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ANTONIO DE JESÚS ULLED MERINO

Arquitecto superior. Escuela Técnica Superior de Arquitectura 1968-1975. Universidad politécnica de Madrid.
Experto en Planificación Urbana, en Edificación Asistencial y en Arquitectura y Reingeniería Sanitaria.
Ha sido Profesor titular por oposición libre de la Teoría del Dibujo en Instituto de Formación Profesional del Ministerio de Educación.
Autor de varios libros profesionales entre los que destacan:
-«MADRID: de la restauración singular de un edificio a la rehabilitación integral de la ciudad».
-«Algunos estudios integrales de restauración».
-«Recuperación histórica de edificios para usos turísticos. La experiencia española”.
Con una gran experiencia en el mundo de la arquitectura y empresa hoy se adentra en la gran preocupación que a cualquier español de bien preocupa y ocupa: la independencia de Cataluña.
De manera sencilla, vibrante, nos ofrece un relato que esperamos les llegue a emocionar como a nosotros. En este blog tenemos la norma de ser breves en los artículos, pero hemos hecho esta excepción porque estamos seguros que el cuento de don Antonio, por su intensidad, se les va a hacer muy breve. Lo van a sentir de principio a fin.
ABUELO ¿POR QUÉ LLORAS?
“El futuro no está escrito, porque sólo el pueblo puede escribirlo”
(Adolfo Suárez, 10 de octubre de 1976, Presentación del proyecto de la Ley de Reforma Política)
-Abuelo, ¿Por qué lloras?
-¡Qué cosas tienes Daniel! No estoy llorando, solo me lagrimean los ojos desde hace unos días.
-¡Venga ya, abuelo! Dime que te pasa.
-Ven aquí, Daniel. Siéntate un rato en silencio a mi lado y mira esta belleza que nos circunda.
Estaban sentados en la terraza sur de la casa que el abuelo había comprado cuando se jubiló y decidió apartarse lo más posible de ese mundo que ya no entendía ni le interesaba. Era su rincón preferido porque desde allí podía ver salir el sol por detrás del Peñón y ponerse tras las montañas que formaban una muralla de norte a sur de la cala, su cala.
Daniel se acomodó en la butaca cercana al abuelo mirando el cerco rojo que coronaba en ese momento el perfil montañosos que protegía ese rincón mediterráneo que su abuelo había descubierto un verano en uno de sus largos paseos, esos que aún gustaba hacer a pesar de su edad, sus rodillas, sus pies y otras limitaciones, que no eran pocas.
El chico sabía que cuando su abuelo le invitaba a sentarse a disfrutar de un momento de silencio realmente le esperaba una larga charla que por lo general le cautivaba y envolvía. A Daniel le gustaba estar con su abuelo.
-¿Sabes hijo? Hoy hace quince años que no hicimos lo que teníamos que haber hecho y que fue el inicio de lo que hoy somos aquí. Extranjeros en nuestra propia tierra.
Cuando compré esta casa vivíamos –con eso quiero decir todos los españoles salvo unos pocos, muy pocos- orgullosos de lo que habíamos conseguido, y te aseguro que teníamos razones para estarlo.
Mi generación nació muchos años después de la guerra civil que desagarró a los españoles y vivió toda su juventud bajo el férreo control de los diversos gobiernos del General Francisco Franco. De eso ya hemos hablado otras veces. Aunque esos gobiernos fueron abriendo la mano y tolerando una vida más próxima a lo que se vivía en el exterior todos sabían que al fallecimiento del General era necesario encontrar una salida pacífica que nos permitiera incorporarnos a todas las organizaciones occidentales dejando atrás definitivamente ese cruel enfrentamiento entre hermanos. Pero no era tarea fácil, nada fácil y todos teníamos miedo y preocupación.
Sin embargo, la inteligencia del General o de sus consejeros o de todos ellos les hizo negociar con el heredero natural de la Corona Española, Don Juan, su abdicación en su hijo Don Juan Carlos e inventarse una forma de gobierno que diera continuidad al existente al fallecimiento del General. Y así fue como comenzó lo que hemos llamado La Transición, con la generosa renuncia de un gran hombre a sus derechos.
Fuimos capaces todos los españoles, al ver ese generoso acto y conducidos por unos hombres excepcionales, de sacrificar algunos de nuestros ideales e ideas para lograr ponernos de acuerdo y recrear de nuevo España. Unos habíamos corrido delante de los grises –recuerda que ya te conté una vez que llamábamos así a los policías nacionales por el color de su uniforme- perseguidos por asistir a manifestaciones legales –todas lo eran-, otros habían estado en la cárcel o perseguidos por pertenecer al partido comunista u otras organizaciones ilegales –todas lo eran- y otros eran franquistas convencidos conformes con el Régimen.
Pues todos conseguimos ponernos de acuerdo y escribir una nueva Constitución que nos sirviera de paraguas a todo el espectro de colores que era nuestra patria España.
-¿Y los franquistas aceptaron eso?
-Sí. Y realmente se ha hablado siempre poco de ellos pero en realidad fueron, por obligación o convicción, los más generosos pues, dicho de forma gráfica, se hicieron el “harakiri” cuando en la última sesión de Las Cortes franquistas votaron su disolución y abrieron el camino a las primeras elecciones democráticas de España después de 40 años de …, déjame que lo llame así, dictadura.
-Pero, entonces, ¿qué pasó?
-No nos dimos cuenta. Fuimos generosos pero también cobardes ante la idea del fantasma de la guerra civil y el enfrentamiento.
-No entiendo, abuelo. ¿Tuvisteis miedo de los franquistas?
-No nos dieron miedo los franquistas aunque hubo unos meses de acciones violentas en las calles por parte de grupos de ultraderecha. Quisimos que las partes de España más beligerantes, Cataluña y País Vasco, no se opusieran y se plegaran a la Constitución y les concedimos mucho más de lo que debíamos haberles dado. En la propia Constitución sembramos sin intención las semillas de la discordia.
Luego, durante decenas de años, todos los partidos centralistas, tanto de izquierdas como de derechas, por conveniencia política y de estabilidad de su propio gobierno y mera supervivencia personal de sus líderes, no pararon de hacer más concesiones a esas dos autonomías, cediendo vergonzosamente el control de las llaves de la puerta principal.
-Quieres decir que no supieron gobernar sin ceder … -el abuelo se anticipó sin dejarle terminar.
-Se les dio el control de la cultura, de la educación, la sanidad, la justicia, la policía, la seguridad … Todo o casi todo, pero querían más.
-Y ¿Por qué lo permitisteis?, ¿Por qué el pueblo lo permitió?
-No se lo permitimos. Fue mucho peor. Se lo concedimos los españoles con nuestra pasividad y aborregamiento de una sociedad acostumbrada al bienestar social a la que le aterraba perder sus privilegios. Nos dejamos engañar por el gobierno central de derechas, por la oposición de izquierdas y por la perversa y astuta trama que los separatistas catalanes habían urdido durante muchos años.
La derecha y su barbado líder quiso usar, y lo hizo hasta el final de su gobierno y su vida política, un talante caballeroso y repitió hasta la saciedad que todo lo tenía controlado su gobierno, que no habría división de la unidad de España y que responderían siempre a las amenazas separatistas con proporcionalidad y conforme a la ley. ¡Menuda estupidez, hijo!
Y la izquierda quiso nadar y guardar la ropa en los diversos territorios de España con lo que su discurso era siempre fragmentado y falso con lo que se inventaron un nuevo concepto. Para justificar que defendían la unidad de España al mismo tiempo que apoyaban a determinados partidos separatistas crearon el concepto de la plurinacionalidad española. Aún sigo intentando entender que demonios querían conseguir con esa majadería. ¡Qué pobreza de líderes en la izquierda! Sí, tienes razón, no me mires con esa cara de reproche. En la derecha tampoco florecieron lumbreras. Y así nos fue.
Mientras en ese juego de ambos extremos los nacionalistas forjaron acuerdos con grandes grupos de inversión, industriales y financieros, con el apoyo de un conocido magnate centro europeo sin patria y sin escrúpulos.
El gobierno de España y la oposición aseguraban que Cataluña saldría de la Unión Europea y que Naciones Unidas no la reconocería como nación si se declaraba independiente de forma unilateral –bonita manera de esconder la sedición en el discurso galante del gobierno- y la Generalitat respondía que eso era falso y entraba intencionadamente en la discusión cuando en realidad sus planes eran bien distintos.
Por eso reían los dirigentes catalanes separatistas cuando les acusaban de no ser realistas, de que Europa no les aceptaría, que se quedarían fuera del euro, que les iría muy mal, y bla, bla, bla.
Paró el abuelo un rato pues de repente le preocupó estar aburriendo a su nieto con estas historias que sucedieron cuando era un bebé. Le miró y sonriendo le hizo un gesto indicándole que le echara un poco de agua de la jarra. Bebió un largo trago y tras observar que Daniel seguía con atención la historia prosiguió.
-Tenían los muy canallas una hoja de ruta muy bien analizada y elaborada hasta el último detalle y escondieron sus cartas hasta el último instante, cuando ya era irremediable el cacareado y por ellos siempre pretendido choque de trenes. Y ya lo creo que chocaron.
-Sin embargo, abuelo, al final estamos bien ¿no?
-Si con eso quieres decir que nuestra familia, y en general la mayoría de los españoles –los que quedamos- tienen trabajo, llega a fin de mes, se puede ir de vacaciones como ahora tu mismo, e incluso puede permitirse algún que otro dispendio, que el paro en España –insisto lo que ha quedado de ella- y los otros tres o cuatro países ahora independientes y que se desgajaron uno tras otro de aquella, se ha igualado al de Europa y que la economía crece de forma razonable, te respondería que tienes razón, que estamos bien.
-¿Entonces?
-Tu, Daniel, como el 30% de los españoles hoy, has crecido en este periodo de cambio y lo que fue España te es muy lejano y lo sabes más por lo que yo te cuento que por lo que te enseñan en la escuela y dicen los libros de texto pues todos quieren ahora tapar la verdad y desean olvidar y que olvidemos la vergüenza de lo que sucedió y desde luego no quieren mancharse ni siquiera con el recuerdo. Pero como sabes porque me lo has oído decir muchas veces “Vox veritatis non tacet”. ¿Te acuerdas qué significa?
-¡Claro! –respondió orgulloso el chaval- La voz de la verdad no se esconde.
-¡Exacto! –dijo más orgulloso aún el abuelo- pero ellos lo ignoran.
Para mi, y estoy seguro que para tus padres, es muy penoso cada vez que venimos a esta casa que tengamos que hacerlo pasando dos fronteras, cambiar de moneda, de ese euro que dijeron los mentirosos que nunca perderían, a esta estúpida moneda que se inventaron ante lo inevitable, el doblón catalán, y los otros el florín valenciano o el impronunciable urrezko dolarea.
O el tener que entenderme en inglés con gente nacida en la tierra de mis abuelos, tus antepasados, porque les prohibieron la enseñanza del español.
O que todos los años se nos penalice por tener propiedades aquí sin aceptar su tonta nacionalidad y sin renunciar a ser de España.
O que nuestra bandera esté prohibida incluso para uso personal y dese luego no admitan que ondee en ningún mástil de instituciones o entidades.
O que …
Y cada vez que seguía relatando esos agravios se iba excitando hasta el punto de que Daniel se dio cuenta que esa tensión lo devoraba por dentro y armándose de valor le interrumpió.
-Abuelo, lo he entendido y comprendo tu enojo pero cálmate por favor.
Algo más calmado pero con evidentes signos de cansancio el abuelo continuó.
-Hemos destruido 500 años de historia y hemos hecho renacer reinos de taifas regidos por mediocres gobernantes a los que solo priva su poder y control de las tierras que han hecho suyas.
Hablo en plural, hijo mío, porque me siento tan responsable como esos necios del gobierno de 2017 y su oposición de pacotilla. Opuestos solo para echar al otro de sus sitio y ocupar su lugar. Poco les importaba o eran capaces de ver lo que se nos venía encima.
Suspiró largamente el anciano observando los grandes y bellos ojos de expresiva comprensión de su nieto, y tras exhalar completamente el aire de sus gastados pulmones le susurró si no se encontraba cansado de escuchar estas viejas cuitas que sucedieron al poco de su nacimiento.
-Para nada, abuelo. ¿Quieres que te traiga tu cafetito?
-Estaría bien. Dormir bien es de las pocas cosas que la vida no ha conseguido arrebatarme y ya sabes que aunque me tome café a esta hora –miró su reloj de cadena- al filo de la medianoche, diría que casi me ayuda a dormir, y si me lo acompañas con un chupito de …
-Ya se, ya se abuelo. Ahora vengo, pero no te me duermas.
Al quedarse solo intentó cerrar los ojos queriendo recordar esos turbios años que vinieron tras la declaración de independencia de Cataluña pero la belleza de los azules que la luna llena de septiembre pintaba en el cielo y en las tranquilas aguas del mar dejando en la sombra al Peñón que cobijaba bajo su manto de grises el pequeño puerto le ensimismó en los recuerdos de la primera vez que pasó con su esposa una noche en la casa recién adquirida.
Pasó unos minutos acariciando con la vista el ficus benjamina que su mujer trajo de la capital donde languidecía en un tiesto en el interior del salón y ahora, casi veinte años después, se había convertido en un bellísimo árbol rodeado en cortejo alegre por unas exuberantes buganvillas malvas, blancas y azules. ¡Qué tiempos! Se dijo cuando ya se acercaba su nieto con dos tazas de café y un chupito en una gran copa helada con su Courvoisier. Había tomado la costumbre de despedir cada día, que podía ser el último, aunque fuera tan tarde como esa noche con un sorbito frío de su coñac preferido. Creía recordar que lo tomo así por primera vez en su primer viaje a Moscú. Le ayudaba a dormir.
-Entonces, abuelo … -y dejó en suspenso la frase.
-Pues se nos fue todo de las manos. Los separatistas catalanes declararon la independencia después de tres acontecimientos económicos de primer orden y que tenían perfectamente preparados.
El financiero europeo que te mencioné al principio, que sin piedad presumía de haber derrocado gobiernos, haber hecho caer a monedas fuertes intocables y provocado terremotos financieros de efectos internacionales haciéndole aún más rico, pudo entonces ponerse otra medalla. Iba a conseguir destruir un pueblo de 500 años de historia y crear 3 o 4 países vecinos que por supuesto le rendirían pleitesía por la ayuda prestada – a alto interés por cierto.
Tres días antes, con gran montaje escenográfico y repercusión en medios, se confirmó que Barcelona sería la nueva sede europea de varios bancos internacionales de Asia, América e incluso de varios bancos suizos que nunca habían salido de su pequeña tierra.
Dos días antes y de igual manera se anunció que varias empresas de Silicon Valley iban a invertir auténticas fortunas en un nuevo complejo tecnológico donde se crearían institutos y universidades ligadas a la Pompeu Fabra.
Y un día antes el propio presidente de la Generalitat anunció que cuando Cataluña consiguiera ser independiente –calló lo que ya sabía pues la fecha estaba decidida- se convertiría en una república fuera de la Unión Europea, a la que renunciaría expresamente, con fuertes lazos e intereses compartidos con países como Andorra, Suiza e incluso probablemente el Reino Unido, convirtiéndose en un nuevo paraíso financiero.
A estos tres mazazos ni el gobierno de España del torpe PP ni la inculta zafiedad de los líderes de la oposición supieron reaccionar de modo que cuando el 27 de septiembre de 2017 se asomó Don Carles Puigdemont al balcón de la plaza de San Jaime y proclamó la nueva República de Cataluña todo estaba ya consumado pues los separatistas habían ocupado las calles, los mossos controlaban las principales instituciones catalanas y la algarabía de señeras y cánticos era tan abrumadora que los españolistas en Cataluña quedaron desconcertados, más aún ante la inoperancia de la continua verborrea del gobierno quedándose una gran mayoría en vergonzoso silencio acobardados por ese avasallamiento justificándose que podía ser que las nuevas medidas económicas recientes serían buenas para todos.
Me duele recordarlo Daniel. Pero esa vergüenza nos acompañará siempre.
En el resto de España por supuesto hubo muchas más reacciones pero la continua línea de discurso legal del gobierno paraba absurdamente la lógica indignación de los españoles que veían como les quitaban algo que también era suyo.
Cuatro generales que habían comenzado años antes a oponerse a las tesis separatistas y habían sido acusados de golpistas por simplemente hacer una lectura cabal de la Constitución acaudillaron una defensa activa de la unidad de España dentro de la ley pero exigiendo a los ministros responsables y al presidente del gobierno que se dejaran de verborrea legalista y aplicaran las leyes actuando con rigor y contundencia. El purismo en que quería moverse Don Mariano Rajoy para demostrar que su gobierno defendía la unidad de España con la legalidad española y europea sin dejarse llevar por arrebatos le hizo cometer el gravísimo error de incluso detener por 24 horas a los citados generales lo que acabó por sembrar el desconcierto total y favorecer internacionalmente las tesis separatistas.
Se sucedieron días y semanas convulsos en los medios y en la calle, y la cada vez más evidente debilidad del gobierno fue finalmente interpretada por muchos países como síntoma de la posible razón que podía apoyar a los separatistas que en menos de un mes consiguieron que internacionalmente se les escuchara y en muchos caso se les apoyara.
A partir de ahí fue un ir cuesta abajo hacia el irreversible desmembramiento de España. Consolidada la separación de Cataluña, que los sucesivos gobiernos de España nunca reconocieron y hasta hoy siguen peleando en los tribunales internacionales (Estrasburgo, Naciones Unidas, etc.), otras autonomías no tardaron en seguir la misma senda y así el País Vasco, Andalucía, Galicia y recientemente los Países Valencianos -que hubieron de perder tiempo para librarse de la deseada unidad que los catalanes pregonaban- se fueron desgajando de nuestra vieja patria.
Por eso me viste llorar.
Lloro muchas noches en estas fechas de septiembre porque no fuimos capaces de reaccionar, porque no salimos a la calle a defender lo nuestro, pero sobre todo lloro, y me duele decirlo, por soberbia. Sí, hijo, porque me encorajina no haber descubierto la gran mentira que usó el separatismo ocultándonos la estrategia económica y la cantidad de instituciones financieras que apoyaban la independencia de Cataluña. No vimos ese enemigo y por eso no supimos defendernos. Aún hoy no comprendo como no supe verlo yo que como tantas veces me has oído recomiendo siempre leer entre líneas y ver detrás del bosque. Pues no lo vi. No lo vimos y nos vencieron.
Y lloro porque me apena sentirme extranjero en esta tierra en la que ahora estamos los dos y que como te he dicho nacieron y murieron nuestros antepasados.
Lloro por la impotencia de lo irreversible.
El abuelo se calló cansado recostándose en los mullidos almohadones de su butacón de mimbre valenciano cerrando los ojos para dulcemente dormirse tras sentir como Daniel le cubría tiernamente con su manta.
Unas horas después la voz de su hija le rescató poco a poco de un sueño agitado que le hizo despertar agarrándose con fuerza a los brazos de su butaca mientras abría lentamente los ojos comprobando que ya no estaba en la terraza del sur sino en el mirador del salón. Desconcertado miró a su hija que le decía
-Papá, papá, vaya sueñecito que te has echado. ¿Así me cuidas a tu nietecito Daniel?
Miró el abuelo a su lado y vio en la cuna durmiendo plácidamente boca abajo al pequeño y se sonrió mientras le besaba en la cabecita y le decía ante la perplejidad de su hija
-Daniel, eso no pasará. ¡Aún estamos a tiempo!
Antonio de Jesús Ulled Merino
Blog: generaldavila.com