CUANDO LOS MUERTOS SON LOS VIVOS Rafael Dávila Álvarez

El tema de la muerte, a pesar de estar siempre presente, es eludido casi tanto como el del dinero. Nadie sabe cuánto (s) tienes. Ni muertos ni dinero, temas desagradables y poco sociales. Son cosas de tu banquero y de fugaz conversación de tanatorio -antes salida del funeral-.

Eran obras de misericordia enterrar a los muertos y visitar a los enfermos. No al banquero.

Ahora las obras de misericordia son obras sociales. Lo social, con ministerio, ha pasado a ser una nueva religión. De igualdad social, ¿eufemismo o insulto?: <<Da igual>>. Igualdad ante la muerte, no ante el banquero. ¿Después? ¡¿Quién sabe?!

Para Epicuro <<La muerte no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos, no existe, y cuando está presente no existimos, y así, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos>>.

He sentido el escalofrío, al ver y oír ese homenaje social (?), de Estado (?) a los muertos por el Covid-19, de frío ante tanta frialdad (de confundido Estado). ¿Dónde están los muertos a los que se rinde homenaje?

¿Cuántos son? Ni la Legión, novios de la muerte, ha tenido tantas bajas en sus cien años de historia. Hecho balance: 9.722 muertos, 35.200 heridos, 1.000 desaparecidos. Suponen 46.000 bajas.

Covid-19 según datos oficiales: 257.000 casos confirmados (bajas); 28.413 fallecidos (?). Falta la cifra de los arrojados a las fosas comunes de la muerte, y aún así suman la escalofriante cifra de 285.413 bajas, despachadas con frialdad moral, en un caluroso amanecer, usando el recinto palaciego ajeno, <<quitándose el muerto de encima>>, que son de Estado y no del Gobierno.

En lo que llevamos de democracia jamás se ha visto un acto semejante, tan alejado de nuestras tradicionales ceremonias y que trae el recuerdo de las que se organizan en estancias de decisiones oscuras, húmedas, y medidos protocolos.

Es real la muerte para quien ha perdido algo tan humano como un ser querido. Existe y le ha visitado, aunque oficialmente no haya contado.

Inútil una ceremonia que no suprime el dolor del alma, ni cura ni acompaña ni consuela.

No claman los vivos un homenaje, sino una explicación y responsabilidad del culpable por sus muertos. No hay respuesta, sino la mentira tapada en un patio palaciego como una mueca desencajada a la historia de los muertos de España. Una vez más.

Les avisó el protocolo de que no moviesen las blancas sillas para no hacer ruido. Ceremonia donde los vivos responsables se sentaban en sus impolutas sillas; como muertos. La cámara, irónica, inmortalizaba la ceremonia. No quieren ruido.

La muerte convertida en lo que nunca deber ser: espectáculo.

Por muy blanco que lo escenifiquen, el duelo sigue. No debemos cerrar los ojos y dormir.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

20 julio 2020