ZAPATERO, A TUS ZAPATOS (Adolfo Coloma GB (R) del ET)

La historia no puede tener otro objetivo que la búsqueda retrospectiva de la verdad y la única vía para lograrlo es el rigor y la objetividad. Se trata pues, de huir de la conclusión superficial, buscando las causas profundas de los hechos, analizando todos los elementos que intervinieron y tratando de establecer sus consecuencias. Pero en la actualidad el estudio de la historia  está presidido por el presentismo, por la inmediatez y la falta profundidad.

¿Por qué sucede esto? Simplemente porque se ha arrinconado el rigor en su estudio, por razones ideológicas o de afirmación nacionalista. En otras palabras, se ha polarizado la enseñanza en las aulas y se ha dejado que sean los medios de comunicación (presentismo, falta de profundidad) los que se han adueñado del discurso histórico y de su difusión.

Hace ya tiempo, desde que arraigó la transición, que las derechas han hecho una dejación en este empeño, permitiendo que sean las izquierdas quienes se adueñen del estudio de la historia. Y las izquierdas, amparándose en un marco democrático pero manipulándolo desde dentro y explotando el victimismo han construido y expandido su relato. En la más pura dialéctica marxista, la historia de la humanidad se nos viene presentando como la historia de la opresión y de la desigualdad mediante la Imposición de tres vectores: raza, clase y género.

Se nos propone como antídoto el multiculturalismo, como un paradigma de este mundo globalizado.Pero no es más que una contradicción en si misma (un oxímoron,  en términos académicos: la combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, un absurdo)porque evidentemente, cada sociedad tiene su propia cultura. El multiculturalismo es pues un camino hacia la ambigüedad, pero encierra un fin perverso cual es el intento de deconstrucción de la cultura occidental. Se basa para ello en la ideología inane del buenismo.

En una España cada vez más fragmentada y carente de una sólida cultura cívicabasada en la reflexión y en el análisis,  se trata de imponer mi verdad al contrario. En este marco, se nos propone, por segunda vez una La Ley de la memoria histórica no persigue otra cosa que reescribir y vengar, lo que nos traslada peligrosamente al escenario de 1936.

Se trata de encajar la idea de que el régimen nacido de la constitución Española de 1978, no es fruto de la legalidad y legitimidad del régimen anterior, el del General Franco, que a su vez tiene su origen en una victoria militar tras una fratricida guerra civil. Se trata de soslayar la realidad de esta victoria (para unos, derrota para los contrarios) sustituyéndola por un auténtico mito, el de que la legitimidad arranca de una República, con todos los marchamos y parabienes democráticos.Es patente, cuando menos en su última época, que esa idílica República hoy añorada por algunos, no era para nada democrática, sino muy al contrario, violenta y revolucionaria.

En esta dialéctica que tiene su mayor exponente en la legislación del Presidente Rodríguez  Zapatero  relativa a la memoria histórica, un nuevo oxímoron  porque la memoria es intrínseca, individual y subjetiva, pero su estudio ha de ser empírico y objetivo. La historia no es un hecho individual  ni la pretendida memoria histórica es tampoco es la suma lineal de las memorias individuales. A pesar de que la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura,conocida popularmente como Ley de Memoria Histórica; sufrió importantes modificaciones a lo largo de su trámite orgánico, esta ley no es más que un arma táctica contra el Partido Popular, que representa al conservadurismo,  tratando de presentar como vencedor moral al bando que fue derrotado.

STANLEY G. PAYNE

Si han llegado hasta aquí, amables lectores, convendrán conmigo que no hay ideas nuevas en el texto anterior que no hayamos expuesto en este blog, y en términos generales, debo decir que así es. Pero lo que le da un valor muy singular es que no es mío, ni del propio blog. Son las palabras – mejor, las ideas – expuestas por un prestigioso historiador e hispanista, el profesor Stanley G. Payne, hoy día 1 de Febrero en la Universidad San Pablo CEU de Madrid ¿Qué les parece?

Ciertamente cabría decir aquello de “nada nuevo bajo el sol, pero en cualquier caso, son expresiones  que vienen avaladas por un estudioso de la historia, no como tantos oportunistas que han cazado un par de hechos que convienen a su discurso, para elaborar entorno a él una teoría que lo justifique. El profesor Payne, una autoridad en la materia, es Doctor en Historia por la Universidad de Columbia, y académico correspondiente de la Real Academia Española de la Historia, con 28 títulos publicados en español, la mayor parte de ellos dedicados al estudio de nuestra Guerra el régimen que le sucedió y la Transición. Tampoco se le puede tachar de partidista, pues sufrió la censura de sus primeras publicaciones en tiempos de Franco. Como Pío Moa – con quien tiene muchos puntos y visiones en común – el rigor del estudio, el dato históricole han llevado a establecer sus posiciones intelectuales, que ambos defienden con vehemencia.

El Proyecto para la reforma de la cainita e iconoclasta Ley de la memoria histórica (esto lo digo yo) no deja de presagiar negros nubarrones sobre la reconciliación nacional. Lejos de buscar la auténtica reconciliación, solo plantea una batalla secundaria con el objetivo de arañar votos y contribuir al desarme moral del adversario. El Valle de los Caídos no debería en ningún caso desaparecer, porque como bien dijo el profesor Payne, “Olvido no es lo mismo que reconciliación, ni memoria tiene que significar venganza”. Pero de ahí a adueñarse de la interpretación de la historia “manu iuris”, amenazando con penas de reclusión de hasta 4 años y multas de hasta 150.000 €, no es la mejor forma de propiciar tal reconciliación. Lo que no quita para hacer un esfuerzo de arqueología forense, que permita dar satisfacción a los deudos de los muertos y victimas de ambos bandos sin exclusión. Un camposanto militar al estilo del Cementerio Nacional de Arlington (Virginia, Estados Unidos), establecido tras la Guerra de Secesión Estadounidense y que acoge a combatientes y veteranos de todas las campañas  podría ser una solución.

En definitiva, el mensaje es claro y diáfano: No se debe estudiar la historia con fines partidistas. Esta ha sido la idea medular de la interesantísima conferencia del profesor Payne. No es tarea de un dirigente político ni del legislador establecer la memoria histórica, como ya se puso de manifiesto en el congreso Internacional sobre la Guerra Civil Española, celebrado en Madrid en el año 2006. Que sean los profesionales estudiosos de la historia quienes se dediquen a ello.  Al César, lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. O lo que es lo mismo: Zapatero, a tus zapatos.

Adolfo Coloma. GB (R) del ET

El profesor Stanley Payne presentado por el profesor Alfonso Bullón Mendoza en el CEU el 1-II.2018

 

Blog: generaldavila.com

6 febrero 2018