LA CUESTIÓN CATALANA, EL VALOR Y LA COBARDÍA Juan Chicharro Ortega General de División de Infantería de Marina (R.)

La cobardía

Siempre he pensado, y así se ha escrito en este BLOG en varias ocasiones, que cuanto acaece en Cataluña no es más que la manifestación clara de un proceso revolucionario/subversivo de libro o de manual.

Así, nos hemos encontrado  con la divulgación de Ideas-Fuerza, con acciones dirigidas a aislar a la población de las autoridades, con técnicas de dislocación buscando quebrar la estructura del cuerpo social, de intimidación de la sociedad, de selección y formación básica de activistas, de captación de masas mediante campañas sicológicas, de infiltración en los órganos de información y decisión, de gestión diplomática y de propaganda en el exterior, etc., para  al final intentar propiciar una insurrección general.

El proceso se ha dividido en diferentes fases y en todo él ha tenido un claro protagonismo el control de la educación y desde luego de los medios.

Desde esta columna se han plasmado también las acciones contrasubversivas que era necesario llevar a cabo para contrarrestar la acción subversiva/ revolucionaria destacando que la lucha contra el proceso era una lucha por la población y no contra ella, que era necesario adoptar Ideas- Fuerza de mayor peso que las del independentismo, que había que controlar los medios y desde luego el proceso educativo y por supuesto que los procesos subversivos o se abortaban en sus procesos iniciales o que la derrota a la larga era previsible.

Los cobardes (Gandhi)

Decíamos que era perentorio investigar las causas y el motivo del descontento de gran parte de la población, y afianzar el apoyo de estas, que era y es vital contrarrestar el efecto de la propaganda subversiva mediante una extensa campaña sicológica y propagandística que tenga repercusión en el interior y en la opinión pública mundial, que era necesario neutralizar con medidas enérgicas la organización política-administrativa de la subversión desarticulando todas sus redes y grupos de apoyo, etc.

En definitiva, nos encontramos ante un claro proceso revolucionario en el que el liderazgo tanto desde la parte de la subversión como de la contrasubversión exige hombres decididos y valientes animados por una serie de principios y valores inquebrantables.

Sucede, sin embargo, que el estudioso de los procesos revolucionarios debe encontrarse en estos momentos siquiera confuso por cuanto estamos viendo en la actitud de los líderes secesionistas. Una actitud  que algunos pueden contemplar como una mera táctica, más tengo para mí que eso no es más que un espejismo pues ante lo que realmente nos encontramos es ante la manifestación clara de algo que se llama cobardía.

Entendemos como valor la facultad de despreciar el miedo y el peligro en nuestros actos y resoluciones y, más en concreto, desde la perspectiva militar, algo que nace de la disciplina la cual nos impide deshonrarnos e incumplir con nuestro deber; sin duda esta concepción militar de lo que el valor significa coloca al militar en situación muy difícil de entender la actitud de los líderes secesionistas. La cobardía es la manifestación del instinto de conservación que nos hace rehuir a todo lo que nos puede hacer daño, dolor o muerte y es esta actitud la que vemos en los líderes secesionistas catalanes, clamando, llorando, por su libertad.

LÍDERES INDEPENDENTISTAS. COBARDÍA MANIFIESTA

Francamente si yo fuera un fanático de la concepción de la idea separatista, sea como producto de una verdadera convicción o del adoctrinamiento, me encontraría en estos momentos ante una profunda depresión por el espectáculo vergonzoso de sus líderes clamando siquiera ahora por la libertad condicional para librarse de la prisión en una manifestación palmaria de lo que no es más que cobardía manifiesta. Más lamentablemente la pasmosa habilidad innata del cobarde para justificar lo que sea con tal de librarse de la prisión, y sus males, lleva a muchos de sus fanáticos seguidores incluso a apoyarles en sus reivindicaciones de libertad.

La cobardía manifiesta

He de reconocer mi decepción a la vista de lo que veo, pues si bien de una parte he asistido y asisto con dolor a las acciones que buscan desmembrar nuestra Patria común, reconozco que como militar, y por lo tanto estudioso de los conflictos, asistir en vivo y de cerca a un proceso revolucionario adquiere una dimensión importante. Y confieso mi decepción pues observo todo el proceso como un castillo de naipes que se derrumba pues no estamos ante un proceso en el que nos encontremos con líderes convencidos de sus ideas hasta el final, incluso la prisión o la muerte,  sino ante una caterva de cobardes redomados carentes de todo signo de dignidad y por supuesto valor. No entienden lo que es la deshonra, situación en la que se encuentran ahora, y por lo tanto poco les importa lo que se pueda decir de ellos.

Sería aconsejable que a partir de ahora el Gobierno comprendiera cuán fácil es derrotar a un enemigo liderado por cobardes y si hubiera verdadera intención de acabar con esta pseudo-sublevación y no se pensara en futuras elecciones la solución al “conflicto” social vendría de forma inmediata. No parece que sea esta la actitud del Gobierno que si bien ha aplicado el artículo 155 de la Constitución lo ha hecho con una prudencia tal  que nos va a llevar a un momentáneo “impasse” en el conflicto más que se recrudecerá en un futuro cercano.

A estas alturas ignoro si el TS dejará o no en libertad condicional a los golpistas. Espero que no por la gravedad de los hechos imputados más si así fuera volarán toda clase de sospechas sobre la interferencia de la política en la justicia dejando a los zorros la separación de poderes tan cacareada en estos días.

Juan Chicharro Ortega

General de División de Infantería de Marina (R.)

Blog: generaldavila.com

5 diciembre 2017

 

 

 

 

 

Letrados iletrados ante un golpe de Estado (Melitón Cardona. Embajador de España)

El gran pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila advirtió que “para detestar las revoluciones, el hombre inteligente no espera a que empiecen las matanzas”. De manera análoga, pienso que para evitar los golpes de Estado el gobernante inteligente no debe esperar a que empiecen los estragos.

La actitud del Gobierno de la Nación ante el golpe de Estado catalanista ha sido un despropósito de principio a fin: diagnóstico erróneo, titubeos incomprensibles, demoras inexplicables, intervención torpe y contraproducente y, al final, tarde y mal, activación del artículo 155 de la Constitución en términos de dudosa constitucionalidad en mi modesta opinión, que sin duda lo es.

Como ha señalado el pensador francés François Jullien en una entrevista en el periódico Libération, produce consternación el hecho de que la clase política actual ya no lea. Lo ha dicho en un país cuyo presidente de la República sabe latín, griego e inglés y acostumbra a leer filosofía. El nuestro ignora esos tres idiomas y sus lecturas parecen ser limitadas; si estuviera familiarizado con la obra de Max Weber, en especial con “Politik als Beruf” (“La política como vocación”) comprendería la importancia vital que para el Estado tiene el monopolio de la fuerza física legítima y si se hubiera molestado en leer a Carl Schmitt (que no fue un ciclista alemán del siglo pasado) hubiera aprendido que soberano es “quien decide sobre el estado de excepción”, algo que hubiera permitido evitar el bochornoso espectáculo de un cuerpo policial básicamente inepto y desleal burlando, sin disparar un solo tiro, la acción de una policía moderna y supuestamente eficaz.

Cuando se parte de un diagnóstico erróneo se aplica una terapéutica necesariamente ineficaz y si, para colmo, se hace con dosis altas de galbana, titubeo e inseguridad, el resultado es más que previsible. Yo estoy de acuerdo con los apologistas del presidente del Gobierno en lo de su manejo magistral de los tiempos… que deja pasar, instalado en un confortable nirvana monclovita. Si la situación a la que nos ha conducido su desidia no fuera más dramática de lo que la gente piensa, diría que es el resultado de una auténtica astracanada en el sentido literal del término recogido por la Real Academia, a saber, “acción y comportamiento públicos disparatados y ridículos”.

Con la excepción de 1808, nunca han estado los gobernantes españoles más alejados del sentir popular. Nuestro Rey se lo ha recordado inequívocamente en dos ocasiones y, por lo visto hasta ahora, en vano. Por cierto y aprovechando la ocasión, aunque la Constitución, en su artículo 56, establece que “El Rey es el Jefe del Estado“, también señala en el mismo artículo que “su título es el de Rey de España“, de manera que resulta ridículo referirse a Él como “Jefe del Estado”, un título que, históricamente, únicamente ha sido utilizado en España por el general Franco.

A muchos colegas extranjeros les resulta incomprensible la actuación del Gobierno español ante el golpe de Estado perpetrado por una combinación de partidos políticos burgueses en alianza con radicales cuya finalidad es destruirlos. A mí también.

Melitón Cardona. Embajador de España

Blog: generaldavila.com

2 noviembre 2017