LOS CORDONES DEL EDECÁN DEL REY General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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Coronación de SM el Rey. El ayudante de campo a su lado

No se trata del título de una novela, que lo parece, ni de una película de Sissi Emperatriz. Me refiero a los militares que acompañan siempre al Rey en todos sus actos oficiales. Se les distingue con facilidad por sus cordones dorados en el pecho y su proximidad al monarca. Son los ayudantes de campo o edecanes.

Tener edecán es exclusivo de los generales o almirantes con origen en el  servicio en campaña en una época en la que esa era la usual actividad de los ejércitos. Con el tiempo esa figura se ha institucionalizado y acompaña siempre al general o almirante. A pesar de ello actualmente vemos al ministro de defensa acompañado de un ayudante de campo, cosa que algún adulador se inventó, y que no tiene consistencia ni razón militar alguna (llegaron incluso a llevar en los cordones el mismo signo distintivo que los del Rey).

La más alta categoría entre los ayudantes de campo la tienen los de SM. el Rey. Actualmente son nueve (4 del Ejército de Tierra, 2 de la Armada, 2 del Ejército del Aire, 1 de la Guardia Civil). El jefe del Cuarto Militar también lleva los cordones y es el primer ayudante del Rey. Está previsto que SAR. la princesa de Asturias tenga sus propios ayudantes de campo como en su día los tuvo Don Felipe.

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Tres generaciones y el ayudante de campo siempre a su lado

El poder de un ayudante es mucho y hay que andarse con cuidado con ellos. Son la sombra de su general del que conocen sus reacciones y hasta más íntimos detalles. Un mejor o peor comentario de un ayudante te puede beneficiar o costar caro.

-Mi general ¿vio que mal formaba la guardia?

-Mi general, he oído decir…

También ellos están sometidos a permanente riesgo. Es conocida la historia del que de uniforme tuvo que hacer autostop. Iba en el coche al lado de su general cuando se quedó dormido con tal mala fortuna que su cabeza acabó reposando en su hombro. El general no se lo pensó dos veces.

Mandó parar el coche; el ayudante se despertó dando un respingo mientras oía la voz de su jefe que le ordenaba bajarse del vehículo. Obedeció ipso facto y con gran asombro vio como el vehículo arrancaba dejándole abandonado en aquella solitaria carretera castellana. Era un mes de julio después del almuerzo.

Todavía recuerdo la faena del ayudante del Rey cuando en un acto militar en Barcelona (era la época en la que todavía se celebraban actos militares públicos en la querida capital catalana) perdió la gorra del monarca. La prenda de cabeza del Rey es un objeto muy deseado y no era aquella la primera vez que desaparecía. Luego pasaba a adornar alguna vitrina o sala de banderas. Por ello el ayudante debe guardarla con celo y sumo cuidado para evitar que en un despiste suceda lo peor. El caso es que llegaba la hora de la despedida y la gorra no aparecía. El Rey tuvo que despedirse sin realizar el saludo militar. El ayudante se quedó en tierra buscando la prenda de cabeza. No apareció, pero su celo y pundonor hizo que encargase una en la sastrería habitual del Rey. Cuando estuvo hecha se la entregó con gran alborozo.

-Majestad, al fin apareció su gorra.

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Los cordones del ayudante del Rey

El Rey la miró con detalle, se la puso y no lo dudó ni un minuto.

-Esta no es mi gorra.

El ayudante creo que la guarda en casa como uno de sus recuerdos más queridos.

El distintivo del edecán es un cordón dorado que en su recorrido forma dos ramales, rematadas las caídas por clavos metálicos. No todos los cordones son iguales y, aunque es mínima su diferencia, llevan un detalle característico que indica la categoría de la autoridad a cuyo servicio están. Hay que fijarse en el centro de las caídas. Los ayudantes de S. M. el Rey llevan un nudo de cordón de tres vueltas; los de la princesa de Asturias: un nudo de cordón con dos vueltas; los del ministro de Defensa: cinco entorchados; los ayudantes de los oficiales generales: cuatro, tres, dos o un entorchado, en correspondencia al empleo del oficial general. Los entorchados se labran en esferas doradas brillantes.

Causa extrañeza que los cordones de los edecanes del Rey y de la princesa de Asturias sean los más sencillos y lleven un simple nudo. La historia y origen de este detalle procede del reinado de Alfonso XIII. Uno de los ayudantes hizo la consulta al Rey.

-Señor, los ayudantes de los generales llevan unas bolas doradas en los cordones, una, dos o tres, dependiendo de que sean ayudantes de general de brigada, división o teniente general. Vuestra Majestad está por encima de ellos y no sabemos que poner en nuestros cordones de ayudante ¿cuatro bolas doradas? De inmediato salió a relucir el ingenio del Rey. Lo que parecía una broma se hizo reglamentario.

-Haceros un nudo.

Dicho y hecho.

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No me ha dejado

Cordones llevan también los agregados militares, alumnos de las academias militares, los gastadores, y en su día los llevaron los oficiales y suboficiales de la escala de complemento (IPS posteriormente IMEC). No llevan lógicamente bolas distintivas (esferas en el argot oficial) ya que no son ayudantes, tampoco nudo que en resumen parece lo más apropiado. Ser ayudante es estar ‹‹unido a›› o actuar ‹‹en nombre de››, lo que significa enorme responsabilidad y proximidad. Nada lo representa mejor que un nudo; mucho mejor que las cinco bolas que llevan los cordones de los ayudantes de nuestros ministros de defensa. Que por esferas o bolas doradas no quede. He tenido el honor de ser ayudante de campo de SM. el rey Don Juan Carlos. El nudo del cordón distintivo siempre me recordó al lema de Sevilla: ‹‹no me ha dejado››. La madeja es para mí un signo de fidelidad. La que caracteriza a un ayudante de campo del Rey.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

7 marzo 2017

REFLEXIONES SOBRE LOS ESTUDIOS DE LA ACADEMIA GENERAL MILITAR EN SU ANIVERSARIO General de Brigada (R.) Adolfo Coloma Contreras

1-sm-el-rey-preside-los-actos-conmemorativos-de-la-fundacion-de-la-agmPues sí, damas y caballeros, con una entrada que llevaba por título “Armas y cuerpos funden nuestro emblema. El espíritu de la General” iniciaba un servidor sus andanzas en este querido blog hace precisamente hoy dos años. Dos años junto a tres prestigiosos y prestigiados soldados compartiendo con Vds., con todo el que haya querido acercarse a estas páginas virtuales, la defensa de la unidad de España y los valores que aportan a la sociedad las Fuerzas Armadas, contribuyendo a nuestra manera a difundir esa cultura de defensa tan necesaria desde que se suspendió el Servicio Militar.

Pero no es ese el tema del día, no. Ni tampoco el número de visitas al blog que se va aproximando al millón y medio. La noticia es precisamente el CXXXV aniversario de la fundación de la Academia General Militar, por el General Galvis en su primera época, el XC aniversario por el General Franco en la segunda,  y el LXXV por el General Hidalgo de Cisneros en la época actual. Y sobre todo, lo que se enseña entre los muros del “solar zaragozano” y en sus campos de maniobras.

Cuando alguien me recuerda lo que ha cambiado la enseñanza militar en todos estos años, yo suelo responder  –“tanto como ha cambiado la sociedad en ese tiempo”– así de simple, aunque no siempre así de sencillo. Fíjense. Hace unos años, la presentación en la Academia, tras haber superado el ingreso por oposición, se hacía de uniforme, sin 2-la-entrega-de-sables instrucción previa, en la mayoría de los casos. Sin que nadie te hubiera enseñado ni la forma de dirigirte a un superior, ni siquiera a rendir el saludo militar. Pero junto a la notificación del ingreso en la academia, te enviaban un añorado “Prontuario del Cadete”. Nada especial, era simplemente un condensado catálogo de normas sociales, de educación y de comportamiento cívico para ser tenidas en cuenta por el caballero cadete desde el momento en el que sentaba plaza. Venían a ser el modelo de la actuación que se espera no solo de un estudiante militar – universalmente conocido como cadete – sino las de un comportamiento ejemplar ante la sociedad de la que el militar forma parte, el modelo para un caballero al que hoy, con el correr de los años, no habría más que añadir el de una dama, en el caso de las féminas.

Pero aquel prontuario no era más que el principio. La formación empezaba al traspasar los muros de entrada. Ciertamente el núcleo central de los estudios que se cursaban en la Academia, eran conocimientos técnicos militares sobre organización militar, táctica y técnica de las armas, funcionamiento de los diferentes sistemas de armas y medios mecánicos que utilizaban nuestro ejército, electrónica, balística, etc. Pero además se completaba la formación con otras asignaturas del campo de las humanidades, como Derecho Penal Militar o Geografía e Historia orientadas al análisis de la toma de decisiones y el empleo de las diferentes armas y sistemas de combate. Sin descuidar la formacíon y endurecimiento físico, que incluía  prácticas como la equitación, que enseña entre otras cosas al joven cadete, cómo conseguir llevar al noble bruto por donde él quiere y superar juntos el temor, el miedo a lo imprevisto. Y todo ello aderezado con un fortalecimiento de los resortes íntimos: la educación moral y militar, suponían un compendio armónico de los conocimientos que debe poseer un militar que se va a poner al frente de un puñado de soldados para que, sin dejar de ser uno más, sea el líder de todos ellos.

3-practicando-el-trabajo-en-equipoNo nos engañemos. Antes como ahora, lo que a un cadete le gusta es lo militar. Punto. Para eso se hacen militares. Es la instrucción táctica, las marchas, el tiro, el deporte; todo lo que le acerque a su cometido más inmediato al dejar las academias, el mando de tropas, lo que le atrae poderosamente. Y las asignaturas militares, lo que persiguen no es hacer de nuestros futuros oficiales obsesivos o autómatas “gatillos flojos” como pretenden algunos juegos electrónicos tan en boga entre nuestros jóvenes. No pretendan tergiversar las cosas. En las sociedades avanzadas, regidas por Estados de Derecho, la legitimidad en el uso de la fuerza, de la violencia, la detenta el Estado a través de sus instituciones. El ejército es quizás la más antigua de ellas y tiene buen cuidado en enseñar a los suyos el uso de unas armas que tienen hoy un poder letal como jamás lo habían tenido. Que se pueden ver abocados a su empleo en escenarios en los que se mezcla la población civil con los militares, o incluso que el enemigo no se va a identificar como tal. Han de enseñar y se enseña ante todo la legitimidad del uso de esa descomunal fuerza y en todo caso, la racionalidad y proporcionalidad en la aplicación de la misma. No se trata pues de desmilitarizar la enseñanza militar, como alguien – con más peso que seso – ha pretendido argumentar y que quedará en una desafortunada anécdota.

Es compleja, muy compleja la formación de un oficial. Y en su formulación históricamente han intervenido varios factores. Unos son internos, derivados de las necesidades de responder a los conocimientos que se requieren para el manejo de sistemas de armas, comunicaciones, o procedimientos cada vez más sofisticados. Otros son externos, derivados de la orientación que, desde el nivel político se quiere imprimir en los futuros oficiales. Así se ha llegado al sistema actual que diseña una carrera para los oficiales en la que para la obtención del título se requiere la 4-centro-universitario-de-defensa-en-zaragozasuperación de un grado en Ingeniería de Organización Industrial, impartida por profesores militares y universitarios, pero bajo el dirección del Rector de la Universidad de Zaragoza, además de la superación del programa puramente militar que le permita obtener el despacho de Teniente del Cuerpo General de las Armas. Los cadetes del Cuerpo de Intendencia del Ejército y los de los Cuerpos Comunes de Defensa, como ya ingresan con los correspondientes estudios universitarios para la especialidad que van a ejercer, tienen una formación diferente.

Es cierto que con esta formulación, en la actualidad  los cadetes obtienen un título universitario. Pero también lo es que a esta situación se podría haber llegado por algún otro camino sin necesidad de supeditar la formación de los oficiales al criterio del rector de una universidad, simplemente por un procedimiento modular de construcción de créditos y su reconocimiento, tan en boga en nuestros días tras la aplicación del denominado Plan Bolonia.

Pero una vez más sostengo que la formación del oficial, puede sufrir los cambios que se estimen, internos o externos, y que los cadetes los soportarán, con paciencia y resignación. Pueden incluir en su itinerario asignaturas como Acotados, sombras y perspectivas, bailes de salón o resistencia de materiales. Puede que les exijan saltar el plinto o montar a caballo. Les gustarán más, menos, o aborrecerán alguna de esas asignaturas. A todos nos ha pasado. Pero lo que no me cabe ninguna duda es que cualquier plan de estudio que se les ponga por delante ha de contribuir a un fin esencial: Enseñar a un futuro oficial como cumplir su misión con el mínimo de bajas. En otras palabras, cómo alcanzar el objetivo que se le asigne en cada puesto, en cada momento, tras un estudio racional de los elementos que intervienen en su consecución y con el menor quebranto para su equipo, o para su unidad, con una inquebrantable voluntad de vencer. La misión, por encima de todo.

Eso junto con una convivencia en común de todas las Armas y Cuerpos, en un momento vital de los hombres y mujeres que han decidido abrazar el oficio de las armas desde la perspectiva de oficial, es lo que entraña “el espíritu de la General”, concepto o sentimiento que abarca mucho más que este o aquel plan de estudios y se sintetiza en esa memorable estrofa del himno de la academia General Militar:

Armas y cuerpos funden nuestro emblema

en unión y hermandad sin igual.

Y unida siempre luchará hasta el fin

por España la Academia General5-la-xxix-promocion-celebra-el-aniversario

 

Adolfo Coloma

General de Brigada (R) del ET

Blog: generaldavila.com

21 febrero 2017