EL DOLOR DE LA NIETA DEL ALMIRANTE CARRERO BLANCO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

El Almirante Carrero Blanco

Con dolor leo en Cartas al Director de un diario nacional la de María Shoendorff  Carrero Blanco, nieta del almirante asesinado por ETA el 20 de diciembre de 1973. María se refiere a los insultos de un personaje del que conviene olvidarse, pero sin dejar de protegerse. Un personaje que tiene como estilo de vida insultar, mofarse y ofender a las víctimas que sufren en el alma el asesinato terrorista. Dejemos al minúsculo personaje de mayúscula repugnancia sin olvidar que en su insignificancia no deja de ser una pieza del engranaje del mal que nos acecha. Estemos en guardia y protegidos.

Ser víctima es un dolor que se va heredando de generación en generación y que te lleva a tener que explicar lo inexplicable a las generaciones de niños que te suceden y que no entienden lo que pasó y aún menos porque aquello no acabó. ¿Cómo explicarles lo que ninguno entendemos? ¿Cómo aún se permite que insulten y se rían de tu padre, madre, abuelo, bisabuelo, hermano…, asesinado?

Es muy duro lo que digo, pero estoy convencido que los verdugos se encargan de ir alimentando este dolor y que permanezca para siempre. No tengo la menor duda de ello. Por sus obras los conoceréis.

El perdón no lleva el arrepentimiento del otro. Existe la maldad humana. Es primaria, pero constante, permanente. En España en concreto tiene nombre: ETA en todas sus vertientes, la de los cobardes asesinos pistoleros y la de los más cobardes que dirigían, dirigen y alcanzan el poder desde el miedo. Luego están los malos de maldad enfermiza que ríen, jalean y apoyan cualquier cosa que huela a podredumbre.

No hemos vencido a ETA. No conviene sacar pecho; los que lo sacan no saben lo que hacen. ¿O sí? ETA y su entorno solo han dejado de matar. Temporalmente. Ahí siguen escalando por la cuerda del poder mientras vemos que el desprecio a las víctimas les acompaña en su ascenso. Ya no matan. Temporalmente. Pero hay muchos muertos. Cada generación arrastra el dolor y la incomprensión, pero ellos siguen escalando el poder. El del mal; siempre. Sin arrepentimiento ni perdón. Nadie hace nada por impedirlo.

María Shoendorff  Carrero Blanco sufre y lo proclama con valentía y dolor. Un dolor inexplicable. ¿Cómo se lo explica a su hija?

Ante ello solo hay dos actitudes.

Una exigible: la institucional, de apoyo, defensa permanente ante cualquier insulto o burla, y si la ley ahora es blanda y no contempla esta condena, que se cambie, que se contemple. Protección, apoyo y sensibilidad institucional es exigible. Reconozco que soy incrédulo.

La otra, María, nieta del almirante Carrero Blanco, es tu gran corazón, como el de tu abuelo, al que conocí y tuve el honor de que fuese testigo en mi boda. La bondad. A pesar de todo.

Con ese corazón enseñarás a amar, nunca a odiar, y tu hija sonreirá. El mal existe y no va a desaparecer, pero el bien triunfará. Sois las madres las que con vuestra sensibilidad sabéis explicar lo que yo con mis torpes palabras no sé hacer.

Es seguro que un gran corazón alivia y consuela. Está alerta y protege. Contra el insulto y contra el dolor. Contra el odio.

De las instituciones no esperes nada. De la gentuza que insulta y se burla del dolor menos. Por sus obras los conoceréis.

Carta enviada por la nieta del Almirante Carrero Blanco al diario ABC

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog generaldavila.com

 

6 marzo 2018