TODAVÍA QUEDAN HÉROES. EL MAGISTRADO Y EL ABOGADO DEL ESTADO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Hace unos días murió Stanley Martin Lee, Stan Lee. Creador de los superhéroes que, en casa, entre mis nietos, se mezclan con soldaditos de la Legión, vaqueros del lejano oeste y otros juguetes extraños para formar ese mundo imposible, o no, como el del Belén que empezamos ya a montar y donde en el mismo prado verde se juntan el lobo y las ovejas, lo patos y los conejos, junto a cerditos y pavos, ángeles y palomas, con un castillo inmenso de Herodes que nunca hay suficiente espacio para colocar.

Como la vida misma. Un juego disparatado de posibilidades imposibles con el que pasa la vida en la imaginación de la necesidad, en la solución de tanto mal, de la eterna lucha entre el bien y el mal, en aquel caballo del bueno detrás del malo que nunca corría lo suficiente. Nada ha cambiado. Los niños se quedan absortos en los dibujos animados, quizá porque todavía están muy cerca del mundo del que vienen, y de los héroes del bien, quizá porque pronto intuyen su necesidad. Los viejos también sueñan con sus héroes, desde esas ventanas de los Centros de Mayores, de las tristes residencias donde vamos a parar cuando ya no servimos y damos la lata, cuando ya se acaba todo, lo poco que teníamos de héroes. Pero allí, seguimos buscándolos, Supermán, Hulk o Spiderman, aunque en este caso no es necesario que se disfracen. Son su hijo, la hija, un nieto, ese con el que jugaba a héroes imposibles. Esperan, los esperan. Es la permanente mirada por la ventana, a la puerta de entrada, que no retirarán hasta ver por ella a su héroe que viene a visitarle.

Es La Iliada de la vida, donde se cobija todo, donde está todo narrado. Aparecen los malos y los buenos, héroes y villanos, la imaginación y la realidad. Stann Lee nos ha resucitado La Iliada con héroes actuales, con sus pasiones, sus virtudes, sus temores y su fe en ellos mismos. El guión lo pone cada uno de nosotros, pero si entre nosotros hablásemos veríamos que para todos es lo mismo. No deja de ser la nueva lectura de un libro eterno, escrito en el imaginario de la vida, de la de todos, desde los iniciales dibujos animados hasta la vuelta al lugar de dónde venimos, esperando antes el abrazo de los que dejamos. Todos somos héroes y no de película, sino de una realidad que empieza y no sabemos si acaba.

La Iliada

Lo cotidiano y la necesidad de plegarte a las razones humanas hace que se plieguen también los héroes. Se les ve muy de vez en cuando. Casi nunca, porque miramos poco al cielo. Pero vuelan y allí están siempre. A nuestro lado.

Esta era la crónica cotidiana de la actualidad y me he ido por donde no quería. No sé como terminar. Empecé de una manera que nada tiene que ver con el final. Quizá sí. Porque hoy quería hablarles de héroes muy corrientes y normales. Porque entre tanta miseria y esclavismo, entre tanto sometimiento humillante al poder establecido, de cualquier manera, en estos días han surgido esos héroes de los que realmente yo quería hablar. Son un juez y un abogado del Estado que han dicho ¡basta!, y se les ha caído el equipo. Decir eso a “estos” es jugártela; porque “estos” son los malos de la película y tienen el poder. Y los héroes cotidianos, como el juez y el abogado (nosotros), no tienen traje para volar, ni tela de araña, ni martillo, ni nada de nada. Y lo que tienen es honradez, vergüenza y dignidad, ese traje, que es el de todos los tiempos, aunque no se vea, pasará, como en la Iliada, que les salvará. Porque a la postre, como en la vida, como al final de la vida, lo que vale y cuenta es la moral, la verdad, la dignidad, la honradez, y saber volar.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

24 noviembre 2018

SIN NAVIDAD EN EL FRENTE. ¡FELIZ NAVIDAD!

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Es Navidad

Esta vez el  frente no es la primera línea de combate, allí donde vigilan nuestros soldados. Esta vez vamos a dar media vuelta para quedarnos mirando a la retaguardia. En el frente no hay duda del tipo de Navidad que se celebra. En la retaguardia las cosas no están tan claras. Se libra una incierta batalla que pone en peligro el sentido profundo de la Navidad.

En aquellos combates corres el riesgo de perder la vida.

En los que aquí se libran tienes el riesgo de perder el sentido de la vida. Todo tiene su origen en una misión cumplida y otra por cumplir. En un riesgo asumido y otro que nadie asume. Allí, aún no hemos perdido ni una batalla, siempre vencedora la dignidad, pero aquí está por ver cuando ganaremos una.

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La Navidad (Velázquez)

Allí te acogen, te esperan y sienten tu protección. Quisieran tenerte siempre con ellos. Aquí, de algún lugar nos han expulsado, con desprecio incluido.

El verdadero sentido de la Navidad significa entrega o disposición permanente, incluso a dar la vida. No caprichosamente, ni con desprecio a la existencia, sino con la trascendencia que implica ir más allá de los límites temporales. La vida por los demás; sin importar qué piensan los demás, quienes son o como viven. Eso es Navidad. Más allá de luces y quimeras. Más allá del corto horizonte que se abre entre las balas y las bombas. Abrirse paso en esos escenarios es en ocasiones más fácil que hacerlo entre la mentira y la venganza, entre el sectarismo ideológico, entre la imposición, entre las balas silenciosas y las bombas que estallan en los conductos que se dirigen al corazón del alma. Bien lo saben los soldados. Cuesta vigilar, cuesta la soledad; sufre la mirada que vigila y sufre el incierto paisaje. Pero hay calor de hogar entre compañeros de armas y sentimientos, entre los mismos pensamientos coincidentes en la profunda Navidad. Nunca hay un soldado solo; no sería un soldado; siempre al menos dos, que son binomio, pelotón, compañía en definitiva.

Irak, Afganistán, Líbano, Malí, Somalia, Senegal, el Mediterráneo, Índico, Turquía, República Centroafricana… ¡Feliz Navidad! Servicio y entrega. Sacrificio, entrega. Una vocación. El Belén les acompañará. La tradición.

Mirar a retaguardia es peligroso y descorazonador. Estos días navideños quisiéramos sustraernos a esa inquietud permanente. No es fácil. Cualquier debilidad es aprovechada. El centinela no descansa y tiene permanente relevo, veinticuatro horas, un año, toda la vida. Centinela alerta que espera la aurora. ¡Gracias soldados!

Desde este blog de veteranos -no estamos retirados del todo ni de todo-,  nos relevamos en la vigía.

A ustedes queridos lectores que en esa vigilancia nos acompañan, cortas se nos quedan las palabras para agradecerles su apoyo con el que esperamos seguir contando desde la humilde sinceridad y el arrogante amor a España.

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¡Vigilantes!

Estemos todos vigilantes desde la atalaya o la cofa.

A todos, soldados y lectores, amigos y adversarios, incluso al que se cree enemigo, desde el corazón y la razón:

¡Feliz Navidad!

Blog: generaldavila.com

(TG. Emilio Pérez Alamán/GD. Rafael Dávila Álvarez/GD.Juan Chicharro Ortega/GB.Adolfo Coloma Contreras).