EL SUBMARINO HUNDIDO: ADIÓS Y LA SONRISA FINAL. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

Solo el que le ha visto las orejas al lobo sabe lo que significa decir «adiós». Cuando su adiós fue tal.

Llegan difuminadas las palabras de José Rizal en Mi último adiós antes de morir fusilado:

Ora por todos cuantos murieron sin ventura,
por cuantos padecieron tormentos sin igual,
por nuestras pobres madres que gimen su amargura;
por huérfanos y viudas, por presos en tortura
y ora por ti que veas tu redención final.

Ha recorrido el mundo el video que grabaron los marineros del submarino indonesio KRI-Nanggala-402 hundido al norte de Bali cuando sabían que su final estaba cerca. Adiós, entonan. A Dios. Solo eso.

El legionario Braulio en el Centenario de la Legión nos dejó elocuentes palabras sobre la muerte.

«El morir en el combate es el mayor honor….

Siempre la muerte. Habéis venido a morir. Una cosa es no tenerle miedo a la muerte y otra quererla. Yo sé que nuestro jefe quería que nos hablasen de la muerte para que le quitásemos esa imagen de horror, de temor, de negra guadaña que atemoriza. Por eso hablaba de una novia joven y bella besando nuestra frente. También decía que fuese nuestro Ángel de la Guarda que nos llevase al Cielo.

Aquí, entre nosotros, no hablamos de esas cosas de la muerte. Si acaso entre cada dos, como juramento entre ellos, y lo que has de hacer si acaso, pero nada más. La muerte no forma parte de nuestras tertulias, ni está ni se la espera, pero si viene a ninguno nos va a asustar. Sí, sabemos que vamos a morir, como todos, y que en el lugar en el que combate la Legión la muerte está más cerca; eso no significa nada. Sabemos lo que hacemos y por qué lo hacemos. Aquí nadie va a lo loco, nadie se la juega sin motivo o razón. La muerte hay que saber esquivarla, con valor, pero tonterías con esa cercana posibilidad ninguna, porque yo creo que si tú te la juegas alegremente, insensatamente, estás jugando no con tu vida sino con la de los compañeros. Pero recular, de eso nada.

Nadie queda en el campo, aunque muramos todos. ¿Quién dijo miedo?».

Letra serena. Adiós.

Sampai Jumpa, adiós, cantan los soldados; lo hacen sonriendo a la muerte. Han entregado lo que se les pide: la vida.

Debe reconfortarnos saber que aún hay gente que a cambio de muy poco están dispuestos a todo y en este caso, los soldados, a dar su vida por los demás, aunque haya muchas ocasiones en las que miramos para otro lado y eso no nos parezca trascendente.

Como dice el refrán solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.

Y cuando ya mi tumba de todos olvidada
no tenga cruz ni piedra que marquen su lugar,
deja que la are el hombre, la esparza con la azada,
y mis cenizas, antes que vuelvan a la nada,
el polvo de tu alfombra que vayan a formar.

«La vida huye y no se detiene ni una hora».

En la hora de la muerte un ejemplo de vida, que nos enseña para qué y por qué merece la pena ofrecerla. Mientras haya hombres dispuestos a darla para servir sin servirse, sin mirar a quién, sin reprochar, sin odiar y con una sonrisa final.

Un ejemplo de muerte para la vida.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

28 abril 2021

LIBERTAD. VACUNAS. MUERTE. NEGOCIO Rafael Dávila Álvarez

No vacunar equivale a muerte. Una vez que la vacuna existe todo lo que no sea acelerar su fabricación, administración, día y noche, sin descanso, es abrir la puerta a la muerte. También a la tiranía, a la falta de libertad.

Vacunar. Eso es lo único importante y a lo que deben prestar su atención los dignísimos políticos europeos; pero nos interesan en concreto los españoles. ¿Dignidad? Déjense de mociones de censura y tengan la suficiente para ocuparse del problema número uno que nos domina. Nos estamos muriendo; no sé si se habrán enterado. Repito: nos estamos muriendo. Ya ni los cuentan, ni nos dan las cifras, quizá no las saben.

La Moncloa es un avispero político donde las abejas zumban sin control agitándose la colmena de España. Sin orden ni vergüenza fabrican hiel y no miel.

Hay edades en las que la muerte empieza a ser demasiado familiar. Se van los más cercanos en edad e historia, los que te han acompañado en esta lucha cruel para sacar adelante España siempre con una sonrisa y la aceptación de todo, y todos con respeto y sacrificio. No ha sido fácil, y no es justo acabar así.

De repente nos ha asolado una pandemia de muerte de la que ¿nadie tiene la culpa? Creemos y desearíamos que así fuese. Pero…

Después de muchas dudas —algunas continúan— la ciencia ha logrado sacar adelante la única solución, por ahora: la vacuna. Diversas, más o menos eficaces, pero hasta ahora la única solución en nuestras manos aparte de amordazarnos y limitar nuestras capacidades de vida y libertad.

Mira por donde el proceso es tan lento que parece que nunca llegará el final. Sigue en aumento el número de muertos, escandaloso, mientras los políticos en vez de aunar fuerzas para lograr cantidad, calidad y rapidez, se dedican a clavarse el aguijón. Una vez más demuestran el sumo interés que tienen por nosotros.

Lo de la política en España se ha convertido en una vergüenza que ha traído mucha miseria, hasta tal punto que la muerte ha quedado en un segundo plano.

Incontrolada pandemia. Sin duda en España, donde el presidente del Gobierno ha soltado las riendas y cada Autonomía va a lo suyo sin orden ni control. O lo que es peor, el presidente del Gobierno ataca a las Autonomías en las que no manda y abandona a su suerte a unos y a otros. ¿Aquí no manda nadie?: «Entre todos la mataron, pero ella sola se murió».

Es difícil entender lo que está ocurriendo con las vacunas y su proceso de administración. Cada día surgen más interrogantes, se ralentiza el calendario y la muerte sigue su ronda imperturbable.

Llega el momento de la pregunta: ¿Será todo esto un negocio? Voy más allá: ¿Será un negocio político?

Contéstense ustedes mismos y ¡revuélvanse! contra la pandemia política peor de la historia de España. Aunque solo sea por los que ya no pueden hacerlo; que hasta el último adiós les vetaron.

Y no olviden lo que es libertad.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

27 marzo 2021

 

 

EUTANASIA. EL SOBERANO DE LOS MUERTOS LEGISLA. Rafael Dávila Álvarez

Culpables o no, desde lo oculto nada queda claro y es posible pensar en cualquier cosa. Pandemia, sin horizonte, cada vez más, y aumentan las dudas ¿Fracaso de la ciencia? ¿De la política? ¿Del ser humano? Que de todo hay en la viña.

El caso es que la muerte acecha en el momento que se anuncia la vida.

Este año la estrella se llama duda y a ella miramos. La pregunta no es sobre la duración de la pandemia, ni siquiera sobre el futuro que nos espera. Tampoco es una petición para ir a mejor. Sabemos que todo eso no dará resultado. Seguirá como está, y con la realidad de que las cosas serán como son y no como nosotros quisiéramos que fuesen.

Solo hay una fórmula para salir adelante, individualmente (colectivamente es más difícil, pero posible): esfuerzo y constancia. Esta es una prueba de esfuerzo, de largo recorrido.

¿Qué le preguntaría a la estrella que acompaña a la duda? Llevo años pensando en ello y he tenido la oportunidad de constatar lo que me planteo.

Todo, o casi, lo que nos rodea, nos informan, y aparece en los medios más conocidos, los que crean opinión, está bajo el poder. ¿Quién es el poder?

Lo acabamos de ver hace muy poco. Uno de los grandes medios de opinión ha estado sometido a fuertes presiones económico-mediáticas y han triunfado, como es lógico, las mediáticas, el poder que se esconde y que también es capaz de convertirse por otras vías en económico. Son lo mismo. Es cosa de irse adentrando en los misterios de las cloacas, sus reinos, donde no hay más república que la imposición y el trueque.

El caso es que tengo la certeza de que somos un pueblo mal informado o, lo que es peor, teleinformado, teletrabajado y teleatontado…, en definitiva mediatizado, al que solo falta asentir: ¡como debe ser!

Sin personalidad ni criterio, que queda para los sabios y libres; se cuentan con los dedos de la mano. Oculto está casi todo y lo que se cocina en ciertos lugares es desconocido por la mayoría.

Tan listos y tan bien dirigidos e informados, que hasta somos capaces de legislar la muerte. Por Navidad. Eutanasia. ¿Le ha preguntado alguien sobre un tema de tanta gravedad? Oigo los lamentos de los santos inocentes a los que alguna Institución venerable debería proteger y consolar. O cuidar. Al menos enfrentarse a la muerte y a los que quieren legislarla. Con dignidad, pero con dureza y sobre todo crudeza. No solo de pan vive el hombre. ¿Hay alternativa? Me llega el rumor de los peces en el río. Desde el Canto Once de la Odisea también me llegan voces pavorosas. Sé que son «aladas palabras», pero Homero sigue siendo la primera palabra: cólera, Hades;  y será la última: «Así ellos las exequias celebraban…».

Alguno se ha sentido el Soberano de los muertos.

Cuando acabe la partida rey y peón vuelven a la misma caja. Mientras, que corra el champán.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

22 diciembre 2020

 

CUANDO LOS MUERTOS SON LOS VIVOS Rafael Dávila Álvarez

El tema de la muerte, a pesar de estar siempre presente, es eludido casi tanto como el del dinero. Nadie sabe cuánto (s) tienes. Ni muertos ni dinero, temas desagradables y poco sociales. Son cosas de tu banquero y de fugaz conversación de tanatorio -antes salida del funeral-.

Eran obras de misericordia enterrar a los muertos y visitar a los enfermos. No al banquero.

Ahora las obras de misericordia son obras sociales. Lo social, con ministerio, ha pasado a ser una nueva religión. De igualdad social, ¿eufemismo o insulto?: <<Da igual>>. Igualdad ante la muerte, no ante el banquero. ¿Después? ¡¿Quién sabe?!

Para Epicuro <<La muerte no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos, no existe, y cuando está presente no existimos, y así, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos>>.

He sentido el escalofrío, al ver y oír ese homenaje social (?), de Estado (?) a los muertos por el Covid-19, de frío ante tanta frialdad (de confundido Estado). ¿Dónde están los muertos a los que se rinde homenaje?

¿Cuántos son? Ni la Legión, novios de la muerte, ha tenido tantas bajas en sus cien años de historia. Hecho balance: 9.722 muertos, 35.200 heridos, 1.000 desaparecidos. Suponen 46.000 bajas.

Covid-19 según datos oficiales: 257.000 casos confirmados (bajas); 28.413 fallecidos (?). Falta la cifra de los arrojados a las fosas comunes de la muerte, y aún así suman la escalofriante cifra de 285.413 bajas, despachadas con frialdad moral, en un caluroso amanecer, usando el recinto palaciego ajeno, <<quitándose el muerto de encima>>, que son de Estado y no del Gobierno.

En lo que llevamos de democracia jamás se ha visto un acto semejante, tan alejado de nuestras tradicionales ceremonias y que trae el recuerdo de las que se organizan en estancias de decisiones oscuras, húmedas, y medidos protocolos.

Es real la muerte para quien ha perdido algo tan humano como un ser querido. Existe y le ha visitado, aunque oficialmente no haya contado.

Inútil una ceremonia que no suprime el dolor del alma, ni cura ni acompaña ni consuela.

No claman los vivos un homenaje, sino una explicación y responsabilidad del culpable por sus muertos. No hay respuesta, sino la mentira tapada en un patio palaciego como una mueca desencajada a la historia de los muertos de España. Una vez más.

Les avisó el protocolo de que no moviesen las blancas sillas para no hacer ruido. Ceremonia donde los vivos responsables se sentaban en sus impolutas sillas; como muertos. La cámara, irónica, inmortalizaba la ceremonia. No quieren ruido.

La muerte convertida en lo que nunca deber ser: espectáculo.

Por muy blanco que lo escenifiquen, el duelo sigue. No debemos cerrar los ojos y dormir.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

20 julio 2020

Reflexión sobre la felicidad (Pedro Motas Mosquera)

Estos pasados días de fiestas, todos hemos deseado felicidad: ¡feliz navidad!, ¡feliz año nuevo!… pero ¿qué es la felicidad?

La sociedad, la cultura y la publicidad intervienen en la definición de la felicidad que buscamos, pero la búsqueda seria de la felicidad es una incursión en muchos niveles y facetas de la vida, es una evaluación sincera y reflexiva. La felicidad es, sin duda, posible, pero puede no consistir en lo que pensamos al inicio de la búsqueda. La felicidad no es un accidente fortuito de la existencia, sino una cualidad personal que hay que dominar y emplear y en la que hay que confiar.

Es sumamente fácil concentrarnos en lo que no tenemos, hasta el punto de no ser conscientes de todo cuanto tenemos en la vida. Hay una parte de nosotros que tiene una sed de vida que, sencillamente, no puede ser apagada. Cuantas más sorpresas, cuantos mayores desafíos, cuanto más largo es su alcance, tanto más rápido late nuestro corazón y más profundamente respira nuestro espíritu ante el mero pensamiento del mañana. Nos levantamos cada mañana prestos para lo que la vida traiga y decididos a adoptarlo a nuestros fines. Estamos vivos con la vida.

Si sabemos instintivamente que somos los únicos posibles inventores de la plenitud de nuestra felicidad, tenemos que considerar conscientemente lo que ello exige, o la vida pasará simplemente por nosotros mientras seguimos pensando en vivirla. La felicidad no está en nuestras manos; en el mejor de los casos, es algo escurridizo y arbitrario. No nos queda sino depositar nuestra esperanza en otros mundos… o en ninguno en absoluto. El problema, claro está, radica justamente en identificar qué es la felicidad, cómo lograrla o esperanza en alcanzarla.

Yo he amado la vida en cada momento, he anhelado cada aliento de ella, me he ido haciendo mayor y la he amado aún más, he encontrado mucho de lo que la vida ha significado para mi en mi interior; y a pesar de todas las luchas aceptaría más de ella si pudiera. Pero también he aprendido que la felicidad es un trabajo continuo y que la muerte hay que aceptarla con resignación y paciencia, como algo natural y que nadie puede escapar porque es algo que sigue a la vida; y si ignoramos la muerte, creo que estaremos condenados a vivir una existencia poco profunda, a vivir insatisfechos, espiritualmente hablando.

Al mismo tiempo, sin embargo, la sociedad contemporánea lleva mucho tiempo a merced de la primera persona en búsqueda. Seguros de que hay una cosa llamada “felicidad”, hemos aprendido a quererla, esperarla y poder comprarla de inmediato. En realidad, la gente en una cultura como la nuestra espera comprar felicidad como compra cualquier otra cosa. Y después, frecuentemente descubrimos que esa vida no hace que nos sintamos mejor de cómo nos sentíamos antes de endeudarnos para conseguirla.

Una vez afrontados nuestros obstáculos internos a la felicidad, podemos asumir lo que nos ata a nuestro pasado. Si realmente perseguimos la felicidad, debemos afrontar lo que nos ancla de modos que nos privan de la felicidad que buscamos. Debemos desarraigar el miedo, la ira, la superficialidad, la incertidumbre y la negatividad que tratan de socavar nuestros momentos de felicidad. Entonces, sabiendo mejor lo que la felicidad exige de nosotros, podemos rectificar el curso para alcanzar la plena consumación en la vida y seguirlo con confianza y valor.

Valorada por su belleza, pero huidiza en su rareza, el ave de la felicidad está siempre presente, aunque no sea claramente visible, como posible, pero nunca enteramente realizable, en el corazón de cada cultura. Su vuelo posee un magnetismo impresionante; es buscada, pero rara vez es encontrada, y es incluso más difícil de capturar y retener. Cautiva por doquier.

Ojalá que el ave de la felicidad guíe al buscador que hay en nosotros, a través de toda esta reflexión, hacia las profundidades de nuestra alma, hacia las cimas de nuestras mayores aspiraciones y hacia la plenitud del sentido de la felicidad que estamos perennemente buscando.

Pedro Motas Mosquera

Blog generaldavila.com