¿España indefensa?: ¿Por quién doblan las campanas? Manuel Castro Zotano. General retirado

Por si éramos pocos parió la abuela. A todos los males que el actual Gobierno nos está trayendo y que tienen que ver con la posibilidad de Trocear España, convertir el Estado democrático en una autocracia y menoscabar los derechos y libertades de todos los españoles, se une otro que complica aún más el horizonte político: la amenaza de una guerra de Rusia con la OTAN, que puede ser devastadora si se emplean armas atómicas. Putin, un autentico “perturbador continental” según la geopolítica (“un místico, un fanático o un terrorista sin escrúpulos capaz de realizar las mayores atrocidades en nombre de la idea de expansión que represente”), amenaza con ello públicamente sin ambages. Las reacciones no se han hecho esperar. El presidente  de Francia Sr. Macrón, que considera “existencial” para Francia y  Europa occidental que Rusia no gane la guerra de Ucrania, afirmó en febrero que “no hay consenso sobre el envío de tropas terrestres, pero no se puede descartar nada”. En cambio, la OTAN, a través de su secretario general recalcó que “no había planes para enviar tropas a Ucrania”. En esa linea se han manifestado el canciller alemán Olaf Scholz, la Sra. Meloni, Presidenta del Consejo de Ministros de Italia, el Primer Ministro Británico, Sr. Sunakla, la embajadora de EEUU en la ONU y nuestra Ministra de Defensa. Como respuesta, Putin, lo tiene claro: “Estamos dispuestos a utilizar las armas, incluso cualquier arma (…) si se trata de la existencia del Estado ruso, de dañar nuestra soberanía”.

 

Todo este ruido son declaraciones de políticos o sea, ruido. ¿Estamos, realmente, tan cerca de una conflagración Rusia-OTAN de imprevisibles resultados? Vamos a tratar de aportar algunas ideas para podernos mover por este proceloso camino. Pero tengan en cuenta que esto es un artículo, no un Juicio de Inteligencia y, menos, una tesis,  se trata, simplemente, que cada lector saque sus propias conclusiones e investigue por su cuenta para formarse una opinión fundamentada.

 

Siguiendo un método inductivo, empezaremos por la Guerra Rusia-Ucrania para terminar con la posibilidad de guerra Rusia-OTAN. En cuanto a la primera, en dos años de guerra, tras la resistencia heroica de una pequeña nación (con la ayuda en material militar de occidente) frente a una gran potencia mundial, hay que decir que la ofensiva está en punto muerto, aunque evoluciona ligeramente a favor de Rusia. ¿Quién ganará esta guerra y cuándo? Desde mi punto de vista, ganará la guerra el que disponga de mayor capacidad de sostener las operaciones. Sin abrumarles con números, es obvio que Rusia tiene una mayor capacidad que Ucrania por su extraordinaria superioridad demográfica y en recursos militares de todo tipo. Algunos me dirán: pero Ucrania no está sola, tiene el apoyo de la OTAN en armamento, material y equipo. Desde que empezó la guerra se ha comprobado que hay dos recursos claves para el sostenimiento de las operaciones de Ucrania: el personal y la munición). Respecto al personal, la OTAN no va a intervenir con su personal para evitar una escalada peligrosa del conflicto y Ucrania tiene una sangría constante de bajas de combate que cada día le es mas difícil de reponer. Sus últimos intentos de movilizar recursos humanos de ucranianos fuera del país ha sido un fracaso y las llegadas de extranjeros para combatir son irrelevantes. En cambio Rusia, con una sangría mayor, en poco tiempo ha movilizado 300.000 hombres. En cuanto a la munición, el tema es mas complejo y, seguramente, sorprenderá a mucha gente. Los dos tipos de munición que más necesita reponer Ucrania son los misiles (anticarro y antiaéreos portátiles) y, fundamentalmente, los proyectiles de artillería de campaña de 155 mm. En el primer año de guerra, Ucrania consumió toda la reserva de este tipo de proyectiles de artillería y un tercio del de misiles portátiles de los países de la OTAN, incluido EEUU. A esto se une que sigue consumiendo munición de esos tipos a un ritmo superior (el doble) que el que se fabrican. Aunque se están reforzando las medidas para aumentar la producción tanto en EEUU como en los países UE, esto no es de un día para otro, por lo menos se necesitan de uno a dos años para implementarlo. Por ahora, se están comprando en los países miembros de la OTAN, insuficiente a todas luces. A este problema se une otro mas terrible: la financiación. Hasta ahora el gran peso de la ayuda militar lo soportaba EEUU (75.000 millones de $) pero, en estos momentos, ha suspendido todas las ayudas importantes previstas (60.000 millones de $) por la negativa republicana. No cabe duda que alguien tiene que pagar la factura si se quiere seguir manteniendo la ilusión de ganarle a Rusia en Ucrania y ese alguien no es otro que los países miembros de la UE y Noruega. ¿Estarían los países europeos dispuestos a tales gastos por mucho tiempo?, creo que no, por las restricciones económicas que tendrían que introducir en sus respectivos países y el costo político que supone y todo por una guerra lejana que no la sienten como “existencial”. Esto se traducirá en disensiones internas en la UE que terminarán por querer imponer a Ucrania una solución de paz negociada con Rusia, en que abandone sus actuales lineas rojas territoriales.  En mi opinión, Rusia, que se ve cada día mas ganador, tampoco accedería. Con el paso del tiempo, la paz negociada se transformará en una rendición condicional y mas tarde en una rendición incondicional.

 

            La cuestión de la financiación de la OTAN es un tema relevante. EEUU, que tiene una política de defensa global, no solo actúa en el marco de la OTAN, sino que contempla otros escenarios, alguno de ellos prioritario para sus intereses, como el del pacífico, donde tiene una gran despliegue militar muy costoso. Ha pedido, reiteradamente, a sus aliados de Europa repetidamente que aumenten sus capacidades militares, sin mucho éxito. El anterior Presidente, Sr. Trump, ha venido a decir, con su lenguaje chulesco, que muchos países de Europa “chupan seguridad” de EEUU y no pagan la factura. Amenazando con retirarles la defensa colectiva al que no alcance los estándares que marca la OTAN en materia de capacidades militares para cada uno de sus países y, muy relacionado con esto, en materia de financiación. Todo ello, lleva a dedicar una partida importante de los presupuestos (en principio, el 2%) para que se alcancen esos estándares. Hay que tener en cuenta que no se puede jugar con bonitos informes o presentaciones brillantes. Si se dice que aportamos, por ejemplo una División Mecanizada, tiene que disponerse de esta Gran Unidad al completo de sus efectivos, armamento, material y equipo, así como las reservas de guerra correspondientes a los días de combate que nos marquen. Esto llevará consigo una inversión superior al tan traído y llevado 2%. a esto habrá que unirle los gastos derivados de la capacidad de generar fuerzas creíbles en el país para una guerra prolongada (movilización, instrucción de la población, reservas de guerra, etc).

 

Con todo lo que llevo apuntando, vamos a dar el salto a la posibilidad de una confrontación de Rusia con la OTAN. Putín, que puede ser un psicópata, pero no tonto. Se ha dado cuenta que el poder militar convencional ruso, después de lo de Ucrania, no es el que le habían contado los lametones que le rodeaban (normal en todas las dictaduras) y sabe que, por medios convencionales, es muy difícil batir a la OTAN en Europa, porque la primera línea de defensa europea la constituyen un bloque de países que todavía están dispuestos a defender su país (cosa que no sucede en la retaguardia. Vergonzosamente, los españoles que lucharían su país, en la última encuesta Gallup, se cifra en el 29% y los que, directamente dicen que no, mas del 40%). Como reduzco al mínimo la posibilidad del uso del arma atómica, supongo que su actuación después de la guerra de Ucrania, será la rectificación del frente con la ocupación de Moldavia y la posibilidad de un corredor entre la OBLAST de Kaliningrando y Bielorusia. El resto será una presión política y militar para cercar la OTAN (Europa, el Caucaso, oriente medio, el Sahel, y posteriormente, el Magreb, e Iberoamérica), debilitar el apoyo de EEUU al pilar europeo de la Alianza, desunir a los países de Europa y penetrarlos (nosotros como somos siempre los campeones en el despropósito, ya tenemos algunos que han ofrecido su país -Cataluña- a Putin, a cambio de la independencia de España).

 

En estos momentos tan decisivos para mi Patria y mi civilización lamento tener ochenta años y no poder servirla en la trinchera como he hecho toda mi vida anterior. Pero, no les quepa la menor duda, que los que son de mi ralea no nos entregaremos sin resistencia (por decirlo civilizadamente).

 

Manuel Castro Zotano

General retirado

 

 

ESPAÑA. PUNTO DE SITUACIÓN, POR EL General Dávila (R.)

Coartada en Gaza La guerra de verdad tendrá lugar cuando Irán use su armamento nuclear para aniquilar a los «corruptos» saudíes. Gabriel Albiac (publicado en El Debate)

Reproducimos el artículo de Gabriel Albiac publicado ayer en el periódico El Debate. Después de leer, ver y escuchar a cientos de analistas militares y políticos nadie da respuesta ni alcanza el fondo de lo que ocurre en Oriente Próximo. Al fin encontramos a alguien que desvela lo oculto tras tanta miseria humana. Ha tenido que ser el filósofo, el conocedor de los adentros del alma, quien deje al descubierto la trama que allí se enrosca

Viene el maestro Albiac señalándonos repetidamente donde está el mal. Lo hace con el desprendimiento que proporciona la sabiduría. Mientras, nosotros seguimos discutiendo entre buenos y malos, abriendo las puertas al vendaval que viene. Una vez que la vara se ha convertido en serpiente no hay marcha atrás; no vuelve a ser vara. Serpiente engendradora. El huevo está puesto.

Recordando a Borges, seguimos jugando a no ser ciegos, compramos todo lo que nos venden como bueno y abrimos la puerta a quien no llama, sino que penetra.

Solo hay que esperar: la Yihad.

 

EL QUE CUENTA LAS SÍLABASGABRIEL ALBIAC
 
Publicado en El Debate el 15 abril 2024 

Coartada en Gaza

La guerra de verdad tendrá lugar cuando Irán use su armamento nuclear para aniquilar a los «corruptos» saudíes

Gaza no sucede en Gaza. Sucede en Teherán. O, más bien, en Qom, la ciudad santa en la que sumos sacerdotes chiíes deciden el destino del islam en el mundo. Gaza pone sólo los cadáveres: propios como ajenos. Pero los cadáveres, en una guerra de religión, carecen de relevancia. No hay precio humano que no esté dispuesto a pagar aquel que tiene la certeza de ser fiel a un dictado deífico: exterminar a los infieles. Sacrificando, también, a cuantos fieles den lustre a la ceremonia santa. No hay injusticia en ello: el premio en huríes, que está reservado a los mártires, supera de lejos el desagrado de morir aquí.
Gaza ha sido, desde el inicio, una operación diversiva. Desde un inicio que se remonta a muchos años antes de que la sangre del 7 de octubre corriera. Sobre un territorio por completo improductivo, Irán ha venido desplegando una estrategia de largo plazo, cuyo éxito medimos ahora. La franja es una de las zonas más pobres del planeta y más sobrepobladas. Una vez depurada –y, en buena parte, asesinada– por Hamás la «modernizante» OLP, el islamismo ha implantado sobre el territorio una regresión social que convierte a su población en masa parasitaria, cuya supervivencia pende sólo de las ayudas externas: ya vengan de Arabia y los emiratos, ya de Irán, ya de los estúpidos países europeos que financian a la Unrwa (España, por ejemplo). Durante todos esos años, la ayuda humanitaria y el material militar han ido siendo entregados a Hamás en impune amalgama que todo el mundo conocía. Y, en esa amalgama, la intemporal distinción entre sunnitas y chiíes se ha ido desdibujando. Y, al final, por primera vez en siglos, los clérigos chiitas de Qom han asentado, gracias a Gaza, una hegemonía moral absoluta.
¿Qué rentabilidad tenía lanzar, el 7 de octubre, a una masa guerrillera –pero también civil, y es esa la clave de su éxito– a la mayor matanza de judíos desarmados desde los años del nazismo? Para los gazatíes, ninguna. La operación era garantía inequívoca de forzar a Israel a entrar, a sangre y fuego, en el territorio en donde permanecían secuestrados cientos de ciudadanos –y de cadáveres– israelíes. La mortandad que venía de camino era inexorable. Hubiera bastado liberar a esos secuestrados, entregar esos cadáveres, para atenuar el apocalipsis. No se hizo. ¿A quién interesaba que no se hiciera? No a los gazatíes, desde luego, que sabían hasta qué punto forzar una ofensiva total del ejército israelí era abrir una contabilidad en muertos de decenas de miles.
Las reglas del arte militar, desde Sunzi, aconsejan dejar al enemigo una línea de repliegue, si no se quiere ir de cabeza a la matanza completa de los contendientes. Pero la decisión de cerrar todas las puertas de salida en Gaza la toma Irán. Y es una decisión, en lo militar, muy hábil. Fuerza a Israel a una guerra con costes humanos ilimitados. Como contrapartida, no va a ser Irán quien pague con sus propios muertos en la balanza: la experiencia de la guerra irano-iraquí, en 1980 y 1988, ha sido aprendida: más de un millón y medio de bajas. Otros se desangrarán esta vez. Y, en Gaza, la muerte masiva de una población náufraga del fervor religioso y la miseria será altamente rentable para sus inductores.
Y lo será en dos planos.
Pondrá a Israel ante la peor hipótesis de su historia. Porque, seamos serios, en Gaza la distinción entre Hamás y la población civil es, más que difusa, casi inexistente. Los puestos de mando militares llevan años siendo instalados en el interior de hospitales y escuelas; los rehenes israelíes fueron repartidos entre privadas familias de creyentes que juzgan un honor sagrado imponerles sufrimiento y, cuando llegue la hora, muerte. Liberarlos, en el caso de que sea posible, implicará –está implicando– un coste de vidas como jamás se ha visto en esa zona. Y se han visto en esa zona muchos horrores ya. La imagen internacional de Israel saldrá necesariamente herida.
Pero no es ni siquiera ése el gran triunfo de los ayatolás iraníes. Lo es, sobre todo, el vuelco que impone en las relaciones de hegemonía entre sunníes y chiíes. El Irán chiita posee hoy el ejército más preparado de todo el mundo islámico. Sólo Arabia Saudí y sus aliados sunníes pueden disputarle la hegemonía religiosa (y económica), llegada la hora de la gran Yihad que devuelva al Islam su esplendor perdido. Antes de que ese profético destino pueda ser afrontado e impuesto el universal califato, Irán habrá de liberar el territorio saudí, patria del Profeta, de sus corruptos usurpadores actuales. La cesura que abriera en el Islam la batalla de Kerbala en el año 680 será sellada. Y nada impedirá ya a los fieles alcanzar esa hegemonía mundial que el Misericordioso prometió a su pueblo.
Gaza es una coartada, una horrible llamada a la matanza propagandística. Israel es un objetivo táctico. Sólo táctico. La guerra de verdad tendrá lugar cuando Irán use su armamento nuclear para aniquilar a los «corruptos» saudíes. Y, con ellos, a sus aliados en el Golfo. La Yihad habrá empezado ese día.
16 abril 2024
Blog: generaldavila.com
Publicado con autorización del autor.

UNA PREGUNTA AL JEFE DE ESTADO MAYOR DE LA DEFENSA EN EL DÍA DE LAS FUERZAS ARMADAS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

El 25 de mayo será el acto central del Día de las Fuerzas Armadas 2024. Los Reyes presidirán el Homenaje a la Bandera, el acto de recuerdo a los muertos en defensa de la Patria y el desfile final, que cerrará la necesaria convivencia entre pueblo y ejército que cada año se centra en un lugar de España, en esta ocasión en el Principado de Asturias.

En los preparativos de este día todos hablan y explican lo que hacen y dejan de hacer las Fuerzas Armadas, unos con mayor conocimiento que otros. Entre los que mejor saben ese quehacer y misión principal está el Jefe de Estado Mayor de la Defensa JEMAD.

Alguien le ha debido preguntar por eso tan difícil de explicar en los tiempos actuales:

-¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas?

Sin duda que es complejo dar una contestación acorde con los titulares que a diario nos desayunamos. El JEMAD ha entrado al trapo.

<<Las Fuerzas Armadas sirven para que la sociedad viva en paz y tranquilidad>> ha dicho la máxima autoridad militar de los ejércitos.

Mi preocupación, solo eso, me lleva a meditar en voz alta y decirle:

-Lo siento Almirante, pero no entiendo nada.

Creo palpar que la sociedad vive de manera distinta y ninguna cercana a la paz y tranquilidad, ni esta sociedad, la nuestra, ni aquellas de otros.

Paz y tranquilidad: a la vista está.

Pero permítame que me centre más en su respuesta porque estamos metidos en un buen lío. Las cosas se crean por necesidad y, para evitar malos entendidos, se regla su funcionamiento a la vez que se concretan sus misiones en cada caso. Al paraguas no es necesario decirle que está para la lluvia, también para el sol en su caso, incluso un día sirvió para pescar angulas. No creo necesario explicar a nadie que un juez está para juzgar o un médico para curar, que el cura reza y que el sembrador siembra. Claro que a la hora de hablar del militar ¿qué decimos? ¿para hacer la guerra? ¿o la paz? ¿o es lo mismo? Está mal visto eso que hacemos a diario: la guerra.

Quiero explicarle cual es mi duda en estas cosas de la paz y la guerra, porque la confusión podría venir de la propia definición de nuestra misión (me refiero a la militar) y no solo a mí me alcanza. Alguien pensó en su día que el juez juzgaría, que el médico curaría, pero que el militar no militaría y que a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió y entonces dijo: pongamos la venda antes de la herida. Creo Almirante que me entiende, y de eso se trata. Porque si España va camino de dejar de serlo convendría que se explicase al personal (ese era el término usado por Azaña para referirse a los militares). Porque lo que hacen las Fuerzas Armadas, es decir su misión, puede ser una y otra, es decir la fundamental y otras diversas, incluso alguna ni eso. Y a la hora de ver su prelación e importancia habrá que irse a la Ley y en este caso que tratamos dice, que conviene repetir, que <<…tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional>>. Pues a ver cómo se garantiza eso, ¿con la guerra? Porque al ser fuerza armada lo suyo son las armas, como al cirujano es el bisturí o al juez el Código.

Si, que ya lo sé. Que políticamente todo es posible y que los ejércitos no deben meterse en política y que hay que hacer o deshacer, que hoy es la España del 98 y luego salta a la del 31, incluso a la del 78 dándose una Ley que dice lo que dice. ¿Ve Almirante como es necesario explicar las cosas? La Historia conviene explicarla sin ley, sino como ha sido. Para la paz y la tranquilidad. Pues eso le quería decir. Hay mucho personal que no está tranquilo y al ser esto así se pregunta si las Fuerzas Armadas llegado el caso de materializarse su intranquilidad estarían para lo que están o para otra cosa. O sea que mañana van los de la mayoría de la casa que protegen los leones (de bronce) y dicen que cierran España por derribo y son avalados por un Constitucional que responde al -¿Quién manda en la fiscalía? Y todo se acabó, incluida la misión de las Fuerzas Armadas que se quedan el Sahel o en Turquía.

Usted Almirante no diga nada, no es necesario que me responda, pero lo de la paz y la tranquilidad me ha intranquilizado.

Ya sabe:

-El Sahara. Marruecos. El Sahel. Ceuta. Melilla. Canarias. Gibraltar… ¡Vaya!, mira por donde ahora están negociando la base militar de Gibraltar, su aeropuerto, sus túneles, su armamento ¿nuclear?, sus piratas en sus aguas, sus mentiras sobre la economía de la zona, su contrabando, pero de lo militar nada. Cuando eso es lo verdaderamente importante: una Base Militar Británica en suelo español. ¿Pero no éramos aliados? Ese no es un tema que nos preocupe, que exista una colonia (base militar extranjera) en tierra española. O lo más grave: que no representemos nada ni nada seamos militarmente en esa angostura del Estrecho. Ni en parte alguna.

En resumen que eso de la integridad territorial, de la soberanía y no sé cuantas cosas más lo han colado en la Constitución por eso de rellenar Títulos, pero que en definitiva para fuerzas armadas las británicas y cosas así.

Paz y tranquilidad para que Gibraltar sea eso, Ceuta y Melilla ya veremos, y…

Nada más fácil que acabar con esa integridad territorial que brindar en bandeja su desintegración, con la cabeza de España sangrante y caliente a los que ahora mandan en lo que queda de España.  Cataluña, País Vasco, Gibraltar, Ceuta, Melilla… cositas así.

Tranquilidad ninguna, ¿paz? Según como se mire.

No conteste, por favor.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

15 abril 2024

 

HOY ES 14 DE ABRIL. LA REPÚBLICA QUE VUELVE Del Libro: Guerra civil en el norte. General Dávila (R.)

 

¿DÓNDE VAS ALFONSO XIII?

El 14 de abril de 1931 el Rey se marcha, abandona el ejercicio de sus funciones para evitar un supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre.

No había razón alguna; nadie había depositado en las urnas la forma política del Estado. Solo eran unas elecciones municipales que el Rey ni perdía ni ganaba; él no entraba en juego. Nunca se sometió a referéndum la forma política del Estado. De unas elecciones municipales surgió la República.

Alfonso XIII se quedó solo.

¿Dónde están mis leales? No están aquellos Cadetes de Infantería a los que con tanta frecuencia visitaba en Toledo, en el campamento de la academia militar, los Alijares. Fresco el recuerdo de aquella tienda de campaña en la que durmió el Rey un día ya lejano mientras resonaban en sus oídos las palabras que su Director dirigía a los Caballeros Cadetes: «Conservad en vuestros corazones estos sentimientos de admiración, cariño y adhesión a nuestro Rey, que ellos serán la guía de nuestro proceder en todos momentos [sic], hasta en los más peligrosos de nuestra gloriosa carrera. Dedicad todas vuestras energías, vuestra vida entera, a su gloria, que es la de la Patria» […]. «Recordad en todo momento que las páginas más gloriosas de nuestra historia las ha escrito la Infantería con la punta de sus bayonetas».

Otros Cadetes, los de la Academia General Militar estaban más lejos: en Academia General Militar de Zaragoza. Su Director, el general de Brigada Francisco Franco Bahamonde, había propuesto que la General, como se la conocía, se ubicase en El Escorial. Entonces las cosas podían haber sido distintas: «Si hubiésemos estado en El Escorial acaso habrían podido cambiar algunas cosas. A mí me hubiese sido fácil presentarme el 12 o el 14 de abril de 1931 en Madrid, al frente de los cadetes, e influir, quizá, sobre las circunstancias que determinaron la expatriación de Alfonso XIII» (Franco. Manuel Aznar).

Ya antes, muy pocos meses antes, el 12 de diciembre de 1930 el general Franco había plantado cara al golpe de Estado republicano, un servicio de guerra, al tomar posiciones con sus cadetes en Zaragoza sobre la carretera de Francia para detener a la columna del capitán Fermín Galán, laureado de la Legión, sublevado en Jaca por la República.

El desorden e improvisación de la columna de Galán hizo que no pasase de Huesca. Detenida y anulada. Los capitanes Galán y García Hernández fusilados.

Era el pronunciamiento militar vanguardia del Comité Revolucionario que pretendía que los militares fuesen por delante, asegurarse la fuerza. Casares Quiroga, que iba camino de la revolución del capitán —dicen que a detenerla—, se quedó dormido en el hotel de Jaca. Al despertarse ya se había sublevado Galán que avanzaba hacia Huesca. ¡En nombre del Gobierno Provisional Revolucionario!

A partir de ese momento nadie estaba tranquilo. Se había inaugurado una etapa de permanente violencia y desconfianza política y social. Después del fracaso militar y revolucionario, inventaron la escusa de las urnas. Unas elecciones de falsa interpretación y amañados resultados.

Al fin, como consecuencia de sucios pactos y manejos, sin razones legales en que sustentarse, llega a España la República, porque el Rey se va. Dicen que para evitar un derramamiento de sangre; nadie dijo lo de supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre que, al final, ya sin rey, se produjo. No era el rey el problema.

El 14 de abril Alfonso XIII tiene que abandonar España.

Son las hijas de un general y marqués, Gonzalo Queipo de Llano, las primeras en subirse a una camioneta y recorrer las calles de Madrid al grito de viva la República: «en alguno de esos camiones, roncas de gritar y sinceramente convencidas de la gloria de la jornada, iban mis hijas» (Queipo de Llano en Mis almuerzos con gente importante. José María Pemán, Dopesa 1970).

Mientras se le acaba el tiempo, el rey tiene aún lucidez para una breve meditación. Aquella dictadura. ¿Para qué? No era eso, no era eso. Esto no acabará aquí. Si se queda: ¿habrá guerra? ¿Si se va?

¿Dónde vas Alfonso XIII? Ya no hay vuelta atrás. Que se las arreglen ellos.

La Guardia Civil se inhibe por orden del general Sanjurjo, José Sanjurjo Sacanell, dos veces laureado, su Director. El repentino republicano, marqués del Rif, recuerda sus cuentas pendientes con el que ya es solo don Alfonso: el Toisón de Oro que no le han dado, que si su mujer no es del gusto real, ¿por qué no le ha nombrado gentilhombre, con acceso directo al despacho real?

Esos días abrileños de repúblicas, el general Sanjurjo se convierte en protagonista. Le gusta ser importante. Lo es. África y alguna cosa más le han dado fama y honores que a veces no se corresponden con su inteligencia. El ministro de Estado Alejandro Lerroux le pide que asegure el orden. El general exige para él plenos poderes sobre el Ejército, las Fuerzas de Seguridad y la policía. Lo quiere todo y lo obtiene. (Madrid Julio 1936, pág. 191, en cita al libro de TG. Emilio Esteban-Infantes: General Sanjurjo (Un laureado en el penal del Dueso. Maximiano García Venero).

Sobre el marqués del Rif va a recaer el peso de la bienvenida a la República. La República necesitaba para colarse en España el aval de un general, a pesar de Azaña y muy a su pesar: «…accedió sin resistencia a prestar a la República, que reconoció, el primero e inestimable concurso de la Guardia Civil de la que era director general. Siguió al frente de ese Instituto, pero muy pronto inicióse una antipatía que le hizo incompatible con Azaña, el cual no se cansaba de manifestar la molestia sentida ante la pretensión de que la República tuviese un patrono o protector y con entorchados» (Mis Memorias. Niceto Alcalá Zamora. Colección Espejo de España).

Antes de que el rey se vaya definitivamente, un último intento lleva a Romanones a proponer su abdicación y establecer una regencia de la que fuese titular el Infante D. Carlos de Borbón Dos-Sicilias que había sido Capitán General de Sevilla, y en esos momentos Inspector del Ejército. Persona muy considerada, de enorme prestigio entre civiles y militares. Una quimera. Ya era tarde para el apellido Borbón en España. No había vuelta atrás.

Desde el 12 de abril de 1931 la calle no deja de gritar. Por ahora solo eso: gritos.

Berenguer ministro de la Guerra rubrica el final de la escena. Escribe a los capitanes generales la noche del mismo día 12 y les da la orden definitiva: «…que los destinos de la Patria siguieran el curso que les impone la voluntad nacional». Está claro: no hay que contar con el Ejército, que nadie mueva un pelotón. Lo que diga Sanjurjo. Nada que hacer. Dejar correr la calle.

El Rey no tiene donde apoyarse. Dice que no quiere derramamiento de sangre.

¿Y si resiste? «Dios sabe lo que hubiese ocurrido si Su Majestad resiste; tal vez se hubiese salvado el trono» (Franco. MC. FFSA. Pág. 491).

Es el final de la Monarquía: «Quiero apartarme de cuanto sea lanzar unos compatriotas contra otros en fratricida guerra civil… Suspendo deliberadamente el ejercicio del poder real y me aparto de España».

Se acabó el Reino de España, que ahora es la República española. Rumbo a Cartagena.

La guerra que vino no fue como consecuencia de la marcha del Rey sino por los que en un ruin pacto (Pacto de San Sebastián) traicionaron el curso de la historia y amañaron a su gusto unas elecciones para montar su República que no supieron encauzar ni dirigir. Ni la monarquía, ni la República eran culpables. Solo la incompetencia de unos dirigentes demasiado complacientes; con su escasa sabiduría gobernante se llevaron por delante la monarquía y detrás de ella la república. Habrá que admitir la consabida frase: «La República la trajeron los monárquicos y, después, la perdieron los republicanos».

DE CARTAGENA A MARSELLA. EL DESTIERRO

Jesús Juan Garcés, Oficial de la marina de guerra, licenciado en Derecho y perteneciente al Cuerpo Jurídico de la Armada, nos dio la oportunidad de conocer en detalle cómo fueron aquellas últimas horas de la monarquía y el viaje de Don Alfonso al destierro. Lo hace a través del relato del Almirante José Rivera y Álvarez de Canero, ministro de Marina en aquellos momentos, y que acompañó al Rey en su viaje hasta Marsella. Lo publicó en La Gaceta Ilustrada n. º 444 de 10 abril 1965.

Tentado he estado en honor a la brevedad y espacio literario resumir este importante testimonio, pero no me he atrevido a cambiar ni una coma de lo escrito por el almirante, documento oficial depositado en el Museo Naval.

Es un relato exacto no solo del viaje, sino del ambiente oscuro de aquellos momentos en el que se traslucen las relaciones del Rey con el ministro de Marina y los que le acompañan, entre el deber y el sentimiento, que nos permiten deducir lo que ocurría por muchos corazones de tantos militares y españoles. Descripción breve, declaración militar del servicio prestado, en la que el almirante no puede evitar traslucir la frialdad del viaje al exilio.

«Manuscrito 1.306: “El domingo 12 de abril fueron las elecciones municipales y el lunes 13 conocí por el Ministro de la Gobernación, que me habló por teléfono, el desastroso resultado de las mismas. Hablé también con Aznar (Capitán General de la Armada, Presidente del Consejo de Ministros) y me dijo que a las cuatro tendríamos Consejo. Nos reunimos a esa hora y tomó la palabra Romanones, quien desde luego opinó que la única solución era que el Rey se marchase y desde luego que el Gobierno debía presentar la dimisión y aconsejar lo ya dicho. Pensé que esto era ya cosa conocida por el Rey, dadas sus relaciones íntimas con Romanones, ya que este era quien llevaba la política del gobierno y más aún porque ya traía una cuartilla escrita con su opinión.

Aunque la cosa era muy fuerte, todos comprendimos que no había otra solución, pues ni el Rey quería seguir ni el Ministro de la Guerra contaba con el Ejército, según expresó claramente repetidas veces. Cierva fue el único que opinó enérgica y decididamente en contra. Yo me limité a repetir lo que había dicho en la primera reunión de Gobierno: Que mi papel era sostener la disciplina de la Marina, pero veía claramente que sin contar con el Ejército y la Guardia Civil, y siendo la voluntad del Rey no batallar, era inútil todo esfuerzo. En vista de esta larga y penosa discusión, el Presidente fue a dar cuenta al Rey y presentar la dimisión del Gobierno, que continuaría en su puesto hasta la resolución definitiva.

El día 14 recibí aviso telefónico de que a las 12 estuviera en Palacio, y poco más tarde me llamó el Almirante Aznar y convinimos en alistar un Crucero. Supuse para lo que era y di las órdenes al Almirante de la Escuadra. A las 12 estaba en Palacio y allí me enteré de que el Rey estaba conferenciando con García Prieto y Romanones y quería oír a todos los ministros. El cariz de Palacio era alarmante, pero la poca gente que había en la Cámara aún conservaba esperanzas; salieron los arriba mencionados y entramos Berenguer, Maura y yo. Tomó la palabra el Rey y expresó su resolución de ausentarse de España en vista de las circunstancias, pues aunque no le faltaba valor para jugarse la vida y estaba seguro de contar con fuerzas suficientes para resistir, no quería que por su causa se derramara sangre. Maura le dijo que le parecía bien su resolución y que no pasaría un mes sin que hubiera una reacción. Berenguer callaba e insinuaba su desconfianza en el Ejército y yo dije que confiaba en la  actitud de la Marina y que no opinaba como Maura. Después entró La Cierva con otros dos ministros. No sé, pero me lo imagino, lo que el primero diría al Rey. Volví al ministerio y, después de comer, a mi despacho, donde recibí otro aviso de que a las cuatro y media había Consejo en Palacio. Ya se veía la revolución y en el edificio de correos ondeaba la bandera roja y por las ventanas los empleados asomaban banderitas. Fuimos a Palacio encontrando mucha animación en las calles de gente del pueblo.

Durante el Consejo se repitió lo de por la mañana. El Rey no vacilaba en su decisión de marcharse para evitar sangre, pero estaba tranquilo. Cierva insistió en su idea de probar a resistir y discutió con alguna viveza contra Berenguer, García Prieto y Romanones. Hubo el detalle de que entró el Ayudante de servicio y entregó a Romanones un escrito de Alcalá Zamora, al parecer conminatorio, pues era ya tarde y se acercaba lo noche. Al poco rato, y siendo inútil la discusión, nos levantamos y fuera del Consejo, ya junto a la ventana, el Rey hizo la exclamación:

—Esta casa en que nací y que quizá no volveré a ver…

La primera parte es seguro, la última algo parecida. Se habló de que Cartagena había ya preparado un Crucero y Hoyos se ofreció al Rey para acompañarle a dicho punto, pero todos dijeron que el  ministro de  la Gobernación no debía ausentarse, y Romanones dijo que fuera yo quien le acompañase, a lo que me presté, desde luego. Durante el Consejo se había convenido que el Gobierno continuaría hasta las diez de la mañana del día 15, en el que el Presidente haría entrega a Alcalá Zamora.

Quedo con el Rey en recogerlo a las 9 y yo le llevaría en mi coche de uniforme. El Rey se despidió y abrazó a los demás y los Ministros nos reunimos para nada, pues ya no había nada que hacer. Yo me marché pues eran las siete y media y tenía que preparar mi viaje. Ya me costó llegar al ministerio y tuve que hacerlo por las calles extraviadas y aún por estas había gente y gran animación, viéndose muchas banderitas republicanas. Llegué al ministerio y conversé con el Jefe de Estado Mayor, Almirante Cervera. A quien entregué mis papeles y le dije advirtiera al Capitán General de Cartagena  mi salida para aquella plaza con el Rey y que tuviera abierta la puerta  del arsenal y todo dispuesto para embarcarse inmediatamente en el Crucero que estaría listo. También mandé alistar otro Crucero que no hizo falta. Al poco de entrar en el ministerio recibí  otro aviso de Palacio para que fuera a las ocho y media en vez de a las nueve, lo cual era difícil por detalles de preparación inexcusables y entre ellos porque el coche no estaba convenientemente preparado y el chófer de confianza, Requeijo, que conocía muy bien el camino y coche, se había marchado a la calle. Por fin llegó el chófer y pude salir minutos después de las ocho y media, después de abarrotar de gasolina para no tener necesidad de parar hasta Albacete, Ya estaba Madrid intransitable por las calles del centro y me fui por Génova, que tardé bastante en pasar por las aglomeraciones de gente, coches y carros con mujeres con trajes fantásticos y promoviendo gran algazara. Salí del atasco y tomé por las Rondas, donde tampoco faltaba animación, y por fin llegué a Palacio, al que atraqué a la puerta del Príncipe que estaba imponente y dejé allí el coche con mi Ayudante, atravesando yo a pie aquella multitud que me dejó pasar a pesar de ir de uniforme. Llegué al ascensor y no había nadie. Subí la escalera y salí a la galería donde solo había un alabardero a la entrada del primer pasillo. Entré en la saleta y allí me esperaba el Ayudante Moreu, con orden de conducirme a las habitaciones particulares de la familia Real, que yo desconocía, y me dijo que el Rey me esperaba con impaciencia.

Acompañado de Moreu pasé a un salón donde de pie y rodeada de varias señoras estaba la Reina, a quién saludé, así como a los Infantes Don Jaime y Don Gonzalo. Entramos en un pasillo y a poco encontré al Rey con sombrero puesto y me dijo:

—Vamos, don José.

Me puse a su lado, y al salir de nuevo a otro salón grande, apareció rápidamente multitud de servidores que cariñosamente le rodearon y dijeron que volviese pronto, al propio tiempo que le daban vivas. Acompañaba también al Rey el Jefe de la Casa Militar y Ayudantes de servicio y otras personas de Palacio.

Bajamos en un ascensor y en él dije algunas palabras al Rey que estaba con la preocupación natural, a las que no me contestó. Bajamos por una escalera oscura y salimos afuera por la puerta secreta del Campo del Moro. Como no me habían dicho nada y mi auto quedaba en la del Príncipe, lo mandé a buscar por medio de Moreu, y a poco estuvo allí. El Rey me dijo que él iría delante con el Infante Don Alfonso y que fuese yo con el Duque de Miranda detrás. Venía también mi Ayudante Feros. La oscuridad era grande y allí no había más que autos y un montón de gentes que inoportunamente daban vivas al Rey. A eso de las 9 salimos. El rey delante, yo detrás y después no sé en qué coche irían, pues, como digo, la oscuridad era grande. Salimos de Madrid sin novedad y yo creo que sin ser advertidos, y ya, camino de Aranjuez, nos enteramos, al menos yo, de que nos escoltaba un coche de la Guardia Civil, con un Sargento y cuatro guardias. Pasamos por Aranjuez y otros pueblos, en todos los cuales había mucha gente en la calle principal (la carretera) y en todos chillaba la gente, pero sin hacer otras demostraciones. Algo debían saber, pues siendo día de trabajo y a horas desusadas, es raro que estuviesen en la calle y en tan gran número. La primera parada la hicimos en pleno campo y pasado Aranjuez. Bajamos todos y nos reunimos con el Rey, Miranda y yo, también el Infante, que nunca se separaba de él. El Rey me dijo

— ¿Quién me ha empaquetado a mí para Cartagena? ¿Tú?

Y yo le contesté que sí, que el Gobierno.

— ¿A dónde vamos después?

—Ya se lo diré a S.M. y al oído: Marsella.

Pude observar que venían en la expedición tres ayudantes del Rey, Uzquiano, Alonso y Gallarza, vestidos de paisano, y, quizás otras personas que en la oscuridad de la noche no pude distinguir. A los pocos momentos volvimos a los coches y continuamos el camino como antes a  gran velocidad, y continuó el mismo espectáculo al pasar por los pueblos. A eso de las 12 hicimos otra parada y vinieron a decirme que el Rey iba a cenar, y como la noche estaba fría, ni Miranda ni yo bajamos del coche (ninguno de los dos había cenado, ni cenamos aquella noche).

Volvimos a parar por tercera vez y el Rey me dijo que procurara no pasar por las calles de Albacete y que fuese yo delante, pues él no conocía bien el camino. Así lo hicimos, aunque del todo no era posible, pero como era ya la una de la madrugada, no había nadie en las calles que atravesábamos. Volvimos a parar a eso de las dos para dar gasolina al auto del Rey.

Al llegar a Murcia tampoco encontramos gente en las calles, pero dio la casualidad de que al llegar al paso a nivel de la línea férrea, lo cerraron por estar un tren maniobrando. Estuvimos parados unos siete u ocho minutos y se acercaron a prudente distancia cinco hombres, que quedaron parados y observando, pero al poco rato saludaron quitándose los sombreros y lo volvieron a hacer al abrir el paso y continuar nuestro viaje. ¿Quiénes serían? ¿Policías, periodistas? No sé. De Murcia a Cartagena sin novedad y a más de cien kilómetro entramos por la calle Real, y al enfocar la puerta del Arsenal, la encontramos abierta como yo había ordenado, pero con numeroso público que, contenido por la guardia (pues no se le dejó entrar como deseaba), prorrumpió en gritos y vivas a la República. Entramos hasta el muelle de la Machina, donde encontramos a la marinería correctamente formada y me parece que armada, y un grupo grande de Jefes y Oficiales que rodeó al Rey. Me puse a su lado y pregunté por los generales, quienes llegaron al momento, pues estaban a nuestra entrada esperando a la puerta del Arsenal. Tan pronto llegaron Cervera y Magaz y saludaron, invité al Rey a que embarcara en el bote dispuesto al efecto, y una vez embarcados nos fuimos al buque Príncipe Alfonso, que nos esperaba  a pique del ancla. Al abrir el bote del Arsenal, el Almirante Cervera, Jefe del mismo, dio siete vivas al Rey, y este contestó con un:

— ¡Viva España!

A bordo venía el Almirante Magaz y el Jefe de Estado Mayor, López Tomasete, el Gobernador Militar, general Zuvillaga y otros jefes y oficiales. Atracamos y subimos al Príncipe en cuya cubierta esperaba el Almirante Montagut, Jefe de la Escuadra y el de la División de Cruceros, Salas, así como el Comandante y oficiales del buque y otros de la Escuadra. Tanto en el bote como a bordo, el Rey saludó y habló afablemente con todos. Tan pronto estuvieron a bordo los maletines del equipaje, le dije al Rey que despidiese a todos para marcharnos, extrañado y agradeciéndome que yo continuara a bordo acompañándole. Una vez fuera los que no eran del buque, di orden al Comandante Fernández Piña de salir a la mar. Lo que verificamos, estando fuera de malecones a las cinco y media. Por deseo del Rey subimos al puente alto, donde permanecimos durante la salida, pues me dijo que «quería ver España por última vez». Me preguntó dónde íbamos y le dije que a Marsella, indicándome él que le parecía mejor Tolón, pues Marsella era puerto de mucho movimiento, pero yo le convencí de que era mejor Marsella y que llegaríamos al amanecer, entre dos luces. Una vez en la mar nos fuimos a acostar, pues ya era hora (y yo sin cenar). Al Comandante le di instrucciones para la recalada a Marsella, etcétera.

Día 15.- A las 10 me levanté y subí al puente, donde estuve un rato con el Comandante. A mi paso por cubierta, tanto al ir como al volver a la Cámara, pude observar la corrección de las clases y marinería por su actitud correcta y disciplinada. Al llegar a bordo la noche anterior observé, una persona que, con el Duque de Miranda y el Ayuda de Cámara, formaba su séquito. Al Infante lo alojé en el camarote del Jefe de Estado Mayor. El Duque en el del Ayudante y yo en el del Comandante, como más próximo al Rey que iba en el del Almirante. Dije al Comandante que mientras estuviese el Rey a bordo se le tratara como tal, y por tanto que él invitaría  a la mesa, como así lo hizo después de hablar yo con Miranda. Almorzamos a la una y fuimos invitados, así como a la comida de la tarde, el Comandante, un Jefe y un Oficial y los cuatro que veníamos con el Rey. Este se mostró siempre sereno, si bien en la conversación divagaba algo (no es extraño). Hablaba de su porvenir y de cosas de barcos, dirigiéndose especialmente a los invitados del buque. El Infante también habló de su porvenir. El Rey pidió al Comandante una bandera del buque como recuerdo, y al disculparse este diciendo «que estaban a cargo», intervine yo para que le diera una del bote, como así se hizo. Al llegar se supo por radio que había tenido lugar la proclamación de la República y poco después recibió el Comandante orden del Almirante de la Escuadra para que, después de desembarcar el Rey, se izase la bandera republicana, haciéndosele los honores de ordenanza. De todo me daba cuenta el Comandante, y de esto al Rey, quien me preguntó «cuando se izaría», y yo le dije que cuando se fuera y saliéramos de guas jurisdiccionales francesas.

Nada que yo sepa ocurrió durante el día de la cena. Ya de noche se recibió radio de Gibraltar en que el Infante Don Juan preguntaba qué hacía y el Rey quiso que se le contase «que fuere a París aprovechando el primer paquete» que saliera para Génova o Marsella, pero esta comunicación no se puso. También quiso se telegrafiase al Embajador de París, de lo que le disuadí. Hasta las once de la noche estuvimos en conversación en el sofá de la Cámara hablando, como es natural, de su situación, la que no veía clara, y a cuyas preguntas me era difícil contestar, pues se sentía optimista, y yo no lo era. Por fin me despedí de él, pues íbamos a recalar al amanecer y nos convenía descansar. Me pidió que al volver a España publicara en la prensa monárquica dos manifiestos, despidiéndose del Ejército y la Marina, que me entregó escritos a máquina y que acepté, aunque diciéndole me parecía no los querrían publicar, como así sucedió. Antes de acostarme, hablé largo rato con el Duque de Miranda y con el Comandante aparte, a quien di mi opinión sobre la despedida al Rey en la mañana siguiente y que aceptó. También el rey me preguntó «cómo se le despediría» y le aseguré que interiormente con todos los honores. Recalamos entre dos luces y algo neblinoso, y a las cinco y media de la mañana fondeamos a unos quinientos metros, entre dos farolas. Momentos antes de desembarcar hablé con el Rey, que dudaba en la forma de despedirse, pues me preguntó, «si debía hablar o no». Yo le aconsejé que no hablase, y se despidió uno a uno de los Oficiales y Jefes. Así lo hizo, dándoles la mano sin pronunciar palabra. La gente, cumpliendo mi orden al Comandante, se hallaba correctamente formada en sus puestos de babor y estribor de guardia; esta frente al portalón y los Oficiales en línea a continuación. Presentó armas la guardia y al salir por el pantalón rompió marcha la corneta, y no cesó hasta que el propio Rey desde el bote, mandó parar. Al despedirse de mí le dije de acompañarlo hasta dejarlo en el muelle, lo que le extrañó y agradeció. En el bote embarcamos únicamente el rey, Duque de Miranda, Infante, el criado, mi Ayudante y yo. El Rey, a popa, mandó:

—Abre

Y al decirle yo «mire Señor, que correctamente están», rompió a llorar y metiéndose debajo de la cámara, me dijo:

—Dispense, Don José, no lo he podido evitar.

Desembarcamos en el muelle más próximo saltando por un remolcador que estaba atracado a la escala. Eran las seis menos cinco. No había en el muelle más que cuatro o cinco hombres pertenecientes, al parecer, al remolcador. El Infante les preguntó si no había cerca coches, y el individuo silbó para avisar. Se extrañaron al verme por mi actitud con el Rey e ir de uniforme mi Ayudante y yo. El Rey me abrazó y dijo me marchase, dándome las gracias por todo. Le dije que esperaría a que desembarcaran los maletines que venían en otro bote, y cuando aquellos estuvieron sobre el muelle y la gente embarcada, me despedí, volviendo a abrazarnos al ayudante y a mí. En el momento de embarcar, ya llegaba un taxi verde oscuro con faja blanca, donde embarcamos el equipaje, y el Rey permaneció de pie en el muelle mientras salíamos de los botes. Ya un poco lejos del muelle le vi retirase.

En cuanto llegamos a bordo me recibieron haciéndome honores; le dije al Comandante colgase los botes y zarpase en seguida para Cartagena y que al salir de las aguas jurisdiccionales francesas se izase la bandera tricolor, haciéndose los honores correspondientes. La salida fue inmediata, pues estábamos con el ancla a pique y, a las ocho y cuarto, vi el primer cañonazo; seguramente estábamos fuera de las aguas jurisdiccionales francesas.

Refrescó el norte, haciéndose frescachón y arbolando bastante mar, llamándose luego al norte, tan pronto salimos de la influencia del golfo  a eso de las tres de la tarde.

Se recibió orden de retirar retratos de la familia Real y símbolos de la Monarquía. A las siete treinta de la mañana fondeábamos en Cartagena, tomando el expreso para Madrid. Después de lo escrito anteriormente me enteré de que se fantaseaba sobre supuestas incorrecciones cometidas a bordo durante el viaje a Marsella. Todo eso es falso, pues ni yo me di cuenta, ni ninguno de a los que después pregunté. Todos a bordo estuvieron correctísimos y el Rey fue tratado como tal hasta el último momento. El incidente de la petición de una bandera ya lo he relatado y respecto a que vio cortar el estandarte para hacer la nueva bandera, me extraña, pues yo no lo vi. Esa faena, caso de que tuviera lugar, se hace a popa. Ha sido que el Ayudante de Cámara de Su Majestad lo vio y contó; lo ignoro.

El diecinueve de febrero juré el cargo de ministro por segunda vez. El doce de abril fueron las elecciones Municipales y en vista del resultado, el catorce a las nueve menos cuarto salimos de Palacio con el Rey, llegando a Cartagena a las cuatro y media, embarcando en el Príncipe Alfonso, fondeado en Marsella el dieciséis a las cinco y media de la mañana, desembarcando a las seis y cinco, dejando al rey en el muelle y saliendo para Cartagena, donde fondeamos el diecisiete a las ocho de la mañana. Al salir de las aguas jurisdiccionales de Marsella se izó la bandera republicana por orden del nuevo Gobierno. El veinte me presenté al ministro, a quien di cuenta de mi comisión y en seguida me retiré del despacho casi sin oírle. Y aquí termina mi vida oficial».

En ABC de 7 noviembre de 1973 se cita otro importante documento que viene a completar el ya expuesto. Se trata de la carta que el Comandante del Príncipe Alfonso remite a sus hermanos el día 18 de abril de 1931 contándoles las peripecias de aquel viaje. No modifica las declaraciones del Almirante, pero hay detalles que siguen siendo esclarecedores para adivinar el ambiente que se respiraba en aquellos históricos momentos. El capitán de Navío Manuel Fernández Piña, comandante del buque, pensaba que iban a Inglaterra y ya en la mar supo que debía poner rumbo a Marsella. No se permitió al Rey comunicarse con el exterior «como el pobre deseaba para saber de su familia; a esto no me atreví por temor a que se pescasen sus radios y me costase un disgusto con el Gobierno».  Un mal trago, dice el Comandante del buque. No nos extraña; con el Rey se iba la monarquía embarcada sin razón ni más explicación que los inciertos datos de unas elecciones municipales y el Rey no era ningún alcalde elegible. Una grosera y triste despedida, inmerecida a todas luces.

Ni la bandera española que enarbolaba el buque “Príncipe Alfonso” se le entregó con la excusa de estar a cargo.

El buque Príncipe Alfonso, regresó a España siendo ya  republicano. Adoptaría el nombre de Libertad y terminaría sus años de mar con el nombre de Galicia.

Cuando el buque se hacía a la mar con el rey a bordo se cruzó con un submarino de la clase B5 que regresaba a puerto. Se vio como arriaba la bandera tricolor e izaba la de España rindiendo los honores de ordenanza al cruzarse. El comandante del submarino se llamaba Luis Carrero Blanco.

Así se acabó la Corona. «Nos regalaron el poder», dice Miguel Maura, ministro de Gobernación».

PRIMEROS PASOS DE LA II REPÚBLICA

La República nace con un problema de ilegalidad que con el tiempo se convierte en otro de legitimidad y ante eso no hubo, no hay, no habrá, argumentos. De la chistera de aquellos magos de las urnas, con los polvos del Pacto de San Sebastián, llega la República; o lo que aquello fuese.

Un Gobierno provisional, un Estatuto provisional. Todo es provisional, a base de provisionales Decretos. Sigue mandando el Comité

Revolucionario, aunque se denomine Gobierno Provisional.

Designaron Presidente a D. Niceto Alcalá Zamora y este, a su vez, por ministros del Gobierno, a los miembros de aquel Comité, en esta forma:

Estado: Alejandro Lerroux García

Gobernación: Miguel Maura Gamazo

Guerra: Manuel Azaña Díaz

Fomento: Álvaro de Albornoz y Liminiana

Instrucción Pública: Marcelino Domingo Sanjuán

Marina: Santiago Casares Quiroga

Economía: Luis Nicolau d´Olwer

Justicia: Fernando de los Ríos Urruti

Hacienda: Indalecio Prieto Tuero

Trabajo: Francisco Largo Caballero

Dentro de las distintas tendencias políticas representaban:

Alcalá Zamora y Maura  a los conservadores; Lerroux, republicanos históricos; Albornoz y Domingo, al partido radical-socialista; Azaña al grupo de ateneístas Acción Republicana; Casares  a la incipiente

Organización Republicana Gallega Autonomista; Nicolau, a los

autonomistas separatistas catalanes; Prieto, de los Ríos y Largo Caballero, a matices del socialismo; Martínez Barrio, era Gran Maestre de la Masonería, de cuya organización eran miembros Lerroux, Albornoz, Domingo y de los Ríos, y posteriormente Azaña.

El programa de gobierno era sencillo. Nadie tenía que cumplir nada. Gritar viva la República era suficiente.

Entre ellos los soldados que dejaron de estar obligados a cumplir el juramento de servicio y obediencia al rey. Azaña, ministro de la Guerra, les libera a cambio de la promesa de servir a la República; eso sí, con fidelidad y con las armas si fuese necesario; o serán dados de baja.

Suena el himno de Riego. Hay que buscar los  símbolos. La República ya tiene su nueva bandera, inventada sobre la marcha, sin rigurosidad, ni historia. Remiendo de paño nuevo en vestido viejo.

El exteniente coronel de ingenieros Francisco Maciá proclama la República catalana com Estat integrant de la Federaciò Ibèrica. Companys y Lluhí al frente. El presidente de la República, se supone que española, viaja a Cataluña. En tres días la República Catalana se convierte en la Generalidad de Cataluña. Todos votan favorablemente al Estatuto el 2 de agosto.

Fue una negociación en falso. Aquel día, desde dentro empezó la división, el camino a la independencia. La semilla iría creciendo: «Los catalanes no pueden ser españoles porque han nacido en tierras de Cataluña» (Ventura Gassol en Ricardo de la Cierva. Historia de la Guerra Civil española, pág. 2). Tan infantiles como eficaces. No está de más recordar que en el Pacto contra la monarquía se reconocía la personalidad de Cataluña.

En el País Vasco va a iluminar el independentismo vasco el PNV de Antonio Aguirre y Lecube ¿o es la Iglesia vasca? Está en juego la unidad de España, siempre la diversión de los tahúres es repartir las cartas y luego romper la baraja, una ruleta rusa cuyo cañón apunta al corazón de España.

En Gobernación ondea ya la bandera republicana. Habla el nuevo presidente del Comité Revolucionario, ahora convertido en gobierno provisional de la República, don Niceto Alcalá Zamora: «El gobierno provisional de la República ha tomado el Poder sin tramitación y sin resistencia ni oposición protocolaria alguna…». Nos lo han regalado, le contestaba la calle.

¿Violencia?: no pasará un día si ella, sin miedo, sin dolor, sin persecución. No es esto, no es esto. Pero ya era tarde.

« ¡Cuádrese! Soy el ministro de la Guerra» (Memorias. Diego Martínez Barrio. Espejo de España, pág. 32). Era de noche y en la oscuridad de las bujías, entre las sombras, Azaña pone firmes al oficial de guardia del palacio de Buenavista, sede del ministerio de la Guerra. El general Ruiz Fornell le da posesión del cargo. Azaña acababa de cumplir un sueño infantil. A esas horas el niño don Manuel sueña con su juguete: ¡Soldados! Pronto abrirá la cajita y sacará a sus soldados de plomo para organizar su peculiar ejército.

Todo se radicaliza. Aflora el «no sabe usted con quien está hablando; aquí mando yo».

«Para los republicanos de izquierda, también llamados la izquierda burguesa, la nueva República tenía menos que ver con un proceso democrático que hubiera que respetar escrupulosamente que con un proyecto de reforma radical que en, algunas ocasiones, Manuel Azaña y otros líderes calificaban de revolución. Para ellos la República no era tanto un sistema político como un determinado programa de reformas culturales e institucionales para el cual era indispensable eliminar permanentemente a los católicos y a los conservadores de cualquier participación en el Gobierno» (Stanley G. Payne. El camino al 18 de julio. Espasa. 2016).

Empieza el juego militar. Queipo de Llano es nombrado capitán general de Madrid, López Ochoa de Cataluña, Riquelme de Valencia y Cabanellas de Andalucía.

El juego tiene nombre, pero le faltan los apellidos: los Decretos de Azaña, ministro de la Guerra. Nada de juramentos a la bandera: fidelidad a la República o a casa, con paga, pero a casa. El Ejército se reduce de dieciséis Divisiones a ocho, sin orden ni concierto ya que nunca se hizo previsión del número de oficiales necesarios para cubrir los puestos, a pesar de la disminución drástica de unidades, sin limitar el pase a la reserva. Más de ocho mil oficiales dejaron la actividad militar. En principio pasaron a la reserva 140 generales, 8.500 jefes, oficiales y asimilados, 3.200 clases de tropa. Sus plazas quedaban amortizadas. ¿Descontento en el Ejército? Sin duda, pero por razones diferentes a las legales: confusión, precipitación en las reformas más demostrativas del «aquí mando yo» del ministro de la guerra que de un estudio profundo y una ejecución escalonada.

Se suprime el empleo de capitán general por el tono autoritario del término; mejor División Orgánica, y se fija como empleo máximo el de general de división. Se empieza por una orden sencilla: ¡Firmes! ¡Cuádrese!; después se organizan batallones, divisiones y guerras, desde los despachos, sin mirar al frente, sin ver las consecuencias.

Se cierra la Academia General Militar de Zaragoza, creada para, además de fomentar el espíritu de unidad, compañerismo y fraternidad, formar a los oficiales con un mayor conocimiento y coordinación entre las distintas Armas del Ejército, algo crucial en la guerra. Azaña, su República de reformas, de decretos, no admitía ese sentido de unidad en el Ejército que siempre le pareció peligroso. Quiso un Ejército Republicano, pero nunca pensó que lo primero que un Ejército necesita es una explicación; que nunca fue dada.

Se discute la bondad de la reforma de Azaña. No hubo tal. No hubo nada. Purga sí. ¿Buena voluntad?, puede, pero no se pudo demostrar. ¿Era necesaria una reforma militar? Siempre lo fue, siempre lo es. En aquellos momentos también, pero sin dar la imagen de venganza, de resentimiento, de lanzar a unos contra otros. No era la reforma más urgente, los ejércitos eran necesarios y eso significaba tener cerca a los militares, que por cierto no se oponían a la República como demuestra el golpe de Sanjurjo, y el alzamiento que se produjo al grito de viva la República, siempre seguido del viva España. Con un poco más de mano izquierda las cosas habrían sido de otra manera. Azaña lo supo después y se arrepintió, pero su mentalidad infantil, su afición a las formaciones de soldaditos, acabó con él. Para más inri jugó también a ser más papista que el Papa y pasó a ser monaguillo de la España católica, aunque fuese por costumbres, tradiciones ancestrales. Hubo más militares que se pasaron a la reserva por el ataque a la Iglesia que por las reformas militares. Una auténtica persecución religiosa.

Se cometió el mismo error que Pavón achaca a Napoleón en España: el error nacional, el monárquico y el religioso. Los españoles después de tantos años de sacrificio son antes que otra cosa españoles. Se dan cuenta de ello cuando alguien intenta que dejen de serlo. Son monárquicos por costumbre, y porque no se dejan mandar por cualquiera. Lo de la religión es, además de costumbre, por lo que han luchado y muerto sus antepasados: la fe Católica.  Cómo para perderla por una imposición extranjera.

Azaña calculó mal. A la postre entre los retirados y apartados, generales o no, se generó el alzamiento.

MAYO 1931

Ha llegado el mes de mayo. «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano» (Azaña) (La España del siglo XX. M.Tuñón de Lara). Los propósitos de revolución de sector importante del nuevo régimen se hicieron patentes en los sucesos revolucionarios de los días 11 al 13 de mayo de 1931 en diversas poblaciones como Madrid, Málaga, Sevilla, Cádiz, Jerez de la Frontera, Algeciras, Valencia, Alicante, Murcia… en las que por multitudes, que no quiso controlar la policía, procedieron a incendiar templos, conventos, quemar las imágenes, bibliotecas, laboratorios…, sin que los bomberos pudieran actuar para aminorar los daños y sin que las fuerzas de Ejército intervinieran.

En este mes de mayo republicano Juan Ignacio Luca de Tena, director de ABC, se reúne con Alfonso XIII en Londres. La entrevista se publica el día 5.

— ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo sin vernos! El primer español que llega aquí para verme eres tú. Te lo agradezco mucho.

Verdaderamente era mucho: nadie se acordaba ya de Alfonso XIII, nadie en España, y solo habían pasado 15 días.

—No quiero que los monárquicos exciten en mi nombre a la rebelión militar […]. La monarquía acabó en España por el sufragio, y si alguna vez vuelve ha de ser asimismo por la voluntad de los ciudadanos.

Ese día el Rey autoriza al marqués de Luca de Tena a que se organice una corriente de opinión monárquica en España. Pone condiciones: «Que actúe públicamente y sin crear dificultades al Gobierno español, e incluso estar con él para todo lo que sea defensa del orden y de la integridad de la Patria». Está claro que el Rey no sabe lo que ocurre en España.

Lo va a saber en muy poco tiempo. Va a empezar a darse cuenta cuando llegue el mes de noviembre: «Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue rey de España, quien, ejercitando los Poderes de su Magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico del país; en su consecuencia, el Tribunal soberano de la nación declara solemnemente fuera de la ley a don Alfonso de Borbón Habsburgo-Lorena; privado de la paz pública, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetrase en territorio nacional. Don Alfonso de Borbón será degradado de todas las dignidades, honores y títulos, que no podrá ostentar ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de su representación legal para votar las nuevas normas del Estado, le declara decaído, sin que se pueda reivindicarlos jamás, ni para él, ni para sus sucesores. De todos los bienes, acciones y derechos de su propiedad que se encuentren en territorio nacional, se incautará en su beneficio el Estado, que dispondrá del uso más conveniente que deba darles. Esta sentencia, que aprueban las Cortes Soberanas Constituyentes, después de sancionada por el Gobierno Provisional de la República, será impresa y fijada en todos los Ayuntamientos de España y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de Naciones».

Firmaba la sentencia, como presidente del Gobierno de la República de España, Manuel Azaña el día 26 de noviembre de 1921.

El Decreto se había aprobado en las Cortes con nocturnidad: a las tres cincuenta y cinco minutos de la madrugada del 20 de noviembre de 1931.

Esa era la respuesta de los que hay que apoyar, según palabras del Rey. Alta traición. Una declaración de rencor — ¿odio?— sin precedentes. Peor que la guillotina. Insoportable. El Rey de España se convierte en un peligroso delincuente.

Los gritos de la calle se transforman en hechos. Las tierras hay que repartirlas, la Iglesia, iglesias llenas hace un mes, ahora hay que clausurarlas, los militares fuera, fuera el Ejército. Mantequilla por cañones y el odio como proyectil.

El Gobierno provisional, en un medido e interesado proyecto, convoca elecciones constituyentes. Los partidos se preparan.

Los monárquicos, autorizados por el rey, al que para otras cosas han olvidado, inauguran el domingo 10 de mayo la sede de su partido en la calle Alcalá nº 67.

Se oye en la calle la Marcha Real que alguno de los reunidos hace sonar intencionadamente. También vivas al Rey desde el balcón. Las pedradas iníciales dirigidas a la sede monárquica acaban en disparos. El centro monárquico es asaltado por la muchedumbre a la vez que arden los vehículos aparcados en sus inmediaciones. Luego se dirigen a la sede del ABC que no llegó a ser asaltada porque el ministro de Gobernación, Miguel Maura, ordenó a la Guardia Civil proteger el edificio. Hubo disparos y algunos manifestantes cayeron heridos. Murió el portero de una casa cercana y un niño de trece años.

El ABC había sido sentenciado desde el anuncio de la entrevista de su director con Alfonso XIII y la consecuente apertura de la sede del Partido Monárquico. A la República se le escapaban las riendas del caballo desbocado.

La calle va a ser utilizada como la principal urna. La C.N.T y los comunistas quieren dirigir las masas, la U.G.T. y el Partido Socialista también. Todo menos sacar un tricornio a la calle contra el pueblo.

Desde una de las ventanas del ministerio de Gobernación habla Azaña: «Se hará justicia». Demagogia que gentilmente cede a un joven ateneísta que aclama: «Se castigará a los monárquicos y se suprimirá la Guardia Civil».

El día 11(mayo) sigue el ambiente de crispación. Se sabe que la quema de conventos está preparada para ese día. El capitán Arturo Menéndez, ayudante de Azaña, se lo había comunicado al ministro de la Gobernación. Estaba confeccionada y repartida la lista de conventos que había que quemar. La dirigían los mismos jóvenes del Ateneo que el día anterior desde Gobernación habían pedido la disolución de la Guardia Civil. (Así cayó AlfonsoXIII… Miguel Maura. Ediciones Ariel).

El Gobierno está reunido ese día en Presidencia. Son las nueve de la mañana y llega el aviso: ¡Está ardiendo la Residencia de los jesuitas de la calle de la Flor! «Son Fogatas de viruta», bromea Alcalá Zamora. «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano», apostilla Azaña.

La calle festejaba la libertad y la justicia que dicen que trae la República. Con hogueras. La quema de conventos: el Sagrado Corazón en Chamartín, las Bernardas en Vallecas, Santa Teresa de los Carmelitas Descalzos…, todo lo previsto según la lista que se había redactado; más todo lo que se les ponía a tiro.

Pasadas las tres de la tarde el Consejo de Ministros decide declarar en Madrid el estado de guerra. Ni un tricornio a la calle contra el pueblo. Se pasa de no hacer nada a todo: que salgan los militares. Azaña toma el mando de sus soldaditos.

Madrid, Málaga, Sevilla, Cádiz, Jerez de la Frontera, Algeciras, Valencia, Alicante, Murcia…, arden como «fogatas de viruta».

En Valladolid también pretendieron incendiar el convento de los Padres jesuitas, los templos y colegios religiosos; desde Madrid llegan núcleos de personas para encabezar la acción revolucionaria.

«Habría que preguntarse desde cuándo empieza a deslizarse en la mente de los españoles la idea de la radical discordia que condujo a la guerra. Y entiendo por discordia no la discrepancia, ni el enfrentamiento, ni siquiera la lucha, sino la voluntad de no convivir, la consideración del “otro” como inaceptable, intolerable, insoportable. Creo que el primer germen surgió con el lamentable episodio de la quema de conventos el 11 de mayo de 1931, cuando la República no había cumplido aún un mes» (Julián Marías. La Guerra Civil. ¿Cómo pudo ocurrir?); y añade unos párrafos más tarde: «Cuanto peor, mejor, que fue la consigna que se acuñó por entonces y que valdría la pena datar con precisión». Julián Marías habla de frivolidad y de la irresponsabilidad máxima del Partido Socialista en octubre de 1934, aprovechada por los catalanistas, que llevó a la destrucción de una democracia eficaz y del concepto mismo de la autonomía regional.

Y es que siempre hay alguien que aprovecha el fuego de la colilla que se tira al suelo encendida.

El Norte de Castilla anunciaba al día siguiente: No pasa nada en Valladolid.

La capitanía general de Valladolid había dado orden de proteger los edificios y cumplir a rajatabla las ordenanzas para evitar cualquier desorden. El jefe de Estado Mayor de la Capitanía era el general Dávila.

Azaña sabía del general a raíz del Informe Picasso y quiere contar con él. Un hombre sensato y eficaz, sin alharacas a la hora de afrontar difíciles situaciones como lo prueba su actuación en África antes del desastre de Annual, que él vaticinó como jefe de la Sección de Campaña del Estado Mayor del general Silvestre. En el deseo de Azaña puede que influyese el consejo  del comandante Leopoldo Menéndez López (primo del general Dávila), uno de los militares, junto a Hernández Sarabia, de su confianza que conocía muy de cerca al general Dávila. Azaña nombraría a Menéndez más tarde subsecretario de Guerra con Hernández Sarabia de ministro. No podía contar con muchos colaboradores dentro de aquel Ejército desconfiado, pleno de retirados y expectantes ante el desorden y la ausencia de autoridad.

El domingo 24 de mayo de 1931 el general Fidel Dávila Arrondo estaba en su despacho de la Capitanía General de Valladolid. Dos capitanes de su Estado Mayor piden permiso para entrar.

—Enhorabuena mi general.

Dávila levanta la cabeza extrañado. ¿Un domingo de enhorabuena?

—A mí, ¿por qué?

—Mi general acaban de llamar del ministerio de la Guerra que don Manuel Azaña le llamará mañana porque le designa Subsecretario.

Al poco tiempo desde Madrid, por encargo de Azaña, llama el comandante Leopoldo Menéndez López repitiéndole lo que acababa Dávila de conocer por sus capitanes del Estado Mayor. Al poco tiempo entró su hermano Víctor Dávila, comandante de Infantería, al que habían enviado para convencerle de que aceptase el cargo.

Ya en su casa le comenta a su esposa:

—Teresa, Azaña me designa Subsecretario del ministerio de la Guerra. Me lo acaban de comunicar.

— ¿Y qué vas a hacer?

—Acabo de formalizar la solicitud de retiro y mañana la cursaré.

—Pero, ¿lo has pensado bien?

—Sí, yo no puedo servir a…

La resolución de Azaña fue muy rápida y en la primera lista apareció retirado, por Decreto del día 28, con tres tenientes generales, ocho generales de División y 42 generales de Brigada (Diario Oficial  del domingo 31 mayo 1931).

El pensamiento militar está revuelto. Sensibilidades a flor de piel ante los desórdenes, la violencia, la deriva que toma la República.

En junio se celebran elecciones generales para elegir las Cortes Constituyentes.

Se inauguran solemnemente. Bandera tricolor e himno de Riego. Ya no hay Rey. ¡Viva la República!… ¿O la revolución?

En el discurso de apertura luce la pomposidad dialéctica de Niceto Alcalá Zamora: « ¡Ah! El sabio extranjero que quiera definir la política española por diccionario tendrá ya que innovar la llamada que decía: “Pronunciamiento: voz anticuada, despectiva, militar y española, sin traducción posible”, y tendrá que decir: Pronunciamiento: voz moderna, civil, popular, de comicio legal, republicana, típica de España, sin traducción posible».

Del proyecto constitucional se pasó a la discusión del articulado. El problema de siempre. La República Federal.

Ortega y Gasset dejó claro los términos del problema, pero ya era tarde: «Un Estado federal es un conjunto de pueblos que caminan hacia su unidad. Un Estado unitario que se federaliza es un organismo de pueblos que retrograda y camina hacia su dispersión». Expuso las diferencias entre soberanía y autonomía: «Es la soberanía la facultad en su raíz, preestatal y prejurídica de las decisiones últimas o primeras, según el orden en que queráis contar: es, pues, el fundamento de todo poder, de toda ley, de todo derecho, de todo orden. Y la autonomía, en cambio, un principio político que supone ya un Estado sobre cuya soberanía indivisa no se discute porque no es cuestión» (Del libro Memorias de Diego Martínez Barrio).

En aquel momento constitucional se vislumbró que la discusión de los artículos referentes al problema religioso iba a ser el plato fuerte y espinoso de aquellas Cortes constituyentes. Lo resume Azaña: «España ha dejado de ser católica». Era el religioso, la Iglesia Católica, una obsesión de aquellos republicanos que, encabezados por el infantil sueño napoleónico de Azaña, cometían los mismos errores del Emperador francés en España: Entre ellos quizá el que más sensibilidades despertaba: el católico.

Se redactaba, más que con sentido común y pensando en la mayoría del sentir de la población española, con revancha y al dictado de los gritos de la calle que no eran todos los españoles, aunque sí los más ruidosos. Un elevado número de ciudadanos se refugió en su casa a la espera del desarrollo de los acontecimientos sin movilizarse en ningún sentido. El resultado no se hizo esperar.

Las discusiones fueron bruscas y pintorescas. Desde oír decir que todo el nudo religioso era: ¿Qué soy, de dónde vengo y adónde voy?, hasta la cita a la que recurre el presidente de las Cortes, con profética referencia, don Julián Besteiro: «Ya dijo el Kempis que la tarde alegre trae la triste mañana».

Al fin vía libre: El Estado español no tiene religión oficial (artículo 3 de la Constitución 1931).

Pero no era este el artículo de la controversia. Una Iglesia perseguida es la consecuencia que se extraía del artículo 26 y que provocó las dimisiones y enfrentamientos. De acuerdo con ese artículo todas las confesiones religiosas eran consideradas como asociaciones sometidas a una ley especial. Se prohibían las ayudas económicas oficiales. Se disolvía la Compañía de Jesús por su voto de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado, siendo sus bienes nacionalizados. El resto de órdenes religiosas se someterían a una legislación especial y se disolverían las que fuesen un peligro para la seguridad del Estado, prohibición de la enseñanza y toda una serie de medidas que las dejaba sin poder ejercer su labor tradicional. Era el camino a su desaparición.

Aprobado el artículo 26 con él llegó la crisis. ¿Deseada por Azaña? Niceto Alcalá Zamora, presidente del Gobierno provisional, dimite y con él Miguel Maura, ministro de la Gobernación.

No era difícil adivinar quién sería su sucesor: Azaña.

La crisis no estaba cerrada, solo daba comienzo perseguida por tres icebergs: la forma de Estado, los regionalismos, hacia la independencia, catalán y vasco, y sobre todo y, entonces por encima de todos, la Iglesia Católica.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

14 abril 2024

Blog: generaldavila.com

General (R.) Rafael Dávila Álvarez. Escritor: «La guerra civil en el norte». «El nuevo arte de la guerra». «La II guerra civil de Franco». Editorial La esfera de los libros.

APUNTES SOBRE LOS PATRONAZGOS EN LAS FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS. III.-ARTILLERÍA. Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

Retrato de santa Bárbara, por Francisco Bayeu, en 1767.

El 11 de noviembre de 1938, se declara la restauración de los cultos a los Santos Patrones por las Armas y Cuerpos, dándoles consagración oficial a su celebración y solemnidades. Y es que fomentar en las Armas o Cuerpos que forman el Ejército estas tradiciones que arraigan en los ánimos, conducen a sostener el noble espíritu de compañerismo que, alejando todo egoismo individual, impulsa con poderoso estímulo los sentimientos, base firme de todas las virtudes militares.

CUATRO DE DICIEMBRE.- SANTA BÁRBARA  PATRONA DE DE LA ARTILLERÍA ESPAÑOLA.

Entre nubes de gloria y de pólvora está escrito el historial artillero de Santa Bárbara, y es que la titular de las tormentas tiene una corona en la boca de los tubos  de todas las piezas de  artillerías pertenecientes a ejércitos cristianos.

Mucho antes de que la Artillería se organizara como tal Arma, los artilleros invocaban ya , en sus actos de servicio, el auxilio de Santa Bárbara. El estampido de los cañones, por su semejanza con los de los truenos, traían a la memoria el nombre de la Santa, que desde tiempos remotos ha sido asociado al estruendo de las tormentas.

En España, 1582, se establece la Cofradía de Artilleros en Burgos, afirmando sus estatutos la existencia anterior de otras semejantes, «entre la gente de artillería», y en 1586 en la «Plática Manual de Collado», dice: «Debe tener siempre el  artillero, y los que manejan la artillería, muy en la memoria a la Virgen Madre de Dios y a la gloriosa Virgen y Mártir Santa Bárbara, cuyo favor invocará».

Por estos jalones y otros muchos, se ratifica la idea de haber sido muy antigua y continua la devoción de nuestros artilleros a su Patrona Santa Bárbara a pesar de haberse dispuesto, en 1895, limitar la asistencia de la tropa a las misas rezadas por todos los artilleros difuntos. Entonces el culto y solemnidad de la fiesta de la Patrona quedó a cargo de la Asociación de señoras de Santa Bárbara. Fue preciso que llegase la segunda república española en 1931, para que fuesen suprimidas del todo estas solemnidades. Afortunadamente fueron restablecidas en noviembre de 1938.

Hay datos  que atestiguan la universalidad y el origen tan antiguo de la devoción artillera a Santa Bárbara: En la guerra del 14, al ocupar los aliados, en Brujas, un  emplazamiento de artillería antiaérea enemiga, lo encontraron presidido por  un cuadro con la imagen de Santa Bárbara. Francia también la tuvo así consagrada, como titular del Arma de la metralla, durante todos los años anteriores a su laicismo.

Y es que el fuego es un elemento tan altivo y soberbio, que arde de ira, enciéndese de enojo  y se irrita. Si alguno lo quiere sujetar, funde las cadenas , y si alguien le aprisiona, revienta con estallidos de muerte, tan ingrato  es,  que al que lo aloja lo abrasa y arruina; tan cruel , que lo mismo se ceba en el inocente que en el tirano, y tan déspota que todo lo reduce a cenizas, pero vuestra Patrona, sin más ayuda que su poder y sin más poder que su nombre, llama al rayo y este acude, conjura la tempestad y desaparece, manda callar a los truenos, y Dios, hasta su voz calla.

Por eso a Santa Bárbara, por haber sufrido el más violento y furioso de los martirios a manos de Marciano, su salvaje padre, quiso Dios darle el dominio del más violento de los elementos, como es el fuego.

Hasta aquí el dominio de Santa Bárbara sobre el fuego natural y su poder contra el más violento, que es el rayo. Pero el patrocinio de Santa Bárbara se aumenta y agiganta con la invención de la pólvora.

El arma blanca fue reemplazada por la  de fuego, y el fuego,  al unirse con la pólvora, dieron a luz a estos hijos de especie desconocida: el cañón y la granada, el arcabuz y la mina, el trabuco y el petardo, que solo con la pólvora y el fuego tienen su razón de ser, y solo por el fuego y la pólvora   tienen  movimiento y  vida.

Y por ser hijos del fuego, todas estas armas y todos los que las manejan quedaron desde entonces bajo el patrimonio de la que aprisiona al rayo, y con él se hace un cetro; de la que apaga el relámpago y hace callar a los truenos, de la que se viste con llamas y pasea sin quemarse por el fuego, y por eso los  Artilleros  y los  Ingenieros de Armamento, quedaron bajo la protección de su  ángel tutelar.

Para los componentes del Arma de Artillería y del Cuerpo de Ingenieros de Armamento, la fe en Santa Bárbara, la joven mártir de Bitinia, está por encima de la evidencia o la duda, ya que la santa existe y vive en la mente y en el corazón de cuantos sirven a España en este Arma y Cuerpo del Ejército.

Desde hace más de cien años la letra y música de su Himno han hecho, que sin regulación alguna hasta el momento, se haya impuesto como tradicional de los Artilleros y señal de identidad de todos ellos. La letra del Himno refleja a la perfección el espíritu militar y de servicio que siempre los ha caracterizado. Sus referencias a España, al Rey y a la historia como primeros valores respetados por todos los componentes del Arma, destacan sobre el resto. Asimismo, rinde culto a sus héroes más universales Daoíz y Velarde, y patentiza el espíritu de unidad que siempre ha caracterizado a los artilleros.

Y al oír, y al oír,

y al oír del cañón el estampido,

el estampido,

nos haga su sonido enardecer

Orgullosos al pensar en las hazañas

realizadas por nuestra Grey,

gritemos con el alma un viva España

y sienta el corazón un viva el Rey.

Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

Blog: generaldavila.com

Zaragoza abril 2024.

LAS COSAS DE DON EUFEMIO. Félix Torres Murillo. Coronel (R.) de Infantería DEM

EL FINAL DE LA GUERRA DE UCRANIA Y DE TODAS LAS GUERRAS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Las guerras son las armas. Antes eran los hombres. Los que ahora la hacen por dinero, unos la provocan y exigen otros la ejecutan obligados; incluso alguno queda que lo hace por la patria, <<…morir en el combate es el mayor honor>>. Ahora el grito es al dólar.

Todos los expertos, los serios, saben que Rusia no perdería esta guerra en el plano táctico, que Ucrania nunca ganaría esta guerra en el campo táctico y que la estrategia es volátil y a la postre nadie pierde ni gana, solo hay muertos.

Ahora que las cosas están peor que nunca para Ucrania les confieso que me surgen serias dudas sobre esa victoria táctica. Todo apunta a ello, pero hay factores que ustedes y yo desconocemos; pero todo acaba filtrándose y por rendijas estrechas y profundas, como heridas que no cicatrizan llegan noticias desde los oráculos del Pentágono.

Son muchos los que no entienden ese afán infinito por parte de Europa de echar mano a las armas y sumar muertos sin abrir la más mínima posibilidad a un acuerdo de paz, a un alto el fuego en Ucrania, a vislumbrar un horizonte distinto al de la guerra total. Es extraña actitud y hasta en ambientes militares se llega a calificar de irresponsable postura.

Lo que vemos es una inminente derrota de Ucrania y cómo cada vez Rusia es más fuerte política y militarmente. Una victoria de Rusia debería llevar ante los tribunales a los responsables políticos de la derrota (y de la victoria) por no haber sabido gestionar el futuro de Europa y haber causado esta matanza.

Quedará la llama eterna al sodado desconocido mientras se esconden los conocidos políticos de una guerra que pudo evitarse si hace años se hubiesen puesto los mecanismos que llevaban a cumplir unos acuerdos de futuro.

Esta Europa es militarmente un vergonzoso resto de una Segunda Guerra Mundial sin victoria y un desarme cobarde organizado por políticos corruptos que han engendrado ruina y devastación: mentira.

Ahora pretenden meter en esta guerra a los jóvenes ilusos que hablan de libertad y comparten los falsos sueños que les han vendido. Todo era mentira. El Servicio Militar Obligatorio es solo la trinchera donde ellos pretenden cobijarse, que otros mueran por ellos, que sus cuerpos queden protegidos por los soldados obligados a empuñar las armas.

El único futuro de Europa parece ser la guerra. Estados Unidos está en elecciones mientras el Pentágono se cuida de que la lucha no se abandone. A la OTAN se le caen las vergüenzas y España cae en la indigencia política y militar. Nuestro aumento de presupuesto militar no va encaminado a la Defensa, sino al negocio de las armas, ese donde se cobija la reserva espiritual del socialismo que tira la piedra y esconde la mano.

Me acercan la noticia de que Rusia se da prisa en tomar posiciones porque los Estados Unidos tiene el arma definitiva que como si de la bomba atómica se tratara sectorizará el campo de batalla y allí, en el espacio y tiempo que ellos digan, no crecerá flor ni habrá pájaro que vuele. Un gran foco iluminará el terreno y volveremos a los tiempos en los que Zeus, Afrodita y Apolo señalen el futuro de los hombres. No les cuento una película para el Óscar. Una realidad se cierne sobre los campos de batalla y hay prisa por ver quién llega antes al descubrimiento. Es un secreto que todos saben y por tanto nadie ve ni hace caso.

Resulta que el Olimpo era simplemente ciencia.

PD: «El enigma» es una trama oscura que pretende explicar el «No a la guerra» y el «rechazo a las armas» junto a un afán repentino armamentístico que recorre el partido en el Gobierno. Aquella postura antiamericana ahora se torna en un afán bélico desconocido. Algo nos ocultan.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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11 abril 2024

LA II GUERRA CIVIL DE FRANCO. Libro del general Rafael Dávila Álvarez con editorial La Esfera de los libros

Mi nuevo libro donde después de una rigurosa investigación en archivos nunca antes revisados ofrezco versiones reales y en ocasiones muy distintas a las hasta ahora conocidas. Se podrá estar de acuerdo o no, pero los documentos están ahí para imponerse por encima de criterios subjetivos.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

 

PÁTER HUIDOBRO. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

 

Páter Huidobro podía haberse alistado en una unidad menos compleja, de menos riesgo para su sacerdocio y para su vida.

El Páter Huidobro bien pudo dejar el frente después de su primera herida, ya había cumplido con creces su misión. Pudo ver la guerra desde el púlpito de cualquier iglesia protegida. Pero se alistó a la Legión y murió en ella. Quiso encontrarse con el bien y con el mal, con la condición humana al completo y así torcer la barra del inflexible acero para transmitir todo el bien que una guerra permite. Se fue cerca de la muerte, había oído hablar y decir que llega sin dolor, que morir en el combate es preferible a vivir como un cobarde. ¿Quiénes eran esos hombres? Quiso conocerlos y, después de hacerlo, nunca quiso abandonarlos. Quien está casi con permanencia junto a la muerte sufre una transformación que guarda en el silencio de su corazón, como un secreto que solo comparte con quien está preparado para asumirlo.

Forma parte de la revelación que acompaña a los que han abierto las rendijas del más allá, ese que otros solo intuyen cuando el legionario ha traspasado la barrera imposible de dos mundos.

Fernando Huidobro traspasaba a diario aquella puerta con su fe y arrastraba a los heridos de uno y otro bando, animando, acompañando, consolando, rezando, hasta que llegaban los camilleros que se llevaban los cuerpos de unas almas que ya habían sido iluminadas.

La Legión tiene en el Páter Fernando Huidobro uno de los más fuertes ejemplos de valor, entrega y compañerismo nacidos del credo del honor y el valor. Camino de la Santidad arrastra con él glorias legionarias como lo hizo con aquellos hombres que morían en sus brazos de fe.

Arrastras los llevó al Cielo.

Hoy se ha recuperado el proceso de beatificación que solo requiere de algo muy sencillo que depende todos nosotros: devoción. Que nos acerquemos a rezarle, que le pidamos, que le recemos, que cumplamos. Él nos escucha y nos concederá lo que necesitemos.

Sus restos siguen el la Iglesia de los jesuitas de San Francisco de Borja en Madrid, difícil de ver porque en estos tiempos las iglesias están casi todo el día cerradas. Solo se puede entrar por la calle Maldonado y si el acceso a la Iglesia está cerrado, como es norma, arrodillarse ante los restos de San José María Rubio y dejarle a él el recado. Devoción.

Entre todos la imagen de nuestro Santo y legionario volverá a tener el fervor y la devoción que necesita para que su beatificación se lleve a cabo.

Fernando Huidobro y Polanco: Santo legionario.

PD. A última hora me llega la noticia de que hoy serán exhumados los restos del Páter Huidobro que se conservan en una cripta a la entrada de la Iglesia de San Juan de Borja de los jesuitas en Madrid (Calle Serrano). Supongo que será para su traslado a la Iglesia Catedral Castrense ya que una vez finalizada la fase diocesana del proceso la causa pasó a instruirse en Roma. Allí se entregaron las actas, en el Dicasterio de las Causas de los Santos, y fue designado para la Causa el capellán castrense Francisco Javier Boada González. El Arzobispado Castrense informará.

Estas son las pocas noticias que tenemos.  En su página web no hay información. https://www.arzobispadocastrense.com/padre-huidobro

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9 abril 2024

 

MARRUECOS PROVOCA ESPAÑA SE EMBOTA. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Las maniobras militares emprendidas por Marruecos frente a las costas Canarias y en aguas territoriales del Sahara son una provocación con tintes de amenaza militar y con el visto bueno de los Estados Unidos de América. Pocos han caído en la cuenta, o muchos silencian, que estas maniobras anunciadas para tres meses (abril, mayo, junio) se solapan con las combinadas «African Lion» de finales del mes de mayo que realizan en esa misma costa y territorio Marruecos, Estados Unidos y varios países de la OTAN (Reino Unido, Italia, Países Bajos…) además de Ghana, Senegal y Túnez. Maniobras que cumplen veinte años de ayuda militar y secretos compartidos. España hubo algunos años en los que tímidamente participó hasta darse cuenta de que era un convidado de piedra. ¿Con razón o sin ella? Las relaciones internacionales en el ámbito militar son difíciles y están basadas en una férrea confianza que en el momento que incumples un compromiso te dejan fuera sin remisión.

Deberíamos empezar diciendo que Marruecos alcanzó la «amistad militar» de los Estados Unidos de América en julio de 2004 al recibir de manera oficial la consideración de Major non NATO ally que la elevaba a miembro preferente en el ámbito militar y desde entonces no ha cesado el apoyo militar y la confianza mutua en detrimento de la que EEUU mantenía con España.

Es necesario observar con detalle la fecha de este pacto militar con Marruecos y lo que ocurría en España: 2004. Atentado terrible, retirada unilateral de Irak, ofensas públicas con repercusión internacional desde la boca del presidente del Gobierno español a los Estados Unidos, en fin un despropósito que justo o injusto ahí está para mal nuestro. ¡Como para fiarse!

Marruecos avanzaba en su posición atlántica y mediterránea, España era un mero accidente geográfico en el Estrecho, y su control pasaba a manos estadounidense a través de Marruecos y Reino Unido (Gibraltar). Ni Ceuta, Melilla, Peñones o Alborán. Si acaso sus playas, y Rota para no perder esa orilla atlántica con una costa tan bella y cálida. De Morón a Vicenza y ya veremos.

Las maniobras de Marruecos responden a esa forma tan característica que tiene el Rey de Marruecos de tratar los asuntos españoles y el órdago echado a la Unión Europea porque su Tribunal Penal no va a aceptar que el Sahara pertenezca a la soberanía marroquí y ello lo debe pagar España a la que tiene amedrentada no sabemos muy bien porqué, aunque decididamente aceptamos el Sahara marroquí. Ya veremos qué pasa si el Soberano alauita aprieta un poco con Ceuta y Melilla. Este es el momento. Junto a Cataluña.

La debilidad se paga, los insultos no se olvidan, y el miedo es el peor enemigo en las relaciones internacionales porque equivale a cobardía. ¿Por que tenemos miedo a las reacciones del vecino del sur?

Albares cree ser ministro de lo exterior (que se prepara el de lo interior) y aplaude a Marruecos porque maniobra muy lejos y sin inmiscuirse en nuestro territorio. Albares no se ha enterado de nada ni siquiera del bloqueo a las fronteras de Ceuta y Melilla ni de que el vicepresidente de Melilla se haya ido a Gibraltar a negociar con Picardo para que abra delegaciones comerciales en Melilla. De esto no se entera nadie cuando debería avergonzarnos.

Miren nuestra Defensa es una pantomima. Cualquier nación que se precie y manifieste honradez con su compromiso ante cualquier posible agresión pone al menos un mecanismo conocido como To show the flag que consiste en mostrar un despliegue militar  preventivo demostrativo de no estar dispuesto a dejarse intimidar por nadie. Ni Marruecos ni veinte Marruecos. Ni Major non NATO ally ni la OTAN entera. Que no, que ya me ataco yo desde dentro sin que nadie me apriete con barcos, aviones y tanques. Una votación vale más que todos tus poderes militares.

¿Defensa? He oído hablar algo sobre Cultura de Defensa y me pierdo en la rigidez y 0scuridad de los planteamientos de nuestra Defensa en momentos tan difíciles como los actuales donde todas las naciones hablan de guerra y se preparan para el día después.

De Mali nos vamos porque nos echan. Al finalizar mayo maletas y a casa. Antes, nuestra última intervención habrá sido financiar un curso de costura.

Consciente soy de mi desconocimiento de la vida militar después de más de cincuenta años de servicio en ellas. Formamos generales, Estados Mayores y tropas. No sé muy bien para qué.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

8 abril 2024

«CUESTE LO QUE CUESTE» Coronel de Caballería ® Ángel CerdidoPeñalver.

«CUESTE LO QUE CUESTE»

CA

CUSTA

LON CA

CUSTA VIVA

L´AUSTA

1915-1919

Es el dialecto de Aosta y la traducción es: «¡Cueste lo que cueste, larga vida a Aosta!».

Lema del Batallón de Aosta del Cuerpo Alpini Italiano.

Posando junto al monumento al mulo de montaña que los Alpines del Valle de Aosta, a los pies del Mont Blanc, tienen en Villa Boorghesse (Roma)

Este gobierno juega con fuego. Dividir a una sociedad es muy fácil, volverla a unir, mucho más difícil, pero convencidos que lo tienen todo resuelto, algunos de nuestros representantes en el hemiciclo, se dedican a aplaudirse entre ellos, por eso la hipotética imagen de la Guardia Civil arrestando al expresidente Puigdemont en la frontera, ante los independentistas cortando la AP-7, sería difícil de digerir en la Moncloa.

Entre el portero que llega a jefe de gabinete, chofer y asistente personal que asesoró al ministro Ábalos, y el novio de la presidenta madrileña, son los dos asuntos que están convirtiendo el debate político en un verdadero lodazal, todo está empantanado y la porquería ha subido de nivel. Siempre se dijo que: «No es mas grande quien mas sitio ocupaba, sino quien mas vacío ha dejado». Algunos lo han dejado vacío y con deudas, y es que ¡Mucho ganar no es sin pecar!.

En todo caso, el problema no es la corrupción sino la impunidad.

No se puede donar un riñón a cambio de un precio; de igual manera que no cabe indultar, menos aún amnistiar, a cambio de una contraprestación gravosa.

Dicen que el problema de España es que los mediocres se han adueñado de los partidos, creo que es así, pues la política está llena de gente astuta que llega a ocupar los puestos relevantes sin preparación específica, y para conseguirlos, a muchos, como al dóberman de Valladolid, como única defensa, se les hincha la vena del cuello cuando intervienen, como si estuvieran en aquel programa llamado «Sálvame».

Lástima que toda la gente que sabe como arreglar «esto» ya esté empleada como taxista o peluquero, con todo mi respeto a estas dignas profesiones.

Hace poco en el Congreso alguien exclamó desde las primeras filas del hemiciclo en tono patético: ¿Qué será de nuestros hijos, señores…? Al escucharlo desde el gallinero uno exclamó: ¡De nuestros hijos no sé, pero al suyo, de momento, ya le hemos hecho subsecretario!.

El beso no consentido, y la lamentable gestión del presidente, dejaron la imagen del fútbol español a la altura del barro, el mismo que aún se ve en algunos campos de Aragón, pero este fin de semana, los chavales y chavalas volverán a darle a la pelota en cada pueblo o barrio. Nuestros campos de regional, volverán a ser el punto de reunión social en torno al futbol, y en algunos hasta con el clásico sorteo en el descanso del jamón, se merecen que la próxima persona que esté al frente del deporte más popular, tenga un poco de decencia y esté a la altura del cargo.

Siguiendo con el futbol, en su partido de despedida en el campo La Bombonera, la cancha del club Atlético Boca Juniors, en el barrio de la Boca en Buenos Aires, hasta el golfo de Maradona reconoció su error y confesó: «Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha» Este ídolo de barro vengó la derrota militar de su país en las Malvinas con los dos goles que le hizo a Inglaterra, uno el más pícaro de la historia. (Partido disputado el 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca de la Ciudad de México, entre las selecciones de Argentina e Inglaterra por los cuartos de final de la Copa del Mundo).

Con el Nápoles en 1987, consiguió que el pobre sur de Italia se vengara del rico norte, al ganar el escudetto (liga italiana), derrotando a los poderosos Inter , Mílan y Roma.

Hoy la vida no hay quien la etienda, hace unos años, decían que el alcalde de Toronto se cogía unas grandes borracheras y presumía de fumar crak, y resulta que, encima, sus votantes estaban entusiasmados y confirmaban que seguirían votándole, no se sabe si porque se cogían las mismas cogorzas o porque fumaban la misma hierba.

Aquí también todos siguen al presidente haga lo que haga, pero no, nadie se equivoca ni dimite, y mucho menos piden perdón, simplemente cogen la pasta y corriendo se marchan a sus refugios en las playas de lujo de Cap Cana (comunidad privada, exclusiva y de lujo situada dentro de Punta Cana en la República Dominicana).

¡Váyase Rubiales (no merece lo de señor), su comportamiento grosero y machista del que hizo gala, lo descalifica para cualquier cargo, No es admisible que la chulería y la soberbia estén por encima de la educación y el respeto.

Sus únicos propósitos son agrandar su patrimonio mientras se hacen cargo de las riendas del negocio, y digo riendas porque lo hacen como si se tratase de manejar ganado.

Uno de estos nuevos ricos, encargó a un sabio profesor la educación de su hijo. Cuando el profesor le comunicó el importe de sus honorarios, el político los encontró excesivamente caros y exclamó: «Profesor, tenga en cuenta que con esa cantidad puedo comprarme un burro». A lo que el profesor respondió: «Hacedlo y tendréis dos asnos en vuestra casa».

Entre tanto, y para compensar, el rey Felipe, con un solo día de vacaciones, en la estación de esqui Formigal-Panticosa nos dió otra lección de educación y saber estar. Como el resto de esquiadores, aguardó fila en el remonte, para subirse al telesilla de Sallent, me ha parecido un rey muy cercano, y una vez más me ha encantado, fue muy aplaudido por su cercanía y simpatía.

Ah, otra cosa: a partir de los años setenta, en el mundo entero entró la fiebre de crear días internacionales. Hoy domingo 7 de abril es el «Día Mundial de la Salud», …. antes en España no había días intenacionales porque todo lo nuestro era nacional.

Recuerdo los tres que eran de hacer regalos: el día del padre (San José), el de la madre (la Inmaculada) y el de los enamorados (San Valentín). Otros tres eran para pedir dinero: el de la Cruz Roja, el del Domund y el del Cáncer.

Como el día de la corrupción es el 9 de diciembre, propongo declararlo en España día festivo, ¿O mejor en vez de festivo sería declararlo día de reflexión?.

El pasado día del padre, no fueron precisas las excusas para acercar el corazón a nuestro padre. En nuestra cabeza se arremolinaron mil momentos que me cuesta actualizar, aunque hay días en que uno echa de menos haber sabido apreciar un poco más el valor de su compañía.

Al igual que Pérez-Reverte hoy con tantos años a cuestas, no puedo hacer las mismas cosas que de joven, pero con los límites de mi imaginación, ramplonamente escribiendo, me puedo disfrazar cada día, como cuando era niño, de lo que nunca fui ni seré, o de lo que fui y ya no volveré a ser.

Pero haga lo que haga, con vocación o sin ella, trataré de hacer todo como si fuera lo más importante del mundo, y me olvidaré hasta de la tan traida y llevada inteligencia artificial, que poco tiempo lleva vivido y nada sabe de alegrías o fracasos, por eso a mi, la IA nunca será capaz de emocionarme.

Lo importante es que nuestro ánimo no decaiga, conseguir ver siempre el vaso medio lleno, y no dejar que la tristeza se nos apodere. La felicidad no es completa, y eso lo sabemos todos, pero los buenos momentos que nos aporta la vida deben ser suficientes para llenarnos por dentro y por fuera.

Señores diputados, máxima elegancia por favor, que no es otra cosa que no hacer daño a los demás; por favor, caminen, lean, piensen, es la única esperanza contra su actual barbarie.

Como los alpines:

Cueste lo que cueste ¡VIVA ESPAÑA!

Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver.

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Zaragoza abril 2024.

LAS COSAS DE DON EUFEMIO. Coronel de Infantería DEM (R.) Félix Torres Murillo

AL PADRE HUIDOBRO. CAPELLÁN DE LA LEGIÓN. Rafael Dávila Álvarez General de División (R.)

El Padre Fernando Huidobro y Polanco fue el  Capellán de la IV Bandera de la Legión. Si salen de Madrid por la carretera de  La Coruña, a la altura del Km. 8,6,  podrán observar una gran piedra de granito y comprobar, si son capaces de llegar hasta ella, que se trata del monumento “Al padre Huidobro. Capellán de la Legión”.

Hace algunos años el Presidente Obama concedía a título póstumo la Medalla de Honor del Congreso al Capellán del Ejército de los Estados Unidos Emil Kapaun por su valor y méritos en la Guerra de Corea. Murió el año 1951 siendo prisionero de guerra. Se le conocía como el “capellán de los soldados”. “Nunca disparó un arma de fuego pero tenía el arma más poderosa de todas: el amor a sus hermanos, tan poderoso que estaba dispuesto a morir para que ellos pudieran vivir”, dijo de él Obama en el acto de entrega de la preciada condecoración.

El padre Huidobro era un joven jesuita que vino el año 1936 desde su destierro en Bélgica para prestar auxilio espiritual a los soldados en combate.

Murió en el frente de Madrid el 11 de Abril de 1937 siendo capellán de la IV Bandera de la Legión. Con un mono azul como vestimenta y crucifijo en el pecho, sentó plaza con los novios de la muerte y sólo necesitó el primer combate para demostrar quién era aquel curita que siempre aparecía donde más zumbaban las balas. Los legionarios pronto se dieron cuenta. “¡Este cura es un valiente!”, “¡es un Santo!”, decían al ver que se mezclaba entre ellos como uno más. Bien respondía aquél jesuita a lo que ahora predica y ejerce otro jesuita, el Papa: “Los obispos y sacerdotes deben estar al servicio del pueblo, en medio del rebaño y con olor a oveja”. El padre Huidobro amó siempre a sus legionarios, pero estaba en tierra de nadie y se lanzaba a prestar los auxilios espirituales a cualquier herido, sin discriminación de bandos y llevando como únicas armas la bondad y el crucifijo.

Era un valiente y era santo, según el decir de los legionarios que es envidiable certificado popular. Se fue, con tantos legionarios que caían en combate, cuando el amarillo de los jaramagos y el rojo de las amapolas rellenaban las cunetas de la Cuesta de las Perdices.

El poema medieval “La Danza de la Muerte”, que siendo un joven estudiante había representado Fernando Huidobro, se había hecho realidad tal y como él la esperaba, la muerte igualadora.

El Capellán en los ejércitos es algo que los soldados asumieron desde Flandes como saludable precaución ante el trance de la muerte cercana. Desde entonces, los capellanes han recorrido muchos frentes de batalla con su cruz y su estola. Los españoles les llamaban Pater o Padre. Las unidades de los ejércitos anglosajones copiaron entonces el nombre ya que eran los capellanes españoles los que les atendían. Por eso al “military chaplain” le llaman Padre en español. Eran los antecesores del Pater Emil Kapaun, “capellán de los soldados” y del Pater Fernando Huidobro, “capellán de los legionarios”. El primero ha sido condecorado con la más alta condecoración de su Nación.

El padre Huidobro ni una sola condecoración, casi olvidado y silenciado.

Duele la Memoria de tanto traidor que no  supo vencer con el honor y el  valor. ¿Estará prohibido rezar?

Ambos, héroes de la bondad, luchan por una condecoración más elevada, la de la santidad. El proceso de beatificación está en marcha. Mientras, esperamos rezando y encomendándonos al Padre Huidobro.

Se lo recomendamos; vayan de nuestra parte porque nunca le niega nada a un legionario.

Hoy ante el panorama tan desolador le pediremos por España.

536060_10150810968651452_479649242_nPara la Legión la causa de beatificación terminó aquel 11 de Abril de 1937. Es legionario y Santo.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

ANTE LOS NUEVOS EJÉRCITOS DE MERCENARIOS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Todos ustedes saben que finalizada la Guerra del Peloponeso unos 12.000 hoplitas se encontraron sin trabajo ni futuro estable. Su vida se había convertido en un constante guerrear después de haberse educado en las campañas contra el medo y en su propia guerra civil de manera que no tenían claro aquello de la «globalización» que se avecinaba en el reducido mundo de entonces. Para aquellos combatientes se trataba de poder asumir su futuro con las herramientas con las que siempre habían vivido: las armas.

Ciro el Joven, sátrapa de los territorios próximos a Grecia, en las orillas del Egeo, estaba en permanente lucha con su hermano Artajerjes, Rey de los persas, y vio la posibilidad de reclutar a aquellos soldados griegos, presentarse con ellos a las puertas de Babilonia, vencerle y acceder al trono. Así fue y después de un largo recorrido lleno de vaivenes e indecisiones llegaron a enfrentarse los ejércitos de Artajerjes y Ciro el Joven. Los griegos no fueron derrotados, pero al morir Ciro en la batalla de Cunaxa, a las puertas de Babilonia, y ser el ejército de Artajerjes muy superior en número al de los griegos, estos se encontraron desplazados, muy lejos de su lugar de origen y sin medio alguno después de que su campamento fuese saqueado mientras luchaban.

Ciro el Joven debió ser un gran rey según nos cuenta Jenofonte en la Ciropedia, que a todos recomiendo leer, mucho más clara y explicativa de lo que hoy ocurre en el mundo que todo lo que escribimos politicólogos, aficionados, cuentistas de guerra e incluso militares.

A aquellos griegos se les planteó la decisiva pregunta: ¿Qué hacer? Sin sus generales, que habían sido detenidos, sin nadie que les pagase, sin medios y sin patria decidieron que la única salida que les quedaba era el regreso a casa: Grecia. La épica aventura está narrada en la Anábasis de Jenofonte, una de las historias más ricas jamás escrita.

Ayer y hoy se repite esta extraña pero permanente lucha entre Occidente y Oriente que tira de uno y otro extremo como si el mundo estuviese llamado a fracturarse por ese lugar que aún hoy se debate entre la confusión y la ocupación guerrera.

Suenan extrañas las Guerras Médicas, la del Peloponeso, Jenofonte y Tucídides o más adelante Alejandro Magno, y con menos armas y más lectura comprenderíamos al fin de donde venimos y a donde vamos sin necesidad de volver la mirada al Oráculo de Delfos. O del Capitolio o el Kremlin.

Para aquellos griegos y persas su mundo era tan global como para nosotros el nuestro. El oficio de las armas no ha variado mucho desde entonces, solo las máquinas los diferencia, pero sigue habiendo soldados y mercenarios. El ejemplo de entonces nos enseña y no hay mejor oráculo para saber lo que nos espera que conocer el pasado.

En estos momentos hay serios indicios y semejanzas con aquellos hoplitas griegos convertidos en mercenarios al servicio del Rey Ciro. Puede que configuren los nuevos ejércitos bendecidos por leyes futuras que impongan empresas y economías estatales. Hay negocio a la vista: carne de cañón.

Las empresas de mercenarios pisan fuerte y lo que empezó como un apoyo controlado en Irak hoy está tomando una fuerza a tener en cuenta.

El protagonismo de Wagner y su histórica marcha hacia Moscú no debe de quedar en el olvido, en lo anecdótico. Es una seria advertencia de un loco, de un rico, o de ambas cosas a la vez.

Wagner no ha muerto y genera grandes beneficios que se traducen no solo en dinero, sino en influencia y territorio.

En Mali, Europa (España entre otros) ha estado formando soldados combatientes y lo ha hecho material y moralmente. Una destacada mayoría ha olvidado su formación como soldados respetuosos con la ley y los Derechos Humanos y lo ha cambiado por dinero. No hay más moral que la del que mejor pague. No son soldados, son hombres armados y enseñados en la lucha a muerte sin ninguna convicción moral.

Los nuevos ejércitos ya están en marcha y debemos asumir la cruda realidad. No necesitan uniforme ni distintivo alguno. Las armas actuales no requieren más que formación técnica, no moral. En la mayoría de los casos ni siquiera sabrás si matas ni a cuantos. Ese no es tu problema.

ISIS-Estado (?) Islámico, Hamas, Hizbolá, milicias de distinto género, se mueven entre el terrorismo sin adjetivos y el terrorismo de Estado, pero en el fondo actúan como otras empresas que se dedican a formar combatientes sin moral alguna. A las empresas que los forman y contratan las conocen todos ustedes porque son Estados.

Wagner no es un caso único, sino que las grandes potencias occidentales crean empresas privadas (?) donde se forman auténticos guerreros que componen ejércitos privados de mercenarios. Sus mejores clientes son los Estados a través de sus Centros de Inteligencia y Servicios Secretos, incluso ministerios de Defensa.

Son auténticos ejércitos de mercenarios, pequeños por ahora, pero con visión de futuro. Sin limitación legal, pero con licencia para matar. Incluso con poder para entrar en el núcleo de los nucleares.

¿Será el futuro? Un enorme interrogante se abre cuando sabemos que la paz es solo un periodo de descanso entre guerra y guerra, un periodo que prepara un nuevo enfrentamiento.

Para estos nuevos ejércitos hay clientes, es un negocio seguro; como el de las armas. El mercado está abierto y los mercaderes están en los más insospechados lugares. Esos desde los que se alienta la convivencia, la igualdad y la fraternidad, y desde donde se lanzan doctrinas de paz y amor.

¡Que se lo han creído!

Están trabajando ya en muchos lugares y entre ellos uno que ustedes y yo conocemos muy bien.

Claro que ya saben: ¿Quién manda en la Fiscalía?

Después de una guerra por todas partes quedan hoplitas sin trabajo.

NOTA: Este artículo estaba escrito antes de la masacre vivida en Rusia. Me queda añadir que la acción terrorista, sea quien sea quien se esconde detrás, está dirigida por un <<Estado>> y ejecutada por mercenarios. Hoy es muy fácil hacerlo y Occidente debería darse cuenta de que retirándose de Afganistán y ahora de Irak lo único que hace es mostrar su debilidad y vergüenzas. Mejor haberse quedado en casa debajo de la cama. La guerra hoy no se lleva a cabo en los campos de batalla sino en oscuros despachos donde la riqueza y la pobreza conviven, la miseria moral. No es una guerra ideológica como intentan vendernos. Es por el Poder.

Por ello todos matan. Pagan por ello, compran almas y armas. A millones.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

2 abril 2024