HOY ESCRIBE CON NOSOTROS
JOSEP MARÍA OLLER SALA
Josep M. Oller, es Catedrático de Estadística de la Universitat de Barcelona desde 1993. Su principal interés, y donde ha realizado algunas aportaciones, es el fundamento de los métodos estadísticos, especialmente el uso de la geometría informativa y su incidencia en Análisis de Datos y Estadística Matemática, pues permite el desarrollo de técnicas de inferencia con buenas propiedades teóricas. Desde hace unos años pertenece al Observatorio Electoral de Cataluña, grupo inserto en Societat Civil Catalana, cuyo principal objetivo es aportar elementos estadísticos que ayuden a interpretar la realidad Catalana a la luz de datos de interés socio-político, principalmente datos de origen electoral y de encuestas oficiales.
En estos momentos sus aportación al blog exige un enorme reconocimiento. Muchas gracias Josep y esperamos seguir contando con su opinión limpia, cierta, mesurada y amparada en los datos que siempre acompañan a la verdad. Estado, Soberanía, Democracia son palabras gastadas que Josep María recupera con el talante de un verdadero demócrata, con la inteligencia y el sentido común que tanto se echa de menos. Gracias amigo Josep y deseamos que consideres este blog como tu casa. Tenemos la oportunidad de acceder a datos que reflejan la verdad sin manipulación de ningún tipo, algo que resulta clave para entender el engaño al que nos someten a diario. Ahora la palabra es tuya
Reflexiones sobre Cataluña
Agradezco la oportunidad que me ha brindado el general Dávila para escribir un artículo en su blog.
Desde hace unos años es conocido el aumento de las reivindicaciones separatistas que se dan en la sociedad catalana. Estas reivindicaciones han polarizado la política autonómica al menos los cinco últimos años, aunque sus orígenes son bastante más lejanos, dando lugar a lo que llaman el ‘procés’, conjunto de acciones políticas para tratar de implementar la independencia. Dos temas han destacado: por un lado las multitudinarias reivindicaciones independentistas que se han ido desarrollando durante los últimos años cada 11 de septiembre organizadas por la ANC y por otro lado, la petición de hacer un referéndum de independencia vinculante, espoleados por el caso escocés.
Mucho se ha escrito en la prensa sobre estos temas, algunos artículos brillantes, firmados por ilustres especialistas. Me limitaré a remarcar algunos aspectos correspondientes a las manifestaciones convocadas durante el 11 de septiembre de los últimos cinco años, basado en un punto de vista algo técnico, sobre el número de manifestantes y posteriormente trataré de dar una impresión más personal, desde un perfil de ‘’hombre de la calle’’ de la situación generada en Cataluña.
Aunque el debate del detalle sobre la cifra exacta de manifestantes no es muy relevante, sí lo es poder discriminar su orden de magnitud. No es lo mismo 1000M que 500M, 250M, 100M o 50M personas. En cualquier caso la crítica evita sostener cantidades fantasiosas y permite valorar la tendencia de la manifestación del citado fenómeno en el tiempo.
A través de redes sociales un grupo de varias personas en 2013 me propusieron trabajar en un informe que evaluara la gente que participó en la Vía Catalana 2013 (cadena humana que se formó a lo largo de toda Cataluña, organizada por la ANC, quien publicó fotos de la misma: 107.000 fotos). A partir del trabajo de estas personas, que quisieron permanecer en el anonimato y que contaron todas las personas que aparecían en las fotos, elaboré un informe que establecía, con razonable fiabilidad, que el número de personas presentes en dicha Vía Catalana no excedía los ochocientos mil participantes (800M), menores incluidos: del orden de un 16% aproximadamente. Con toda probabilidad esta es la movilización mayor de los últimos cinco años.
El siguiente año, 2014 (la ‘V’), se hizo un trabajo preliminar de contaje basado en muchas fotos, pero no se elaboró un informe detallado, en gran parte por la dificultad de analizar las fotos disponibles. Sin embargo un estudio preliminar, esta vez constituida ya la SCC (Sociedad Civil Catalana), basado en la longitud del circuito donde se desplegaba la manifestación, y en el contaje de individuos en las zonas más densas, permitía afirmar que la movilización no había excedido los 700M, probablemente menos.
En 2015 (Concentración en la Meridiana), SCC y en colaboración con el profesor Albert Satorra de la UPF, tuvimos la suerte de estar auxiliados por un recuento automático de asistentes a través del ordenador, proporcionando imágenes de la concentración al CRCV (Center for Research in Computer Vision) de la Universidad Central de Florida. La cifra estimada fue de unos 530M asistentes, si bien había un margen de error importante (95M) debido a las limitaciones de calidad de las imágenes del video.
En la Diada de 2016 (Barcelona, Lleida, Tarragona, Salt y Berga) hubo cinco manifestaciones simultáneas. Entre las cinco se estimó la asistencia en 292M (la manifestación de Barcelona fue también contada, además, mediante recuento automático de imágenes por el CRCV).
La experiencia en el recuento de manifestantes proporcionada en estos últimos años, validada por el análisis automático de imágenes, nos permite afirmar que siempre se ha exagerado mucho el número de asistentes en cualquier manifestación. A través de imágenes de institutos cartográficos o a través de Google Earth hoy en día es fácil tener una idea bastante precisa de la superficie ocupada por una manifestación. Ahora bien, la estimación de forma precisa de la densidad no es fácil si no se usan recuentos automáticos por ordenador, pero con toda seguridad las densidades de una manifestación son más bajas de lo que suele suponerse. En un ascensor lleno podemos tener densidades del orden de 4,5 personas/m2. Incluso en una manifestación, puntualmente en una región no muy amplia, puede llegar a dicha cifra, pero en una región amplia, con esta densidad, se producirían avalanchas. En las manifestaciones muy densas se suelen dar densidades entre 2 y 3 personas/m2 y en las menos densas menos de 1 persona/m2. El efecto de la visión en perspectiva engaña fácilmente. En algunos casos en que disponíamos de fotos nítidas y referencias de longitud, hemos podido hacer contajes de densidades verificando estas cifras.
En el presente año, 2017, en un informe provisional, la cifra se ha estimado en unos 220M. Si en un futuro conseguimos mejores fotos podremos precisar la estimación.
Por tanto, cuando se oyen comentaristas políticos que hablan de un millón de asistentes, hemos de saber que no dan una información veraz. En Barcelona nunca ha habido 1000M manifestantes en la calle (por ningún tema, por justo que fuera). Tampoco en ninguna Diada. Mucha gente, lamentablemente, desde mi punto de vista: tanto esfuerzo e ilusión sería digno de mejor causa, pero, en números redondos, inferior a 250M.
Ayudemos pues a aterrizar. No es esencial la cifra exacta pero situemos las cifras en su justa medida: desde 800M en 2013 hasta 250M aproximadamente en 2017 y destaquemos que la magnitud de las manifestaciones se ha reducido aproximadamente a una tercera parte de su valor máximo en 2013.
Es cierto que estas manifestaciones revelan un problema que hay que tratar de resolver, pero sería desenfocarlo, tanto el gobierno central como el autonómico, si no se tuvieran en cuenta las anteriores observaciones. Cabe añadir también que, durante estos años, si bien el número se ha reducido, los manifestantes son más claramente independentistas.
Paso a comentar a continuación el fenómeno que estamos padeciendo desde hace varios años en Cataluña. Empiezo constando el carácter eminentemente emocional que domina a muchas personas que se manifiestan independentistas, lo que hace que sea difícil entrar en un debate racional. La gestación de este fenómeno no es independiente del hecho que casi todos ellos se informan a través de los mismos canales: la televisión y radio pública autonómica que, desde hace años, primero de forma más sutil, actualmente de forma más grosera, actúa como correa de transmisión de los argumentos independentistas. Después están las redes sociales, el boca a boca, los respetos humanos… creando un clima que, en algunos ambientes, es visto como un bicho raro quien disiente. En realidad, los argumentos han ido entrando poco a poco, tergiversando hechos y motivaciones, para que algunos se adhirieran a unos supuestos, por ingenuidad o ambigüedad interesada, sin percibir claramente el juego que suponía. Con frecuencia mal con apariencia de bien.
Cabe añadir también que en Cataluña hay dos segmentos poblacionales muy diferenciados: el segmento cuya lengua habitual es el catalán y el segmento cuya lengua habitual es el castellano y que tienen un comportamiento radicalmente distinto sobre este tema. Incluyo un gráfico representativo: 
También es instructiva la siguiente gráfica, elaborada con el profesor Albert Satorra de la UPF, donde se aprecia el papel de los medios de comunicación. Cada rectángulo representa un segmento poblacional. Su área es proporcional al porcentaje de dicho segmento en la población.
Cada grupo corresponde a una combinación de los valores que toman las variables a, b y c. Así, por ejemplo, el grupo G3 corresponde a los individuos con a=0, b=1 y c=0 i.e.
aquellos que no tienen catalán como lengua materna, ven informativos en TV3 pero no los escuchan en Cataluña Radio, mientras que el grupo G8 corresponde a los individuos con a=1, b=1 y c=1 i.e. aquellos que tienen catalán como lengua materna, ven informativos en TV3 y los escuchan en Cataluña Radio.
Es momento de buscar soluciones. El carácter eminentemente emocional del problema hace que se exageren o evalúen de forma incorrecta las acciones del gobierno. Por ejemplo, la última acción del gobierno a mediados de Septiembre algunos la han vivido como un atentado a la libertad de expresión: nada más lejos de la realidad. Otra cosa es que haya problemas de comunicación y que, además, ciertos canales funciones con medias verdades o mentiras. Hay que buscar cómo plantear un discurso que, de disponer los medios adecuados para transmitirlo, llegue a muchas de estas personas y no sea rechazado de entrada.
Es solo una idea pero me parece que sería bueno plantear la batalla en profundizar y presentar con un aire nuevo tres palabras, quizás ya gastadas, evitando otras que fácilmente puedan generar divisiones. Para mí las palabras son Estado, Soberanía y Democracia. Sé que las distintas ideologías políticas (derecha/izquierda) tendrán puntos de vista no coincidentes sobre lo que voy a exponer, pero tal vez en primera aproximación puedan aceptarlo.
Contrariamente a lo que algunos, muy a la derecha o muy a la izquierda, puedan pensar, para mí la palabra Estado evoca sentimientos positivos. Delimita un área donde los individuos pueden ejercer la solidaridad entre sí. Pensemos en un jubilado, un enfermo atendido por la Seguridad Social, un accidentado atendido por la Guardia Civil, un escolar alfabetizado, un parado con subsidio y buscando trabajo en el INEM… todo ello es posible gracias al Estado, estado cuya estabilidad se apoya también, en último término, en sus FFAA.
Es verdad que para alguien con muchos recursos económicos puede parecerle que puede ir a tal o cual hospital, incluso al extranjero, para tratar de curar una enfermedad grave, pero lo cierto es que, para la mayoría, la Seguridad Social es su tabla de salvación. Todos hemos pasado por situaciones semejantes, en carne propia o en familiares próximos. Ya sabemos que algunas personas que trabajan para el Estado, o algunos políticos de turno, cometen errores y a veces fraudes. Todo esto es mejorable, pero no quita que gracias al Estado disfrutamos de una calidad de vida mejor, especialmente quienes menos recursos tienen. Todo esto se mantiene gracias a los impuestos que todos contribuimos a pagar de nuestro bolsillo. Todo es mejorable. La forma de regular los impuestos puede discutirse si esta o aquella, pero es claro el gran papel social que juegan los impuestos y la falta de ética que supone el escaqueo de las obligaciones fiscales.
Los impuestos pueden ser vividos como una expresión de la solidaridad entre los ciudadanos correspondientes a un Estado. Aquí entramos ahora en el concepto de Soberanía. Observemos que en los Estados regidos por una Constitución (votada mayoritariamente) ésta determina la soberanía. Es evidente que los individuos correspondientes a un Estado son dependientes entre sí, en la medida que participan del proceso de solidaridad antes mencionado. En un Estado como el nuestro se permite que haya partidos que pretendan fraccionar la soberanía correspondiente al conjunto de los ciudadanos de todo el Estado. Que explique bien quien tenga esto como su objetivo político. Que explique que desea limitar nuestra solidaridad solo a unos cuantos. Es difícil desde una óptica de quien se preocupe por el bienestar de las personas, que este proyecto sea atractivo e ilusionante.
Finalmente tenemos la palabra Democracia, usada por todos y entendida por pocos. Se trata de que los ciudadanos puedan participar en lo público. Su opinión cuente. Claro que a veces hay que recurrir a votaciones, pero votar y elegir la opción mayoritaria es sólo una forma simple de resolver conflictos de intereses. La democracia es algo más. En cualquier caso, aunque no profundicemos, cuando hablan de “derecho a decidir” (concepto mal construido, pero buen producto de márketing político) la respuesta puede ser: en todo y todos. Especialmente todos. Juntos vivimos, juntos decidimos, se dijo en el Congreso a resultas del plan Ibarretxe. Hay que hacer ver que la soberanía no es algo que puedas presuponer para unos cuantos: la soberanía es de todos; cambiarla supone hacer algo que afecta (negativamente además) a muchas otras personas: el jubilado de Ciudad Real, el enfermo de Soria, el accidentado en Murcia, el parado de Valladolid o de Hospitalet del Llobregat… (no vaya a pensarse que la secesión de un territorio es un juego de suma cero: es un juego de suma negativa: todos perdemos) cuando dicen “dret a decidir” automáticamente, de forma inconsciente muchos, presuponen que “su colectivo” es ya soberano: han escamoteado el debate de fondo, que mostraría insolidaridad, y difícilmente sería visto como atractivo para los jóvenes y los no tan jóvenes.
Es por todo ello que un proyecto de fragmentación de la soberanía, salvo en casos límite de explotación, no es ilusionante: al contrario, aun siguiendo cauces legales. Lo contrario: la ampliación de la soberanía sí puede ser estimulante, si se efectúa con garantías: que ganen derechos civiles los ciudadanos de los estados fusionados. A largo plazo, tenemos un proyecto que puede ilusionar: la construcción de la Unión Europea.
Creo que este discurso podría ayudar, evitando palabras conflictivas que para un nacionalista ocasionen discrepancias directas con el consabido cierre en banda y reafirmación de sus posiciones. Urge también pensar en el canal de comunicación más adecuado.
Josep María Oller Sala (Catedrático de Estadística de la Universitat de Barcelona)
Blog: generaldavila.com