¿POR QUÉ VA A SER MALO QUE SE EDUQUE EN VALORES DE LAS FUERZAS ARMADAS? General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Hay que decirlo: ¡Bien ministra! Se nota cuando se dice para la galería y cuando se dice desde el corazón.

La ministra de Defensa María Dolores de Cospedal ha estado valiente, sincera y mandando. Con autoridad; <<Capitán mande firmes>>, ha sonado en el Senado español en la sesión de control al Gobierno. Desde la plaza de la Marina española llegaba al hemiciclo el apagado ruido del taconazo.

España se españolizaba ante los atónitos ojos y oídos de aquellos senadores habituales a visitar el salón de Pasos Perdidos. Desorientados.

En la puerta de Bailén ondeaba la bandera movida por una brisa limpia y nueva que sonaba a cantos de infancia jugando a soldaditos de plomo… impávido con su fusil al hombro.

Una ráfaga en forma de senadora acusaba a la ministra de querer españolizar a los alumnos porque el ministerio ha firmado recientemente un convenio con la asociación de centros de enseñanza privados para llevar la cultura de defensa a las aulas y facilitar que profesores y alumnos conozcan la labor y los valores de las Fuerzas Armadas. Los valores de los soldados van a penetrar en las aulas de los niños, El intrépido soldadito de plomo de Andersen vuelve a nuestra infancia, sea bienvenido, y Unidos Podemos se pone nervioso pensando que eso a la larga le dejará en el banquillo, el de los ausentes del juego democrático, cuando el juego sea la educación en valores, el valor de los valores. Quedarán al descubierto en cuanto la formación, en valores, se imponga.

¡¡¡Quieren españolizar a los alumnos!!! Ha sonado en el Senado como ventisca y metralla… Confusión. Dice la senadora, de no sé qué partido,  que las Fuerzas Armadas son <<un espacio opaco, cerrado, con una justicia paralela y sin derecho a sindicarse ni libertad de expresión>>. ¿Lo sabían ustedes? Yo no me he enterado hasta ahora.

La ministra con esa fuerza que le da su ministerio, el del valor y el honor, el de la verdad y la entrega sin límites de los que en vanguardia tiene, ha contestado con su mejor ironía y acierto:  <<¿Por qué va a ser malo que se eduque en valores de las Fuerzas Armadas? ¿Les parece mal eso que hacen las Fuerzas Armadas de defender de manera incondicional España y que España se contagie y se pueda defender?>>.

¡Qué pena que solo lo malo se contagie! ¡Qué pena que no nos invada una epidemia de españolidad! Sin vacuna posible.

<<Enseñar a nuestros jóvenes cómo son sus Fuerzas Armadas y cómo les protegen es una buena manera de reivindicar nuestra nación, inculcar los valores de solidaridad, pertenencia a la nación y defensa de nuestro modelo de convivencia, derechos y libertades y nuestro reconocimiento como españoles>>. Terminó diciendo la ministra.

No acabó ahí la cosa. Le tocó el turno al ministro de Educación. El ataque estaba preparado y la munición era abundante. La descarga no se hizo esperar: ¡Han cantado el novio de la muerte! ¡Cuatro ministros en Málaga cantando con la Legión!

No podía faltar el recuerdo a la Legión en el Senado español. ¡¡¡Han cantado ustedes el Novio de la Muerte!!!

Alguien llegó a pensar que de un momento a otro iba a sonar el ¡A mí la Legión! Pero se interpuso Manolo Escobar con ¡Viva España! A partir de ahí aquello se convirtió en una verbena veraniega; estropeada por el mal gusto en la decoración.

La ráfaga en forma de senadora volvió al ataque sin la fuerza de las convicciones, con la metralla de lo inútil, desechado y zafio. La tarde lluviosa y fría no impedía que la contaminación intentase sentarse en el despacho de Honor del Senado. Suele estar vacío.

Un guirigay insoportable inundaba lo que se supone un lugar de respeto, convivencia, solidaridad, defensa de la nación, trabajo en equipo, responsabilidad, libertad y defensa de los valores constitucionales. Como hacen los soldados. Como quieren enseñarle a los niños. Se oyó de todo. Aquello era una grosera boutade, una orgía de sandeces.

Poco más dio de sí…, poco más se puede esperar.

Hubo que romper filas y abrir las ventanas del hemiciclo para ventilar la defensa.

La tarde declinaba por el Campo del Moro cuando, al fin, se cerraba la sesión de control al Gobierno después de que la ministra de Defensa defendiese lo que parecía olvidado: España y sus Fuerzas Armadas, los valores que día a día practican sus soldados y que ahora pueden conocer los niños españoles, como los de cualquier nación de nuestro entorno, en su educación.

No nos los cuenta nadie y nadie tiene en cuenta estas tardes senatoriales.

Nosotros sí y seguiremos contándoselo.

La ráfaga de españolidad no contagió a los senadores que se despedían en el salón de Pasos Perdidos. Algunos están vacunados contra la, para ellos, enfermedad llamada España.

Los niños podrán conocer su Bandera, su Himno nacional, su Escudo, y a sus Fuerzas Armadas. Puede que hasta una epidemia de españolidad inunde España. Esperamos y deseamos que sea muy contagiosa y sin vacuna posible.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

12 abril 2017