EL ALCÁZAR DE TOLEDO Y LA TÁCTICA. Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (retirado)

El Alcázar de Toledo resiste

Se dice que las batallas y las guerras las ganan los que menor número de errores cometen. Es evidente, en este caso, que fueron los defensores los que menos errores cometieron, y que los asediadores cometieron muchos y graves. Es decir, solo la ineficacia de las fuerzas del Frente Popular impidió la rendición del Alcázar, porque sin esa ineficacia la defensa no habría tenido éxito, aunque lo hubiera hecho muy bien, que lo hicieron.

 La voluntad de vencer.

Los defensores siempre tuvieron una acendrada voluntad de vencer. El Alcázar era como un blocao rifeño, donde fuera de él no había esperanza, solo muerte y barbarie. Las masacres con los defensores rendidos del Cuartel de la Montaña, Alcalá de Henares, Guadalajara, etc., eran más que elocuentes para disuadir de cualquier debilidad.

La heterogénea fuerza que se abalanzó sobre Toledo no sabía lo que era voluntad de vencer, ni falta les hacía ante tan menguada fuerza oponente, y con la euforia de las fáciles victorias precedentes.

No supieron valorar debidamente al enemigo, porque el Alcázar, por su posición dominante, características arquitectónicas y calidad moral y profesional de su guarnición, tenía la condición de una posición fuertemente organizada.

 De objetivo táctico a estratégico.

La pequeña guarnición encerrada en el Alcázar no constituía una amenaza seria para el Frente Popular, porque no tenía capacidad ofensiva y estaba excéntrica sobre cualquier vía de comunicación. Sin embargo ante las expectativas de un triunfo fácil, el mando político lo convirtió en un objetivo estratégico, por su valor propagandístico nacional e internacional.

El Alcázar de Toledo: Un objetivo estratégico

La fuerte carga simbólica del emblemático Alcázar en la ciudad imperial de Toledo, cuna de la Infantería del Ejército que acababa de disolver, y supuestamente defendida por cadetes, lo equiparaban al asalto del Palacio de Invierno por los revolucionarios rusos, que eran su modelo. Fue el antecedente del error crónico del Ejército Popular, que siempre se dejó fijar por objetivos secundarios, como en Brunete, Belchite y otros.

La sorpresa.

El error más grave de los defensores del Alcázar, que le pudo costar muy caro, fue la falta de acumulación de municiones, víveres y agua. Milagrosamente todas estas deficiencias se corrigieron en el último momento, pero desconociéndolo los asediadores, les hizo perder un tiempo precioso, a la espera que se rindieran en breve plazo de sed y hambre.

Concentración de esfuerzos.

El asalto al Alcázar, como posición fuertemente organizada y con defensores aguerridos y dispuestos a luchar hasta las últimas consecuencias, hubiera sido costosísimo. Si estimamos en 1000 el número de combatientes de la defensa, los asaltantes directos no podían bajar de 4000 con apoyo de zapadores, y una vez entrados en el recinto, combatir cuerpo a cuerpo entre las laberínticas ruinas, seguramente a un coste inaceptable.

Aunque nunca intentaron un ataque formal, sino asaltos a la ligera, con un balance de bajas siempre muy favorable a los defensores, aunque estos no podían reponerlas y los asaltantes entonces eran inagotables.

Les faltó concentración de esfuerzos, para la conquista por la fuerza del Alcázar, la artillería la tenían que haber concentrado para abrir una brecha en la fortaleza, en el lugar que se considerase más idóneo. Quizás en el sector sur, donde no había prácticamente desnivel del terreno y las posibles bases de partida podían estar muy próximas al Alcázar. Sin embargo la artillería dispersó sus fuegos para tratar de demoler el edificio, consiguiendo solo hacerlo más inexpugnable.

La disciplina de fuegos de los asediados fue excelente, quizás porque de la necesidad hicieron virtud, mientras que no se puede decir lo mismo de los asediadores, que fue un derroche inútil.

Las minas.

El empleo de las minas fue inexplicablemente erróneo, a pesar de ser hechas por mineros y contar los asediadores con todos los medios humanos y técnicos necesarios. Los cálculos los hicieron mal, y con ellos la creencia que serían resolutivas, llevando al ridículo internacional a su máximo mando político, presente con todos los medios de prensa. Sin embargo, un modesto teniente de transmisiones entre los asediados, con la información extraída de la biblioteca de la Academia, hizo los cálculos correctos: delimitó bien la zona afectada por la explosión, puso a salvo a la guarnición, que pudo reaccionar en el momento y lugares oportunos.

La amenaza del sur.

Los críticos de Franco consideran que fue un error desviarse de la marcha sobre Madrid, para liberar el Alcázar. Sin embargo ignoran que, por las mismas razones, por qué tantas fuerzas del Frente Popular (incluida la artillería) se empeñaron y fijaron en el Alcázar, de escaso valor táctico, en vez de hacer frente a la amenaza del sur, que cada día que pasaba era más fuerte y estaba más próxima. El valor estratégico del Alcázar se lo dio el gobierno del frente popular, y de ahí también la importancia de su liberación.

¿Madrid objetivo prioritario? Este era el objetivo estratégico del director del Alzamiento, general Mola, pero fracasado en los primeros días, es evidente que Franco no lo consideró así, porque como objetivo prioritario se iba difuminando con el tiempo. Por eso Franco, antes de dirigirse a Madrid con todas las fuerzas disponibles (concentración de esfuerzos), dio prioridad a:

  • Enviar compañías de la Legión, por vía aérea, para defender Granada asediada.
  • Tomar Badajoz, excéntrica sobre la dirección de marcha, para no dejarla a retaguardia, y apoyarse en la frontera de Portugal.
  • Enviar fuerzas selectas (regulares y legionarios) para liberar Oviedo, y al frente de Aragón para detener la ofensiva anarquista, en cuanto enlazó con el Ejército del Norte
  • La toma de Toledo le permitió apoyar su flanco sur en el obstáculo del río Tajo.

 Conclusión

El asedio y liberación del Alcázar evidenció la ineficacia táctica (que no represiva) de las milicias armadas de las organizaciones políticas y sindicales. Impulsó la creación del Ejército Popular de la República (EPR), a semejanza del Ejército Rojo soviético, incluidos los comisarios políticos, de más que dudosa eficacia, como lo demuestra que la URSS los suprimió ante su colapso en la invasión alemana del año 1941.

La superioridad táctica del Ejército Nacional fue reconocida por A. Rodes Jaulín, comisario de guerra del Ejército del Este del EPR, en el informe que emitió en diciembre de 1937: Seamos sinceros. De los pocos militares valiosos que España ha producido, los mejores y casi todos, por no decir todos, están en el otro lado.

Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (retirado)

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13 noviembre 2017

LA BATALLA DE BRUNETE 80 AÑOS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

La Batalla de Brunete

Se acaban de cumplir 80 años y merece un recordatorio. La Batalla de Brunete. Hubo mucho en juego, pero el resultado no definió nada. Corta en su duración, muy dura en su ejecución, y de escasas consecuencias en el desarrollo de la guerra.

He vuelto a pasear por los lugares de la batalla y nada nuevo se me ocurre para recordar el momento. Solo el silencio es válido para un homenaje al recuerdo.

No es difícil perderse por esos lugares cercanos a Madrid que tanto nos suenan, de pasada diría. Pero si dejas el asfalto y sales al campo abierto todo resulta más sencillo.

Quijorna, Brunete, Boadilla, Pozuelo, las Rozas…más al sur Villaverde, Leganés, Móstoles, Villaviciosa

Brunete (Rafael Casas de la Vega)

Me he detenido por aquellos lugares que tienen nombre de batalla, la de Brunete. Era un nombre desconocido hasta que llegó la guerra; he paseado por sus campos entre el trigo y la cebada, ya con el olor de la siega. Las pocas encinas que se ven no pasan de carrasca. Alguna perdiz ha hecho exhibición de sus perdigones ignorando mi pasar cansino. Muy cerca de mi cabeza ha volado una pareja de aguiluchos cenizos. Se ve Madrid alborotado, a lo lejos, y aquí, casi escondida, la rutina que podría ser la de hace cien años.

En 1937 el llamado Ejército rojo español se reorganiza con los criterios de los asesores militares rusos. Grandes unidades, mucha gente y escasos mandos profesionales. Hay que probar esa nueva máquina militar ya constituida en Ejército Popular; escasos de moral y sobrados de enfrentamientos, necesitan una gran victoria sobre el campo de batalla. Desde el punto de vista militar es urgente paralizar las operaciones del Ejército nacional en el Norte y  aliviar la presión sobre Madrid. Es el momento de demostrarse poseedores de un poder militar capaz de pasar a la ofensiva y dar el golpe definitivo al Ejército nacional en las mismas puertas de Madrid.

Así, sobre los mapas de guerra, aparece Brunete.

LA BATALLA DE BRUNETE

La idea de maniobra parece sencilla y realizable. Dos ataques concéntricos y simultáneos, uno, el principal, en dirección a Brunete y Móstoles para cortar la carretera de Extremadura, y otro secundario, en el sector de Villaverde-Usera, para interceptar las de Andalucía y Toledo. El mando de todas las fuerzas lo asume personalmente el nuevo ministro de Defensa Nacional Indalecio Prieto, asistido por el Coronel Vicente Rojo. El Ejército de Maniobra queda a las órdenes del general Miaja.

Ataques de diversión, secreto en la preparación y sorpresa. Todo un plan de Escuela de Estado Mayor al que sigue una desastrosa ejecución.

Campos de Brunete

En la noche del 5 al 6 de julio, el Ejército de Maniobra logra infiltrarse entre las posiciones nacionales del sector comprendido entre Navalagamella y Villanueva del Pardillo ocupando al amanecer el pueblo de Brunete. El ataque se produce con seis Divisiones provistas de toda clase de elementos y con superioridad aérea, mientras que los nacionales sólo disponen en dicho sector de cuatro unidades tipo Batallón, seis piezas de artillería y trece cañones contracarro de pequeño calibre. A última hora, cuando se percatan de la ofensiva, se refuerzan las posiciones con un Tabor de Regulares y otro de Tiradores de Ifni. En Brunete sólo quedaban secciones sanitarias y la organización defensiva del sector se reducía a unos cuantos centros de resistencia ocupando los pueblos y alturas dominantes.

La batalla de Brunete

Pero el ataque del ejército rojo se frustra después del éxito inicial. Sorprendidos del mismo, los jefes de las unidades atacantes dudan sobre la dirección ulterior de su avance. La inquietud se apodera de ellos cuando ven la enorme resistencia de las pequeñas guarniciones nacionales que han quedado cercadas a retaguardia. Confusión, indecisión, irresolución; en definitiva, nadie manda porque no se sabe mandar.

El mando nacional se aprovecha de la situación, se refuerza con la llegada de nuevas unidades y crea al sur de Brunete posiciones para taponar la brecha mientras recurre a las reservas que contrarresten la maniobra del enemigo. El ataque secundario del ejército rojo en Villaverde-Usera fracasa de un modo rotundo.

En un espacio de unos 13 Kilómetros de ancho por 12 de profundidad, entre el río Perales, al Oeste, y el Guadarrama, al este, más de 90.000 combatientes rojos llegan a enfrentarse durante cerca de tres semanas de encarnizada lucha, con unos 60.000 nacionales.

Llegó la contraofensiva nacional pero hubo tenaz resistencia. El día 20 de julio después de duros combates, se alcanzaba la línea del Guadarrama mientras los rojos intentaban contrarrestar la maniobra nacional, atacando sin resultado por Las Rozas y Robledo de Chavela. Todavía se luchó encarnizadamente por Brunete que resistió hasta el último momento.

Al final una sangría de vidas que no condujo a ningún resultado. Breve batalla la de Brunete pero terrible Batalla de Brunete con cerca de 40.000 bajas.

Los campos de Brunete, aquellos de la guerra, están ahora sobrecogedoramente solitarios. Allí han quedado los de un bando y los del otro. En el fondo eran los mismos, en un bando y en el otro.

Un conflicto bélico nunca debe celebrase; es suficiente la conmemoración. Los soldados conmemoran las batallas; nunca celebran los muertos. Con honor y el merecido respeto, se les recuerda sobre el campo de batalla.

El siglo XX representa la época más sangrienta de la historia. El siglo XXI parece querer emularle

De la historia se aprende con humildad y nunca debe servir para transmitir los recuerdos del odio. La memoria de las conmemoraciones no debe ser un repaso de reproches. Todos saben lo que se hizo mal… aunque se repite.

Sobrecogen los campos de Brunete cuando uno los recorre envuelto en la memoria del respetuoso silencio, sin leyes que obliguen a encender de nuevo viejos rencores.

Monumento al soldado desconocido

La tumba de los grandes hombres sigue siendo la tierra entera. De ellos nos habla no sólo una inscripción sobre sus lápidas; su nombre está grabado no en un monumento, sino, sin palabras, en el espíritu de cada hombre.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

28 julio 2017