EL BIENIO NEGRO Y LO MILITAR Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

No serán unas simples elecciones; si es que llegamos a ellas. ¿Un plebiscito? Puede que ni eso y lo que está por venir sea imposición. Sobre la forma de Estado y la Constitución. No hará falta consulta, sino, como ocurrió en el 31, el manejo de la calle; y eso lo tienen controlado y ganado.

Sé que a la inmensa mayoría esto que adelanto le tiene sin cuidado. Nadie cree a nadie y solo se acepta la mentira que nos ofrecen, bien envuelta y preparada para su consumo.

Hay que asumir algún riesgo; decir cuatro bravatas con los amiguetes no es suficiente. Es necesario abrir los ojos y defenderse, sin miedo a las consecuencias. ¿O es que renunciamos a nuestras creencias?

«Yo sé todo lo que haces. Pero como eres tibio y no frío o caliente, te vomitaré de mi boca» (Apocalipsis 3, 15.).

La democracia, analicen, son ellos: el Frente Popular. Cuando puedan se desprenderán de los comunistas y volverán a poner cara democrática; eso son los socialistas, los del 31 y los que nos gobiernan. Ahora menos formados y con más rencor.

Volverán a las buenas cosechas, a trinchar y trincar, a loeve, al lujo que tanto les gusta.

Se ha producido una fractura social de difícil solución.

Una de las cosas de aquellos años fue la reforma militar de Azaña, el juego con la caja de soldaditos de plomo (el plomo envenena) que a la larga le salió tan mal. Azaña introdujo sus cambios sin encomendarse a nadie, sin preguntar, a la francesa, y se dedicó a jugar con los destinos. Fue un juego nefasto que se le revolvió y mordió en su soberbia.

Ahora, como entonces, el camino sigue abierto al cambio militar, pero el juego es más profundo: las misiones, entre ellas la Constitucional.

Hay un verdadero rechazo a lo militar en el seno del Gobierno y la ministra del ramo trata de administrarlo poniendo cara de tradicional, y sintiéndose muy a gusto con la Cúpula, como recientemente ha declarado.

Mientras, hábilmente, van dejando a los Ejércitos en nada, en tareas domésticas para las que no hay dinero ni para mantener los acuartelamientos, navegar con los misiles a punto o volar alto y seguro. La ministra va apagando los incendios que surgen, poniendo medallas y entrando en el juego peligroso de unos ejércitos en continua búsqueda del arca perdida: presupuestos para cumplir sus misiones. Tampoco saben cuáles son estas. Rastrean; sin encontrarlas.

Cuando se vea un posible horizonte de elecciones habrá que estar preparado, porque la propaganda activará el mantra de los enemigos de la democracia, como agitaban aquello de los enemigos de la República.

Todo estará consumado por desmantelado.

Fuimos de bienio en bienio. Del 31 al 33. Del 34 al 36. Y tiro porque me toca.

Son ritos extravagantes y exaltados que repiten con la frecuencia necesaria para mantenerse en el poder.

Iglesia, Estado y Nación. De lo que se deriva la justicia, la enseñanza, el idioma, los Ejércitos, porque saben que son las piedras angulares, las que siempre rechazaron.

No les pregunten por la hora. Te pedirán el reloj.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

EL EJÉRCITO DEL AIRE Y DEL ESPACIO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Camino del Ejército del Aire y del Espacio

Esto del espacio es un nuevo mercado abierto al mundo y con numerosos clientes, pero casi, casi, monopolio de unos pocos comerciantes. Interés comercial, informativo y, por tanto, militar. Subamos al nuevo comercio.

«Sube acá y te mostraré lo que va a suceder en el futuro» (Apocalipsis).

No soy quién para juzgar los cambios que se producen en nuestros Ejércitos en aras a la modernidad y atender a los nuevos espacios estratégicos (?). Por lo tanto no me hagan mucho caso. Siempre se me ocurría la broma entre mis amigos aéreos aquello de señalarles como el Ejército del viento, y mira por donde ahora lo son del espacio.

Si nos atenemos a la definición, para no andarnos con líos semánticos, quizá el nombre más apropiado sería el de Ejército del Espacio Aéreo. Puestos a cambiar, pues lo cambiamos todo. Ni del aire, ni del espacio: del espacio aéreo, que según el Diccionario de la RAE es el que se sitúa sobre los límites territoriales de un Estado y respecto del cual ejerce poderes exclusivos. Luego ya veríamos esos acuerdos del espacio ultraterrestre y demás limitaciones, que hoy quedan para cuatro; o menos.

Estados Unidos ya está en esta carrera espacial cuya doctrina militar define el control espacial <<como los medios por los que se consigue y mantiene la superioridad espacial para asegurar que las fuerzas amigas puedan usar el medio espacial mientras se niega su uso al enemigo>>. Un área comercial (y de guerra) limitada a unos cuantos por el elevado coste de los lanzamientos.

Bautizar es importante. Un nombre u otro, del Aire o del Aire y Espacial o del Espacio Aéreo; el caso es que hay que adelantarse y el Ejército del Aire debe estar ahí.

Ya lo está la Fuerza Espacial de los Estados Unidos, y el presidente Macron ha anunciado la creación de un <<gran comando del espacio>> en el Ejército del Aire, que pasará a llamarse <<del Aire y del Espacio>>. Su objetivo: defender los intereses galos incluso más allá de la exosfera.

La OTAN se prepara para declarar este mismo año también el espacio como un campo de batalla.

El gran Alejandro se propone llegar al final de la tierra habitada. El joven rey no perdió el tiempo. Se había propuesto conquistar el mundo y tenía prisa.

Démonos prisa. ¿Y presupuesto? Por supuesto; pues no.

Dicen que el espacio es el campo de batalla del futuro. Del futuro hablaba el Apocalipsis: «Sube acá y te mostraré lo que va a suceder en el futuro».

Miren me van a perdonar por terminar recordando a alguien del que no quiero acordarme: <<La tierra no pertenece a nadie, salvo al viento>>.

¿Y el espacio? Al futuro. Como España: al incierto futuro. Por no dejar espacio para todos, o sea: libertad.

¡Aire!… Que haya espacio para todos. Y a nuestro Ejército del Aire que le den su espacio; como a todos.

Sobre todo Presupuesto.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

18 noviembre 2019