EL NECIO Y LOS LUNÁTICOS Rafael Dávila Álvarez

Él puede. Es el poder, súbditos nosotros. Se place en el insulto y a la verdad llámala lunáticos. El suyo no es un Gobierno socialcomunista, no atacan a la forma de Estado, no mienten, nunca lo hicieron.

Habrá que remontarse a épocas mejores, pero también repletas de mentira.

Están escritas en los mentideros donde es posible encontrar de todo, pero sobre todo una mezcla de venganza, poder y dinero que ni el diablo domina. De todo hay; hasta el 23F cuando a alguno se la metieron doblada para desviar la atención lejos de los que se reunían en las rurales fiestas de la Cataluña profunda. Tramando, tramando. Ellos saben lo que digo.

Capitalismo, socialismo y comunismo no se diferencian en mucho. Dos ingredientes los sueldan históricamente: el poder y el dinero (no son lo mismo). Ellos, de vez en cuando, fabrican el señuelo del necio, (por ser correcto y no ahondar en calificativos sino en conceptos).

Suele ocurrir «que el necio en su casa ni en la ajena sabe nada, a causa que sobre el cimiento de la necedad no asienta ningún discreto edificio. Y dejemos esto aquí, Sancho, que si mal gobernares, tuya será la culpa y mía la vergüenza». La que siento después de este recorrido por la cúspide del poder donde hay toda una cúpula de Interior encarcelada (por casi nada) y un Director General de la Guardia Civil que robó la cartera a la pareja y quiso vender el honor. Blanqueo del imposible color negro de la reciente historia de España donde siempre han metido la mano para sacarla del rojo al amarillo.

Lo más peligroso de la historia es cuando el necio se queda solo, sin control, y un comunista le mete la mano por la espalda y un capitalista de nuevo cuño le pone voz. El muñeco empieza a cantar; sin saberse la letra entona la música y tararea. Adormece al pueblo que siempre estuvo poseído de inocente agresividad.

Los dosieres tienen un problema. Hay que tener licencia de armas, porque se disparan solos, basta  con apretar el gatillo y nunca sabes en quien impacta, incluso el papel, como las balas, rebota.

Se le oye decir a quien quiere escucharle: «Le tenemos cogido por los…». El pueblo está expectante por si hay que salir a la calle. Lo mismo da un auto de fe, autillo o público, que una verbena; la calle manda cuando está bien dirigida.

Tendrán que perdonar a uno más de tantos lunáticos que vemos donde no hay, y no sabemos leer en los entresijos de este presidente del gobierno que nos insulta llamándonos así: lunáticos. Ya decía yo que tanto soñar con la razón no era bueno.

¡Rey don Sancho, rey don Sancho!,
no digas que no te aviso…!

«Y dejemos esto aquí, Sancho, que si mal gobernares, tuya será la culpa y mía la vergüenza».

Esto, como vemos, es una historia de necios y lunáticos. No puede salir nada bueno Sancho; o rey don Sancho.

Sin novedad en España. Todo en orden y desconcierto.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

14 diciembre 2020