
FueYanguas Messía (asesor de la Junta de Defensa) el encargado de redactar la disposición legislativa, realizándose con urgencia ya que se quería publicar el 1 de octubre.
Cuando la disposición ya se encontraba en el Boletín para su publicación, de madrugada Nicolás Franco, desde Salamanca, llamó por teléfono al General Dávila para hacerle saber que no se encontraba acertada la disposición ya que era necesario darle a Franco mayor libertad de acción y por tanto de atribuciones, que las que competían a un Jefe de Gobierno. El General Dávila le replicó que quedaba resuelto el tema si se cambiaba en el texto la expresión “Jefe del Gobierno español” por la de “Jefe del Estado Español”.
No había tiempo para ponerlo en conocimiento del resto de miembros de la Junta y la imprenta del Boletín llevaba tirado ya muchos ejemplares, enviados fuera de Burgos, y de dificultosa intercepción. Por tanto y sin más dilación el General Dávila ordenó la rectificación que fue llevada a cabo.
Al día siguiente el Presidente de la Junta, General Cabanellas, el más reticente de todos, se dirigió a Franco como Jefe del Gobierno del Estado español. En circulación estaban dos boletines con denominaciones distintas. Pero ya nadie volvería a dirigirse a Franco, ni de forma verbal ni escrita, como Jefe del Gobierno del Estado español sino como Jefe del Estado.
Hoy los ejemplares que se conservan en los archivos son los que se habían enviado antes de la rectificación y es difícil encontrar el Boletín rectificado que debió de ser de tirada muy escasa, dado el número de ejemplares anteriores que ya se habían impreso. A partir del día 2 de octubre del año 1936 no volvió a aparecer el término Jefe del Gobierno del Estado español y en todas las disposiciones, tanto escritas como verbales, Franco fue oficialmente el Jefe del Estado español.
Como les decía estos acontecimientos nunca se han contado como ahora les expongo. Lo que acaban de leer abre nuevos interrogantes para la historia. Desde las relaciones personales entre los protagonistas en los comienzos de la Guerra Civil hasta las ocultas razones que llevaron al nombramiento de Franco como Jefe Supremo con todos los poderes. Episodios, algunos interpretables, sobre los que intentaremos dar luz aportando datos hasta ahora desconocidos. El camino está abierto y los documentos desempolvados…
Que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, no quieren reconocerlo los que creen que la soberanía nacional está en ellos y no en el pueblo español.
Para satisfacer el parcial punto de vista de los nacionalismos vasco y catalán se crearon aquellos polvos autonómicos y, bajo la presión del sangriento chantaje etarra, entre otros, desembocamos en los lodos del independentismo que rompe cualquier puente que pudiese unir a todos los españoles alrededor de la libertad y la solidaridad
Estamos ante una grave irresponsabilidad que no respeta la voluntad del pueblo español y que menosprecia las tradiciones y sentimientos de una existencia colectiva. Es el liderazgo que pretenden asumir los irresponsables históricos que, como espadones de nuevo cuño, dan un golpe de Estado institucional atribuyéndose una representación autoritaria y excluyente.
El Tribunal Constitucional ha dictaminado que no conoce otra nación que la Nación española y que de los derechos históricos no puede derivarse un derecho al autogobierno ni a ninguna forma de organización ajena a la Constitución. De nada sirve cuando los que más deberían respetar la ley y la justicia se declaran al margen de ella. Hay que hacerles frente, porque cuando la negociación se convierte en un mercadillo de rufianes anclados en la ilegalidad y el único posible acuerdo es la rendición a sus caprichos, el diálogo se hace inútil; es el momento de aplicar la ley.
Habló el Tribunal Constitucional y habrá que volver a esperar su dictamen, pero la Constitución, además de ser clara, dispone de los artículos apropiados al caso. Los mecanismos para exigir su cumplimiento son conocidos, a todos aplicables y no sólo a los ciudadanos de a pie. Si realmente la soberanía reside en el pueblo español, debemos exigir que se cumpla el hecho incuestionable de la indisoluble unidad de la Nación española. Esto ya no es una cuestión de partidos sino de partir España. Hay momentos en que el diálogo infructuoso y ladino debe dar paso a ejercitar la responsabilidad que a un gobierno le corresponde por dura que esta sea.
No es admisible una negociación que pretende enarbolar los sentimientos del pueblo en nombre de la patria como excusa para esconder las individuales miserias y corruptos comportamientos. Impúdica negociación de intereses privados, de los que van saliendo a la luz los que no conocíamos por inconfensables.
“Porque en este Viva España caben todos los que quieren a España de verdad. Los únicos que no caben son los que no quieren caber, los enemigos de la España verdadera.
¿Españoles? ¡Sí! ¡Más que vosotros!”
Eran palabras del gran poeta catalán Joan Maragall en un artículo publicado en 1907 cuyo título era, Visca Espanya! ; lo publicaba después de exigir a los nacionalistas- que no escuchan- que dirigiesen sus esfuerzos no hacia egoístas fines estrechamente catalanes, sino hacia la regeneración de la totalidad de España.Un hombre, Joan Maragall que “a fuerza de catalán era honda, íntima, entrañablemente español…”, que de él dijo Unamuno.
Cumplimiento estricto de la ley, una exigencia que lo único que pretende es que unos cuantos no rompan esta España de todos. Casi nada.
Así que de negociación, nada, y que sigan chachareando tantos patrioteros.
Muy comentados han sido los resultados de una encuesta sobre Defensa Nacional y Fuerzas Armadas realizada en 2013 por el Instituto Español de Estudios Estratégicos en la que, entre otras cuestiones, se preguntaba acerca de la disposición a participar voluntariamente en la defensa del país. Ha llamado poderosamente la atención conocer que sólo un 16% de españoles sí lo estaríacon toda seguridad, frente a un 39.6% que no lo estaría con toda seguridad, (posición que ha aumentado de manera significativa en los últimos años).
Dato que se une a otros, tanto o más graves, como ver que en algunas comunidades autónomas como País Vasco y Cataluña se observa un acusado crecimiento del desafecto hacia España y como contrapartida del sentimiento nacionalista que ha tenido un incremento del 6,5 % en el caso de Cataluña y un 6,1 en el País Vasco en los últimos dos años. Preocupante.
Como comprobar, que el sentimiento colectivo hacia España o sus símbolos como representativos de la nación están en retroceso, o que la mitad de los entrevistados consideren que al margen de su familia no existe nada por lo que sacrificarse y/o llegar a arriesgar la vida.
En estos resultados la supresión del servicio militar no me cabe duda que tiene su influencia y así se ve analizando con detalle la encuesta. Quizá también tenga su repercusión el no existir una ley de movilización con la que el ciudadano se vea protagonista en la seguridad y la defensa de su nación. O dicho de otra manera, el que no se haya articulado un mecanismo que permita cumplir con el deber y derecho de todo ciudadano de defender a España, como marca la Constitución.
Pero hay otras razones que señalar y que en mi opinión son las verdaderas culpables de tan pesimistas resultados.
No hay interés social por los temas de Defensa porque se ha desvirtuado la razón de ser de las Fuerzas Armadas. La politización de lo militar ha causado un daño enorme y entre los culpables están también algunos uniformados. El oficio militar no tiene otra razón de ser que la existencia o la amenaza de conflictos bélicos, es decir, eso que aquí con cinismo se ha evitado nombrar, la guerra. Se oculta y engaña a la sociedad mintiendo sobre la verdadera razón de ser de los ejércitos con falsos conceptos buenistas y utópicos que provocan una grave desorientación que cala incluso dentro de la propia institución. La figura épica del combatiente se ha transformado en la imagen de un cooperante ocultando la del guerrero. El relativismo invade la vida militar y llega a extremos tan confusos que te llevan a oír, incluso a algún alto mando militar, que estamos equivocados los que pensamos que el Ejército está para la guerra, que ahora la sociedad demanda otra cosa.
La realidad es que la guerra abre a diario las portadas de los periódicos, pero nosotros seguimos en la polémica interesada. Hemos asistido a graves enfrentamientos sobre los heridos, muertos, condecoraciones, accidentes, escenarios, enseñanza, armamento, materiales, presupuestos, todo se ha puesto bajo sospecha y enfrentamiento. Han intentado vender humo para tapar una realidad que ahora se revuelve.
Las carencias en la cultura de seguridad y defensa siguen siendo importantes en todos los estamentos de la sociedad española, a pesar del esfuerzo realizado en la última década por el Ministerio de Defensa para la divulgación y la promoción de la conciencia de cultura de seguridad y defensa.
Y así seguirá por los siglos de los siglos porque, una vez dicho todo lo anterior, conviene señalar la razón última de tan pesimista panorama: la ausencia de voluntad política. Nos empeñamos en exportar España como si esto fuese una marca empresarial, cuando tendríamos que empezar por aprender a amar a España, dentro y todos.
El distanciamiento entre Fuerzas Armadas y sociedad civil se forja día a día y cada vez será mayor por la falta de voluntad política. Es simplemente un síntoma de algo mucho más grave: la pérdida de nuestra identidad como nación. Creo que lo estamos consiguiendo.
“Por ir a tu lado a verte mi más leal compañera…”, requiebros con la muerte, quizá la mejor compañera si tienes por sudario el amor de tu Bandera.
9.722 muertos, 35.200 heridos, más de 1.000 desaparecidos… 46.000 bajas.
7 Laureadas de San Fernando Colectivas y 22 Medallas Militares.
23 Laureadas de San Fernando individuales y 211 Medallas Militares.
Es el frío resumen del combate. El honor y el dolor. Datos que se revuelven y calientan la memoria ante la frialdad del tiempo. Son la herencia gloriosa que ha dejado el “Espíritu de la Muerte”. Aunque nadie muere en la Legión porque el honor y el dolor permanecen como pruebas del valor; aquí lo más sagrado es el ejemplo de aquellos que te preceden.
Es esta una larga historia que se acerca ya al horizonte centenario. La historia de los novios de la muerte. Un cuplé convertido en oración al paso lento del caminar hacia la eternidad. Música y letra para nuestros muertos… “Soy un hombre a quien la suerte…”.
Riffien, a unos cuantos Kilómetros de Ceuta, cuna de la Legión.
Melilla en peligro, año 1921, desembarca la Legión.
Héroes de los blocaos, el de “La Muerte”, “Miskrella”, “Baba y Sugna”, “Taquil-Manin”…
Caravanas de la muerte. Tafersit, Casabona…Tizzi-Aza.
Yebala y el Rif. Ceuta y Melilla, donde la Legión tiene el alma.
Marruecos y la sangre derramada en la tierra ardiente. El Sahara y los Tercios Saharianos. Campaña Ifni-Sahara, los últimos Laureados: Brigada Francisco Fadrique Castromonte, Caballero Legionario Juan Maderal Oleaga.
Repentinamente languidece la Legión; ya se había firmado su disolución cuando de nuevo derrama su sangre al servicio de la Patria.
Bosnia-Herzegovina, Albania, Kosovo, Macedonia, Irak, Afganistán, República del Congo, Líbano, Mali; 23 misiones en las que se ha combatido contra la violencia y se ha servido en busca de la paz. Guerras crueles de odios salvajes.
En esta larga historia de los novios de la muerte han cambiado estructuras, normas y reglamentos. Ni un ápice se ha movido su espíritu que sigue siendo el impulso, la ética, incluso la estética de esta unidad. Símbolos y ritos que la alimentan y que, como dejó escrito su fundador, el Teniente Coronel Millán-Astray, son la base espiritual de la Legión, médula y nervio, alma y rito de ella
El valor, el compañerismo, amistad, unión y socorro, marcha, sufrimiento, endurecimiento a la fatiga, compañerismo ante el fuego, y las cardinales; Disciplina, Combate, Muerte y Amor a la Bandera. Es el mandato de su Credo y sus oraciones los que la han consagrado en lo más sublime, el heroísmo. En el combate y en el cumplimiento del deber cada día.
La Legión sí que es lo que era y así seguirá siendo. Distinta a otras unidades, diferente, única y sin igual. Nadie es mejor que otro, pero todos somos distintos. Cada uno debe ser lo mejor que puede ser. Y darlo todo hasta sus últimas consecuencias. Así la queremos y así la quieren los millones de españoles que la siguen y la admiran. Si no es así no hay razón para mantenerla.
Esta es su historia, cumplir lo que la Patria les demandó. No hicieron otra cosa.
Algo más de 2.000 Damas y Caballeros legionarios forman hoy en las filas de la Legión.
Tienen experiencia de combate y llevan el espíritu de su fundación. En Ceuta, Melilla, Ronda, Viator en Almería, tienen su casa y su compañía.
No están solos. El que ha vestido el gorrillo y la camisa verde queda cautivado para siempre. Son legión, y con ellos una sociedad legionaria, la del sacrificio, que aun sin haber formado en las filas legionarias, sienten y viven los valores de esta gloriosa unidad.
Mi hijo me llamaba por teléfono y me decía:
-“Mamá, tu reza para que yo vaya a Bosnia.
-“Hijo mío, eso no lo puedo pedir para ti”.
Era el desgarrador testimonio de la madre del Teniente Francisco Jesús Aguilar Fernández, muerto por un francotirador cuando transportaba con su unidad plasma y medicinas al hospital de Mostar.
Son los novios de la muerte, los que han escrito esta larga historia que empezó un 20 de septiembre en Riffien. Hoy nada ha cambiado y continúan regando con su sangre la tierra ardiente.
Héroes incógnitos todos, nadie aspire a saber quienes son…
Soy valiente y leal legionario
¡Madre, volveré cantando!
…soy soldado de brava legión.
¡Madre, no llores y espera!
Mi camisa legionaria,
Será para ti Bandera.
Pedimos al Cristo de la Buena Muerte, que acoja a todos nuestros compañeros muertos a lo largo de la vida legionaria y en este 94 Aniversario muy especialmente a los caídos en las misiones internacionales. Descansen en paz acogidos por nuestro Cristo legionario.
20 de Septiembre de 2014. Aniversario Fundacional de la Legión (94).
General Rafael Dávila Álvarez (R) (General de la Legión entre 2001-2004)
LEGIONARIOS MUERTOS EN MISIONES DE PAZ
11 de mayo 1993, teniente Arturo Muñoz Castellanos (BiH)
11 de junio de 1993, teniente Francisco Jesús Aguilar Fernández (BiH)
16 de junio 1993 Caballero Legionario José Gámez Chinea. (BiH)
4 de julio de 1993. Caballero Legionario Francisco Jiménez Jurado (BiH)
30 de julio de 1993. Caballero Legionario José Luis León Gómez (BiH)
21 de agosto de 2001. Caballero Legionario Javier Del Castillo Peinado (Kosovo)
15 de junio de 2008. Cabo CL. Felipe Ospina Velez (Líbano)
En las recientes convocatorias que regulan el proceso de selección para ser soldado o marinero se han introducido, entre las condiciones para los solicitantes, una serie de limitaciones sobre los tatuajes corporales. Al margen de la polémica y la confusión generada, lo peor de esta nueva normativa ha sido la imposibilidad de reacción por lo que muchos jóvenes no podrán presentarse a las convocatorias. Me cuentan que no es fácil borrar un tatuaje además de ser costoso en tiempo y dinero. La norma se ha hecho con precipitación y sin pensar en las frustradas aspiraciones que en muchos jóvenes origina.
Aunque la resolución no prohíbe el tatuaje sino que lo regula en función de su ubicación y contenido, algo que está ocurriendo en la mayoría de los ejércitos occidentales, introduce muchas limitaciones. Por su contenido se prohíben todos aquellos que contengan expresiones o imágenes contrarias a los valores constitucionales, autoridades, virtudes militares, que supongan desdoro para el uniforme, que puedan atentar contra la disciplina o la imagen de las Fuerzas Armadas en cualquiera de sus formas, que reflejen motivos obscenos o inciten a discriminaciones de tipo sexual, racial, étnico o religioso. Razones todas ellas que comprendemos pero que no sería necesario regular ya que su significado da motivos suficientes para prohibirlas sin necesidad de norma alguna.
Además se prohíben todos aquellos que sean visibles vistiendo las diferentes modalidades de los uniformes.
Nunca me han gustado los tatuajes pero tampoco tengo nada contra ellos siempre que sean respetuosos y limpios de intención. Durante los años que mandé la Legión fueron numerosos y variados los que pude ver en los brazos y pecho de los legionarios. Reconozco que alguno había perdido su sentido de vieja y guerrera tradición y nada tenía que ver con ese testimonio y orgullo de ser legionario. Hubo una época en que los tatuajes formaban parte de ese vínculo guerrero que nace de compartir dificultades, peligros y alegrías. Una demostración de honor y valor por pertenecer a la Legión, un rasgo identificador para los que tenían el privilegio de ser los primeros en entrar en combate. Recuerdo una ocasión en la que de uniforme asistí a una boda en Madrid. A la salida dos de los hombres que pedían limosna en la puerta se me presentaron como legionarios. No tenían ninguna prueba que les identificara como tales, al margen de la pobreza, pero enseguida me mostraron sus brazos tatuados como documento de identidad, “Tercio Gran Capitán”, “A mi la Legión” “Melilla…” eran alguna de las inscripciones que lucían junto al emblema legionario.
Pero las cosas cambian o nos las cambian por el mal uso o el desuso; no hay que darle más vueltas. Los cambios que se introducen en las Fuerzas Armadas hay que admitirlos aunque algunas veces no sean tan inocentes como parecen; no es este el caso. Modas pasajeras y efímeras. Lo importante es saber a lo que se viene cuando se viene a ser soldado, marinero o legionario…y llevarlo tatuado en el corazón.
El próximo día 20 se conmemorarán los 94 años de la fundación de La Legión. Son 94 años de sacrificio, de entrega sin límites a España, que han hecho que esta unidad sea respetada, querida y admirada por todos los que la conocen.
Su clásico gorrillo o Chapiri, una de sus prendas características, ha sido siempre motivo de polémica por las numerosas ocasiones en las que se ha intentado suprimir. Para conocer algo más sobre el gorrillo y su importancia en La Legión exponemos un breve relato de su historia.
El primer gorro de borla o “gorro de cuartel” utilizado por nuestro Ejército surge después de la Guerra de la Independencia y lo recogen los Reglamentos de 1822 y 1828; sustituía al gorro de manga, utilizado desde la llegada de los Borbones y de sus importantes reformas en el Ejército.
En 1876 el gorro de cuartel pasa a denominarse “Isabelino”, declarándose reglamentario para todo el Ejército. Se suprime en 1887 siendo sustituido por un gorro redondo para uso cuartelero que popularmente empezó a denominarse “queso” por su parecido con el mismo. Estuvo en vigor hasta 1926 en el que se vuelve al gorro de borla.
Como prenda de cabeza de “uso diario” se utilizaba desde 1884 la “teresiana” que fue sustituida por la gorra de plato en 1908.
En el Diario oficial del 29 de Enero de 1920 y por Real Decreto se crea el Tercio de Extranjeros, primera denominación que tuvo la Legión Española. La inesperada avalancha de aspirantes fue tal que dejó al Tercio sin prendas de vestuario por lo que hubo que usar el famoso gorro de “queso” como prenda de cabeza. Duró poco ya que el 4 de Septiembre de 1920 se estableció el uniforme de La Legión… “Práctico, cómodo, vistoso y económico”, decía su reglamentación. En cuanto a la prenda de cabeza se adoptó el gorro isabelino, algo más alto y sin vivos ni sutases. De él decía Millán Astray: “… tiene un especial atractivo, es gracioso y muy marcial. Es el clásico y castizo que usaron los militares españoles luengos años. Es, desde luego, infinitamente más estético que los bonetes circulares. Es el que caracteriza a los legionarios”.
El gorrillo legionario y la camisa verde
El gorrillo, junto a la camisa, han sido desde entonces las prendas que más identifican a los legionarios. El gorrillo, “colocado gracioso y ligeramente ladeado a la derecha” siempre ha estado unido a la querida imagen del legionario. Su principal característica quizás sea la borla a la que también se llama “madroño”; de color rojo para la tropa, cascabillo de oro y resto de color rojo para los suboficiales, cascabillo de oro, cordón de oro alrededor del rojo para los oficiales y de oro para los jefes. El barbuquejo se añadió en 1938 en principio solo para las unidades motorizadas, aunque se hizo extensivo a todos y así ha continuado hasta nuestros días.
A pesar de los numerosos cambios en la uniformidad del Ejército, el gorrillo siempre permaneció como prenda de cabeza en La Legión. Al finalizar la guerra civil se inició el estudio de un nuevo reglamento de uniformidad en el Ejército; la Legión temió que desapareciesen sus prendas más características y queridas, el gorrillo y la camisa. Los Coroneles de los Tercios, preocupados, escribieron a Millán Astray para que intercediese con el Ministro del Ejército. Fue recibido por el ministro, general Asensio, al que transmitió la preocupación de los legionarios ante el posible cambio de uniformidad. La contestación del ministro fue clara: “Mi General, La Legión, no puede estar afligida por nada y menos por una cosa tan pequeña como esta para nosotros. Venga usted mañana y lo arreglamos todo”. Así fue y La Legión continuó con el gorrillo, la camisa, la teresiana y el emblema.
El Chapiri
El gorrillo es popularmente conocido como “Chapiri” aunque esta no es su denominación reglamentaria. Es una castiza forma de llamarlo muy extendida entre los legionarios, siendo un diminutivo del galicismo chaperot que era una prenda de cabeza en forma de capucha del siglo XVIII y que derivó más tarde en el gorro de cuartel isabelino.
Para su colocación, se coge con la mano derecha de manera que el extremo final de la parte superior del gorrillo quede entre la curvatura que forman el pulgar y el dedo índice, para a continuación llevarlo a la cabeza y colocarlo “graciosa y ligeramente ladeado a la derecha”.
Símbolo y rituales en la Legión
Recientemente se ha pretendido hacer desaparecer símbolos y rituales legionarios.
El que esto intenta sabe muy bien la importancia que tienen en el espíritu de los legionarios. Henos entrado en el absurdo de pretender que todas las unidades sean iguales confundiendo la igualdad con la uniformidad y cayendo en una malintencionada monotonía. Son conscientes de que, ante la imposibilidad de suprimirla, se puede ir desfigurándola con pequeños y aparentes inofensivos cambios hasta llegar a dejarla sin su sustancial contenido, sin su fuerza moral y sin su contagioso sentimiento. Nos preguntamos el porqué. ¿Por su saludo enérgico, por su mirada que brilla con fiebre, fija y recta a los ojos del mirado? ¿Por su modo de hablar, breve y enérgico? ¿Por su modo de marchar, marcial y con soltura, erguidos, resueltos, quizás provocadores? ¿Por distinguirse con sus clásicos y legendarios “gorrillos” con la borla encarnada, el cuello al aire, despechugados? ¿Por ser alegres y despreocupados mostrando bien a las claras que son hombres de guerra, emprendedores y valerosos? ¿Por cumplir con su deber y obedecer hasta morir? ¿Por rendir culto al honor, al valor, a la cortesía, culto a la Patria?… ¿Por qué?
El general Millán-Astray, fundador de La Legión, dejó escrito: ¡Gorros y chambergos, capotes y sandalias, camisas descotadas, correajes, oficinas, motocicletas, calabozos y guantes de manopla! Sois el vestuario, las bambalinas, los telones; Pero el escenario está en otros lugares y allí… ¡Es la tragedia la que se representa!
Y con el gorrillo terminamos que, tanto en la vida como en la muerte, así se termina en la Legión. Con una de sus más arraigadas tradiciones en las ceremonias y formaciones:
«Con el gorrillo en la mano izquierda y con el brazo en alto gritad conmigo
¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva La Legión!».
General de División (R) (General Jefe de la Legión entre 2001 y 2004)
» En callada explicación el gorrillo ladeado
por cuanto diste de lado
al entrar en la Legión.
flanqueando un corazón
enamorado y alerta
la verde camisa abierta
por si la Muerte aparece
pues tal señora merece
no hallar cerrada la puerta»
Ya salió. Mucho han tardado. Llegó el momento del ¡manda huevos!, quins collons! Tarde o temprano había que recurrir al caballo de Espartero y sus atributos.
Amb dos boles!, el señor Mas va y dice que esto de la consulta por la independencia no es una batalla de testosterona sino de neuronas y que si la batalla es para ver quien los tiene más grandes, vuelven a estar perdidos. Así tenía él planteada la batalla, de cintura para abajo; por eso la ha perdido, por incivilizada y chusca. Ahora recurre a la estrategia de la inteligencia. Esto se pone interesante. Una vez abandonada la vía genital parece que hay diálogo y estamos próximos al entendimiento Se ve perdido y se viene a razones, las de las neuronas. ¡Qué alivio! Es el momento de, olvidados los argumentos puramente viscerales, recurrir a la inteligencia de la humildad dialogante. Ahí es donde queda derrotado incluso antes de entablar batalla. ¡Al fin!
Ahora pondrá en marcha su peligroso “Plan B” que consiste en unas elecciones convertidas en plebiscito independentista y que él, o sus compañeros de aventura, declaren unilateralmente la independencia. Peligroso, tan peligroso como la soberbia herida.
Llegados a este punto permítame don Arturo extraerle, de la hierática cara que se le ha quedado, una sonrisa; le contaré una historia que quizá conozca a través de sus viejos amigos.
Franco, ya sabe de quién le hablo, fue a pescar a una pequeña aldea gallega donde le recibió su alcalde. Mientras esperaban a que la niebla se disipase y el guarda pudiera adivinar donde se escondía el salmón, aquél valiente alcalde permanecía pegado a Franco. Solo esperaba un gesto, una frase del silencioso e inescrutable personaje. Al fin llegó su oportunidad. Franco habló
-¿Va todo bien por su pueblo alcalde? ¿Tienen sus vecinos alguna necesidad urgente?
El alcalde miró a su alrededor y sopesó el riesgo mientras meditaba como dar respuesta a su Excelencia.
Un tímido rayo de sol se abrió entre la niebla iluminando la cara de Franco que entrecerró los ojos ante la luz repentina. Era el momento del alcalde…
-Pues mire Excelencia, por aquí, ya sabe…todo va bien, pero…pero necesitamos una prostituta nueva.
Se disipó la niebla y un salmón huyó despavorido al verse descubierto; como él, lo hicieron los más cercanos colaboradores de Franco.
-La que tenemos está ya muy mayor y no nos sirve para nada…hasta los niños se ríen de ella, insistió el alcalde.
El silencio se convirtió en temor. Se desvanecieron los ánimos de aquellos que apostaban por una jornada relajada en la que el buen humor del Caudillo trajese dádivas y alegrías. Todos desaparecieron repentinamente.
El alcalde se quedó aliviado y se retiró cabizbajo; lo peor había pasado. Ahora quedaba esperar a que el salmón volviese y mordiera el señuelo.
En la incertidumbre de la orilla del río quedaron solos Franco y el viejo y astuto guarda que parecía estar en los secretos más allá del río. Este, entre lance y lance, lanzó el suyo.
-Excelencia, perdone al alcalde…siempre le decimos que es muy burro y que no hable tanto…que un día va a tener un disgusto. Anda mal en su forma de hablar y lo que le pedía a Su Excelencia era una sustituta para la profesora de la escuela, que además de mayor no tiene buena salud. Claro, ya sabe Su Excelencia, entre sustituta y prostituta…pues se ha liado.
El salmón ya estaba sobre la pista. Todo fue coser y cantar y hubo regocijo general cuando vieron a SE. sacar del río aquella espectacular pieza.
Había pasado un año cuando se repetía escena y protagonistas. Junto al río y entre los ajetreos de los inicios Franco con voz tenue y mirando al lecho del río susurró
-Alcalde, ¿llegó la nueva prostituta?
Nadie escuchó la confesión del alcalde excepto el viejo guarda.
– Excelencia, me debe perdonar…Yo sabía lo que le decía pero…Si le pido la sustituta SE. se olvida y en cambio ahora tenemos una nueva y querida maestra.
La respuesta de Franco no se hizo esperar
-¿Alcalde, quiere usted ser Gobernador Civil de Lugo?
Pues bien, don Arturo, a usted le hemos entendido a la primera a pesar de los parónimos. No es necesario que recurra a la confusión. Si usted, con sus machistas y groseros planteamientos de testosterona o neuronas, nos la quiere colar, se equivoca. La testosterona no nos interesa y ante las neuronas tiene usted la batalla perdida. Aquellos tiempos del alcalde y la conversación con el poder ya son historia, alguna hasta divertida. Ahora los salmones se pescan con argumentos, los de las leyes. A usted se le da bien pescar en río revuelto pero no está solo y el guarda de su río sabrá cumplir la ley aunque se adiestre en cursos de asalto y guerrilla. ¿Para pescar salmones? Sólo cuando lo permita la ley. Al final, en cuanto desaparece la densa niebla, todo queda al descubierto.
Las anécdotas en la Legión suelen mezclar la alegría, la pena y el dolor. Suele ocurrir así cuando el horizonte está tan próximo que se confunde el presente y el futuro. El mañana es toda una incertidumbre en la que es mejor no pensar.
El legionario es alegre y el buen humor es característico en ellos; el sentido del humor no lo pierden ni cuando se enfurecen. Es la introducción y el bálsamo en el duro trabajo.
En una unidad de la Legión nunca faltará de nada, Son capaces de hacer brillar el sol en la tormenta y convertir un desierto en vergel. Como por arte de magia todo lo transforman en algo provechoso porque son expertos en hacer de la necesidad virtud. Las rudas caras y lo gestos provocadores son sólo para el combate.
Leí en una red social la definición que de él mismo se hacía un legionario:
“Director, escritor, cantante, poeta, pintor, actor, compositor, escultor y ni aún así triunfo…así que legionario”.
Fino sentido del humor con el que aceptan lo que la vida y el combate les ofrece; lo único que les hace daño y perjudica es el tedio.
Todo este ambiente es propicio para las anécdotas de todo tipo en las que suele estar presente la convivencia, la hermandad, el compañerismo y la virtud. Detrás de muchas de ellas podemos descubrir el alma del legionario y suelen servir para adentrarse en esos difíciles y a veces incomprensibles recovecos del alma del legionario.
Esta que paso a contarles me impresionó profundamente. No hay ni direcciones ni nombres, no vienen al caso; de esa manera guardamos la intimidad del protagonista.
Se trata de una carta que llegó a la Legión y que ya en su primer párrafo alertaba de que su contenido no se trataba de una broma. No era para menos; con dificultades en la redacción pero con precisa brevedad, menos de veinte líneas, aquella carta relataba toda una vida, una vida de aventuras y sufrimiento de un legionario que pedía perdón por haber desertado del Tercio. El legionario tenía 65 años con una vida económica y familiar feliz. ¿Por qué se acordaba de la Legión?
La respuesta sólo la tiene el espíritu de esta unidad, su Credo y su hermandad, algo que, cuando ha calado, si lo traicionas te perseguirá hasta la muerte.
¡Dios mío, alguien con 65 años, alejado del mundo y llevando una vida tranquila no puede vivir sin remordimientos porque le persigue la deserción del Tercio!
Creo que este artículo no necesita ni una línea más. Todo está dicho. Es la Legión.
General Dávila (R) (General de la Legión entre 2001 y 2004)
A lo largo de este mes y hasta el 20 de septiembre, 94 aniversario de la fundación de la Legión,
pondré algunos artículos sobre esta gloriosa unidad con el fin de dar a conocer su espíritu y sobre todo facilitar a aquellos que nunca se han aproximado a ella, hacerlo con libertad y sin prejuicios. Podéis consultarme todas las dudas que os surjan y dentro de mis limitaciones intentaré resolverlas.
El próximo día 20 celebraremos el nacimiento de la Legión, fecha que, aunque no es exactamente la de su fundación, quiso el fundador aceptarla como tal debido a que fue el día en que se alistó el primer legionario.
Han pasado 94 años y vemos con alegría que se inicia la cuenta atrás para el Centenario fundacional. Es buen momento para empezar a reflexionar y alcanzar la histórica fecha con los honores que esta unidad se merece, con la verdad por delante.
No sin dificultades la Legión ha sobrevivido a lo bueno y a lo malo, que todo tipo de intenciones han sobrevolado por esta gloriosa unidad que ha sabido mantenerse en el blocao o irrumpir en las alambradas, dependiendo de los avatares del combate.
Todos los que vistieron la camisa legionaria, la visten, o la vestirán, y los que sin vestirla la llevan en el corazón, tienen el compromiso de que la Legión perdure sobre los tiempos. Es un deber contraído en honor a aquellos que vivieron y murieron con el pensamiento puesto en la Legión y en España.
Su espíritu debe seguir siendo el ingrediente que la hace única y sin igual, de ciega y feroz acometividad, a la vez que inmensa en la fraternidad que hace hermanos a los hombres de las más diversas condiciones.
A la Legión en ocasiones se la conoce más por los tópicos al uso o por historias pintorescas y emocionales que por su auténtica realidad, y esto no le ha beneficiado en nada. El desconocimiento y la falsedad de muchos de los datos que se han aireado a lo largo de la historia, han deformado la realidad de este glorioso cuerpo que, en algún momento no muy lejano estuvo al borde de su desaparición. El desconocimiento también existe en el mundo militar desde donde no siempre se han tenido las mejores intenciones y, en algún caso, simulando cambios aparentemente sin importancia, se ha intentado despersonalizar esta unidad suprimiendo o cambiando sus ritos y símbolos.
La Legión desde sus inicios es una unidad que contagia, un ejemplo a seguir por su entrega y profesionalidad. Después de más de noventa años así continúa a la vez que evoluciona adaptándose a las nuevas situaciones sin cambiar una coma de su espíritu fundacional.
No son razones de índole material las que han llevado a la Legión a escribir una gloriosa historia de cumplimiento del deber y sacrificio. Estar convencidos de que se lucha por una causa justa ha sido históricamente para los soldados su asidero moral más firme ante la brutalidad de la guerra. El honor y la honra siempre han sido sentimientos que han acompañado a las unidades moviéndolas hasta límites insospechados. Cuando no se lucha con convicciones morales, cuando cada uno va a lo suyo y no hay una referencia a seguir, un ejemplo a imitar y una disciplina moral que cumplir sólo se lucha por salvar la vida y ese es el momento a partir del cual se empieza a perder la moral, el combate y la vida. Al margen de la formación técnica, de la preparación, de la instrucción y el adiestramiento, la camaradería y la fraternidad, forjan unidades muy sólidas cuyos miembros se sacrifican individualmente en beneficio del grupo.
Con ese espíritu la Legión se crea apostando por la modernidad en cuestiones orgánicas, de armamento, uniformidad, logística de campaña así como con la introducción de una adecuada proporción entre elementos de maniobra y fuego, evolución radical que permitía organizar una base de fuegos muy potente y próxima a la maniobra de las compañías. Así mismo se introdujo un elemento muy importante y pionero en España: el fusil ametrallador.
Pero si importante es la orgánica, el material, la organización…, el cambio más profundo que se produce es el de la mística, su base espiritual que es su fundamento y vida.
Todo queda resumido en uno de los compendios más bellos y sublimes que sobre la milicia se hayan podido escribir “EL CREDO LEGIONARIO”.
Es la base espiritual de la Legión, médula y nervio, alma y rito de ella. Porque la Legión, nos dice su fundador, es también religión y sus oraciones están en él comprendidas: las del valor, compañerismo, amistad, unión y socorro, marcha, sufrimiento, endurecimiento a la fatiga, compañerismo ante el fuego, y las cardinales: Disciplina, Combate, Muerte y Amor a la Bandera.
La historia de los legionarios es una de las poesías épicas más bellas y duras de la historia de España. Poesía de la vida construida con la pobreza y la grandeza de una vida efímera en la mayoría de los casos, pero vivida con la intensidad del que sabe que puede morir, que va a morir cuando entre en combate.
Porque esta Unidad, la Legión se construyó con los luchadores de la vida, los aventureros, los soñadores, los esperanzados y los desesperados.
Por qué aquí aflora la complejidad humana con sus pasiones, necesidades y desarraigos. La República mejor y más política del mundo, en que nadie espere que ser preferido pueda, por la nobleza que hereda sino por la que es adquirida…
El legionario necesita verse envuelto en una aureola romántica, en un poema de lucha entre la vida y la muerte, en la vida misma. La Legión trasciende en el tiempo y ser o haber sido legionario es pertenecer a una hermandad que te acompañará siempre, si tú quieres, sin imposiciones.
Es necesario que esto se conozca. “Es imprescindible para la vida de la Legión que se hable de ella, que la conozcan, que no se olvide, que hasta es aceptable la propaganda negativa; en una palabra, la que habla mal de la Legión o de los que la componen. Porque la Legión actúa de potente crisol que todo lo funde. Y apartando las escorias, al verter su contenido, el rojo de la fundición, al hablar de la Legión, reverbera sobre ella, convirtiéndola en propaganda positiva”, decía su fundador.
¡Cuantas organizaciones, Instituciones, asociaciones, empresas…!, quisieran tener algo que cohesione con tanta fuerza y verdad.
La razón no es sólo el sufrimiento del combate, ni un intenso entrenamiento, ni siquiera el combatir juntos, ni compartir el espíritu de cuerpo…que todo esto es común a muchas otras unidades. ¡Dios mío! Es simplemente doce espíritus de un Credo, austeras reglas que convierten a unos hombres en Hermandad, Militar, Guerrera y Heroica.
Un Credo legionario que reclama a sus componentes la disponibilidad permanente de su propia vida en el cumplimiento de su misión, que les exige entregar la vida como vocación. Misión insoportable a todas luces si se carece de una visión espiritual, moral de la existencia.
El Credo legionario no es un articulado sino que se compone de “Espíritus” es decir de la esencia y la sustancia de la profesión, de algo que va más allá de su disciplinado cumplimiento y se enfoca más a un profundo sentimiento. Es un sobrecogedor desafío a la guerra y a la muerte, un canto a los fundamentos castrenses de la raza española. Es como un resorte que hace revivir el espíritu de la infantería imperial, que despereza las virtudes innatas de la nación. Quizás por eso no ha dejado indiferente a nadie y ha sido objeto de alabanzas y críticas. También es un código capaz de hermanar con los mismos ideales a los hombres de todas las razas y de todas las creencias. Es un código prodigioso y extraño, y ya se ha dicho, que resulta humano a fuerza de ser severo y duro.
Pasa el tiempo, ya vamos camino de los cien años y cada día estoy más convencido que no hay que cambiar ni una coma.
El Credo es una oración interna y externa pero siempre hermandad y unión; nunca debe de utilizarse para provocar división o enfrentamiento por una mala interpretación.
Y que nadie olvide que ser legionario es obedecer, cumplir con tu deber y obedecer hasta morir. Ser legionario es no quejarse de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueño, hacer todos los trabajos, cavar, arrastrar cañones, carros; estar destacado, hacer convoyes y trabajar en lo que le manden.
Si no es así podrás ser otra cosa pero no serás legionario.
Si esto es así, y así continúa, la Legión será eterna. De nosotros depende.
Antes de terminar como legionarios que somos y así sentimos tengamos un recuerdo de agradecimiento y reconocimiento a nuestros caídos y muy especialmente a los que este año han dejado su vida en cumplimiento de nuestro Credo.
¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!
General Dávila (R) (General de la Legión entre 2001-2004)
Escribí estas palabras hace menos de un año. Ayer, a raíz del accidente en el que han muerto tres Guardias Civiles, me lo recordaba uno de los lectores de mi blog y me pedía volver a editarlo. Lo hago con un fuerte sentimiento de dolor por ese trágico accidente y con humildad se lo dedico a ellos y a sus familias. Su ejemplo nos hace más fuertes y su muerte nos deja la herencia de la generosidad, la nobleza con la que vivieron y murieron.
“El honor es la principal divisa del guardia civil; debe, por consiguiente, conservarlo sin mancha. Una vez perdido, no se recobra jamás”. Es la doctrina del Cuerpo, la “Cartilla”, un código de vida resumido en el honor, su principal divisa. Es la Guardia Civil, la que llega al honor a través del cumplimiento del deber, del sacrificio, lealtad, austeridad, disciplina, abnegación y espíritu benemérito. Bellas palabras que no son letra impresa ni se escribieron para enmarcar. Están en la calle, en el día a día, sobre cada uniforme verde, sobre cada guardia que se levanta al relevo del compañero que se recoge. Son las virtudes que dan sentido a su uniforme, a su tricornio, a los que nunca renuncia ni abandona. Aquí, se siente muy hondo el honor de pertenecer a este Cuerpo único y sin igual. Ser guardia civil es un título que trasciende, evoca el orden y la ley y enorgullece al que lo ostenta. También atrae, transmite y da confianza al que lo conoce. Pronóstico feliz para el afligido, que dice la cartilla.
Siempre ha sido duro el oficio de guardia civil, muy sacrificado y austera su vida; también y mucho la de sus familias. Vida de alto riesgo que acepta por su benemérito deber. ¡Cuántos dejan su vida en anónimo servicio! Riesgo siempre y en cada momento, que un guardia siempre está de servicio. Y no hay descanso en la carretera, ni en el rescate en la montaña o en la mar. Allí están, donde haya que defender el orden y la ley. También si hay que dar consuelo, consejo o echar una mano amiga.
Altas y trágicas cifras para el “Libro de Honor” y para las lágrimas de las huérfanas víctimas que han dejado 243 asesinados en actos terroristas. Nadie debe morir así. Su culpa era ser españoles y guardias civiles.
También son soldados, de los buenos. Muchos se han dejado la vida en acciones de guerra cumpliendo su misión. Kosovo, Haití, Bosnia, Irak, Afganistán, Líbano…así hasta 51 misiones cumplidas en las que han participado más de 4.500 guardias civiles.
Austeros, abnegados y humildes no sólo en el servicio, también en lo doméstico. Pero nunca tienen tiempo para hablar de sus sueldos, horarios o condiciones de vida. Jamás se beneficiaron de los buenos tiempos y ahora, con los malos, las promesas se han olvidado. Ni una queja, ni un reproche y un sentido de ser, vivir y desvivirse por la gloria de su Instituto que todos debemos agradecer. Desinteresado servicio para y por los demás, seas quien seas y seas lo que seas. Así han cumplido su último servicio el Capitán Emilio Pérez Peláez, el Teniente Marcos Antonio Benito Rodríguez y el Guardia Civil José Martínez Conejo. El dolor nos acompaña y elevamos nuestra oración con la convicción de que la muerte no es el final. A sus familias, ¡¿que decirles?! Solo nos consuela saber que afrontaron su vida y su muerte con la generosidad auténtica, esa que llega hasta las últimas consecuencias. Vivieron por el honor y murieron con honor.
No quisieron servir a otra Bandera
No pudieron andar otro camino
No supieron morir de otra manera.
Instituto, gloria a ti, por tu honor quiero vivir.
Me ha sorprendido la pregunta. Mi nieta tiene 15 años y nunca la he visto interesada por los temas militares. En cierta ocasión les conté que cuando era más pequeñita, yo mandaba la Legión, dijo en el colegio que su abuelo era “cojonario”, lo que sorprendió a su tutora a la que hubo que explicar el significado y el porqué de aquél término. Fue la única aproximación al mundo militar que he percibido en ella, por lo que la pregunta,que ahora de sopetón me ha lanzado, además de sorprenderme me ha hecho reflexionar.
Quizá recuerden aquella frase: “Señoras y señores, se acaba la mili”; fue histórica en el año 2001, pero ya es sólo eso, historia olvidada. Anunciaba el fin del servicio militar obligatorio, la famosa «mili», y significó un cambio de mayor trascendencia del que nos imaginamos.No pretendo hoy valorar los aspectos positivos o negativos de aquella medida; me limitaré a contestar a mi nieta y de camino puede ser que les aclare algún concepto. Suspender el servicio militar obligatorio pudo ser adecuado pero se hizo con imprudente precipitación, sin un estudio previo y riguroso. Como es costumbre en España, la medida se adoptó por razones electoralistas, de partido y, para más inri, de manera casual. Ocurrió lo que desde el mando militar se temía, una grave crisis operativa en las Fuerzas Armadas con consecuencias de todo tipo y no sólo por la falta de personal. Pero lo peor de todo es que nos ha dejado ante un claro y flagrante incumplimiento de un derecho constitucional. En contra de lo que se cree el servicio militar no está suprimido sino suspendido. Nadie puede suprimirlo mientras no se modifique la Constitución. El servicio militar obligatorio ya figuraba en nuestra Constitución de 1812…»Ningún español podrá excusarse del servicio militar cuando y en la forma que fuese llamado por la ley», decía su artículo 361. Esta prestación fue recogida en las sucesivas constituciones y en contra de lo que se piensa sigue vigente en la actual.
Lo que es novedoso en nuestra actual Constitución es considerar la participación de todos en la defensa nacional como un derecho y no sólo un deber.
La defensa nacional ha dejado de entenderse un asunto exclusivo de los ejércitos y ahora debe contemplarse como un derecho-deber de todos los españoles.
Dice el artículo 30 de la actual Constitución:
1. Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España.
2. La ley fijará las obligaciones militares de los españoles y regulará, con las debidas garantías, la objeción de conciencia, así como las demás causas de exención del servicio militar obligatorio, pudiendo imponer, en su caso, una prestación social sustitutoria.
3. Podrá establecerse un servicio civil para el cumplimiento de fines de interés general.
4. Mediante ley podrán regularse los deberes de los ciudadanos en los casos de grave riesgo, catástrofe o calamidad pública. «Deber de defender a España» y «derecho de defender a España», son un mandato constitucional. El derecho implica la imposibilidad de ser discriminado en el ejercicio de las obligaciones derivadas de ese deber así como la imposibilidad de discriminar a cualquier español en el acceso a las Fuerzas Armadas o a otros cuerpos que participan en la defensa de España.¿Alguien me puede explicar como se está cumpliendo este derecho y deber constitucional?
El reservismo no ha logrado dar respuesta al mismo y se ha convertido en algo testimonial sin la necesaria voluntad para desarrollar las enormes posibilidades que ofrece. Escasas las plazas de reservistas, escasas las posibilidades de lograr una, y escaso interés en financiarlo y desarrollarlo. No existe reserva alguna que responda a las necesidades de movilización y la que hay a base del personal profesional licenciado está sin una regulación eficaz y probada.
La actual situación no permite cumplir con el deber de cualquier español de defender a España y menos exigirlo como derecho. Podemos admitir que el servicio militar no venga impuesto por la Constitución y sea sólo una de las posibles obligaciones que el legislador puede utilizar como instrumento para la defensa de España y así entender la actual suspensión, no supresión, de la prestación del servicio militar. Pero lo que no podemos admitir es que el derecho de defender a España que recoge taxativamente el artículo 30 se haya liquidado con una ley de reservistas que limita esta posibilidad a unos cuantos y con enormes limitaciones. No pretendo volver al sistema de servicio militar obligatorio. Me limito a pedir una regulación seria y eficaz del artículo 30 de nuestra Constitución que permita a los miles de españoles que quieren defender a España desde las Fuerzas Armadas, hacerlo sin más limitación que las necesidades que la Defensa exijan.
Los procedimientos para ello existen y los beneficios que se obtendrían para las Fuerzas Armadas aseguran su rentabilidad. La historia militar de España, y la de sus héores, está hecha a base de soldados de reemplazo, del servicio militar obligatorio, que han demostrado con creces su eficacia y enorme valor y capacidad.
Hoy suspendida esa posibilidad el soldado español sigue, ahora como profesional, brillando en el mundo entero.
En la única convocatoria que hubo durante 2013 para ingresar en las Fuerzas Armadas como personal de tropa y marinería se presentaron 40.216 aspirantes para 1.500 plazas, es decir cerca de 27 por plaza.Que las peticiones aumentan en tiempos de crisis es un hecho pero no la razón definitiva.
Sé por experiencia que si se le pregunta individualmente a cada uno de ellos por las razones de su petición la mayoría responderá a los parámetros de amor a su Patria, disciplina, sentido del deber y todas las virtudes que definen la vocación militar. Hay más vocación en los peticionarios que razones de subsistencia económica. La juventud española es así y su decisión de hacerse soldado tiene bases muy sólidas. No hará falta, porque lo saben, que nadie les explique que la disposición permanente para defender a España, incluso con la entrega de la vida cuando fuera necesario, constituye el primer y más fundamental deber de un soldado. Ninguna otra profesión te exige tanto como tener que dar la vida. Y a eso no se acude por interés económico.
Pero además de abrazar la profesión militar como soldado profesional, hay muchos españoles dispuestos a pasar un periodo de su vida, aunque sea breve, en las Fuerzas Armadas y convivir y vivir alrededor de unas virtudes y valores que enriquecerán su sentido de la vida. Y no sólo por unos haberes, que se merecen y altos, sino por servicio a su Patria. El soldado español, el profesional o el del servicio militar obligatorio, no son contratados que sirvan a cualquiera que les pague y no van a la guerra como obreros, sino a servir con su entrega y sacrificio a la vez que ganan gloria, triunfo, victorias y reputación. Ser soldado español es algo distinto a un puesto de trabajo y son muchos los españoles que aunque sea por un breve periodo de tiempo quisieran vivir así. La Constitución se lo exije y se lo permite. Alguien debería dar respuesta a tan noble derecho-deber.
Y he terminado diciéndole a mi nieta que al margen de las leyes y de los reglamentos, la mejor definición de lo que es servir en los ejércitos, del servicio militar, se dio hace ya muchos años…La dio un soldado de la infantería española, aquella a la que se definió como la mejor del mundo.
Todo lo que se salga de aquellos versos de Calderón, aunque lo digan las leyes, no es milicia sino otra cosa.
General de División (R)
«Ese ejército que ves
vago al hielo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda,
sino por la que él adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira cómo procede.
Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mayor calidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho,
no adorna el vestido al pecho,
que el pecho adorna al vestido;
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.
Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la fineza, la lealtad,
el honor, la bizarría;
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son,
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna,
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.»
(Pedro Calderón de la Barca-Soldado de la Infantería española)