ESTIRPE (¿CASTA?) DE TRAIDORES Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Traición. Alta traición. Definiciones muy sencillas de entender, de las más rotundas que tenemos en el Diccionario de la Real Academia Española y de su lectura queda muy claro cuál es el mayor peligro que amenaza a España.

Traición. Se define como «delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria» y alta traición «la cometida contra la soberanía o contra el honor, la seguridad y la independencia del Estado».

Nunca estuvimos más cerca del fin de la nación y su ruptura, su final, se lleva a cabo día a día con aspecto de legalidad, con esa sibilina traición trabajada desde los oscuros fondos del poder. Elijan.

Sé algo, pero no lo sé todo, intuyo algo y se más de lo que intuyo. He visto cosas, pero no todas se dejan ver. Puedo contar, pero no profetizar; avisar. No más.

El mayor peligro de la traición y alta traición es que se incorpore a la sociedad como algo habitual, incrustado en las formas sociales, en la enseñanza iniciática, como algo que sustituya al concepto de  la ética, al honor y tradición de los pueblos por esa nueva forma que trae la modernidad política, el «todo vale» (traición), incluido como virtud principal y, por tanto, asentarse en la enseñanza oficial, en la actitud ante la vida, la negociación, la empresa, el amor, el odio, en la paz y en la guerra, en el corazón. De traidores nacen traidores y se convierten en casta de traidores. Una estirpe nueva que parece haberse instalado para quedarse y destruir España.

Tres caminos señalaba Maquiavelo para gobernar una ciudad o principado que antes de su ocupación se regía por sus propias leyes. El más rápido y directo era destruyéndolos.

España tenía sus propias leyes de convivencia pacífica y soberanas hasta que llegó la dinastía de los príncipes del engaño y concluyeron que su perpetua y hereditaria sucesión les obligaba a la reiterada propaganda para impulsar sus pactos ocultos y llegar a burlar la Ley: al Legislativo junto al Judicial e imponer la voluntad de unas minorías poderosas (amenazadoras) con las que el Ejecutivo conducía la traición apoyado por las armas de su ejército de violentos impostores.

Su abanderado iza una única bandera: la traición.

No hay otro modo mejor que asegurarse la posesión de España que destruirla. Lo hace la nueva estirpe de príncipes de la mentira.

Le preguntaron a Confucio —Si un rey fuese a confiarte un territorio que pudieras gobernar conforme a tus ideas, ¿qué es lo primero que harías?

—Mi primera tarea sería sin duda rectificar los nombres.

El poder de la palabra y su traición.

España sin significado. Honor no: traición.

La última la que impúdicamente se ha cometido con el Centro Nacional de Inteligencia. Si su Directora es responsable (?) y por ello ha sido cesada se crea una situación que deja malparadas a las personas que trabajan en el CNI y su moral muy afectada. Con la mirada internacional puesta sobre ello. Por medio el Ejecutivo, el Legislativo y ¿el Judicial¿

Aquí todo se soluciona sustituyendo un funcionario por otro, pero España no funciona.

Alguien debería explicar cómo hoy se dice una cosa y mañana otra.

España camina hacia su destrucción.  Esta ha sido una estocada en todo lo alto. La inteligencia se la quedan ellos. De lo poco que les faltaba.

No son tan tontos como nos parecía, sino peor.

La maestría más difícil de alcanzar es la de la traición; y no parecerlo a los ojos de la inteligencia mediocre o de rebaño.

Si los responsables de este lamentable espectáculo con el órgano más delicado del Gobierno para la Seguridad de todos los españoles, el CNI, no dimiten no es en beneficio de España, sino todo lo contrario: en el suyo propio y de su partido.

Para quien quiera entenderlo le recordaré unas palabras de Borges que quien manda debe tenerlas presentes.

«Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tú también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida».

Siempre y por encima de quien pretende engañarte con cantos de necesidad. Es mejor irse con dignidad y el respeto que es obligado ganarse que arrastrando los pies por el fango.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

12 mayo 2022