SUSPIROS DE ESPAÑA. Rafael Dávila Álvarez

Fue la Infantería española, la de Marina, la que en 1902 en Cartagena estrenó el pasodoble de Antonio Álvarez Alonso con letra de José  Antonio Álvarez Cantos.

¡Ay de mi! ¡Pena mortal!,

porque me alejo, España, de ti.

¿Por qué me arrancan de mi rosal?

El pasodoble como lo define el Diccionario de la lengua española es «una marcha a cuyo compás puede llevar la tropa el paso ordinario». ¿Hay algo más bellos que desfilar al paso de Suspiros de España?

Suspiramos sin duda en estos tiempos, porque

¡Ay, madre mía!

¡Ay! ¡Quién pudiera

ser luz del día

y al rayar la amanecida

sobre España renacer!

España se nos va de las manos. Amor a España, sentir España: Suspiros de España.

Nos quitan hasta la palabra y con ello, decía Unamuno:

La palabra es el consuelo

que nuestra esperanza labra;

(«Cancionero», núm.392)

Una música que une, un sentimiento común, un horizonte de nación. Alguien trabaja, día y noche, por acabar con España, sin darnos cuenta, sin apenas sentirlo. Desde el poder, que al poder han llegado, para derrumbar el sentido de españolidad, para acabar hasta con el suspiro por la unidad.

En mi corazón,

España, te miro,

y el eco llevará de mi canción

a España en un suspiro.

Libre el sentimiento, la nostalgia, lleno de amor a España, el pasodoble Suspiros de España llegó a estar posicionado para convertirse en himno nacional con la II República, como publicaba el Heraldo de Madrid en un artículo con el título: «Veintidós millones de españoles en busca de un himno nacional».

No pudo ser. Alguien habló de lo que siempre separa en España: «connotaciones regionales» se argumentó cuando nada hay más bello que la definición de Unamuno:

Ávila, Málaga, Cáceres.

Játiva, Mérida, Córdoba,

Ciudad Rodrigo, Sepúlveda,

Úbeda, Arévalo, Frómista,

Zumárraga, Salamanca,

Turégano, Zaragoza,

Lérida, Zamarramala,

Arramendiaga, Zamora,

Sois nombres de cuerpo entero,

Libres, propios, los de nómina,

el tuétano intraducible

de nuestra lengua española.

(«Antología», 369)

Una música de lo más bello y profundo que define a España y que hoy uno al clamor de Unamuno: «¡Señor, Señor! ¿Tú, que creaste el mundo con la palabra, no con el brazo, protege a la inteligencia de España!» (El Liberal, de Madrid, 3-X-1923).

Quizá le falte a la palabra verse acompañada de la música. Todo con inteligencia que expulse la maldad.

«En mi corazón, España, te miro, y el eco llevará de mi canción a España en un suspiro».

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

8 febrero 2021-02-06