EL REY. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R)

-¿Por qué no vive en España el Rey Juan Carlos I?

-Pues no lo sé. ¿Usted? ¿Lo sabe alguien?

Todos hablan. Nadie responde. Cada pregunta abre nuevos interrogantes.

-¿Alguien le ha preguntado a Don Felipe, Rey de España, el porqué? Son inseparables y sus historias están íntimamente vinculadas. Por la Corona de España. Es fiel reflejo en cada momento de la historia, de las virtudes y defectos del pueblo al que corona.

Sócrates es condenado a muerte. Fiestas y vientos retrasaron el veredicto. Solo los amigos le visitaban. Alguno había sido un traidor, pero las largas sombras todo lo ocupan.

España es un secreto inasequible. Archivado.

Meleto, un inútil, la máscara de otros, en su nombre escribía poesía erótica al no saber hacer ni eso.

Perseguir a un rival excita la imaginación individual y hacerlo desde la cima del mando logra excitar el rumor de la colmena. Lo decía, pero al revés, Ramón y Cajal. Entonces se pensaba. Ahora hacen falta otros estímulos.

«El hombre es un ser social cuya inteligencia exige para excitarse el rumor de la colmena».

Acusaban a Sócrates: “Yo sé de personas a las que has persuadido para que te hicieran más caso a ti que a sus padres”.

Hay quien confía demasiado en voces que no se distinguen entre esa mezcla de amigos y enemigos. Sócrates, rodeado de todos, unos le conducían a no regresar, otros tendían propuestas para una fácil fuga, segura y honrada.

Aquello vale para hoy: “Estando convencidísimo de que no he hecho daño a nadie, ¿cómo he de hacérmelo a mí mismo, confesando que merezco ser castigado, e imponiéndome a mí mismo una pena?”.

Lo de Sócrates fue sentido como un escándalo democrático. La paradoja democrática tan parecida a la actual.

Don Juan Carlos se ha pronunciado sin súplicas, una vida al servicio de España, que es de lo que se trata dejando abierto el papel en blanco para que aquellos que se atrevan tiren la primera piedra. No lo harán porque sería emborronar sus biografías.

El Rey corrió riesgos evidentes cuando había que mandar; lo hizo con energía e incertidumbre, porque los llamados demócratas esperaban escondidos entre las cortinas. En las que siguen envueltos; también bajo las alfombras.

Brilló su cetro en Hispanoamérica y Europa era nuestra, mantuvo la unidad junto a la espiritualidad, comunes en la historia de España.

Preguntaba a todos, escuchaba, meditaba y decidía. Respetaba creencias, estilos de vida y nunca pretendió imponer su voluntad. Señalaba, indicaba, moderaba y callaba después de la decisión tomada. Nunca imponía.

Abandonó España, pero no era el Rey Juan Carlos el que lo hacía: era España. Exiliaban a España: la Transición.

-¿Por qué echaron al Rey de España?

-Porque el Rey amortiguaba el inevitable choque, el constitucional y el que quedaba atrás. Porque el Rey era un eslabón necesario para dar continuidad a la paz y prosperidad. Porque el Rey asumía ser el símbolo de la unidad y permanencia de España, arbitraba y moderaba el funcionamiento de las instituciones, asumiendo la más alta representación internacional.

Aquello era demasiado para rufianes como Meleto. No soportaban el símbolo que es mucho más que el poder efímero. En el fondo es que nunca soportaron a España, ni su unidad ni su diversidad, ni su historia ni convivencia.

Todo debía pasar por sus manos, Meleto quiso dar voz acusadora a los protagonistas de la destrucción a tiempos, generacional.

No lo aguantaban, la Transición no podía asumirse, no era su España, querían derribarlo todo, juzgar, acusar y encarcelar la libertad. La Transición era  un paréntesis inaceptable. Tuvo sus traidores. Esperaron su oportunidad mientras hubiese fiesta y los vientos no fuesen favorables. El tiempo suficiente para alentar a los independentistas y encamarse con los herederos del mensaje terrorista.

De aquellos polvos han surgido estos lodos. Rodeaban e incluso penetraban el Palacio, se infiltraban en el Poder hasta poderlo todo; especialmente se introdujeron en la información, amos de ella. En eso fueron y son unos maestros.

La amistad aparente fue traición rebosante. Incluso todavía se acercan al símbolo caído. Hasta el final. Quieren estar seguros.

El Rey Juan Carlos mantiene la dignidad de la obediencia y el respeto a la Transición encabezada por Su Corona, única esperanza de unidad que nos queda. Resistirá. Por amor a España y la Corona

Nada ni nadie puede romper el vínculo que nos hace caminar unidos hacia el futuro: España se constitucionalizó bajo el Rey Juan Carlos y fue el pueblo el que lo quiso.

-¿Acabaremos con el Rey y con la Ley?

-¿Debería volver? Nadie acusa, no hay sentencia. ¿O sí? ¿Quién es el juez?

Una vez ratificada la pena de muerte, el tono de Sócrates se agría, se hace más desdeñoso y altivo, semejante al carácter que habían reflejado los comediógrafos:

“Hubiera sido para vosotros una gran satisfacción haberme visto lamentar, suspirar, llorar, suplicar y cometer todas las demás bajezas que estáis viendo todos los días en los acusados. Pero en medio del peligro, no he creído que deba rebajarme a un hecho tan cobarde y tan vergonzoso… Quiero más morir después de haberme defendido como me he defendido, que vivir por haberme arrastrado ante vosotros”.

-¿Por qué no vive en España el Rey Juan Carlos I?

-Pues no lo sé. ¿Usted? ¿Lo sabe alguien?

Esta es una historia encadenada en la que si un eslabón se rompe o suprime acaba apretando al órgano para el que se hizo. Deja de fluir el oxígeno de los tiempos pasados y la apnea genera hipoxia.

Asistimos atónitos a la ruptura con el pasado y a una lenta agonía de lo que fue España renunciando al legado de su historia al que debemos respeto y admiración.

¿Por qué?

Yo lo tengo cada día más claro.

Meleto erótico calla, no tiene respuesta ante la colmena, o le da miedo su reacción.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

30 enero 2026

 

 

LA VOZ DEL REY. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Este artículo ha sido publicado en este blog más de una vez. Publicarlo de nuevo es un simple barómetro que nos dice no solo la temperatura, sino la predicción de futuro a raíz de lo que vemos. Ya no hablamos de reyes, lo hacemos del porvenir de España. Y lo hacemos porque los cimientos de esta vieja y sabia nación están siendo corroídos por algo peor que la carcoma. Nos llaman exagerados, dicen que España va mejor que nunca y no sabemos de lo que hablamos.

Estamos bajo la esclavitud del miedo. Es mucho el poder conquistado y el temor alcanza a todos por igual desde los palacios a las más humildes viviendas. Es una vieja historia muy bien montada y ahora de plena vigencia. Nos han dividido y nos hemos entregado. Nos han descabezado y ya sin nadie que nos represente, alguien que ondee como la bandera, que sea nuestro símbolo, que grite cuando deba y apacigüe cuando pueda, la soledad se muestra como incertidumbre y desconocimiento de lo que queremos. No crean que ellos quieren una república; no, en absoluto. Quieren instalar un régimen  en el que se legisle, se juzgue y se dé seguridad y defensa al dictado. Dictar es su ley y el que no obedezca será reo de culpa. Claro que parece que nos gusta entregar nuestra libertad para que sea gestionada por el señor que dicta. Abran los ojos porque de nuevo se abre otra campaña de acoso y derribo para ocultar las próximas sentencias si es que los jueces logran mantener su independencia.

Es el momento oportuno para recordar la figura del Conde de Barcelona. Hoy cobra plena actualidad para la política de Estado lejos del oportunismo y ramplonería de los discursos de partido.

Era el año 1993 cuando Don Juan de Borbón recibía la Medalla de Oro de Pamplona. Se le había acabado la voz pero providencialmente el entonces Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón,  leyó en voz alta sus sentimientos. Todo un símbolo. Pocos lo vieron  y menos entendieron aquél simbolismo. Juntos, un Rey que lo fue en la esperanza, el Rey de España y un Príncipe que iniciaba el camino. Cedió la voz Don Juan y cedió definitivamente el futuro; lo hizo en este caso en su nieto Don Felipe, libre de todas las cargas del pasado. Se cerraba el paréntesis de la historia reciente buscando el definitivo futuro. La monarquía española, la heredada, la instaurada y la esperanzada; tres historias en tres reyes para España, tan distintas que parecían tres Españas.

Don Juan hablaba desde el silencio y, sin voz, la gravedad de su mensaje la podían percibir todos los que quisieran escuchar y entender. Ya no hablaba de España, su devoción, ahora hablaba de la unidad de España, su preocupación.

Nadie le escuchó; los laureles ensordecieron a los consejeros, muy activos en épocas de recolección. Don Juan pudo ver la realidad al evadirse de todos ellos. Conocía muy bien lo que significa estar rodeado de tantos consejeros expertos en malos consejos. Sólo le quedó el mar donde aprendió a leer los horizontes de acontecimientos. Y con él guardó la historia de una España que se le escapaba mientras más la deseaba.

La unidad de España, repetía incansable, por encima de la enfermedad, por encima del silencio, incluso por encima de la imprudente prudencia de algunos.

La transición superada, decían algunos, España navegaba con buen rumbo y velocidad de crucero, pensaban todos. Nadie había visto al sembrador que por las noches esparcía su semilla de cizaña por los campos de cereal. La transición ni siquiera había comenzado a germinar y ya todos auguraban una espléndida cosecha. La unidad de España, repetía Don Juan a punto ya de coronar su historia.

El Rey Juan Carlos captó de inmediato el mensaje y consciente de la gravedad de las palabras de su padre repitió incansablemente el mensaje de unidad. He repasado los discursos de Navidad y Pascua Militar desde aquél año noventa y tres; nunca ha dejado de apelar a la unidad de España. Pero por mucho que se hable de la unidad, nada se logra si los campos están sembrados de la semilla de la secesión que acabará ahogando a las espigas de la unidad. No era ese el sentir popular, entonces ni ahora, pero una élite político-económica ha logrado jalear a los ácratas que gustan militar en el sindicato de los gorriones donde ellos se alimentan aunque nadie coma. Esta es la otra historia, la de la España reciente.

La Transición significaba cambio, el paso a un sistema democrático solidario y de respeto. Para ello, lo primero y fundamental era tener una Ley y respetarla. Y se hizo la Ley pero no el respeto democrático de cumplirla. Razones de carácter visceral, vuelta al revanchismo y al enfrentamiento. Los que deberían ser hombres de Estado han resultado ser agitadores de barrio que juzgan según sus intereses de partido o con la imposición de su minoría sobre el conjunto. Es su democracia. Esta es la historia que ahora se abre.

Diez años lleva en el Trono Don Felipe. La transición de reyes se ha hecho con seriedad y oportunidad. Estamos ante la verdadera y nueva historia de España, ante el futuro de varias generaciones. No hemos vivido una transición como todos creíamos. Hemos vivido una incertidumbre.

La transición empieza ahora… la incertidumbre que no ha desaparecido. Lo avisó Don Juan, lo cultivó el Rey Juan Carlos y será la preocupación del Rey Felipe VI: la unidad de España. Historias hay muchas, España una, única e indivisible; sí no, ni hay España ni hay Historia.

Ni Rey ni República, no habrá nada de nada.

General de División (R) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

A POR DON JUAN CARLOS Y LA CORONA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Sé que muchos permanecen en silencio como si la cosa no fuese con ellos. La honradez del funcionario se paga con una palmadita en la espalda y la sonrisa de falso cariño. Luego el fino hilo que lo une al deber es cortado con certera tijera y cae al abismo de la indiferencia. El funcionario, rendido de caricias, sonríe cuando sabe que sabe, pero nadie sabe que él sabe ni siquiera él mismo supone el valor de lo que sabe hasta que desaparece con todo lo que sabía que, en definitiva, como nadie lo sabe, es nada.

Siempre hay traidores entre los que menos saben porque desde un principio se sabía de ellos.

Todo.

Todo lo que ocurre en estos momentos contra el Rey Juan Carlos no es sino la continuación del Decreto: «Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue rey de España, quien, ejercitando los Poderes de su Magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico del país; en su consecuencia, el Tribunal soberano de la nación declara solemnemente fuera de la ley a don Alfonso de Borbón Habsburgo-Lorena; privado de la paz pública, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetrase en territorio nacional. Don Alfonso de Borbón será degradado de todas las dignidades, honores y títulos, que no podrá ostentar ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de su representación legal para votar las nuevas normas del Estado, le declara decaído, sin que se pueda reivindicarlos jamás, ni para él, ni para sus sucesores. De todos los bienes, acciones y derechos de su propiedad que se encuentren en territorio nacional, se incautará en su beneficio el Estado, que dispondrá del uso más conveniente que deba darles. Esta sentencia, que aprueban las Cortes Soberanas Constituyentes, después de sancionada por el Gobierno Provisional de la República, será impresa y fijada en todos los Ayuntamientos de España y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de Naciones».

Firmaba la sentencia, como presidente del Gobierno de la República de España, Manuel Azaña el día 26 de noviembre de 1931. El Decreto se había aprobado en las Cortes con nocturnidad: a las tres cincuenta y cinco minutos de la madrugada del 20 de noviembre de 1931.

La manipulación electoral a los municipios españoles fue un golpe de Estado dado en abril de 1931 que se repitió en octubre de 1934 cuando la derecha salió ganadora, esta vez en elecciones nacionales. La farsa de las urnas, que en España eran chisteras de mago, tuvo su continuidad en febrero de 1936. Los del PSOE (llámenlo como quieran, pero  así queda más claro) después de tiempos de quemar iglesias y asaltar conventos perdieron la guerra y no perdonaron el regreso de Don Juan Carlos, nieto del que había sido declarado «culpable de alta traición», y desde ese momento esperaron pacientemente para hacer uso del mismo argumento y preparar su salida irreversible de España. Don Juan Carlos venía de la mano de Franco, Franco coronó a Don Juan Carlos, que a su vez es toda una dinastía. Así, con ellos, llegó la Constitución de 1978

DON JUAN CARLOS I, REY DE ESPAÑA, A TODOS LOS QUE LA PRESENTE VIEREN Y ENTENDIEREN,

SABED: QUE LAS CORTES HAN APROBADO Y EL PUEBLO ESPAÑOL RATIFICADO LA SIGUIENTE CONSTITUCIÓN

Que  dice: «La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria». «El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes».

Inolvidable. Insuperable. Inadmisible. Intolerable. Inaguantable. Insoportable.

Vuelvo a recordar las palabras de Tierno Galván: «Hay que aceptar la Monarquía como el mejor y más fácil puente hacia la democracia. Luego ya veremos».

Veremos es Zapatero. Veremos es Sánchez. Veremos es el Gal y y la coronación de la ETA. Veremos es el imperdonable «Tranquilo, Jordi, tranquilo». Veremos es el dominio de los Poderes del Estado. Veremos es el Golpe de Estado del 2017. Veremos es Puigdemont. Veremos es el indulto. Veremos es la amnistía. Veremos es lo que nos queda por ver.

Para «veremos» la Monarquía, que trajo la democracia a España, no es democracia, que solo solo lo son «ellos y sus circunstancias». Lo estamos viendo y lo veremos. Azaña pensaba, mal intencionado, soberbio, pero pensaba. No sé qué es peor; Zapatero y Sánchez no tiene esa capacidad y se rigen por sentimientos mal condimentados y muy peligrosos, de esos que a la postre dicen «No era eso, no era eso» cuando destrozan una nación y ponen tierra o mar por medio, a salvo y con dinero. Al fin, la tristeza es su fortuna. Nada hay peor que un tonto con alto coeficiente de inteligencia y que escale en el poder político o en el militar si le sirve de puente para esta.

La maniobra inicial, muy antigua, se recondujo cuando vieron una brecha de debilidad en la fortaleza y se dirigió desde el más poderoso de los despachos ocupado por ese exclusivo coeficiente intelectual tan elevado como perverso.

No es de extrañar que haya surgido de repente el terremoto mediático contra Don Juan Carlos. Como no pudieron con la ley van a por él con la trampa. Nadie se da cuenta porque no hay secreto mejor escondido que el que se publica, si es en el BOE aún más. La Zarzuela ya firma como una máquina, en automatismo, sin voluntad ni criterio propio, al vaivén de una ola convertida en sunami.

Por muchas vueltas que le den, por mucha democracia que nos rodee, jamás pensarán en una monarquía parlamentaria que para ellos no la trajo la Constitución, su papel mojado, que interpretan pero no cumplen, sino que la Constitución vino, como la Corona, de la mano de Francisco Franco. Constitución, Corona, Iglesia. ¡Ni lo sueñen! Tarde o temprano se la llevarán puesta. Ahora buscan y buscan datos en la basura, pagan y muy bien a quienes les cuenten, los buitres salen al oler la carnaza (yo sé. yo vi, si te cuento cuando…) en dinero, amoríos, luego en el 23F, más tarde en el atardecer de la vida, que hasta ahí llega su maldad.

Lo suyo es reventar los archivos, los dosieres, las citas escondidas, los pasos por la frontera del sur, los vuelos oficiales, las maletas en las bodegas de los aviones, las cuentas bancarias o no bancarias, los paraísos fiscales, las cacerías, la cuesta de las perdices, los armarios de algunos, los reservados y hasta las tumbas.

Abrieron la de Franco y fue todo un símbolo. Nadie movió un dedo. Esa es España. Lo saben.

El rey Príamo ve su ciudad ardiendo y saqueada.

«Cuando vio la ruina de su ciudad conquistada y abatidos los umbrales de palacio y al enemigo dentro de su casa, en vano toma el viejo en sus hombros temblorosos las armas enmohecidas, tiempo ha, por la edad y se ciñe el hierro inútil y lánzase a morir entre los enemigos» (Virgilio. La Eneida).

«Miro atrás y reviso la tropa que aún tengo. Todos me abandonaron agotados y saltaron a tierra o entregaron sus cuerpos heridos a las llamas».

En España ni los muertos pueden estar tranquilos. Mejor que en cada tumba anide una cobra inmortal.

Miren al poder y a los otros. Todos siguen el camino trazado.

¡Viva el Rey de España!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

7 octubre 2024