Un delito es una conducta sancionable, una infracción cometida por quien no respeta la Ley, la incumple en diversos grados de imputabilidad ycomo tal sufre condena y es posible que salga de ella rehabilitado, pero ¿y la traición?
El traidor no es un delincuente más. La traición es el más alto grado en la escala del crimen. Es el acto más grave que se puede cometer contra la propia nación. Es el acto cuya sanción no ha de tener ningún tipo de atenuantes. El traidor tiene interiorizada la maldad y aun sufriendo sanción y condena, nunca se rehabilitará.
La traición y la cobardía van unidas. El traidor siempre es un cobarde que arguye razonamientos falsos para justificar su felonía y deslealtad para con los suyos. Siempre, en todo tiempo y lugar, en todo pueblo y nación fueron acreedores de los más altos desprecios.
Juan Soldado no se alarma, pues España en esto no está sola y siempre tuvo traidores que intentaron minarla. Las huestes de Don Pelayo, combatientes hispanos y antecesores de nuestros actuales ejércitos, no se arredraron ante la ocupación peninsular por parte del sarraceno.Ocho siglos costó la recuperación de la península que, con malas artes y complicidades de traidores, nos arrebataron. No cejaron los nuestros hasta conseguir la victoria final.
Juan Soldado recuerda que siglos después el emperador francés también utilizó artimañas y argucias para ocupar el suelo patrio español. La buena fe de los españoles fue traicionada por unos y otros. De forma ignominiosa el francés se quedó en España contando con colaboracionistas y traidores, pero fueron más los que con orgullo se impusieron al que hasta ese momento era invencible. A falta de efectivos suficientes, los españoles, el pueblo en armas, logró la victoria. Cinco años costó aquello, pero misión cumplida de nuevo. En este caso el felón, el mayor de todos, quedó impune.
Juan Soldado, repasando nuestra historia, recuerda los intentos, no de invasión como los anteriores, pero sí de secesión territorial que ha sufrido España. Los mismos no pudieron ser tildados de otra forma más que de alta traición y por ello tuvieron la contundente respuesta armada que merecía el caso.
Juan Soldado, ve similitudes a lo expuesto anteriormente con la situación actual española. La deslealtad, ruindad y vileza de unos junto a la indignidad de otros no presagian buenos momentos en un futuro no muy lejano. Teme que se repitan episodios del pasado, pero con la esperanza de ser combatidos con contundencia y sin menoscabo para nuestra nación. Así debe ser. Quienes ya comenzaron esta ignominiosa afrenta al Estado han de pagar por ello. De no ser así se sentaría un mal precedente para quienes quieren corroer las bases y fundamentos de nuestra nación, que son muchos.
Juan Soldado quiere recordar a todos que España siempre tuvo tantos bravos soldados como integrantes en sus filas. Constantes y repetidas muestras de valor y patriotismo dieron siempre los nuestros. Y, dicho esto, recuerda que son ellos quienes tienen como misión la de garantizar la soberanía e independencia de España, así como la de defender su integridad territorial y la Constitución como norma máxima de obligado cumplimiento. Ellos solo cumplen órdenes y, si las reciben, no cejaran en su cumplimiento hasta la victoria final.
Quien quiera ver en Juan Soldado y los suyos rasgos de patrioterismo, que abandone tal idea pues no es esa una de sus características, les guía únicamente el juramento empeñado.
España ha de conservar intacto su honor y su dignidad, aunque algunos de sus malos hijos se empeñen en lo contrario.
Haya paz. Un saludo.
Andrés ManriqueTeniente (R.)
Blog: generaldavila.com
17 julio 2018







