NO A LA GUERRA. FUNCIONARIOS UNIFORMADOS. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Este Gobierno nacido en las entrañas de Rodríguez Zapatero ha logrado destronar la unidad de España. Lo que parecía un ligero desvarío de alguien sin formación se ha extendido hasta lograr romper la historia y sobre todo la unidad de España. El maestro Gustavo Bueno definía al autor del presente que vivimos en un libro inolvidable. Zapatero: el pensamiento Alicia.

Con el respeto y admiración debida a D. Gustavo ahora vemos que aquello nada tenía de ingenuidad y que Alicia era más bien el lobo de Caperucita cuyo sucesor se acerca a la madrasta de Blancanieves. Todo lo que tiene que ver con los espejos da miedo.

Salvador Dalí: “Narciso, / ¿comprendes? / La simetría, divina hipnosis de la geometría del espíritu, / colma ya tu cabeza con ese sueño incurable, vegetal, atávico y lento”.

Nos gobierna una obsesión, la de quien cree que todo requiere de su presencia. Siempre. Vive en un espejo, paranoia de su propio reflejo.

No era tan ingenuo el inventor del juego; el de los espejos es un engaño de los ritos eleusinos muy propio de quien busca la inmortalidad en los reflejos de luces y sombras. Todo promesas, ninguna realidad.

Había que penetrarlo. Iglesia y Estado eran espejos rotos donde antaño se reflejaba una historia de siglos.

Los efectos de las luces proyectadas en la oscuridad de un mundo encerrado en vidrio no deja de ser la caverna platónica donde el que viene contando lo que hay fuera es expulsado violentamente. Presenciamos un espectáculo de luces en la mayor oscuridad personal.

Creemos que todo es honradez sin saber que vivimos en la paradoja de Epiménides. Adaptamos el modelo: «Yo miento». A partir de ese momento todo es un caos. Esa es nuestra política. «El Gobierno miente. Yo soy su presidente». Claro que este no es Epiménides.

Taladrar la costra de las Fuerzas Armadas para llegar a su médula era un juego peligroso. Otros lo habían intentado. El pianista quiso acabar con la Legión creyendo que era un símbolo temporal que debía ser borrado en estos tiempos. Pero aquel Credo había calado ya por generaciones porque no en vano era la traducción del sentir desde los Tercios de Flandes. No entendieron que desde entonces sus Armas condensaban el espíritu de «Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir«, inquebrantable disciplina de la que nunca se han alejado. No eran funcionarios a sueldo y permanencia.

Las Fuerzas Armadas españolas son esas que no se dejaron engañar un 23 de febrero, aunque la trampa estaba bien montada. Los ejércitos no seguían sus oscuros deseos. Eran más democráticos que ellos.

Hubo que demostrar lo que no se creían y nuestra participación con la Legión en Bosnia, primera en el exterior desde 1975, supuso un reconocimiento, descubrimiento inesperado de la herramienta de disciplina y sacrificio de la que disponían. Nuestros ejércitos salía de años de aislamiento, de miradas de reojo, y su imagen cobró un valor como ninguna otra institución había alcanzado en el marco de la sociedad.

Después se estabilizó el proceso en algo parecido a la normalidad lo que supuso un intencionado camino hacia el olvido. Poco protagonismo, pocas y viejas armas, unidades envejecidas y obsoletas, rutinas y engaños creyendo ser lo que no éramos, todo reconvertido en proyección a misiones en el exterior y olvido interior.

No estaban contentos y había que buscar otra forma de penetración más medular. La encontraron.

«Capitán mande firmes«. El uniformado que buscaba un sitio que nunca encontró supo colocarse en el lugar adecuado para lograr conducir el proceso.

El año 2004 es una fecha inolvidable para todo aquel que sepa contar del uno al diez. Desmilitarizar lo militar. Con mano firme y herramienta de cirujano. La enseñanza era la clave. Mientras se entraba en honduras, mientras llegaban hasta la médula, distraían la mirada con bengalas (flares o chaff).

La indecencia y falta de respeto de un ministro de Defensa modificaba el texto del Homenaje a los Caídos, aunque él culpaba del hecho a una propuesta hecha por el Jefe del Estado Mayor de la Defensa. Vayan ustedes a saber. Retiraban del monte Constanza en la Academia de Suboficiales del Talarn el lema «A España servir hasta morir» que molestaba al independentismo catalán. Todo era admitido por quienes deberían defender el espíritu que encerraba ese lema y hasta el teniente general Mena fue arrestado por leer el artículo 8 de la Constitución.

Empezaban a verse cosas extrañas entre las más altas jerarquías de nuestros ejércitos. El compañerismo hacía agua. El Mando del Estado Mayor de la Defensa acababa en manos de quien -nadie lo suponía, aunque se sabía-escondía ansias de pasarse ¿militaba?) a un partido antimilitarista. Increíble, pero cierto.

Todo empezaba a romperse. No era necesario acabar con la Legión. Había procedimientos más elegantes e insidiosos para romper con la unidad y el compañerismo. La reforma de la enseñanza militar y la creación de unidades para el despiste, alejadas por completo de las misiones militares, bautizadas como oenegés con pistolas, iba a ser el camino estrella para lograr sus objetivos. Rápidamente caló en una sociedad engañada y manipulada con el «No a la guerra«, lema que introdujo la confrontación y el rechazo a la institución militar banalizando su trascendente misión.

La educación es un tipo de manipulación cuando se hace sin consenso y lleva intenciones sectarias. Cuando se permite y se asume son muchos los que deben responder ya que la responsabilidad no es solo del partido político que la propone. A veces es necesario salir de la disciplina para, individualmente, uno mismo, contemplar el conjunto y, también disciplinadamente, exponer los errores a los de dentro. Siempre hay una puerta para entrar y otra para salir. Con dignidad.

Dudo de que estemos preparados para soportar la verdad. Nos escondemos cuando aparece porque es exigente.

«Nosotros tenemos los pacifistas y los soviéticos tienen los misiles», dijo, como el que no quiere la cosa, F. Miterrand.

Nosotros no tenemos nada; ni lo uno ni lo otro.

En las Estrategias de Wu se puede leer: “Cuando el mundo está en paz, un hombre de bien mantiene su espada al alcance de la mano», lo que recuerda que Alejandro dormía con la Ilíada y la espada bajo la almohada.

Las virtudes faltan; hay que buscarlas entre una densa niebla que oculta el pasado y permite solo ver las sombras proyectadas en un virtual futuro que nunca será. Es el viejo cuento de la caverna. Hace algún tiempo que la abandoné y no daba crédito a lo que fuera era la cruda realidad.

Por arriba se despiden de la cortesía, el buen trato, la verdad, la firmeza, la lealtad, el honor, la bizarría, el crédito y la opinión, la constancia y la paciencia, la humildad y la obediencia. Cada vez es mayor la distancia entre las tropas y sus mandos. Los políticos las manosean y adulan, lo que repugna a la virtud militar.

El futuro es el progresismo que viene cargado de misiles. Ya es tarde. Han disparado y no funciona el sistema antimisil.

Una de las cosas que ahora más condiciona la vida militar es el ascenso junto al destino. Una vulnerabilidad que los políticos saben manejar con verdadero arte de la complacencia.

Las Fuerzas Armadas eran cuestión de Estado. Ya no lo son. No se sabe muy bien de quién dependen. Ni el Mando Supremo tiene fuerza para decir aquello de «la unidad es nuestra misión».

Olvidado está que hay que defender el interés general de la nación y no el interés personal. Las virtudes y vicios, las cualidades y los defectos se intuyen bajo los que aparentan. Vuestras menores faltas son siempre importantes; las grandes son irreparables y funestas. Cuando un reino ha sido arruinado, es imposible devolverle su antigua prosperidad.

Un general hábil no desdeña nada para formar buenas tropas. Ahora interesa la técnica más que la formación ética.

«No contentos con destrozar lo interno ahora se baten con los que nos prestan alianza. Los principales cimientos en que asentar un Estado -sea nuevo, viejo o mixto- son las buenas leyes y los buenos ejércitos. Y dado que no puede haber buenas leyes donde no hay buenos ejércitos y donde hay buenos ejércitos hay buenas leyes dejaré  al margen la consideración de las leyes y hablaré sólo de los ejércitos» (El Príncipe. Maquiavelo).

Los nuestros entran en la era del aislamiento y la inoperancia. Nos quedamos indefensos y desarmados.

Los funcionarios que uniformados deben asumir nuestra Defensa ¿nada tienen que decir? El momento es de máxima gravedad y el ascenso o el futuro destino no deben ser limitaciones para plantear con lealtad  lo que significa quedarnos sin defensa.

Nadie duda de la continua necesidad de adaptación a los tiempos. Nuevos procedimientos son necesarios para hacer frente a desconocidas formas de guerra y enfrentamiento en nuevas dimensiones, aunque conviene no olvidar que la razón de ser de los ejércitos sigue siendo la lucha armada justificándose su existencia en la defensa de la sociedad y de la Patria. Eso requiere una legislación de naturaleza moral, algo que solo la tradición escribe en los pliegos internos del alma y que se hereda de generación en generación. Un oficio como este, épico, vocacional y de riesgo, solo se rige por las leyes del espíritu. Quien no sepa interpretar lo que intento decir es mejor que se dedique a otra cosa, siempre que esa otra cosa no sea organizar la milicia. No hay soldados que vigilen las fronteras, no hay ni siquiera fronteras. Aquí todo se ha cambiado por progresismo y sostenibilidad. Ese es un uniforme que destruye las formaciones de soldados. No hay progreso sin ejércitos dotados de moral, virtudes y armas. El progresismo lo quiere Europa para su industria: gas; energía. Pero sin soldados con virtud no hay ejército sostenible.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

 

 

RIESGOS EN NUESTRAS CAPACIDADES MILITARES POR LA DERIVA DE NUESTRAS ALIANZAS DEFENSIVAS ¿OFENSIVAS?

Quizá lo más destacable es la falta de confianza que provoca la deslealtad con aquellos que hombro con hombro forman parte de tu despliegue defensivo u ofensivo. Abandonarles es algo que nunca se olvida.

La desconfianza genera distanciamiento y la Inteligencia, base de tus despliegues y criterios de acción operativa, se perderá  en la más absoluta soledad. Nadie nos va  a admitir en el restringido grupo del conocimiento que proporciona la información transformada en Inteligencia. Nada sabremos, nada veremos, nada oiremos.

La Defensa Nacional está en grave riesgo al situarnos frente a nuestro mayor proveedor de Inteligencia, Armas y Tecnología: Estados Unidos e Israel. Costaría años sustituirlos como proveedores si es que lo lográsemos.

Para empezar peligran nuestras bases de Rota y Morón con el riesgo económico para la región (sobre todo de Cádiz) que ello supondría. Gibraltar, Base Militar clave en el Mediterráneo, acabamos de entregarla con sus tomahawk a punto.

El Mando estadounidense para África, clave para nuestro futuro y Seguridad, está en proceso de traslado y muy probablemente será a Marruecos.

El avión EF-18 actualmente es la base de nuestra defensa aérea y su disponibilidad y mantenimiento depende de su fabricante: Estados Unidos. Los radares y motores requieren de un constante y urgente mantenimiento. No adquirimos el F35 y los AV-8B Harrier II Plus en su última fase de posibilidades dependen al cien por cien del mantenimiento y suministros de los Estados Unidos. Nos quedamos sin aviación embarcada. El avión de entrenamiento recién adquirido a Turquía TAI Hürjet dispone de  motores fabricados en Estados Unidos.

Aviación de transporte, helicópteros actuales y futuros, misiles y lanzadores (AIM-120 AMRAAM y AIM-9 Sidewinder), (Patriot), drones (General Atomics MQ-9 Reaper), Artillería de Campaña y sus municiones, vehículos de transporte y blindados, todo ello es dependencia de Estados Unidos.

Nuestras fragatas irían al paro. El sistema AEGIS que monta la «Colón» es y depende de los Estados Unidos. Estaba previsto para nuestras próximas fragatas (?).

Nos quedaríamos solos no solo por tecnología, sino por los procedimientos operativos que tendríamos que recomponer al quedarnos aislados.

De Israel tenemos absoluta dependencia tecnológica:

-Misiles multipropósito Spike LR2.

-Sistemas de comunicación entre las pequeñas unidades.

Sistema Lanzacohetes de Alta Movilidad (SILAM), que sustituye a los cohetes Teruel.

-Torres del vehículo de combate del vehículo 8×8.

-Morteros sobre VAMTAC.

-Sensibles sistemas para el Ejército del Aire y del Espacio, la Armada y los Helicópteros de ataque.

De como afecta a la industria militar española tendremos que hablar otro día mientras se dirime el enfrentamiento en los tribunales de Santa Bárbara (General Dynamics) con la española INDRA por los contratos de armas concedidos por el Ejecutivo.

09 marzo 2026

Blog: generaldavila.com

EL PODER AERONAVAL: EL F35 UNA MUESTRA MÁS DE LA GRAVE SITUACIÓN DE NUESTRAS FUERZAS ARMADAS. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

Mi amigo y compañero el coronel del Ejército del Aire y del Espacio, Julio Serrano Carranza, colaborador de este blog y del libro recién editado De soldado a general, me hace saber que en su ejército hay un aforismo que dice «El jamón serrano y el avión americano«. Por algo será.

La Infantería es la reina de la batalla, pero en la guerra, incluso ella, siempre se mira al cielo. ¿Amigo o enemigo?

Tanto para un buen ataque como para una eficaz defensa se necesita superioridad aérea y a día de hoy este es un concepto sin límites en el aire-espacio, por el que todos luchan, el dominio de ese lugar decisivo.

Hemos asistido a guerras sin infantería visible (aunque sobre el terreno haya habido unos «hombrecillos verdes» o asimilados) como la reciente de Irán donde no ha habido botas en el terreno (que sepamos) y donde la primera medida de ataque del ejército de Israel fue acabar con las defensas antiaéreas y con todos los aviones iraníes antes de que ninguno alzase el vuelo. Después, ya el cielo estaba libre y todo era posible para cumplir el objetivo: acabar con su producción nuclear y crear un caos de derrota moral cuyas consecuencias aún tendremos que ver. Una guerra ganada desde el continuo aire-espacio.

La incertidumbre llega sorpresivamente desde ese lugar, aire-espacio, lo que ha llevado a los ejércitos, al menos por ahora, a suprimir las grandes formaciones terrestres de ataque que pueden ser mermadas por un enjambre de drones. La tecnología es una batalla que se libra en las retaguardias para crear una máquina invencible y los parámetros de investigación se centran en plataformas que dispongan de todo el poder, de manera que puedan ejercerlo lejos y con fuerza decisiva. Las formas de destrucción, antes que tener que hacer uso del arma atómica, evolucionan para lograr la sorpresa que consiste precisamente en eso: obligar a combatir al enemigo en el lugar o en el momento para él inesperados o en emplear medios o procedimientos por él desconocidos. Ya los hay solo a la espera de la decisión de usarlos. Sorpresa.

Todo esto como comprenderán es el gran secreto de las naciones que guardan y no comparten o solo lo hacen con naciones en las que tiene confianza plena, fundamentalmente en su política. España no sabe nada. Doy fe.

Queda prácticamente todo dicho. A día de hoy el poder aeronaval, si China no demuestra lo contrario, que no lo hará por ahora, está en los Estados Unidos de América. Nadie se acerca en el escalafón a ese poder tecnológico, ni en cantidad ni calidad.

Una de esas plataformas de poder es sin duda el avión de combate. El de Estados Unidos se llama F35 en sus distintas versiones, dotado de una tecnología incomparable y a día de hoy insuperable. Sin rival. No hay lugar de la superficie terrestre o marítima que no pueda ser alcanzado por el poder de un F35. Cuenta con pocos enemigos para batirle desde tierra, desde el mar o el aire. Su poder tiene pocas limitaciones y está dotado de desconocidas capacidades en guerra electrónica, radar e integración con otras plataformas. Una revolución en el arma aérea. Quedan  muchos años por delante hasta que otro pueda suponer un reto frente a él

Para su proyección cuenta Estados Unidos con bases o instalaciones en cerca de 5.000 lugares repartidos por el mundo además de once portaviones en servicio activo, diez de la clase Nimitz y uno de la clase Gerald Ford.

Que es muy caro es algo evidente, aunque tanto en guerra como si hablamos de disuasión lo barato suele dar disgustos irreparables. Los ha habido cerca nuestra, pero nadie quiere asumir una investigación.

Para defenderse militarmente es necesaria una inversión que exige tiempo y dinero. No se puede estar en la permanente discusión y cambios de criterio que llevan no solo a la indefensión, sino a asumir riesgos para el personal que maneja las armas por su antigüedad y falta de mantenimiento y renovación. Así es la Defensa en España: un capricho político y un interés solo para enriquecerse.

Se supone que la tecnología, las armas y los procedimientos son compartidos entre países aliados. En la armas hay un principio fundamental y es no disponer de diversidad en los modelos para evitar el desconcierto en el abastecimiento y mantenimiento. Una logística única y compartida es la clave para que la maniobra táctica sea sostenida por la logística y ese principio cada vez es más exigente. Europa, y por tanto la OTAN, es un claro ejemplo de incapacidad logística. Hay que acudir al único socio fiable. Todo está basado en el sistema estadounidense y entre el conjunto de sus 32 miembros no hay una total integración ni en armas ni procedimientos. No se comparte tecnología ni se comparte Inteligencia, no hay industria común, solo se trata de aparentar una unidad de combate muy lejos de alcanzar su máxima eficacia. Europa en materia de Defensa es una torre de Babel y no precisamente por sus lenguas.

El caso de España es único en la Alianza por  nuestro particular modo de entender la Defensa. Aquí no hay armas, sino proyectos. Hay planes, magníficos planificadores y mejores soldados, pero no hay ejércitos para el combate ni la disuasión, sino políticos encabezando manifestaciones. Pero hasta en eso hemos sido vencidos por Marruecos. El que quiera entrar que pase, la puerta está abierta. ¿Para qué queremos aviones o portaviones? ¿Mali? o ¿el Báltico? El Mediterráneo nos queda muy lejos. España sufre la lenta derrota, agonía,  de una invasión que afecta a su integridad territorial, a su soberanía y a su cultura y tradición. España no se defiende, sino que hemos aceptado la derrota. O la hemos propiciado.

Hoy, en estas cosas de las armas y la defensa, el protagonista es el arma aérea, el F35 rechazado por España sin una explicación lógica y argumentos de peso, incluso sin haber escuchado la opinión de la Armada y del Ejército del Aire y del Espacio o tomar la decisión contraria con una enorme carga de sectarismo político. Dios quiera que no tengamos que comprobar los errores cometidos en estos últimos tiempos en materia de Defensa, porque lo pagaríamos muy caro. Hacia ello vamos.

Las consecuencias del rechazo de este avión, que es el futuro para nuestro poder aeronaval son graves.

El Ejército del Aire y del Espacio ha trazado un plan para continuar con el F18 hasta 2030 pero es la hora crítica de encontrar su sustituto que a día de hoy no lo hay en el mercado. El proyecto europeo conocido como Sistema Aéreo de Combate del Futuro (FCAS), liderado por Francia, Alemania y España no hace sino acumular retrasos y ambicionar intereses más allá del militar y en cualquier caso no estará operativo al menos hasta 2040. Este ambicioso proyecto tiene como objetivo desarrollar un avión de combate de nueva generación, así como un sistema de sistemas que incluya drones y otras plataformas aéreas. El FCAS se espera que esté operativo en 2040 y busca garantizar la autonomía estratégica y la soberanía tecnológica de Europa. Además, y esto es lo más grave, no existe el proyecto de un modelo de avión embarcado. Por tanto ahí viene lo más grave del abandono del F35: nos quedamos sin poder naval proyectable. No hay avión para sustituir a los actuales Harrier que embarca la Armada. Su sustitución no puede esperar y es urgente una renovación con aviones modernos con capacidad de embarque.  Si no es así perderemos el poder aeronaval.

Los dirigentes políticos están ahora, como siempre, señalados por algo tan grave como dejarnos indefensos, sin disuasión ni credibilidad, sin futuro como nación. La apuesta más inteligente, el F35, ha sido rechazada sin saberse muy bien el porqué, aunque nadie duda de nuestra postura antiamericana. Era la adquisición mejor valorada y casi imprescindible dada nuestra posición estratégica en el sur.

El buque  LHD Juan Carlos I está capacitado  para operar con el F-35B y esa era la apuesta decidida que ahora rompe el ministerio de Defensa sin alternativa a la vista. El Ejército del Aire y del Espacio tendría ya un sustituto del F18 con  las mismas características que la Armada con lo que las ventajas en mantenimiento e interoperabilidad es evidente.

En resumen: adiós al poder aeronaval español y, por tanto al terrestre, a nuestra capacidad de disuasión.

España ha renunciado a su capacidad de Defensa. Siempre nos quedará la Infantería: ustedes, los que aman a España.

No es el problema de uno u otro avión. Es mucho más grave. Es un problema de ideología. El partido en el Gobierno de España, de manera sectaria, sigue la política antimilitarista, antiotan, antialiados con las naciones de su entorno y solo piensa en un mundo donde su poder quede vinculado a una ideología basada en la moda subversiva más reciente por lo que apuesta por una desmilitarización del sur de Europa, que, siendo de su responsabilidad, ha dejado de mala gana y peores maneras en manos del Reino Unido, EEUU y ahora de Marruecos.

Todo ello limitando el poder de otros inocentes (¿o peor?) partidos de la oposición al hacerse de manera sagaz con el poder mediático, el tecnológico y el de las armas. No es necesario repetir los nombres y apellidos de los que ostentan dicho poder. Los repito cada día. La oposición ni se entera porque cuando a ella le toca el turno solo buscan que los generales se pongan firmes a su paso a la vez que acaban con las mejores unidades de la historia. ¿Lo recuerdan?

No. No es el F35 ni un portaaviones, ni tampoco el submarino (si es que lo hay), ni el vehículo para una infantería que va a pie y sin dinero, o con vehículos chinos, sin radios ni municiones. No.

No es perder el control del Estrecho, nuestro mayor poder estratégico; no es tampoco renunciar a Gibraltar y a nuestra integridad territorial por muy grave que sea. Contra ello queda al menos escrito un mandato constitucional que esperamos se cumpla algún día si esto sigue a la deriva.

La gravedad del asunto es ahondar, como intencionadamente hacen, en un antimilitarismo consistente en modelar la mente de nuestros oficiales y suboficiales desde  sus primeros pasos en la Academia para que se sientan menos militares y más gestores; que no piensen en combatir a un enemigo ,sino a la naturaleza, al viento al aire o al fuego. Mentalidad de jóvenes entusiastas de la ayuda humanitaria y del reparto de medicamentos o golosinas, que en el ámbito internacional impartan cursos de español o de costura. Que canten canciones de paz y armonía.

Todo eso está muy bien. Pero eso no es un Ejército.

Me da igual el F35, el portaviones o el submarino, el vehículo terrestre o el calibre de las armas. Me preocupa la irresponsabilidad en la formación de nuestros mandos cuando los relámpagos de la guerra se ven de noche y de día. De esa irresponsabilidad y de otras como la pérdida de la integridad territorial no la tienen solo nuestros políticos.

También la tienen nuestros militares. Que cada cual asuma su responsabilidad en estos tiempos de incertidumbre y desolación para la unidad de la patria. España.

Para Golpe de Estado el dado en octubre de 2017 y aprobado ni más ni menos que por un Tribunal Constitucional. Es un ejemplo de que no hay necesidad de ningún golpe a lo militar. Algo vetusto y demasiado novelado. Solo es exigible que cada cual cumpla con su deber que en la Constitución está tan claro que ni a los niños de primaria hay que explicárselo, aunque el llamado Tribunal Constitucional no lo entienda.

En el negocio de las Armas hay mucho golpista enmascarado que juega al borde de las fronteras. Armas sin frontera.

Como punto final debo decirles que me queda una gran duda: ¿será que no queremos comprar el F35 o realmente es que los Estados Unidos de América no nos lo quiere vender.? Dado el peso que tenemos internacionalmente en lo político-militar y lo fiables que somos, adivinen ustedes.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

13 agosto 2025