MI ADMIRADO Y QUERIDO FRANCISCO IBÁÑEZ: UN ÁNGEL AL CIELO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Enterado de la muerte de Francisco Ibáñez no puedo dejar de anotar mi sentimiento, cariño y respeto para quien creo que ha hecho por la literatura española tanto o más que un premio Cervantes. Para mí es un «Nobel» español y lo digo con todas las consecuencias.

Francisco Ibáñez hizo literatura en mayúscula, hacía pensar, sonreír y reírte de ti mismo. Pero tenía algo mucho más profundo: era capaz de llevarte a un mundo donde todo es posible, el de la inocente ilusión, que significa que lo imposible se hace realidad. Que nadie muere en estas viñetas de la vida por muchos golpes que te den, por muchos errores que cometas, por tener al mundo en contra, es igual: en la viñeta siguiente renaces, eres el mismo y nada ha cambiado.

Todos llevamos dentro a Rompetechos, y a Pepe Gotera y Otilio, tenemos cerca al botones Sacarino y en cada esquina nos encontramos con Mortadelo y Filemón.

Hubo una saga de dibujantes de comics en España que han educado en la fantasía a muchos de nosotros. Gracias a ellos hemos aguantado muchas soledades con sus viñetas que alejaban los problemas que creíamos únicos y al menos había un rato para comprobar que no estabas solo. Que a todos les pasaban las mismas cosas o peores que a ti.

Cada viñeta de cualquiera de los personajes de D. Francisco Ibáñez era la cruda realidad diaria a la que el maestro se asomaba desde su profundo sentido del humor que no es otra cosa que la vida.

¿Pero tú quién te has creído que eres Filemón? ¿Y tu Mortadelo? No hace falta que veas más allá querido Rompetechos, tu mirada acierta y está muy cercana a lo virtual.

La vida de los humildes, de los sencillos de corazón, está en cada personaje del gran Ibáñez que desentrañó al hombre desde dentro para acercárnoslo sin trampa ni cartón: ahí estás tú; que no te esconda tu personaje. Todos interpretamos uno en esta viñeta que es la vida.

Vendrán otros, pero del mismo origen. Porque el mundo virtual que ahora pretenden descubrirnos ya lo adelantó una generación de dibujantes españoles entre los que destacó Francisco Ibáñez que hoy nos narra su relato desde el Cielo. O desde la nube.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

16 julio 2023

 

 

ZAPATERO Y SÁNCHEZ Rafael Dávila Álvarez

La guerra es la continuación de la política cuando cae en manos de incapacitados para el gobierno y negocios del Estado. Representan lo peor de cada familia.

Han conseguido enfrentar, de nuevo, a los españoles y cargarse de un plumazo (en principio fue un membrete que decía d´Ors) la Transición y cualquier vestigio de entendimiento. Ellos encabezan la III Guerra civil española. Les explico esto de la guerra de manera que puedan entenderlo y no haya malos entendidos, a mi manera claro. Estas guerras modernas atacan por dentro, penetran y se heredan.

Sin necesidad de recurrir a Sunzi o Clausewitz, sabemos que la guerra está en permanente evolución: la tecnología y el sentir de la gente. Para cada estado sentimental hay una guerra. Existió la de los caballeros y la otra, esa que unos se comían literalmente a los otros. Breda también, pero fue un gesto español histórico y nunca repetido. Al enemigo ni agua, aunque unas veces se publicite y otras no.

Lo malo de la dedocracia es que cualquier tonto puede ser presidente del gobierno y hasta general en jefe. Las democracias tienen que soportarlo, pero ponen sus límites los dedócratas y así se salva algo el demócrata y el banquero.

Cuando la guerra empezó a enfrentarse con el buenismo, introducido por los peligrosos analfabetos que cada mañana consultan al espejito mágico, que no leen a Platón ni a Mortadelo y Filemón, tuvo que adaptarse al nuevo eslogan de Sí se puede, de cuyo resultado se confirma que cualquier tonto hace relojes, hasta de sol.

Hemos entrado en una de las eras más penosas de la historia de España (y parte del extranjero) y como borregos sin pastor seguimos a los sofistas errantes mientras alguien con precisión matemática establece los planes que le conduzcan a la victoria de la forma más mediática, es decir más económica, y de mayor apariencia noble y humana, endiabladamente humana. Confusos: «hay que desorientar a los que dirigen al enemigo, extraviarlos y, si es posible, hacerles perder la razón», decía un Mao Tse Tung discípulo de Sunzi.

Sé que ni uno ni otro de los protagonistas entienden nada ni piensan en nada que no sea su imagen externa y vacía de contenido. Así siguen una pauta que se extiende en estos confundidos tiempos por el mundo más mundial y menos unido que hasta ahora hemos conocido.

Mires a donde mires solo la solidez de las ideas, buenas, malas o regulares, se extiende por Oriente mientras Occidente se pierde sin pensamiento y sin otra idea que no sea vivir en rebaño balando sin entenderse más que para alimentarse de pasto; gratis.

Ha regido durante siglos, una eternidad, el racionalismo o la mística como corrientes del pensamiento.

Hoy se impone otra más fuerte que se alza en España como pionera y descubridora: el «pensamiento Alicia», que bautizó Gustavo Bueno en la triste figura ya conocida por todos, junto al «pensamiento Narciso», el de Ovidio en la Metamorfosis, más conocido, por actual.

Es una corriente en sus dos caras o formas de expresión que difícilmente pueden superarse en un futuro, aunque uno ya está curado de espantos.

Por si hay alguna duda, voy a terminar como empezaba: Zapatero y Sánchez.

Si alguno no me entiende puede que esté ya en el camino acertado de la nueva corriente filosófica que mueve el mundo; al menos el de España: Alicia o Narciso.

Puro y duro enfrentamiento entre lobos con piel de oveja y aguijón de escorpión. Los otros somos eso: los otros.

Un enfrentamiento endiabladamente humano: la guerra. La continuación de la política cuando cae en manos de incapacitados para el gobierno y negocios del Estado

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

7 septiembre 2021