EL REGRESO DEL REY JUAN CARLOS I Rafael Dávila Álvarez

La fiscalía, al fin, se ha pronunciado.

Llevo tiempo dándole vueltas al tema de la injusticia que se está cometiendo con nuestro Rey Don Juan Carlos, de manera impúdica, y cómo nadie sale en su defensa que es la de España y la historia de estos años tan brillantes para nuestra Patria.

Desde mi humilde persona procuro luchar y recabar apoyos para ello, por España y nuestra historia, con resultados, como es lógico, mínimos ya que aquí, en este humilde blog, no hay inversión ni diversión, aunque haya mucha intención.

No importa porque sé que muchos lo leen y mantengo la alerta de la infantería española, que son todos ustedes; pero es insuficiente a todas luces.

Como les digo le doy vueltas al tema y creo que sería necesaria una campaña bien dirigida para devolver a España la figura de su Rey y ensalzar su deteriorada imagen que ha sido manipulada (con mala intención) por gente cuyos nombres nos avergonzaría de darse a conocer, incluso el de algunos que dicen haber sido sus fieles amigos y hoy gozan de brillantes ingresos y posición, gracias a él. Son legión. Pero ese no es el tema, aunque me duele y calle.

El tema es que desconozco los pasos a dar y con quién contar para iniciar una campaña de recuperación de la imagen de nuestro Rey, en justicia y equidad. No hay derecho a este silencio mediático y generalizado que hace que nuestro Rey sufra, callado y con dolor, el mayor de los sacrificios que se le ha pedido (y no ha sido el único).

Han echado al Rey de España ¿dinero, mujeres…? ¡Venga Ya! ¡Traición! ¿Quién le ha echado? ¿El Gobierno, la Fiscalía, el CNI, los medios?, ¿o ha sido el algoritmo?

No es fácil transmitir la idea cuando el sentimiento puede más que el pensamiento, pero ustedes que son gente de «sentir y sufrir España» comprenden la inquietud que les transmito y este mi interrogante: ¿Podemos hacer algo?

No somos nada. No podemos dar más que cariño y la vida si necesario fuera.

Creo que puede hacerse incluso más que dar la vida. Y nadie lo hace por España.

Hay otros intereses por medio.

Esto es una reflexión sin más. De esas que en la soledad le preguntas al amigo: ¿Qué hago?

Sé la respuesta de los mediocres.

—¿¡Para qué te metes en estos líos!?

¿Tendrán razón?

La historia reciente de España, su plena inmersión democrática, tiene un nombre: Juan Carlos I. La internacional también. La económica, científica, cultural, militar y deportiva no se entiende sin la figura de un Rey que ha estado en todo y con todos.

Don Juan Carlos no necesita ni quiere un apoteósico recibimiento ni un regreso en olor de multitudes. El Rey, herido por el asno doméstico que mató al león de una coz, solo quiere un regreso a su patria, tranquilo y en paz, en armonía con su pueblo y con respetuosa majestad a la Corona que encarna su hijo.

Durante estos últimos años se le ha pedido el mayor de los sacrificios: abandonar su Patria. Ha sufrido el mayor dolor de un Rey: alejarse de su Patria. Lo ha hecho con estoicismo, en silencio por España, por la Corona y jamás ha hecho el más mínimo ademán de forzar la situación, ni siquiera buscar apoyos para crear un clima favorable, ni pedir nada ni rehusar. Tremendo sacrificio.

Pasa el tiempo y ese silencio se hace cada vez más sonoro e insoportable, nos llega el ruido del dolor.  Alguien debe escuchar e interpretar. Lo que tenga que ser sea. En España.

La Corona de España está teñida de sacrificios y esta monarquía constitucional iniciada en España con Don Juan Carlos tuvo el mérito de la reconciliación, de la estabilidad, de pasar la voz al pueblo español. Darle mayoría de edad mientras el Rey lo enseñaba al mundo: ahí está España. Esa es España. El Rey moderaba y su magistratura daba ejemplaridad sin tomar partido en la contienda política, por encima de ella. Incluso fue puesto a una durísima prueba cuando alguien quiso embestir a España, darle una cornada mortal en el corazón. Mantuvo el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. A otros nos gustaría haberlos visto en su lugar.

No dejó por ello de empujar, de alentar y ser un estímulo moderador siempre. Símbolo y exponente de la nación.

¿Alguien lo duda? ¿Argumentos para rebatir lo dicho?

Sin duda en algún momento la nación no ha estado a la altura. Pero todos nos incluimos. No ha habido Poder del Estado que pueda tirar la primera piedra.

Leo en Carlos Seco Serrano: «Conmueve la magia de la realeza a aquellos que no la aman, cuando un buen día les sacude la presencia del hombre que la simboliza, de la bandera que lo precede o de la música que lo acompaña. Una escena dolorosa, la partida de Carlos X, hacía decir a Balzac: “Aun detestando a los reyes, debemos morir defendiéndolos, en el umbral de sus palacios, porque un rey somos todos nosotros, un rey es la patria encarnada…».

Definido en sus primeras palabras: «Quiero ser el Rey de todos los españoles». Todos. Un proyecto común y en comunidad. Como dice Jaime Mayor Oreja: «El Rey de los monárquicos y de los republicanos, el Rey de los vencedores y de los vencidos, el de los que permanecieron en España y el de los que salieron de ella, el de las derechas y el de las izquierdas, y también el Rey territorial de todos: los castellanos, los catalanes, los asturianos, los vascos o los canarios… El Rey de España y el Rey de las Españas, de las interiores y de las exteriores, de las pasadas y de las futuras. El Rey de la memoria y el Rey de la modernidad».

Ese ha sido el Rey Don Juan Carlos I. Continúa diciendo Mayor Oreja, «la monarquía de D. Juan Carlos ha transformado España que ha pasado de ser un elemento de discusión nacional a ser un factor determinante de integración nacional».

No hay mucho más que decir, aunque puede que en estas últimas palabras encierren la razón de tanta ingratitud a la Corona: su capacidad de integración.

Es difícil olvidar las palabras de Alejandro Magno: «La carga de un Rey es hacer bien y oír hablar mal de ti».

Esperamos que la normalidad vuelva. Lo hacemos desesperadamente.

El regreso del Rey Don Juan Carlos a su patria: España.

Por el bien de todos es mejor que no tengamos que repetir aquello: «La República la trajeron los monárquicos y, después, la perdieron los republicanos».

Mejor que sean los españoles sin adjetivar los que defiendan España. A su Rey, su himno y su bandera.

Lo que tenga que ser: sea. En España y contando con los españoles de a pie.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

7 marzo 2022

EN PRINCIPIO FUE EL REY Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Inauguración del año Judicial. Hay muchas novedades en el mundo de la justicia y cuando las noticias surgen en ese ámbito mejor echarse  a temblar. Es la maldición: <<Tengas juicios y los ganes>>. Los que administran justicia se enjuician entre ellos: malo

Son muchos los manoseos con los que se trata a Montesquieu y cuando el Judicial adormece, recuerda al gato del Padrino cuando es acariciado.

La ideología puesta a juzgar es tan peligrosa como el ejecutivo puesto a investigar, o el legislativo a legislar, desde el partidismo.

Todo está manga por hombro.

Una Nación se construye con rigor y democracia, no se destruye a base de acabar con todo lo anterior y pedir un proyecto de futuro a un arquitecto sin título y a una cuadrilla de aprendices que jamás han cogido una paleta o un ladrillo.

Vítores y aplausos al Rey en la inauguración del Año Judicial. Les parecerá normal.

Vítores y aplausos al Rey en su recorrido por las Comunidades Autónomas. Les parecerá normal.

Cualquier presencia del Rey, privada o institucional, es aplaudida como nunca y con una intensidad distinta. ¿Por qué?

Los españoles aplauden a España. No hay más. En estos momentos de incertidumbre, cuando todo se derrumba, la historia, la unidad, la convivencia, la normalidad política e institucional, todo enlodado y sucio, el pueblo español no sabe a dónde agarrar sus esperanzas.

Miran al Rey. Un Rey en el imaginario popular sigue siéndolo todo. Y de hecho lo es. La esperanza.

Decía D. Leopoldo Calvo Sotelo: <<En principio fue el Rey>>, y así fue el comienzo con el que quieren acabar. Ha corrido la voz de alarma. La gente se ha dado cuenta de que algo ocurre y que hay engaño. Mira a su alrededor y no ve a nadie. Nadie que tome el mando en estos momentos en los que se requiere unidad. La zorra dentro del gallinero sin poder distinguir zorros y gallinas. Tanto que han decidido atacar más arriba. La Corona, que es esperanza, es el objetivo. De los zorros, mientras son devoradas las gallinas.

<<Aquí, en el principio fue el Rey; y luego la Corona se constituyó en marco permanente del cambio, a la vez estimulante y moderador>>, decía don Leopoldo. Van a por ella.

Hoy es esperanza. La única que nos queda ante una España fraccionada hasta en sus mínimos detalles, dividida, en la que a 100 kilómetros de tu casa entras en un mundo nuevo, con legislaciones y normas distintas, donde en breve serás un forastero.

Mientras esto ocurre ¿que está haciendo el Gobierno?

El maestro Gabriel Albiac pone el dedo en la llaga (ABC. 7/9/20):

<<El presidente del Gobierno alentó, de entrada, la gesticulación moralizante de su aliado, pasó a atenuarla luego, para finalmente ofrecerse a sí mismo como protector y garante de la Corona frente a los excesos de su impulsivo vicepresidente. Y el juego se perpetuó: van ya tres meses. Iglesias ataca, Sánchez tutela. En el cruce de ambas líneas de fuego, la institución monárquica queda neutralizada. Como es lógico, el nuevo defensor y garante de la Corona va dejando más que claro que no tolerará un nuevo discurso como aquel con el que Felipe VI deshizo el golpe de Estado en Cataluña. Ninguna protección es gratis>>.

Profético: <<…que la Corona se avenga a ser rehén bajo tutela del defensor Sánchez, a cambio de que éste corte el ruidoso ataque del pájaro de las tempestades>>.

Hay un Pretendiente que se esconde, por ahora en la tutela, como salvador de la misma.

Decía Shakespeare <<que la familiaridad engendra desprecio>>, algo que nos recordaba Sabino Fernández Campo.

El pueblo aplaude a su Rey, símbolo y exponente de la nación. Es la encarnación de todo un pueblo que mira hacia donde puede recuperar su significado, presente y futuro. Su esperanza. Porque está perdido y sin confianza, es decir sin fe en nadie.

Fue Jaime Mayor Oreja quien dijo que la monarquía en España dejó de ser un elemento de discusión nacional a ser un factor determinante de integración nacional.

¿Qué pasará cuando no haya nación? Tengo dudas de que todavía estemos a tiempo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

9 septiembre 2020