EL PARTIDO POPULAR Y VOX EN EL CALLEJÓN. ¡NO PASARÁN! Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Era noche cerrada. El estrecho callejón se iluminaba por la luz amarillenta de una farola, tan escasa que la bombilla mostraba el recorrido de su filamento. Solo algún sonido lejano de platos tardíos. Silencio al fin.

Ellos, ensimismados en su recuento, caminaban cabizbajos mientras repasaban la actitud del contrario y la suya misma. ¿Qué camino coger?, se preguntaban, incapaces de ver el horizonte.

Casi tropiezan antes de cruzarse en el callejón. Se reconocieron. Uno frente al otro; imposible pasar los dos al tiempo. Uno debería pegarse a la pared para ceder el paso al otro, pero ninguno estaba dispuesto.

Medió un tiempo eterno. Frente a frente. Estos son mis poderes.

Quedaba el rencor de un antiguo enfrentamiento por la herencia del interpretable testamento. Sin reconciliación, luchas de sangre. (A la muerte de Alejandro hubo tantos testamentos como generales había).

A un lado del callejón 88 kilos, después de una larga dieta obligada que le hizo rebajar mucho peso, por decir y hacer una cosa y la contraria, fruto también del desgaste que provocan largas luchas e incomprensiones, guerras internas y desilusiones, que eso adelgaza si no se explica bien.

Al otro lado 52, de mucho gimnasio tipo gym, aunque sometido a un engorde dialéctico, americano y experimental, con su profesor neoyorquino, para alcanzar su meta y el adecuado IMC. Todavía tierno en batallas.

Hubo un instante de duda, en los dos, eterna duda: ¿por dónde tirar?, ¿seguir por donde voy?, ¿tomar otro camino?, ¿enfrentarme?

Los 88 eran mucho peso; aunque no echao palante, muy preparado e inteligente, con experiencia dialéctica y buen encajador. Con apoyos conocidos. No era un adversario fácil.

Los 52 eran poco peso, pero valiente y audaz, de músculo trabajado y dialéctica ensayada, correoso, de inciertos apoyos. Un adversario aún desconocido.

Hubo forcejeo, algún golpe bajo, ni una palabra de proximidad.

Tras el físico debate, a empujones en el callejón, vieron que habían pasado al otro lado y podían continuar su camino. Tampoco era cuestión de llamar más la atención; había quejas desde alguna ventana.

Lo habían logrado. Ya estaba cada uno en la dirección que quería. Sin darse cuenta que, uno y otro, iban al lugar de donde el otro venía.  El mismo lugar de origen, el mismo final, diferentes caminos, una casa en común, criterios distintos que les llevaron no a defenderla, sino a repartírsela. Enfrentándose.

No fue cuestión de quién empezó primero; tampoco de quien pesaba más o menos. Porque la herencia es muy sabrosa para la que muchos fueron los llamados, pero pocos los elegidos. ¡Ay si su madre los viese!

Venían del mismo lugar y al mismo lugar iban, pero ni iban juntos ni se dejaban el paso libre. Un primer movimiento sin tener en cuenta el último.

Atrapados en el vórtice entraron en un callejón tan estrecho que uno de los dos tendría que ceder el paso. Se acabó el tiempo. Ninguno dispuesto al acuerdo.

Pasó el tiempo y aquel callejón fue tapiado. Ya no conduce a ninguna parte. Lo derribaron por obras y pusieron un cartel: ¡No pasarán!

Está en construcción un nuevo edificio. Con cimientos sobre arena. Si nadie para la obra el edificio se vendrá abajo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

26 octubre 2020