NO ME METAN MANO, CLAMAN LOS JUECES Rafael Dávila Álvarez

Los jueces se movilizan (no han podido elegir foto más fea). Los militares (retirados) se movilizan, ¿sólo en Francia?

Algo está pasando en el mundo, ¿en Europa?, ¿en el Vaticano? ¿En España? Nadie sabe nada, aunque todos saben que algo pasa. Llega el humo y el olor a podrido.

El Poder Judicial da la espalda ¿para que no le metan mano? Lo que significa que ha perdido su Poder y quiere recuperarlo.

La situación de gravedad en una nación se mide por su salud judicial. Muchas leyes, muchos juicios, colapso judicial y sobre todo judicialización de la política, son signos de una grave enfermedad.

«Tengas juicios y los ganes», dice el refrán ¡tan español! Por algo será y no precisamente por la simpatía de las puñetas. ¿Juzgará alguien al juez?

No juzgues y no serás juzgado.

Convertir el santuario de la justicia en un sujeto político al servicio del partido en el poder es la mayor infamia a la democracia, el primer paso para enmascarar la dictadura y al dictador.  Convertir el poder Judicial en Poder es otro mal paso y ahí está. No estaría de más cambiar el nombre de Montesquieu y empezar a llamarlo Servicio Judicial. Montesquieu quiso poner freno al poder ejecutivo, pero fue un error. Hay que inventar otra fórmula. La atracción del poder lo hace peligroso y los poderes tienden a ser Poder. Todos. Unos pasan de un lugar a otro como anfibios que viven en distintos medios.

Los éforos acabaron por ostentar en sus manos los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Paremia: Juez y parte.

Ahora aquí, mañana allí. ¿Hay justicia, microjusticia y macrojusticia?

Todos meten mano, por la espalda, en el bolsillo, en las conciencias, en la enseñanza sobre todo. Nunca hemos asistido en España a un estado de mala educación como el actual. Nuestros gobernantes y aspirantes dan ejemplo de ello, y son el legislativo y el ejecutivo, ¿qué espera el judicial?

Puede, y mucho, quien tiene poder y el resto busca una gorra y un pito a ver si así algo puede ordenar, aunque sea el aparcamiento o la cola del pan. Ordenar, mandar, juzgar, imponer, todo se conjuga en términos autoritarios y esto parece un estado totalitario. Desde el control de entrada al de salida. Todos mandan y nadie obedece.

Gana el peor educado, el que más levanta la voz, el que es más chulo y tiene más audiencia.

La televisión dicta sentencia. ¿A quién dicen que no metan mano? Estamos todos muy manoseados y aquí a todos nos meten mano y la mano.

Y en esto que llega Felipe González; sí, el que fue; y dice: «Cuando todo está mal, aparece ahí un tío y dice que todo está bien y que el futuro es cojonudo. Oiga, pero usted no está viviendo la realidad de sufrimiento que estoy viviendo»: ¿Pedro Sánchez? ¿Pablo Iglesias? Un tío o dos. Mejor ninguno.

Carga contra los políticos que por encima de todo quieren mantenerse en el poder.

El poder tiene muchos escenarios y uno de ellos es tener una pantalla y «poder» salir a que por tu cara bonita te escuchen. Los hay por todas las televisiones que aprovechan el grado de cultura de la audiencia para colocar su mensaje y llevarse una pasta.

No nos metan mano, clamamos todos. Déjenme solo.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

3 mayo 2021