SAN PEDRO CON XI JIMPING EN CHINA. Rafael Dávila Álvarez

¿Qué secreto hay en tu móvil, que no acierto a adivinar…?

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno del Reino de España se encuentra de visita oficial a China. Eso está muy bien, pero en este caso hay que ver su oportunidad. Europa y Estados Unidos recelan de hacer negocios con China y España está muy lejos de su rádar empresarial. Aquí hay gato encerrado.

El mismo que se esconde en los vehículos militares que le compramos a los chinos a través de una empresa española, 4.500 vehículos adjudicados por el Ministerio de Defensa, mediante un contrato de más de 300 millones de euros. ¿Vehículos monitorizados? Claro que rápidamente la ministra de Defensa salió a decir que no eran para combate, sino ¿para? pasear al coronel. Cosas de la táctica moderna cuando el vínculo trasatlántico de Biden -sí Biden- prohibió la importación de vehículos chinos.

¿Europa? ¿Basará su futuro Ejército  -ya próximo según Sánchez- en los materiales chinos no de combate?

Recibido por Xi, con sonrisa de Mona Lisa, resulta que en China han santificado al Sánchez de turno. Asómbrense.

Resulta que el mandatario chino Xi Jimping en España sería Jimping Xi. En los antropónimos chinos el apellido suele tener una sílaba y antecede al nombre de pila que suele ser bísílabo. Es decir Xi es el primer apellido y Jimping el nombre. Sánchez Pedro en nuestro caso sería: San Pedro.

¡Sorpresa! ¡Nuestro presidente allí en China sería San Pedro! Apellido primero con una sola sílaba y el nombre, bisílabo, después.

No me lo esperaba. Los juegos de palabras son peligrosos. El descubrimiento dá para muchas ironías.

Espero que nadie en el Cielo se dé por aludido y las llaves sigan en buenas manos.

Claro que las cosas se complican cuando el Papa León XIV, hecho un león, se encara con Trump, y todo coincide en España a donde pronto viene con entrada triunfal por la Puerta de Alcalá, ¡mírala, mírala! o por Carabanchel. ¿Es que todavía hay clases? Antes de aprender a rezar hay que saber arrodillarse, aunque pronto dirán que es contra la salud hacer una genuflexión y retirarán los reclinatorios de las iglesias.

«A bordo ante el timón,

un joven timonel guía con cautela.

En medio de la niebla, desde la costa, tañe doliente

Sin embargo, ¡oh el navío inmortal!» (Whitman)

Vivimos un giro de ciento ochenta grados. Hacia los arrecifes. Son momentos de faro y timonel.

La navegación de España en medio de la niebla, desde la costa, tañe doliente una campana oceánica… Nadie avisa de las vías de un tren. Los trenes en España se pierden sin destino ni parada. La parada y fonda está en La Moncloa.

En Exteriores están escasos de entendimiento o razón: «Una sola China» en el zapato vuelve a ser Rota o Morón, vacaciones pagadas. Un premio a la presunta delincuencia que invade nuestras vidas llenas de moral.

Dicen los jueces que hay que respetar la ley. Que eso es para todos, pero los que mandan dicen…

«Dejadme hacer las cosas a mi aire;

que otros promulguen las leyes; no tendré en cuenta las leyes;

que otros elogien a los hombres eminentes y preserven la paz; yo

preservo la agitación y el conflicto;

no elogio a ningún hombre eminente; censuro en esu propia cara a quien ha sido considerado más meritorio» (Sigo con Whitman).

Los ejércitos, lentos y conservadores, pesados mastodontes, dinosaurios del pasado, les cuesta adaptarse a las nuevas circunstancias. Deberían empequeñecerse en soberbia y crecer en recursos y filosofía. Ir más allá de su temporalidad. Examinar sus alianzas.

El Papa nos manda rezar por la paz, pero fue Stalin el que preguntó aquello:

¿Cuántas Divisiones tiene el Papa? ¡Alianzas!

«No había Jerjes enviado heraldos a pedir tierra a Atenas ni a Esparta por esta razón: antes, cuando Darío despachó mensajeros para el mismo fin, los unos arrojaron al báratro a los enviados y los otros a un pozo, invitándoles a llevar de allí tierra y agua al rey. Por esta razón Jerjes no les había enviado heraldo. No sabría decir qué desgracia les vino a los atenienses por haber tratado así a los heraldos, a no ser que su país y su ciudad fueran devastados, pero no creo que esto sucediera por tal causa».

Nada bueno nos traerá Pedro. Naranjas de la China.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

16 abril 2026

EL PARTIDO POPULAR Y VOX EN EL CALLEJÓN. ¡NO PASARÁN! Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Era noche cerrada. El estrecho callejón se iluminaba por la luz amarillenta de una farola, tan escasa que la bombilla mostraba el recorrido de su filamento. Solo algún sonido lejano de platos tardíos. Silencio al fin.

Ellos, ensimismados en su recuento, caminaban cabizbajos mientras repasaban la actitud del contrario y la suya misma. ¿Qué camino coger?, se preguntaban, incapaces de ver el horizonte.

Casi tropiezan antes de cruzarse en el callejón. Se reconocieron. Uno frente al otro; imposible pasar los dos al tiempo. Uno debería pegarse a la pared para ceder el paso al otro, pero ninguno estaba dispuesto.

Medió un tiempo eterno. Frente a frente. Estos son mis poderes.

Quedaba el rencor de un antiguo enfrentamiento por la herencia del interpretable testamento. Sin reconciliación, luchas de sangre. (A la muerte de Alejandro hubo tantos testamentos como generales había).

A un lado del callejón 88 kilos, después de una larga dieta obligada que le hizo rebajar mucho peso, por decir y hacer una cosa y la contraria, fruto también del desgaste que provocan largas luchas e incomprensiones, guerras internas y desilusiones, que eso adelgaza si no se explica bien.

Al otro lado 52, de mucho gimnasio tipo gym, aunque sometido a un engorde dialéctico, americano y experimental, con su profesor neoyorquino, para alcanzar su meta y el adecuado IMC. Todavía tierno en batallas.

Hubo un instante de duda, en los dos, eterna duda: ¿por dónde tirar?, ¿seguir por donde voy?, ¿tomar otro camino?, ¿enfrentarme?

Los 88 eran mucho peso; aunque no echao palante, muy preparado e inteligente, con experiencia dialéctica y buen encajador. Con apoyos conocidos. No era un adversario fácil.

Los 52 eran poco peso, pero valiente y audaz, de músculo trabajado y dialéctica ensayada, correoso, de inciertos apoyos. Un adversario aún desconocido.

Hubo forcejeo, algún golpe bajo, ni una palabra de proximidad.

Tras el físico debate, a empujones en el callejón, vieron que habían pasado al otro lado y podían continuar su camino. Tampoco era cuestión de llamar más la atención; había quejas desde alguna ventana.

Lo habían logrado. Ya estaba cada uno en la dirección que quería. Sin darse cuenta que, uno y otro, iban al lugar de donde el otro venía.  El mismo lugar de origen, el mismo final, diferentes caminos, una casa en común, criterios distintos que les llevaron no a defenderla, sino a repartírsela. Enfrentándose.

No fue cuestión de quién empezó primero; tampoco de quien pesaba más o menos. Porque la herencia es muy sabrosa para la que muchos fueron los llamados, pero pocos los elegidos. ¡Ay si su madre los viese!

Venían del mismo lugar y al mismo lugar iban, pero ni iban juntos ni se dejaban el paso libre. Un primer movimiento sin tener en cuenta el último.

Atrapados en el vórtice entraron en un callejón tan estrecho que uno de los dos tendría que ceder el paso. Se acabó el tiempo. Ninguno dispuesto al acuerdo.

Pasó el tiempo y aquel callejón fue tapiado. Ya no conduce a ninguna parte. Lo derribaron por obras y pusieron un cartel: ¡No pasarán!

Está en construcción un nuevo edificio. Con cimientos sobre arena. Si nadie para la obra el edificio se vendrá abajo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

26 octubre 2020