EL PAPA HA MUERTO ¿QUIÉN SERÁ EL SUCESOR? Rafael Dávila Álvarez

El féretro del papa Francisco en Santa Marta. (Reuters/Vatican Media Press)

¡El Papa ha muerto! Es algo que recuerdo desde niño con la muerte de Pío XII en 1958. Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora el Papa Francisco han pasado por la reciente historia de muchas vidas como la mía. Siempre conmovía la noticia. Pero el faro pronto lucía de nuevo. De una u otra manera brillaba con colores propios, más o menos al filo de los tiempos. Imprescindible.

La muerte de un Papa es una noticia más espiritual que otra cosa. De las que llevan a la oración y elevan el pensamiento sobre lo material. Sin olvidarlo.

A pesar de ello el juicio de los hombres es más fuerte que su elevado pensamiento individual. Como debe ser alimentado, o no piensa, surge el postureo desde lo oficial y terreno, la luz que lanza el poder constituido.

Lo oficial, eso que roba, se postula al lado de los pobres y necesitados. Como si alguien no lo estuviese o no lo fuese. Asiste el poder como Judas al convite porque el tiempo que media entre la traición y su escándalo es infinito. A veces forma parte de la eternidad. El poder hace caja. Los mercados se dan un respiro. Hay tiempo para seguir ordenando aranceles y bombas. Curiosa la última audiencia del Papa Francisco. Vance, vicepresidente de los Estados Unidos. Llegó hace poco a la Iglesia Católica y su estancia en Roma ha sido para despedirse del Papa y situarse junto a los muros de Roma.

El poder centra su atención en el Vaticano. Debajo de la mesa cardenalicia se mueven muchos intereses. Es la hora de repartir las cartas. ¿Marcadas? Momento crítico.

Recuerdo el tiempo entre Maquiavelo y Alejandro VI., el Papa español, Rodrigo de Borja, los Borgia. Existió y nos parece mentira. Pero no.

Esto es si cabe más complicado.

Ha muerto el Papa. Como cuando muere el Rey. Un pequeño intervalo que puede ser muy largo cuando hay presiones. Hoy el tiempo no se mide en años, ni en días ni horas. Hechos, acontecimientos.

España es Católica, Apostólica y Romana. Eso no cambia en un momento. En una noche no se cambia el alma y se despierta otro.

El Cardenal de referencia en España te sacude con una cruz suya, en la cabeza, te deja tambaleante y ya no sabes donde estás ni a donde irás. Hay que abandonar el estandarte, al abanderado que nos arrastraba a la humillación por haber protagonizado una historia de enfrentamiento. Debemos arrepentirnos a los pies de una historia nueva, quizá la misma, pero contada de forma distinta. Ya no hay Ora et labora. Solo labora. Si te dejan.

Leo en esa maravilla que nos deja el maestro Gabriel Albiac en su novela Dormir en vuestros ojos la actualidad más rabiosa. Sí; es una novela sobre el final de Maquiavelo. Las novelas tiene eso de malo, que son el único género literario que cuenta la verdad histórica.

«El totalitarismo apela a la moral por encima de la política» ¿Se dan cuenta?

Los mensajes del sentimiento de la España oficial ante la muerte del Papa no pueden ser más evidentes. Elocuentes.

Es trampa del ajedrez al que juegan los dictadores. No hay mayor peligro que el juego de la predicación moral desde el poder establecido. Una espada que te atraviesa el corazón. Se apoderan del mensaje moral de mayor tradición y lo reproducen políticamente.

Postureo: «Actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción».

El Papa Francisco adivinó y pudo comprobar que los dorados del Vaticano son como el resto. Brillan y brillan, embellecen, pero por la noche la inmensa oscuridad te deja solo ante lo desconocido. Se oyen ruidos y lo mejor es detenerse y esperar a que amanezca. El Papa lo ha hecho inteligentemente y, como no tenía una respuesta clara, ha dejado la labor en manos de los cardenales por él nombrados.

El exceso de renuncias a lo terrenal, a lo temporal, son gestos de vanidad, y por eso los gobernantes viven en la arrogancia, rechazan las ínfulas, pero visten púrpuras de lo más visible, precisamente disfrazadas de humildad.

La Tierra no es el Cielo y Alejandro VI se dio cuenta de que el papado estaba entre la diplomacia y la milicia, por lo que poco iba a resolver la tibieza de la política. O eres frio o caliente..

Se repite la historia. Es lo mismo ante lo que ahora se encuentran los que se cubren con capelo: diplomacia y generales junto a políticos. Cielo o Tierra. De hipocresía estamos repletos. Deben elegir entre el cielo y el infierno sabiendo que entre ambos hay un abismo insondable.

A las puertas de Roma siempre se encuentra un ejército dispuesto a robar la moral e izar su estandarte como propio. Es un ejército de saqueadores: ideólogos de la miseria, mercenarios a sueldo.

«No deis las cosas sagradas a los perros, no sea que se revuelvan contra vosotros y os hagan pedazos. Y no echéis  vuestras perlas a los cerdos, para que no las pisoteen» (Mateo 7,6.).

Italia es Livorno y es Sicilia. Junto a Roma, el Vaticano. El mundo que era. Puede que deje de serlo.

Savoranola aparece de nuevo, el gran movilizador, pero no supo discernir entre la teología y la política. Dejemos claro que son el campo de Dios y el de Mefistófeles.

El nuevo Papa ha de venir por consenso y no por asalto.

Desde niño, cuando me percaté de la muerte del Papa, entendía que la pobreza estaba en la ceguera y como yo voy camino de ella busco quien me diga lo que hay detrás de la oscuridad. Pobres somos todos. De manera distinta, pero al fin y al cabo pobres. Es vieja conocida.

Lo que necesitamos es un Papa que nos hable del Cielo. Más allá.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

22 abril  2025

 

LA DEFENSA DE ESPAÑA EN RIESGO ¿SU ECONOMÍA?

 

Deshagan las maletas y regresen a la realidad. Después de una semana desinformativa donde ningún medio nos ha vendido su producto, supermercados de noticias cerrados, hay que regresar al negocio. Nunca la información en España ha estado tan controlada por el dinero; de uno y otro lado. Libertad de información modulada. Las armas dan dinero. Una fuente de financiación de muchos medios. Con el mazo dando.

Lo habíamos dejado en que Europa iniciaba de manera urgente (8oo.ooo millones de euros) el rearme sin todavía saber muy bien quién es el enemigo y cuando nos va a atacar.

A España ya lo han hecho. Hasta las entrañas. En cinco años, por poner una fecha como la Agenda 2030, o seis por acercarnos al Centenario de la II República con el Stalin español, tendremos la solución definitiva.

¿Para qué necesita rearmarse España? Nada es en este concierto internacional y el futuro es sombrío. Mejor cerramos el ministerio de Defensa como el presidente siente en su intimidad. ¡Para lo que nos sirve!

Hay un par de noticias de importancia para eso del rearme de España que han sido ocultadas por el ruido festivalero y el agua que no da tregua.

1.- Las African Lion son unas maniobras combinadas que durante estos meses se realizan frente a las costas Canarias y en aguas territoriales del Sáhara dirigidas por EEUU y que cuentan con la participación de Marruecos y varios países de la OTAN (Reino Unido, Italia, Países Bajos…) además de Israel, Túnez, Ghana, Senegal. Incluso este año hubo intento para la participación de Argelia que finalmente no lo hizo.

«Liderado por la Fuerza de Tarea del Sur de Europa, África (SETAF-AF) del Ejército de los EE. UU., el AL25 mejora la interoperabilidad, fortalece la preparación y establece alianzas estratégicas mediante entrenamiento realista y multidominio. Los ejercicios abarcan los ámbitos terrestre, aéreo, marítimo, espacial y cibernético, apoyando el objetivo común de aumentar la seguridad y la estabilidad en el continente».

España participó en 2016, para luego alegar razones presupuestarias y retirarse de las mismas. Las relaciones internacionales en el ámbito militar son difíciles y están basadas en una férrea confianza. El Sáhara por medio y Canarias en el horizonte. Perdimos nuestro lugar y olvidamos nuestra Defensa. Marruecos alcanzó la «amistad militar» de los Estados Unidos de América en julio de 2004 al recibir de manera oficial la consideración de Major non NATO ally que la elevaba a miembro preferente en el ámbito militar y desde entonces no ha cesado el apoyo militar y la confianza mutua en detrimento de la que EEUU mantenía con España.

Lo de este año 2025 ha sido más grave. España iba a participar, ninguna información se ha dado desde el ministerio de Defensa, pero sabemos que  el despliegue español no ha sido en Marruecos, sino en Túnez para evitar que las tropas españolas coincidieran con las israelíes desplegadas en Marruecos. Desde luego el ministerio de Defensa español no se ha pronunciado, pero dada la gravedad del asunto sería conveniente que se aclarasen los detalles de la participación española y su despliegue.

Todo el movimiento Tierra, Mar y Aire-Espacio será monitorizado desde la base militar del Reino Unido en Gibraltar. España no se entera de nada. Más grave si cabe.

2.- La Base Militar de Rota compartida con los Estados Unidos surgió en 1953 del pacto de 1953 entre Franco y Eisenhower convirtiéndose con el paso del tiempo en una pieza de gran valor logístico para los Estados Unidos por sus instalaciones de armas y combustibles, la mayor base de Europa. Su situación la hacen casi irremplazable. Alberga a 2.800 soldados estadounidenses, incluidos los que se encuentran actualmente en el mar, con 5 destructores de 9.000 toneladas que forman el escudo antimisiles más importante para la protección de Europa. Se esperaba un sexto buque que con la llegada de Trump debemos olvidar.

Ahora se empieza a hablar de la base de Rota, y no para bien. Existe la posibilidad de que la Administración Trump, en la revisión estratégica y despliegue de fuerzas  que lleva a cabo, piense en cambios sustanciales para Europa y por tanto para la base de Rota, que es una de las 38 que tiene en nuestro continente y que se encuentran en revisión. Podría disminuir su capacidad e incluso llevársela a otro lugar fuera de España. Sería una tragedia económica y militar para nuestra nación y para Europa algo irremplazable en muchos años. Europa no colabora con Estados Unidos y su defensa adolece de graves carencias. España no es que no colabore, sino que descaradamente se enfrenta a la Administración estadounidense en una lucha ideológica que nos va a costar muy cara.

Conviene recordar algunos pequeños detalles:

-Todo el sistema de defensa contracarro del Ejército español está basado en los misiles SPIKE LR-2 de tecnología israelí (Rafael advance Systems). España aprobó su adquisición por un valor de 285.070.127´60 euros. 168 sistemas y 1.600 misiles, en un conjunto de 574 millones de euros para misiles c/c, granadas de mortero, y diversa munición. Significa 1.100 puestos de trabajo en las empresas Escribano, Expal, FMG y Tecnobit. Supone el total de nuestra defensa contracarro. Todo ello en manos de la tecnología y patentes israelíes.

Para los lanzacohetes que sustituirán a los Teruel, se prevé un gasto de cerca de 700 millones de euros y de nuevo en manos de Israel ya que la patente es del sistema israelí PULS de la empresa Elbit con un consorcio formado por Expal, Escribano, GMV e Iveco.

Seguiríamos con las radios vehiculares, los sistemas para detección, identificación y definición de los Eurofighter, blindajes, torres de los Leopardo… todo tecnología de Israel.

Por otro lado Israel es un vendedor principal de armamento a Marruecos que con la ayuda de Estados Unidos se está convirtiendo en la mayor potencia que controla el Mediterráneo occidental y la entrada al Estrecho.

-El Ejército de Tierra ha adquirido 4.500 vehículos todoterreno al precio de 217 millones de euros a la empresa Iturri, pero esos vehículos 4×4 son de la marca china Changang. Ningún Ejército occidental haría semejante cosa y menos los Estados Unidos por su posible manipulación remota en caso de conflicto y por tanto son muchas las naciones que están en  vías de prohibir ese tipo de importaciones. España es diferente y el ministerio de Defensa dice que serán utilizados en cometidos tácticos alejados de «actividades inherentes al combate«. Muy propio de la desmilitarización de nuestros Ejércitos, «alejado de esas actividades inherentes al combate».

El resumen es que en cualquier momento se examinará desde la Casa Blanca la postura de España y corremos el riesgo de quedarnos más solos de lo que estamos. Nada nos dice que la base de Rota pase a ser un recuerdo y los efectos militares dejen paso a los económicos empobreciendo la zona irremediablemente y dejándonos con la puerta abierta del sur y muy lejos de la angostura del Estrecho y de Canarias.

Pasaremos a ser aliados de Xi Jinpin, Putin, Alí Jameini, Maduro y cosas así; que es lo que parece que por aquí gusta.

Pero esto son nimiedades después de la urgente visita del presidente del Gobierno a China. Ha sido el remate para acabar con la más mínima posibilidad de Defensa exterior de España cuando la interior ya ha sido entregada.

Sánchez a China. Cuerpo a Estados Unidos. Todos a tierra.

Así se nos va poco a poco el futuro.

Un ejemplo para finalizar:

-España pierde la inversión pública para el desarrollo de la alta velocidad entre Dallas y Houston. Es lo que hace viajar a nuestro ministro de la cosa a (C)cuerpo gentil a Estados Unidos y con cuentos chinos. La Administración Trump ha dicho no a unos miles de millones de inversión. Naranjas de la China.

España y su Renfe se quedan sin contrato. No será el único.

España culmina su aventura en el mundo. Nadie nos quiere ni como amigo ni como aliado ni como empresario.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez 

Blog: generaldavila.com

21 abril 2025

«JUBILEO DE LA ESPERANZA» ROMA 2025.-AÑO SANTO Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

 

«armados» con armaduras del siglo XVI escoltando al Santo Sepulcro. Procesión del Viernes Santo en Toledo.

Buongiorno amici. ( Buenos días amigos).

En la Semana Santa, hay quien aprovecha  para irse a la playa, a la casa del pueblo o al extranjero. Yo este año, me quedo en casa,  debido a un pequeño accidente…, con mi forma de vivir un poco al filo de la navaja, iba a poner «por si fuera poco», pero en este tiempo de cuaresma será mejor «para más inri», resultó que en mi propia casa me corté.

Aquí sentado, lo que no se me olvida son aquellas Semanas Santas toledanas. Recuerdo que no se podía poner música,  el Domingo de Resurrección, estrenábamos ropa nueva y dábamos por iniciada la temporada de primavera, todavía hoy  huelo las torrijas y pestiños, bueno la verdad es que a  mi edad  te acostumbras a todo…, pues también por estas tierras tenemos a los tambores y bombos que redoblan y  retumban, para romper la hora como anticipo de la esperanza de la Resurrección.

A  todo me acostumbro, menos el no ver a los «armados» el Viernes Santo en la procesión del  Santo Entierro, por las estrechas calles de la imperial ciudad. Custodiaban el paso del Santo Sepulcro, y siempre me impresionaba el sargento, con su alabarda, llevada a pulso, con el regatón hacia arriba, y la punta  de la cabeza del arma hacia abajo  sin tocar  tierra.

Hoy, desde el sillón de mi casa, y con el baste del mulo de la Batería de montaña que me comprimen las costillas, vuelvo a Roma, no para recorrerla a caballo como ya hice hace tiempo en este blog, sino para ganar el Jubileo de 2025, «El Jubileo de la Esperanza», que  comenzó el 24 de diciembre de 2024 y se extenderá hasta el 6 de enero de 2026.

Es el «Año Santo» que la Iglesia Católica celebra cada 25 años.

Cabe destacar que también es momento de obtener una indulgencia plenaria especial del Jubileo. Una forma de obtenerla es visitar alguna de las basílicas papales de Roma: «San Pedro», «San Juan de Letrán», «Santa María la Mayor» y «San Pablo Extramuros», y pasar por sus «Puertas Santas», pues cada Basílica tiene la suya.  Desde aquí es lo que pretendo hacer.

Aunque dicen que  «Para conocer Roma ,non basta una vita», no me desanimo. Tanto si dispongo de una semana como de un mes, Roma siempre me absorberá con su magia. Oí decir que: «Chi va a Roma, ne mula zoppa ne borsa floscia» (Camino de Roma, ni mula coja ni bolsa floja). Lo de la bolsa no tiene solución, y  lo de a mula coja lo olvidaremos, con lo mío tengo bastante. A ver si hago realidad aquello de «el que viaja sus males espanta».

Al visitar la primera, «Basílica de San Pedro», atravieso su Puerta Santa y en el inmenso interior del templo, entre otras muchas cosas admiro   el barroco Baldaquino, el Trono de san Pedro, y al final me encuentro a La Piedad de Miguel Ángel, y me pregunto:

¿Cómo un artista, por grande que sea, con tan solo  25 años, puede hacer algo así?.

Al salir,  la plaza con las columnas de Bernini me  parece que abraza a toda la cristiandad. En el centro, el obelisco traído por Calígula desde Heliópolis en Egipto, y que hoy día es objeto de polémica por su procedencia..

Nada más salir del Vaticano y cruzar el río Tíber por el puente  de Vittorio Emanuele II, y recorrer el corso del mismo nombre, atravieso el Largo de Torre Argentina y empiezo mi recorrido por las otras Basílicas. Llego a la Plaza Venecia, el Vittoriano que llaman los romanos, donde veo a  los «Lancieri di Montebello»  en el «Monumento Nazionale a Vittorio Emanuele II», también conocido como «Altare della Patria»,  haciendo guardia junto a la llama eterna de la tumba del soldado desconocido.

Me cruzo con muchos  coches lujosos, algunos con  matrícula SCV , pregunto de donde son, y me dicen que es la matrícula del Vaticano SCV «Status Civitatis Vaticanae» (Estado de la Ciudad  del Vaticano), me acuerdo de lo que  nos contaba Paloma Gómez Borrero en su ameno libro «Caminando por Roma», y que  los romanos  traducen estas siglas como: ―¡Si Cristo lo viera!.

Siguiendo las vías 4 de Noviembre y Panisperna llego al segundo de mis objetivos, la basílica de «Santa María la Mayor», levantada en una de las siete colinas de Roma.

En el año 356, la Vírgen María se apareció en sueños al Papa Liberio I y le mandó edificar una iglesia en el lugar exacto donde nevase al día siguiente. En efecto, por la mañana de aquel 5 de agosto de un verano muy cálido, nevó en el Esquilino y el Papa construyó la iglesia de Sta. María de las Nieves, que más tarde se llamaría Santa María la Mayor. Los romanos recuerdan el milagro cada año, lanzando a la plaza desde sus balcones, pétalos de flores blancas. Es por eso que todos los 5 de agosto nieva sobre Roma.

Refrescado por la nieve, emprendo la marcha por las vías: Merulana, Amba Aradam, Termas de Caracala, Cristóforo Colombo y por Justiniano Emperador, llego a la tercera de mis basílicas, «San Paolo Fuori le Mura»,  Fue Constantino en el siglo IV quien la mandó construir en el mismo lugar donde se encontraba la tumba de san Pablo.

El último recorrido, explora en unos 1,5 km el tramo de la Urbe que va hasta la basílica de San Juan de Letrán, es la más antigua de las cuatro basílicas papales, catedral de Roma y sede episcopal, considerada madre y cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del Mundo.

Por las vías: Vittorio Emanuel II, Panisperna, llego a la cuarta y última de las Basílicas de Roma, «San Giovanni in Laterano», también conocida como San Juan de Letrán, el primer templo cristiano que se construyó en Roma. Frente a ella se encuentra la Scala Santa y el Santa Santorum, la capilla privada de los Papas. Se cree que la escalera proviene del palacio de Poncio Pilatos, en Jerusalén.

Para terminar, voy a ver a mi amigo el «Colonnello» para despedirme y agradecerle todas las facilidades que me ha dado, y me recuerda emocionado cuando el pasado 13 febrero de 2014 murió en Roma el Coronel de Caballería Piero D´inzeo.

En el C.M.E. (Centro Militar Ecuestre) de Montelibreti multitud de civiles y militares: el «Síndaco» (alcalde) de la ciudad eterna, el Jefe del Estado Mayor del Ejército, el presidente del CONI (Comité Olímpico Nacional Italiano), el presidente de la Federación Italiana de los Deportes Ecuestres… asistieron al entierro.

El Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas  dijo al término del funeral:

-Hoy recordamos al soldado, al caballero, al deportista. Al hombre y al militar que ha participado, vistiendo el uniforme del Ejército, en ocho Olimpiadas donde ganó seis medallas olímpicas.

Y el Teniente  General Claudio Graciano como  más antiguo del Arma de  Caballería:

El adios a Piero D´inzeo a hombros de los alumnos de la Escuela de Equitación, es-coltado por los lanceros del Regimiento «Lancieri di Montebello Nº 8», el más anti-guo de Italia.

-El Coronel D´inzeo aunó el valor profundo de lo militar con los valores deportivos, tan apreciados como: el espíritu de servicio, el valor…En el curso de sus cuarenta años de uniforme en las pistas de todo el mundo, señaló el camino a seguir a las futuras generaciones de caballeros.

 Un piquete a caballo y la banda del Regimiento «Lancieri di Montebello  Nº 8» (el más antiguo de Italia) acompañaron a la entrada y salida del ataúd llevado a hombros por los alumnos de la «Scuola Militar Di Equitazione».

Mi buen amigo el coronel, me  regala dos  ejemplares de los periódicos de ese día, uno de «la Repubblica» y otro del «Corriere dello Sport» que relatan la vida del campeón y su funeral de Estado.

He trascrito parte de esas crónicas, y se las dedico a nuestros políticos, para que recuerden  como despiden en Italia a un gran jinete militar.  Aquí, si quieren a su Ejército y a sus jinetes, al compararlo como nos tratan aquí diré, como dicen ellos, «Dalle stelle alle stalle», y es que en Roma, cuando se pasa de un extremo al opuesto en la vida,  se dice que se pasa  (de las estrellas a las cuadras). «Mannaggia porca la miseria».

Me acerco hasta el «Pincio en Vila Borghese»,  donde me paro para contemplar la más espectacular vista de esta ciudad con mas de tres mil años de historia,  para despedirme, parece como si toda la luz de Roma se halla dirigido sobre una de sus siete colinas, sobre este bonito balcón.

Y ahora , si me disculpan, he de hacer paso atrás y volver a Roma, pues me bajé del bus «30 expres» sin «timbrare el bigletto»,  y aunque dicen que cuando estés en Roma hay que hacer lo que hacen los romanos, en la ciudad eterna casi nadie paga, pues dicen que es un servicio público, el «síndaco»  se puede enterar y quedaríamos mal.

Las golondrinas ya llegaron a sus casas, la vida sigue, y aquí en Roma el lunes es la fiesta de la «pasquetta», fiesta nacional en Italia y un día en el que los italianos generalmente escapan de las ciudades y pueblos al campo.

¡Feliz jubileo de la esperanza a todos! .Hasta el  del año 2050, no se yo…

«Spes non confundit», «La esperanza no defrauda

  «Arrivererci Roma».

Zaragoza 19 abril 2025.

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VÉLEZ-MÁLAGA: VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS CORONADA. LA VIRGEN LEGIONARIA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Nuestra Señora de las Angustias Coronada: Vélez-Málaga

En el mes de febrero de 2015 el Excelentísimo Ayuntamiento de Vélez-Málaga en sesión plenaria concedió la Medalla de Oro de la ciudad a Nuestra Señora de las Angustias con motivo de Su Coronación Canónica. El Próximo día 15 de septiembre y de manos del Alcalde de la ciudad se celebrará el acto de imposición en la Iglesia de San Juan Bautista.

Si en Málaga está el Cristo de los legionarios, bendito Cristo de la Buena Muerte, Su Madre no podía estar muy lejos. Vélez-Málaga, a Su lado, cerca del dolor y del amor, donde siempre está una madre: Nuestras Señora de las Angustias Coronada, la Virgen legionaria, en la advocación del momento legionario sublime, el del dolor y el misterio que tiene el tránsito.

Por ir a tu lado a verte…, y su amor fue mi bandera.

¿Cómo no va a llevar el nombre de Angustias una madre al ver a su hijo en las puertas de la muerte? Aunque sea dolor legionario siempre es duro el tránsito; aunque vaya camino de la Vida es un momento de aflicción. Si no fuese así no sería necesaria esa revelación, del amor junto al dolor, en compañía imprescindible para que se cumpla Su palabra, la que nos prometió: la muerte no es el final. Porque en Su palabra confiamos cuando el adiós dolorido busca en la fe su esperanza. Por un hermano perdido.

Vélez-Málaga es legionaria. Como su Virgen, Madre de la Buena Muerte, de las Angustias Coronada.

La Legión acompaña a Nuestra Señora en su recorrido de Pasión por las calles de Vélez-Málaga, con el fervor de los veleños, con amor, la noche del Viernes Santo. Un momento para vivirlo y sentirlo porque el recuerdo de esa noche de misterio en Vélez-Málaga queda cosido al corazón con puntadas de oro. Por ir a tu lado a verte… Virgen de las Angustias Coronada, de la Legión Madre.

Tuve el honor, junto al alcalde veleño, don Antonio Souviron, de inaugurar en el muy legionario Barrio de la Legión española el monolito a la Legión, una prueba de amor y consideración de los veleños y puedo decir que uno de los actos más entrañables y queridos a los que he asistido.

Tengo el honor de que Nuestra Señora, mi Señora y Madre (coincidencia que mi madre se llama Angustias), lleve en Su trono procesional, a Sus benditos pies, mi bastón de mando que antes había pertenecido a mi abuelo y a mi padre. Quisiera también poner a Sus pies mi gorrillo de general de la Legión cuando Ella quiera y designe.

Tengo la alegría de poder contar con el cariño de esa Cofradía a la que siempre estaré agradecido y con una vinculación de por vida.

Es por todo ello por lo que hoy, Viernes Santo, escribo estas sencillas palabras para unirme a todos los veleños en este especial día de pasión, en el que la Virgen, Nuestra Señora de las Angustias Coronada, recibe, de nuevo, el homenaje de amor y respeto, de devoción y oración, de todos Sus hijos veleños y de todos los legionarios que allí tienen a su Virgen legionaria, Madre de la Buena Muerte.

Me sobrecogen e impresionan esos brazos de Madre que recogen el cuerpo de Su hijo muerto.

En tus brazos, Madre, quisiera morir, caer en tus brazos legionarios como recogiste a Tú Hijo al descender de la Cruz.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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SE CONVINIERON EN TREINTA PIEZAS DE PLATA Rafael Dávila Álvarez

 

Escuché cómo alguien, con toda intención mediática, se declaraba ateo, pero fiel cofrade, congregante, hermano y en esta Semana Santa, disfrutaba siendo parte de su engañoso festival. Le iba el rollo ese de la calle, la emotividad, ser bulla y  barullo, y un protagonismo tan falso como la religión que solo se practica alrededor de las emociones sin raíz. Ofensa grave  a los que procesionan con fe e incluso por ella, por los demás entregan su vida.

No pude olvidar aquel ¡Crucifícalo! ¡A Barrabás! ¡A Barrabás!

El caso es la calle, inundarla, contagiarse y sentirse protagonista, y si llega el caso lo mismo se entroniza que se destrona o estigmatiza. ¿Qué más da? Eso explica muchas cosas y casos recientes.

No voy a ir a ninguna procesión. Con la que llevo dentro me llega y me sobra. Gritos de verbena. Incomprensible actitud que vota levantar o derribar. Estamos ante una situación crítica. Desorientados.

No invento nada. Es.

La Cruz iba a ser demolida, barrenada; como antaño lo fue el Sagrado Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles después de ser fusilado. Estaba y está en el contrato. Se renueva la negociación. Mientras, firmado está, a ese monje que vigila orden se le da: ¡Que se quite el capirote y a volar!, lejos, que quede sin vigilancia el valle de lágrimas.

Hubo pacto. Silencio. Se cuela la amenaza. ¡Si no… la derribamos! La derribamos. La derribamos. Capaces son. Nadie se opondrá.

No hay nada más cruel que la reconversión de una Institución que supo conducir la moral de un pueblo en empresa. Rentable. Con vigilancia sobre la cuenta de resultados. Materiales.

Duele la soledad y la Cruz lo es. Por mucho que se suba y se baje a ella y por ella, siempre es un símbolo de soledad y abandono.

Este no es un Jueves Santo como otro cualquiera. Le precede un trato y un contrato. Solo nos queda ver quienes han dejado allí su firma. Hace 2000 años también lo hubo. Una traición. Unas monedas bastaron. Estaba dentro y desde dentro se urdió todo.

—¿Qué me queréis dar y os lo entrego? Se convinieron en treinta piezas de plata, y desde entonces buscaba ocasión para entregarlo.

—Al que yo bese, ese es. Apresadlo.

Está escrito y lo han confesado. Su cabeza por la Cruz. Quede al descubierto el trato. La fuerza de un monje es toda cuando se trata de defender la Cruz.

«A fray Juan lo montan en un mulo con destino a Toledo, aunque él no sabe a dónde lo llevan. Tiene que atravesar, sabiéndose secuestrado, la paramera abulense, la sierra de Gredos y los riscos del Tiemblo a comienzos de diciembre, en días de frío y nieve. Cuentan que llega a Toledo de noche y con una oscuridad añadida porque, además, le tapan los ojos con un pañuelo».

“En una noche oscura, con ansias, en amores inflamada, ¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada”.

No son tiempos de sosiego. No se puede uno fiar de nada ni de nadie. Veremos en qué queda todo, no será nada bueno, cuando las grandes instituciones morales juegan para su supervivencia y en el juego está todo admitido. Por dinero y bajo palio.

Es un cisma: escisión, discordia, desavenencia. Es lo que marca la pauta moral de España sin guía ni pastor.

Cuando es la moral lo que está en juego, se le pone precio, se entrega la historia y la tradición por treinta monedas; resulta que nadie sale a la calle. Están vacías. Forma parte del trato. Que nadie se mueva. Ni una queja.

¿Queréis calle?

Toda vuestra, que mañana será otro día más de engaño. Será otro día y Dios dirá.

—¿Y si Dios no dice nada?

—Pues nada.

En el trato estaba derribar la Cruz. Se firmó ante el sanedrín y el veredicto no tuvo oposición alguna. Todos firmaron y los que estaban fuera se pronunciaron.

—¡No conozco a ese hombre!

No es difícil reconocerse en estos tiempos de rezos y olvidos. Parece hora de los dinamiteros de la moral.

Soledades. Y amenazas.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

17 abril 2025

 

LA FE DE UN SOLDADO (RITOS DE LA LEGIÓN EN SEMANA SANTA) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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No me mueve, mi Dios, para quererte

El cielo que me tienes prometido;

Ni me mueve el infierno tan temido,

Para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte

Clavado en una cruz y escarnecido;

Muéveme el ver tu cuerpo tan herido,

Muéveme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor de tal manera,

Que aunque no hubiese cielo, yo te amara,

Y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera;

Porque, aunque lo que espero no esperara,

Lo mismo que te quiero, te quisiera.

Sólo un soneto podía expresar la intensidad del amor verdadero: “Porque, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero, te quisiera”.

Lo que de por sí es bello no necesita recurrir a los artificios de la estética; con palabras directas y enérgicas, sin ornamentos, este soneto popular y anónimo nos traduce el amor puro y desinteresado por encima de cualquier otra consideración.

Anónimo es como decir que nos pertenece a todos y en el anonimato de estos versos se esconde la espiritualidad de todo un pueblo que inspiró a no se sabe quien para que dejase escrita la fuerza de un pensamiento y la espiritualidad de sus sentimientos.

Sobrecoge la expresión verbal pero más sobrecoge la voz de un pueblo que históricamente se ha empeñado en vivir su fe en la calle, que es donde en España, hasta ahora, se vive y se muere.

Por eso este soneto sólo se comprende de rodillas ante los pies del Cristo de la Buena Muerte o junto a las Angustias de la Madre Dolorosa. Es una oración del pueblo, la traducción de su mística, la que resulta humana a fuerza de su severidad y dureza. Es un soneto legionario que cumple con el espíritu que exige no abandonar jamás a nadie en el campo hasta perecer todos.

Sólo la dimensión espiritual puede dar sentido a la entrega de la vida y el sacrificio. La espiritualidad y trascendencia en el pueblo español y militar tiene profundas raíces cristianas; históricamente el militar español ha sido un hombre de fe, de fe cristiana. Por mucho que algunos se escandalicen, y echen a repicar las campanas, las virtudes de nuestros soldados proceden en su mayoría de su formación cristiana en la fe. La defensa de la fe, la convicción de servir a una causa justa y la lealtad al rey, junto al honor, fueron siempre los móviles de su conducta que se ganó la merecida  reputación de ser la mejor Infantería del mundo.

Pocos se atreven a levantar la voz en defensa de mantener nuestra fe y nuestras tradiciones, aunque tozudamente se enfrenten cada año con el pueblo en la calle que peregrina con paciencia procesionando su fe.

Cada primavera el pueblo se refugia en sus creencias al margen de los mensajes contradictorios y de los vaivenes del momento político.

Así ocurrió en Málaga cuando el pueblo lo dijo cantando: “Dicen que a la Legión se ha alistado un Cristo crucificado…”. Una saeta  convertida en jaculatoria fervorosa, el sentimiento popular hecho poesía y el comienzo del vínculo del Cristo legionario, de la Congregación de Mena y la Legión.

Fue una Semana Santa de los primeros años veinte cuando varios legionarios, en plena guerra de África, y unos cofrades de Mena, mientras compartían el pan y la sal, hicieron amistad y hermandad… “Morir en el combate es el mayor honor”; y para siempre se unieron con el abrazo redentor del Cristo de la Buena Muerte; desde el año 1925 hasta nuestros días han caminado, como suele decirse, con la Cruz a cuestas.

Tuvo que ser una primavera, la de saeta legionaria,  cuando los nuevos miembros de la Hermandad, los Caballeros Legionarios, llegaban a Málaga al mando de su Coronel. En 1930 se produce el primer desembarco, la primera escolta al Cristo, el primer contacto de Málaga y los legionarios. Todo hubiese sido efímero sin la aprobación de la calle, sin que los malagueños sintiesen y admitiesen aquél encuentro entre un Cristo Cofrade que hablaba de la Buena Muerte y unos hombres que cantaban… “soy un novio de la muerte…”.

Se produjo el milagro, surgió “El Vínculo”, una relación que se afanan en analizar los teólogos y sociólogos enfrentados a lo inexplicable, al misterio encerrado en esa trilogía, Cristo de Mena, pueblo y legionarios ¿Será la muerte la que ronde alrededor del misterioso vínculo? Siempre la muerte como tragedia, y de repente, ¿la buena muerte? “El morir en el combate es el mayor honorPor ir a tu lado a verte”.

Íntima conexión entre sensibilidad e inteligencia: la sensibilidad tiene sus antenas como medio de captación del conocimiento, y el conocimiento está en ese pueblo que procesiona detrás de su Cristo legionario. Es la sabiduría de la experiencia, sentimientos como herencia, el inconsciente genético que encierra toda la sabiduría. Es la intuición incluso por encima de la razón, más sabia por intuitiva. Es la realidad transmitida que supera a la rígida letra porque es plástica, informe, una sugerencia más que una definición. Concepto intuitivo, una visión de los hechos que los coloca por encima de la rémora del razonamiento vulgar, y le da la autoridad que proporciona el conocimiento de la verdad esencial de las cosas.

La Legión nació en momentos muy duros, cuando cada día era una aventura en la que te iba la vida. Esa, tu vida, dependía del combate, de la paz del alma y, en ocasiones, aunque ahora no se entienda, era una vida triste que buscaba redimirse con una muerte digna que borrase la anterior. Allí en la Málaga querida, a su hospital de sangre, llegan muchos legionarios heridos de las campañas africanas. Alguien les habla de un Cristo que le llaman de la “Buena Muerte”: No me mueve mi Dios, para quererte, El cielo que me tienes prometido… ¡Pero si yo no creo en nada, si me da igual la muerte! Son hombres que han aceptado a la Legión como religión y que sus oraciones son el valor, el compañerismo y la amistad; la unión y el socorro, la marcha y el sufrimiento, dar la vida por el compañero. No se hacen preguntas sobre el más allá aunque intuyen que alguien los acogerá y les conducirá a ese cielo legionario.

Si un día Dios me llama…”, reza el legionario por dentro, y reza cuando canta, por si le llega la muerte; que entre la vida y la muerte, cuando a ambas uno las ve a diario, sabe que sólo las diferencia un suspiro, una bala que te llega de repente.

Es en Málaga donde les hablan de un Cristo que es legionario y que por eso es de los pobres. Que no le importa que hayas sido delincuente ni ajusticiado entre malhechores. Que también fue despreciado, abandonado y olvidado y que sabe no abandonar jamás a un hombre hasta perecer todos, darlo todo hasta caer reventado, nunca quejarse y confiar en la victoria, cumplir con el deber y no permitir vivir siendo un cobarde. ¿Que mejor advocación para dar las gracias por la vida, por las heridas curadas, que aquella imagen de Mena tan herida, tan dolida, pero tan viva?

Es el Cristo malagueño que busca entre los legionarios a su gente, son los malagueños que encuentran en La Legión su referente, son los Congregantes de Mena los que hablan de la buena muerte, y todos quieren creer, porque este Cristo que es malagueño, no miente. Compartir el dolor, compartir la muerte, hermanados, llevando sobre los hombros al compañero de todos, el de la Buena Muerte. Que no puede ser esa muerte un mero accidente, un azar en un combate sin esperanza ni explicación trascendente.

Era una primavera malagueña llena de luz. Cantan los novios de la muerte y la música se los lleva al cielo. ¡Al Cielo con Él!, canta el pueblo hecho legionario en la fe y el sufrimiento; todos cantan por dentro mientras se enredan en esa  primavera  buscando escaleras para subir a la Cruz. Hasta los mismísimos clavos de Cristo han subido con los mismos sentimientos que transportan en su herencia genética, sin manipular; son la infantería, de uniforme o de paisano, que da lo mismo,  que pasea su fe en Semana Santa; la infantería que se autolegisla con leyes de supervivencia para que una bala no te deje en el camino; la que deja su vida en un polvoriento camino, ¡Con qué facilidad Dios mío!, y sólo busca en la fe su esperanza.

Era como si la noche no hubiese caído, como si el día no tuviese de largo lo suficiente. En Málaga nadie se recogía esperando ver al Cristo legionario, al Señor de la Buena Muerte.Todos en silencio, cada uno el de su suerte, con la mirada en la madera de una figura que se retuerce y en la Cruz cobra vida, se transforma de repente en la carne de los que allí esperaban que el prodigio sucediese… Cantan los novios de la muerte, “Por ir a tu lado a verte…” que es el pueblo el que lo entiende y lo siente, y quiere saber que lo que intuye no le miente, que entre tanta soledad y abandono alguien te abraza, te escucha, te llama Caballero, te reconoce y te quiere. Cuando creías que no eras nadie alguien te dice que lo eres todo si la vida das por alguien.

Crédulos e incrédulos asisten cada año a este misterio de fe que vincula a la Congregación de Mena, al pueblo malagueño y a la Legión, alrededor de la advocación de El Cristo de la Buena Muerte y Ánimas. No vamos solos que nos acompaña la Armada española escoltando a Nuestra Señora de la Soledad, compartiendo Congregación y creencias. Llevan a Nuestra Reina…

 

Estrella y Reina de los mares…

¡Salve! Estrella de los mares

…………………………….

De tu pueblo, a los pesares

Tu clemencia dé consuelo

………………………….

Cantan los legionarios, también la Armada española; todos están rezando, que los que ante nadie se humillan doblan a su Cristo la rodilla y le entregan el corazón.

“A la Legión se ha alistado un Cristo Crucificado,

ya nadie podrá decir

que a la Legión sólo viene gente de mal vivir”(Saeta popular.

 

Y morirán cantando, con una canción en sus labios que marque el compás y el ritmo del valor y del honor, cuando…

 

El toque de oración inicia el vuelo

Y hay en las últimas luces del cielo

Algo invisible que nos acompaña,

Como si en la quietud de los soldados

Estuvieran aquí formados

Todos los que murieron por España (Coronel Luis López Anglada).

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez. General de la Legión entre 2001-2004

Blog: generaldavila.com

EL CRISTO DE MENA, LA II REPÚBLICA Y EL JEFE DE LA LEGIÓN General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Cristo de la Buena Muerte de Pedro de Mena

‹‹Gracias por la lealtad de que siempre me habéis dado pruebas y por la certeza que tengo de que seguiréis siempre siendo un modelo de disciplina››.

Estas irónicas palabras estaban incluidas en el mensaje de despedida que el Rey Alfonso XIII dirigió el 14 de abril a los militares.

No hay la menor duda de que la proclamación de la República se hizo de manera arbitraria y como consecuencia de unas elecciones municipales que nada tenía  que ver con un cambio de Régimen. Nunca hubo una victoria en las urnas ni una Constitución votada por el pueblo. La legitimidad brilló por su ausencia, pero el Pacto de San Sebastián había conseguido su objetivo: derrocar al Rey. Los de la legitimidad todavía andan buscando como respaldarla e intentando convencer de lo que nunca ocurrió.

Después vino lo peor. La Ley de la Defensa de la República (auténtica ley mordaza), la violencia en las calles, dirigida de manera especial contra la Iglesia Católica, la agitación permanente… Un mal comienzo que nada bueno presagiaba. ‹‹ ¡No es esto, no es esto!››, ¿lo recuerdan?, pero era ya tarde.

No hubo muchos defensores de Alfonso XIII ni él tampoco los requirió, pero sí que hubo militares que desde el primer momento vieron que su sitio no era aquel y prefirieron dejar las filas del Ejército. Entre ellos estaba el Jefe de la Legión.

Mandaba en aquellos días la unidad más emblemática del Ejército español, la Legión, el coronel don Juan José de Liniers y Muguiro, que había sido jefe fundador de la V bandera ‹‹Gonzalo Fernández de Córdoba›› el 1 de noviembre de 1921.

En el momento de la proclamación de la II República el coronel Liniers se encontraba en Madrid en el curso de ascenso a general. El día 15 se entera de la marcha de S.M. el Rey y no tardó ni un momento en tomar su decisión. Puso un telegrama al ministro de defensa Azaña comunicándole su dimisión como Jefe de la Legión y pidiéndole el pase al retiro. El ministro le contestó de inmediato y con gran indignación. Le decía que la petición la cursase por el conducto reglamentario desde su lugar de destino y residencia, Riffien, donde se encontraba su unidad la Legión.

El coronel Liniers tenía muy clara su decisión y volvió a enviar otro telegrama al ministro, esta vez diciéndole que así lo haría, pediría el retiro desde su unidad. No quedó ahí la comunicación sino que le expresaba que la  despedida sería ante sus legionarios formados y dando los vivas reglamentarios hasta entonces:

¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!

‹‹Le aseguro señor ministro que serán contestados con el mayor entusiasmo por todos los legionarios››.

Recibido el telegrama y sin soltarlo de la mano el ministro concedía el retiro inmediato al Jefe de la Legión.

El coronel don Juan José de Liniers y Muguiro tuvo el honor de ser el primero en la historia en acompañar al Cristo de la Buena Muerte con el inicial desembarco de la Legión y posterior desfile por las calles de Málaga. Así se inicia el vínculo entre la Legión y su protector:  el Cristo de la Buena Muerte.

La quema de conventos y destrucción del Cristo de Mena

La llegada de la II República iba a terminar con los desfiles procesionales. El 11 y 12 de mayo de 1931 ardían todos los templos de Málaga. El Cristo de la Buena Muerte, el de Mena, fue quemado con saña. Con el Cristo legionario fueron destruidas 15 tallas de Pedro Mena.

El coronel Liniers fue el primero y el último que, junto a sus legionarios, dio escolta y desfiló con el Cristo de Mena, el de La Buena Muerte y Ánimas. El año 1930 se realizó el primer desembarco y la Legión desfiló, con su Coronel al frente, dando escolta al Cristo recién alistado, al Cristo Legionario, el de Mena.

El año siguiente, 1931, es protagonista del cartel de la Semana Santa de Málaga. Pero el ambiente es distinto. El aire está denso y ya se vislumbra una primavera roja de odio y dolor. Unos aplauden, otros gritan y silban. Como «escandalizantes y provocadoras» califican algunos medios las imágenes procesionales.  Un mes más tarde, el 12 de mayo de 1931, el infierno de odio y fuego que asola a España, a la España cristiana y católica, llega a Málaga, a Mena, y el Cristo Crucificado, el de la Buena Muerte, el de los legionarios, es arrojado a la hoguera. Los pequeños demonios bailan a su alrededor. Creen haber culminado su obra. ¡No! No han quemado al Cristo de Mena, solo fue una madera lo que ardió. El Cristo refugiado en tantos corazones no se perdió. El Cristo como buen legionario aceptó el reto y supo esperar. Se oyó un grito desgarrador: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Era un rezo, una oración, un  lamento que fue escuchado, el que convierte la muerte en Resurrección. Por eso es el Cristo de la Buena Muerte, por eso le rezan y protegen los legionarios. Aquí está de nuevo la Legión, aquí están para rezarte estos soldados, Caballeros que cantan ser novios de la muerte sabiendo que allí estás Tú, esperándonos en nuestro cielo legionario. No abandonar jamás a un hombre…

Los que habéis hecho este desfile procesional bajo la imagen del Cristo legionario sabéis de lo que os hablo y del significado de mis palabras.

No está de más terminar este recuerdo, como pedía despedirse el coronel Liniers, con los gritos reglamentarios:

¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!

¡Viva el Cristo legionario de la Buena Muerte!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

14 abril 2025

AQUEL ABRIL REPUBLICANO. General (R.) Rafael Dávila Álvarez ha

¿DÓNDE VAS ALFONSO XIII?

El 14 de abril de 1931 el Rey se marcha, abandona el ejercicio de sus funciones para evitar un supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre.

No había razón alguna; nadie había depositado en las urnas la forma política del Estado. Solo eran unas elecciones municipales que el Rey ni perdía ni ganaba; él no entraba en juego. Nunca se sometió a referéndum la forma política del Estado. De unas elecciones municipales surgió la República.

Alfonso XIII se quedó solo.

¿Dónde están mis leales? No están aquellos Cadetes de Infantería a los que con tanta frecuencia visitaba en Toledo, en el campamento de la academia militar, los Alijares. Fresco el recuerdo de aquella tienda de campaña en la que durmió el Rey un día ya lejano mientras resonaban en sus oídos las palabras que su Director dirigía a los Caballeros Cadetes: «Conservad en vuestros corazones estos sentimientos de admiración, cariño y adhesión a nuestro Rey, que ellos serán la guía de nuestro proceder en todos momentos [sic], hasta en los más peligrosos de nuestra gloriosa carrera. Dedicad todas vuestras energías, vuestra vida entera, a su gloria, que es la de la Patria» […]. «Recordad en todo momento que las páginas más gloriosas de nuestra historia las ha escrito la Infantería con la punta de sus bayonetas».

Otros Cadetes, los de la Academia General Militar estaban más lejos: la General de Zaragoza. Su Director, el general de Brigada Francisco Franco Bahamonde, había propuesto que se ubicase en El Escorial. Entonces las cosas podían haber sido distintas: «Si hubiésemos estado en El Escorial acaso habrían podido cambiar algunas cosas. A mí me hubiese sido fácil presentarme el 12 o el 14 de abril de 1931 en Madrid, al frente de los cadetes, e influir, quizá, sobre las circunstancias que determinaron la expatriación de Alfonso XIII» (Franco. Manuel Aznar).

Ya antes, muy pocos meses antes, el 12 de diciembre de 1930 el general Franco había plantado cara al golpe de Estado republicano, un servicio de guerra, al tomar posiciones con sus cadetes en Zaragoza sobre la carretera de Francia para detener a la columna del capitán Fermín Galán, laureado de la Legión, sublevado en Jaca por la República.

El desorden e improvisación de la columna de Galán hizo que no pasase de Huesca. Detenida y anulada. Los capitanes Galán y García Hernández fusilados.

Era el pronunciamiento militar vanguardia del Comité Revolucionario que pretendía que los militares fuesen por delante, asegurarse la fuerza. Casares Quiroga, que iba camino de la revolución del capitán —dicen que a detenerla—, se quedó dormido en el hotel de Jaca. Al despertarse ya se había sublevado Galán que avanzaba hacia Huesca. ¡En nombre del Gobierno Provisional Revolucionario!

A partir de ese momento nadie estaba tranquilo. Se había inaugurado una etapa de permanente violencia y desconfianza política y social. Después del fracaso militar y revolucionario, inventaron la excusa de las urnas. Unas elecciones de falsa interpretación y amañados resultados.

Al fin, como consecuencia de sucios pactos y manejos, sin razones legales en que sustentarse, llega a España la República, porque el Rey se va. Dicen que para evitar un derramamiento de sangre; nadie dijo lo de supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre que, al final, ya sin rey, se produjo. No era el rey el problema.

El 14 de abril Alfonso XIII tiene que abandonar España.

Son las hijas de un general y marqués, Gonzalo Queipo de Llano, las primeras en subirse a una camioneta y recorrer las calles de Madrid al grito de viva la República: «en alguno de esos camiones, roncas de gritar y sinceramente convencidas de la gloria de la jornada, iban mis hijas» (Queipo de Llano en Mis almuerzos con gente importante. José María Pemán, Dopesa 1970).

Mientras se le acaba el tiempo, el rey tiene aún lucidez para una breve meditación. Aquella dictadura. ¿Para qué? No era eso, no era eso. Esto no acabará aquí. Si se queda: ¿habrá guerra? ¿Si se va?

¿Dónde vas Alfonso XIII? Ya no hay vuelta atrás. Que se las arreglen ellos.

La Guardia Civil se inhibe por orden del general Sanjurjo, José Sanjurjo Sacanell, dos veces laureado, su Director. El repentino republicano, marqués del Rif, recuerda sus cuentas pendientes con el que ya es solo don Alfonso: el Toisón de Oro que no le han dado, que si su mujer no es del gusto real, ¿por qué no le ha nombrado gentilhombre, con acceso directo al despacho real?

Esos días abrileños de repúblicas, el general Sanjurjo se convierte en protagonista. Le gusta ser importante. Lo es. África y alguna cosa más le han dado fama y honores que a veces no se corresponden con su inteligencia. El ministro de Estado Alejandro Lerroux le pide que asegure el orden. El general exige para él plenos poderes sobre el Ejército, las Fuerzas de Seguridad y la policía. Lo quiere todo y lo obtiene. (Madrid Julio 1936, pág. 191, en cita al libro de TG. Emilio Esteban-Infantes: General Sanjurjo (Un laureado en el penal del Dueso. Maximiano García Venero).

Sobre el marqués del Rif va a recaer el peso de la bienvenida a la República. La República necesitaba para colarse en España el aval de un general, a pesar de Azaña y muy a su pesar: «…accedió sin resistencia a prestar a la República, que reconoció, el primero e inestimable concurso de la Guardia Civil de la que era director general. Siguió al frente de ese Instituto, pero muy pronto inicióse una antipatía que le hizo incompatible con Azaña, el cual no se cansaba de manifestar la molestia sentida ante la pretensión de que la República tuviese un patrono o protector y con entorchados» (Mis Memorias. Niceto Alcalá Zamora. Colección Espejo de España).

Antes de que el rey se vaya definitivamente, un último intento lleva a Romanones a proponer su abdicación y establecer una regencia de la que fuese titular el Infante D. Carlos de Borbón Dos-Sicilias que había sido Capitán General de Sevilla, y en esos momentos Inspector del Ejército. Persona muy considerada, de enorme prestigio entre civiles y militares. Una quimera. Ya era tarde para el apellido Borbón en España. No había vuelta atrás.

Desde el 12 de abril de 1931 la calle no deja de gritar. Por ahora solo eso: gritos.

Berenguer ministro de la Guerra rubrica el final de la escena. Escribe a los capitanes generales la noche del mismo día 12 y les da la orden definitiva: «…que los destinos de la Patria siguieran el curso que les impone la voluntad nacional». Está claro: no hay que contar con el Ejército, que nadie mueva un pelotón. Lo que diga Sanjurjo. Nada que hacer. Dejar correr la calle.

El Rey no tiene donde apoyarse. Dice que no quiere derramamiento de sangre.

¿Y si resiste? «Dios sabe lo que hubiese ocurrido si Su Majestad resiste; tal vez se hubiese salvado el trono» (Franco. MC. FFSA. Pág. 491).

Es el final de la Monarquía: «Quiero apartarme de cuanto sea lanzar unos compatriotas contra otros en fratricida guerra civil… Suspendo deliberadamente el ejercicio del poder real y me aparto de España».

Se acabó el Reino de España, que ahora es la República española. Rumbo a Cartagena.

La guerra que vino no fue como consecuencia de la marcha del Rey sino por los que en un ruin pacto (Pacto de San Sebastián) traicionaron el curso de la historia y amañaron a su gusto unas elecciones para montar su República que no supieron encauzar ni dirigir. Ni la monarquía, ni la República eran culpables. Solo la incompetencia de unos dirigentes demasiado complacientes; con su escasa sabiduría gobernante se llevaron por delante la monarquía y detrás de ella la república. Habrá que admitir la consabida frase: «La República la trajeron los monárquicos y, después, la perdieron los republicanos».

DE CARTAGENA A MARSELLA. EL DESTIERRO

Jesús Juan Garcés, Oficial de la marina de guerra, licenciado en Derecho y perteneciente al Cuerpo Jurídico de la Armada, nos dio la oportunidad de conocer en detalle cómo fueron aquellas últimas horas de la monarquía y el viaje de Don Alfonso al destierro. Lo hace a través del relato del Almirante José Rivera y Álvarez de Canero, ministro de Marina en aquellos momentos, y que acompañó al Rey en su viaje hasta Marsella. Lo publicó en La Gaceta Ilustrada n. º 444 de 10 abril 1965.

Tentado he estado en honor a la brevedad y espacio literario resumir este importante testimonio, pero no me he atrevido a cambiar ni una coma de lo escrito por el almirante, documento oficial depositado en el Museo Naval.

Es un relato exacto no solo del viaje, sino del ambiente oscuro de aquellos momentos en el que se traslucen las relaciones del Rey con el ministro de Marina y los que le acompañan, entre el deber y el sentimiento, que nos permiten deducir lo que ocurría por muchos corazones de tantos militares y españoles. Descripción breve, declaración militar del servicio prestado, en la que el almirante no puede evitar traslucir la frialdad del viaje al exilio.

«Manuscrito 1.306: “El domingo 12 de abril fueron las elecciones municipales y el lunes 13 conocí por el Ministro de la Gobernación, que me habló por teléfono, el desastroso resultado de las mismas. Hablé también con Aznar (Capitán General de la Armada, Presidente del Consejo de Ministros) y me dijo que a las cuatro tendríamos Consejo. Nos reunimos a esa hora y tomó la palabra Romanones, quien desde luego opinó que la única solución era que el Rey se marchase y desde luego que el Gobierno debía presentar la dimisión y aconsejar lo ya dicho. Pensé que esto era ya cosa conocida por el Rey, dadas sus relaciones íntimas con Romanones, ya que este era quien llevaba la política del gobierno y más aún porque ya traía una cuartilla escrita con su opinión.

Aunque la cosa era muy fuerte, todos comprendimos que no había otra solución, pues ni el Rey quería seguir ni el Ministro de la Guerra contaba con el Ejército, según expresó claramente repetidas veces. Cierva fue el único que opinó enérgica y decididamente en contra. Yo me limité a repetir lo que había dicho en la primera reunión de Gobierno: Que mi papel era sostener la disciplina de la Marina, pero veía claramente que sin contar con el Ejército y la Guardia Civil, y siendo la voluntad del Rey no batallar, era inútil todo esfuerzo. En vista de esta larga y penosa discusión, el Presidente fue a dar cuenta al Rey y presentar la dimisión del Gobierno, que continuaría en su puesto hasta la resolución definitiva.

El día 14 recibí aviso telefónico de que a las 12 estuviera en Palacio, y poco más tarde me llamó el Almirante Aznar y convinimos en alistar un Crucero. Supuse para lo que era y di las órdenes al Almirante de la Escuadra. A las 12 estaba en Palacio y allí me enteré de que el Rey estaba conferenciando con García Prieto y Romanones y quería oír a todos los ministros. El cariz de Palacio era alarmante, pero la poca gente que había en la Cámara aún conservaba esperanzas; salieron los arriba mencionados y entramos Berenguer, Maura y yo. Tomó la palabra el Rey y expresó su resolución de ausentarse de España en vista de las circunstancias, pues aunque no le faltaba valor para jugarse la vida y estaba seguro de contar con fuerzas suficientes para resistir, no quería que por su causa se derramara sangre. Maura le dijo que le parecía bien su resolución y que no pasaría un mes sin que hubiera una reacción. Berenguer callaba e insinuaba su desconfianza en el Ejército y yo dije que confiaba en la  actitud de la Marina y que no opinaba como Maura. Después entró La Cierva con otros dos ministros. No sé, pero me lo imagino, lo que el primero diría al Rey. Volví al ministerio y, después de comer, a mi despacho, donde recibí otro aviso de que a las cuatro y media había Consejo en Palacio. Ya se veía la revolución y en el edificio de correos ondeaba la bandera roja y por las ventanas los empleados asomaban banderitas. Fuimos a Palacio encontrando mucha animación en las calles de gente del pueblo.

Durante el Consejo se repitió lo de por la mañana. El Rey no vacilaba en su decisión de marcharse para evitar sangre, pero estaba tranquilo. Cierva insistió en su idea de probar a resistir y discutió con alguna viveza contra Berenguer, García Prieto y Romanones. Hubo el detalle de que entró el Ayudante de servicio y entregó a Romanones un escrito de Alcalá Zamora, al parecer conminatorio, pues era ya tarde y se acercaba lo noche. Al poco rato, y siendo inútil la discusión, nos levantamos y fuera del Consejo, ya junto a la ventana, el Rey hizo la exclamación:

—Esta casa en que nací y que quizá no volveré a ver…

La primera parte es seguro, la última algo parecida. Se habló de que Cartagena había ya preparado un Crucero y Hoyos se ofreció al Rey para acompañarle a dicho punto, pero todos dijeron que el  ministro de  la Gobernación no debía ausentarse, y Romanones dijo que fuera yo quien le acompañase, a lo que me presté, desde luego. Durante el Consejo se había convenido que el Gobierno continuaría hasta las diez de la mañana del día 15, en el que el Presidente haría entrega a Alcalá Zamora.

Quedo con el Rey en recogerlo a las 9 y yo le llevaría en mi coche de uniforme. El Rey se despidió y abrazó a los demás y los Ministros nos reunimos para nada, pues ya no había nada que hacer. Yo me marché pues eran las siete y media y tenía que preparar mi viaje. Ya me costó llegar al ministerio y tuve que hacerlo por las calles extraviadas y aún por estas había gente y gran animación, viéndose muchas banderitas republicanas. Llegué al ministerio y conversé con el Jefe de Estado Mayor, Almirante Cervera. A quien entregué mis papeles y le dije advirtiera al Capitán General de Cartagena  mi salida para aquella plaza con el Rey y que tuviera abierta la puerta  del arsenal y todo dispuesto para embarcarse inmediatamente en el Crucero que estaría listo. También mandé alistar otro Crucero que no hizo falta. Al poco de entrar en el ministerio recibí  otro aviso de Palacio para que fuera a las ocho y media en vez de a las nueve, lo cual era difícil por detalles de preparación inexcusables y entre ellos porque el coche no estaba convenientemente preparado y el chófer de confianza, Requeijo, que conocía muy bien el camino y coche, se había marchado a la calle. Por fin llegó el chófer y pude salir minutos después de las ocho y media, después de abarrotar de gasolina para no tener necesidad de parar hasta Albacete, Ya estaba Madrid intransitable por las calles del centro y me fui por Génova, que tardé bastante en pasar por las aglomeraciones de gente, coches y carros con mujeres con trajes fantásticos y promoviendo gran algazara. Salí del atasco y tomé por las Rondas, donde tampoco faltaba animación, y por fin llegué a Palacio, al que atraqué a la puerta del Príncipe que estaba imponente y dejé allí el coche con mi Ayudante, atravesando yo a pie aquella multitud que me dejó pasar a pesar de ir de uniforme. Llegué al ascensor y no había nadie. Subí la escalera y salí a la galería donde solo había un alabardero a la entrada del primer pasillo. Entré en la saleta y allí me esperaba el Ayudante Moreu, con orden de conducirme a las habitaciones particulares de la familia Real, que yo desconocía, y me dijo que el Rey me esperaba con impaciencia.

Acompañado de Moreu pasé a un salón donde de pie y rodeada de varias señoras estaba la Reina, a quién saludé, así como a los Infantes Don Jaime y Don Gonzalo. Entramos en un pasillo y a poco encontré al Rey con sombrero puesto y me dijo:

—Vamos, don José.

Me puse a su lado, y al salir de nuevo a otro salón grande, apareció rápidamente multitud de servidores que cariñosamente le rodearon y dijeron que volviese pronto, al propio tiempo que le daban vivas. Acompañaba también al Rey el Jefe de la Casa Militar y Ayudantes de servicio y otras personas de Palacio.

Bajamos en un ascensor y en él dije algunas palabras al Rey que estaba con la preocupación natural, a las que no me contestó. Bajamos por una escalera oscura y salimos afuera por la puerta secreta del Campo del Moro. Como no me habían dicho nada y mi auto quedaba en la del Príncipe, lo mandé a buscar por medio de Moreu, y a poco estuvo allí. El Rey me dijo que él iría delante con el Infante Don Alfonso y que fuese yo con el Duque de Miranda detrás. Venía también mi Ayudante Feros. La oscuridad era grande y allí no había más que autos y un montón de gentes que inoportunamente daban vivas al Rey. A eso de las 9 salimos. El rey delante, yo detrás y después no sé en qué coche irían, pues, como digo, la oscuridad era grande. Salimos de Madrid sin novedad y yo creo que sin ser advertidos, y ya, camino de Aranjuez, nos enteramos, al menos yo, de que nos escoltaba un coche de la Guardia Civil, con un Sargento y cuatro guardias. Pasamos por Aranjuez y otros pueblos, en todos los cuales había mucha gente en la calle principal (la carretera) y en todos chillaba la gente, pero sin hacer otras demostraciones. Algo debían saber, pues siendo día de trabajo y a horas desusadas, es raro que estuviesen en la calle y en tan gran número. La primera parada la hicimos en pleno campo y pasado Aranjuez. Bajamos todos y nos reunimos con el Rey, Miranda y yo, también el Infante, que nunca se separaba de él. El Rey me dijo

— ¿Quién me ha empaquetado a mí para Cartagena? ¿Tú?

Y yo le contesté que sí, que el Gobierno.

— ¿A dónde vamos después?

—Ya se lo diré a S.M. y al oído: Marsella.

Pude observar que venían en la expedición tres ayudantes del Rey, Uzquiano, Alonso y Gallarza, vestidos de paisano, y, quizás otras personas que en la oscuridad de la noche no pude distinguir. A los pocos momentos volvimos a los coches y continuamos el camino como antes a  gran velocidad, y continuó el mismo espectáculo al pasar por los pueblos. A eso de las 12 hicimos otra parada y vinieron a decirme que el Rey iba a cenar, y como la noche estaba fría, ni Miranda ni yo bajamos del coche (ninguno de los dos había cenado, ni cenamos aquella noche).

Volvimos a parar por tercera vez y el Rey me dijo que procurara no pasar por las calles de Albacete y que fuese yo delante, pues él no conocía bien el camino. Así lo hicimos, aunque del todo no era posible, pero como era ya la una de la madrugada, no había nadie en las calles que atravesábamos. Volvimos a parar a eso de las dos para dar gasolina al auto del Rey.

Al llegar a Murcia tampoco encontramos gente en las calles, pero dio la casualidad de que al llegar al paso a nivel de la línea férrea, lo cerraron por estar un tren maniobrando. Estuvimos parados unos siete u ocho minutos y se acercaron a prudente distancia cinco hombres, que quedaron parados y observando, pero al poco rato saludaron quitándose los sombreros y lo volvieron a hacer al abrir el paso y continuar nuestro viaje. ¿Quiénes serían? ¿Policías, periodistas? No sé. De Murcia a Cartagena sin novedad y a más de cien kilómetro entramos por la calle Real, y al enfocar la puerta del Arsenal, la encontramos abierta como yo había ordenado, pero con numeroso público que, contenido por la guardia (pues no se le dejó entrar como deseaba), prorrumpió en gritos y vivas a la República. Entramos hasta el muelle de la Machina, donde encontramos a la marinería correctamente formada y me parece que armada, y un grupo grande de Jefes y Oficiales que rodeó al Rey. Me puse a su lado y pregunté por los generales, quienes llegaron al momento, pues estaban a nuestra entrada esperando a la puerta del Arsenal. Tan pronto llegaron Cervera y Magaz y saludaron, invité al Rey a que embarcara en el bote dispuesto al efecto, y una vez embarcados nos fuimos al buque Príncipe Alfonso, que nos esperaba  a pique del ancla. Al abrir el bote del Arsenal, el Almirante Cervera, Jefe del mismo, dio siete vivas al Rey, y este contestó con un:

— ¡Viva España!

A bordo venía el Almirante Magaz y el Jefe de Estado Mayor, López Tomasete, el Gobernador Militar, general Zuvillaga y otros jefes y oficiales. Atracamos y subimos al Príncipe en cuya cubierta esperaba el Almirante Montagut, Jefe de la Escuadra y el de la División de Cruceros, Salas, así como el Comandante y oficiales del buque y otros de la Escuadra. Tanto en el bote como a bordo, el Rey saludó y habló afablemente con todos. Tan pronto estuvieron a bordo los maletines del equipaje, le dije al Rey que despidiese a todos para marcharnos, extrañado y agradeciéndome que yo continuara a bordo acompañándole. Una vez fuera los que no eran del buque, di orden al Comandante Fernández Piña de salir a la mar. Lo que verificamos, estando fuera de malecones a las cinco y media. Por deseo del Rey subimos al puente alto, donde permanecimos durante la salida, pues me dijo que «quería ver España por última vez». Me preguntó dónde íbamos y le dije que a Marsella, indicándome él que le parecía mejor Tolón, pues Marsella era puerto de mucho movimiento, pero yo le convencí de que era mejor Marsella y que llegaríamos al amanecer, entre dos luces. Una vez en la mar nos fuimos a acostar, pues ya era hora (y yo sin cenar). Al Comandante le di instrucciones para la recalada a Marsella, etcétera.

Día 15.- A las 10 me levanté y subí al puente, donde estuve un rato con el Comandante. A mi paso por cubierta, tanto al ir como al volver a la Cámara, pude observar la corrección de las clases y marinería por su actitud correcta y disciplinada. Al llegar a bordo la noche anterior observé, una persona que, con el Duque de Miranda y el Ayuda de Cámara, formaba su séquito. Al Infante lo alojé en el camarote del Jefe de Estado Mayor. El Duque en el del Ayudante y yo en el del Comandante, como más próximo al Rey que iba en el del Almirante. Dije al Comandante que mientras estuviese el Rey a bordo se le tratara como tal, y por tanto que él invitaría  a la mesa, como así lo hizo después de hablar yo con Miranda. Almorzamos a la una y fuimos invitados, así como a la comida de la tarde, el Comandante, un Jefe y un Oficial y los cuatro que veníamos con el Rey. Este se mostró siempre sereno, si bien en la conversación divagaba algo (no es extraño). Hablaba de su porvenir y de cosas de barcos, dirigiéndose especialmente a los invitados del buque. El Infante también habló de su porvenir. El Rey pidió al Comandante una bandera del buque como recuerdo, y al disculparse este diciendo «que estaban a cargo», intervine yo para que le diera una del bote, como así se hizo. Al llegar se supo por radio que había tenido lugar la proclamación de la República y poco después recibió el Comandante orden del Almirante de la Escuadra para que, después de desembarcar el Rey, se izase la bandera republicana, haciéndosele los honores de ordenanza. De todo me daba cuenta el Comandante, y de esto al Rey, quien me preguntó «cuando se izaría», y yo le dije que cuando se fuera y saliéramos de guas jurisdiccionales francesas.

Nada que yo sepa ocurrió durante el día de la cena. Ya de noche se recibió radio de Gibraltar en que el Infante Don Juan preguntaba qué hacía y el Rey quiso que se le contase «que fuere a París aprovechando el primer paquete» que saliera para Génova o Marsella, pero esta comunicación no se puso. También quiso se telegrafiase al Embajador de París, de lo que le disuadí. Hasta las once de la noche estuvimos en conversación en el sofá de la Cámara hablando, como es natural, de su situación, la que no veía clara, y a cuyas preguntas me era difícil contestar, pues se sentía optimista, y yo no lo era. Por fin me despedí de él, pues íbamos a recalar al amanecer y nos convenía descansar. Me pidió que al volver a España publicara en la prensa monárquica dos manifiestos, despidiéndose del Ejército y la Marina, que me entregó escritos a máquina y que acepté, aunque diciéndole me parecía no los querrían publicar, como así sucedió. Antes de acostarme, hablé largo rato con el Duque de Miranda y con el Comandante aparte, a quien di mi opinión sobre la despedida al Rey en la mañana siguiente y que aceptó. También el rey me preguntó «cómo se le despediría» y le aseguré que interiormente con todos los honores. Recalamos entre dos luces y algo neblinoso, y a las cinco y media de la mañana fondeamos a unos quinientos metros, entre dos farolas. Momentos antes de desembarcar hablé con el Rey, que dudaba en la forma de despedirse, pues me preguntó, «si debía hablar o no». Yo le aconsejé que no hablase, y se despidió uno a uno de los Oficiales y Jefes. Así lo hizo, dándoles la mano sin pronunciar palabra. La gente, cumpliendo mi orden al Comandante, se hallaba correctamente formada en sus puestos de babor y estribor de guardia; esta frente al portalón y los Oficiales en línea a continuación. Presentó armas la guardia y al salir por el pantalón rompió marcha la corneta, y no cesó hasta que el propio Rey desde el bote, mandó parar. Al despedirse de mí le dije de acompañarlo hasta dejarlo en el muelle, lo que le extrañó y agradeció. En el bote embarcamos únicamente el rey, Duque de Miranda, Infante, el criado, mi Ayudante y yo. El Rey, a popa, mandó:

—Abre

Y al decirle yo «mire Señor, que correctamente están», rompió a llorar y metiéndose debajo de la cámara, me dijo:

—Dispense, Don José, no lo he podido evitar.

Desembarcamos en el muelle más próximo saltando por un remolcador que estaba atracado a la escala. Eran las seis menos cinco. No había en el muelle más que cuatro o cinco hombres pertenecientes, al parecer, al remolcador. El Infante les preguntó si no había cerca coches, y el individuo silbó para avisar. Se extrañaron al verme por mi actitud con el Rey e ir de uniforme mi Ayudante y yo. El Rey me abrazó y dijo me marchase, dándome las gracias por todo. Le dije que esperaría a que desembarcaran los maletines que venían en otro bote, y cuando aquellos estuvieron sobre el muelle y la gente embarcada, me despedí, volviendo a abrazarnos al ayudante y a mí. En el momento de embarcar, ya llegaba un taxi verde oscuro con faja blanca, donde embarcamos el equipaje, y el Rey permaneció de pie en el muelle mientras salíamos de los botes. Ya un poco lejos del muelle le vi retirase.

En cuanto llegamos a bordo me recibieron haciéndome honores; le dije al Comandante colgase los botes y zarpase en seguida para Cartagena y que al salir de las aguas jurisdiccionales francesas se izase la bandera tricolor, haciéndose los honores correspondientes. La salida fue inmediata, pues estábamos con el ancla a pique y, a las ocho y cuarto, vi el primer cañonazo; seguramente estábamos fuera de las aguas jurisdiccionales francesas.

Refrescó el norte, haciéndose frescachón y arbolando bastante mar, llamándose luego al norte, tan pronto salimos de la influencia del golfo  a eso de las tres de la tarde.

Se recibió orden de retirar retratos de la familia Real y símbolos de la Monarquía. A las siete treinta de la mañana fondeábamos en Cartagena, tomando el expreso para Madrid. Después de lo escrito anteriormente me enteré de que se fantaseaba sobre supuestas incorrecciones cometidas a bordo durante el viaje a Marsella. Todo eso es falso, pues ni yo me di cuenta, ni ninguno de a los que después pregunté. Todos a bordo estuvieron correctísimos y el Rey fue tratado como tal hasta el último momento. El incidente de la petición de una bandera ya lo he relatado y respecto a que vio cortar el estandarte para hacer la nueva bandera, me extraña, pues yo no lo vi. Esa faena, caso de que tuviera lugar, se hace a popa. Ha sido que el Ayudante de Cámara de Su Majestad lo vio y contó; lo ignoro.

El diecinueve de febrero juré el cargo de ministro por segunda vez. El doce de abril fueron las elecciones Municipales y en vista del resultado, el catorce a las nueve menos cuarto salimos de Palacio con el Rey, llegando a Cartagena a las cuatro y media, embarcando en el Príncipe Alfonso, fondeado en Marsella el dieciséis a las cinco y media de la mañana, desembarcando a las seis y cinco, dejando al rey en el muelle y saliendo para Cartagena, donde fondeamos el diecisiete a las ocho de la mañana. Al salir de las aguas jurisdiccionales de Marsella se izó la bandera republicana por orden del nuevo Gobierno. El veinte me presenté al ministro, a quien di cuenta de mi comisión y en seguida me retiré del despacho casi sin oírle. Y aquí termina mi vida oficial».

En ABC de 7 noviembre de 1973 se cita otro importante documento que viene a completar el ya expuesto. Se trata de la carta que el Comandante del Príncipe Alfonso remite a sus hermanos el día 18 de abril de 1931 contándoles las peripecias de aquel viaje. No modifica las declaraciones del Almirante, pero hay detalles que siguen siendo esclarecedores para adivinar el ambiente que se respiraba en aquellos históricos momentos. El capitán de Navío Manuel Fernández Piña, comandante del buque, pensaba que iban a Inglaterra y ya en la mar supo que debía poner rumbo a Marsella. No se permitió al Rey comunicarse con el exterior «como el pobre deseaba para saber de su familia; a esto no me atreví por temor a que se pescasen sus radios y me costase un disgusto con el Gobierno».  Un mal trago, dice el Comandante del buque. No nos extraña; con el Rey se iba la monarquía embarcada sin razón ni más explicación que los inciertos datos de unas elecciones municipales y el Rey no era ningún alcalde elegible. Una grosera y triste despedida, inmerecida a todas luces.

Ni la bandera española que enarbolaba el buque “Príncipe Alfonso” se le entregó con la excusa de estar a cargo.

El buque Príncipe Alfonso, regresó a España siendo ya  republicano. Adoptaría el nombre de Libertad y terminaría sus años de mar con el nombre de Galicia.

Cuando el buque se hacía a la mar con el rey a bordo se cruzó con un submarino de la clase B5 que regresaba a puerto. Se vio como arriaba la bandera tricolor e izaba la de España rindiendo los honores de ordenanza al cruzarse. El comandante del submarino se llamaba Luis Carrero Blanco.

Así se acabó la Corona. «Nos regalaron el poder», dice Miguel Maura, ministro de Gobernación».

PRIMEROS PASOS DE LA II REPÚBLICA

La República nace con un problema de ilegalidad que con el tiempo se convierte en otro de legitimidad y ante eso no hubo, no hay, no habrá, argumentos. De la chistera de aquellos magos de las urnas, con los polvos del Pacto de San Sebastián, llega la República; o lo que aquello fuese.

Un Gobierno provisional, un Estatuto provisional. Todo es provisional, a base de provisionales Decretos. Sigue mandando el Comité

Revolucionario, aunque se denomine Gobierno Provisional.

Designaron Presidente a D. Niceto Alcalá Zamora y este, a su vez, por ministros del Gobierno, a los miembros de aquel Comité, en esta forma:

Estado: Alejandro Lerroux García

Gobernación: Miguel Maura Gamazo

Guerra: Manuel Azaña Díaz

Fomento: Álvaro de Albornoz y Liminiana

Instrucción Pública: Marcelino Domingo Sanjuán

Marina: Santiago Casares Quiroga

Economía: Luis Nicolau d´Olwer

Justicia: Fernando de los Ríos Urruti

Hacienda: Indalecio Prieto Tuero

Trabajo: Francisco Largo Caballero

Dentro de las distintas tendencias políticas representaban:

Alcalá Zamora y Maura  a los conservadores; Lerroux, republicanos históricos; Albornoz y Domingo, al partido radical-socialista; Azaña al grupo de ateneístas Acción Republicana; Casares  a la incipiente

Organización Republicana Gallega Autonomista; Nicolau, a los

autonomistas separatistas catalanes; Prieto, de los Ríos y Largo Caballero, a matices del socialismo; Martínez Barrio, era Gran Maestre de la Masonería, de cuya organización eran miembros Lerroux, Albornoz, Domingo y de los Ríos, y posteriormente Azaña.

El programa de gobierno era sencillo. Nadie tenía que cumplir nada. Gritar viva la República era suficiente.

Entre ellos los soldados que dejaron de estar obligados a cumplir el juramento de servicio y obediencia al rey. Azaña, ministro de la Guerra, les libera a cambio de la promesa de servir a la República; eso sí, con fidelidad y con las armas si fuese necesario; o serán dados de baja.

Suena el himno de Riego. Hay que buscar los  símbolos. La República ya tiene su nueva bandera, inventada sobre la marcha, sin rigurosidad, ni historia. Remiendo de paño nuevo en vestido viejo.

El exteniente coronel de ingenieros Francisco Maciá proclama la República catalana com Estat integrant de la Federaciò Ibèrica. Companys y Lluhí al frente. El presidente de la República, se supone que española, viaja a Cataluña. En tres días la República Catalana se convierte en la Generalidad de Cataluña. Todos votan favorablemente al Estatuto el 2 de agosto.

Fue una negociación en falso. Aquel día, desde dentro empezó la división, el camino a la independencia. La semilla iría creciendo: «Los catalanes no pueden ser españoles porque han nacido en tierras de Cataluña» (Ventura Gassol en Ricardo de la Cierva. Historia de la Guerra Civil española, pág. 2). Tan infantiles como eficaces. No está de más recordar que en el Pacto contra la monarquía se reconocía la personalidad de Cataluña.

En el País Vasco va a iluminar el independentismo vasco el PNV de Antonio Aguirre y Lecube ¿o es la Iglesia vasca? Está en juego la unidad de España, siempre la diversión de los tahúres es repartir las cartas y luego romper la baraja, una ruleta rusa cuyo cañón apunta al corazón de España.

En Gobernación ondea ya la bandera republicana. Habla el nuevo presidente del Comité Revolucionario, ahora convertido en gobierno provisional de la República, don Niceto Alcalá Zamora: «El gobierno provisional de la República ha tomado el Poder sin tramitación y sin resistencia ni oposición protocolaria alguna…». Nos lo han regalado, le contestaba la calle.

¿Violencia?: no pasará un día si ella, sin miedo, sin dolor, sin persecución. No es esto, no es esto. Pero ya era tarde.

« ¡Cuádrese! Soy el ministro de la Guerra» (Memorias. Diego Martínez Barrio. Espejo de España, pág. 32). Era de noche y en la oscuridad de las bujías, entre las sombras, Azaña pone firmes al oficial de guardia del palacio de Buenavista, sede del ministerio de la Guerra. El general Ruiz Fornell le da posesión del cargo. Azaña acababa de cumplir un sueño infantil. A esas horas el niño don Manuel sueña con su juguete: ¡Soldados! Pronto abrirá la cajita y sacará a sus soldados de plomo para organizar su peculiar ejército.

Todo se radicaliza. Aflora el «no sabe usted con quien está hablando; aquí mando yo».

«Para los republicanos de izquierda, también llamados la izquierda burguesa, la nueva República tenía menos que ver con un proceso democrático que hubiera que respetar escrupulosamente que con un proyecto de reforma radical que en, algunas ocasiones, Manuel Azaña y otros líderes calificaban de revolución. Para ellos la República no era tanto un sistema político como un determinado programa de reformas culturales e institucionales para el cual era indispensable eliminar permanentemente a los católicos y a los conservadores de cualquier participación en el Gobierno» (Stanley G. Payne. El camino al 18 de julio. Espasa. 2016).

Empieza el juego militar. Queipo de Llano es nombrado capitán general de Madrid, López Ochoa de Cataluña, Riquelme de Valencia y Cabanellas de Andalucía.

El juego tiene nombre, pero le faltan los apellidos: los Decretos de Azaña, ministro de la Guerra. Nada de juramentos a la bandera: fidelidad a la República o a casa, con paga, pero a casa. El Ejército se reduce de dieciséis Divisiones a ocho, sin orden ni concierto ya que nunca se hizo previsión del número de oficiales necesarios para cubrir los puestos, a pesar de la disminución drástica de unidades, sin limitar el pase a la reserva. Más de ocho mil oficiales dejaron la actividad militar. En principio pasaron a la reserva 140 generales, 8.500 jefes, oficiales y asimilados, 3.200 clases de tropa. Sus plazas quedaban amortizadas. ¿Descontento en el Ejército? Sin duda, pero por razones diferentes a las legales: confusión, precipitación en las reformas más demostrativas del «aquí mando yo» del ministro de la guerra que de un estudio profundo y una ejecución escalonada.

Se suprime el empleo de capitán general por el tono autoritario del término; mejor División Orgánica, y se fija como empleo máximo el de general de división. Se empieza por una orden sencilla: ¡Firmes! ¡Cuádrese!; después se organizan batallones, divisiones y guerras, desde los despachos, sin mirar al frente, sin ver las consecuencias.

Se cierra la Academia General Militar de Zaragoza, creada para, además de fomentar el espíritu de unidad, compañerismo y fraternidad, formar a los oficiales con un mayor conocimiento y coordinación entre las distintas Armas del Ejército, algo crucial en la guerra. Azaña, su República de reformas, de decretos, no admitía ese sentido de unidad en el Ejército que siempre le pareció peligroso. Quiso un Ejército Republicano, pero nunca pensó que lo primero que un Ejército necesita es una explicación; que nunca fue dada.

Se discute la bondad de la reforma de Azaña. No hubo tal. No hubo nada. Purga sí. ¿Buena voluntad?, puede, pero no se pudo demostrar. ¿Era necesaria una reforma militar? Siempre lo fue, siempre lo es. En aquellos momentos también, pero sin dar la imagen de venganza, de resentimiento, de lanzar a unos contra otros. No era la reforma más urgente, los ejércitos eran necesarios y eso significaba tener cerca a los militares, que por cierto no se oponían a la República como demuestra el golpe de Sanjurjo, y el alzamiento que se produjo al grito de viva la República, siempre seguido del viva España. Con un poco más de mano izquierda las cosas habrían sido de otra manera. Azaña lo supo después y se arrepintió, pero su mentalidad infantil, su afición a las formaciones de soldaditos, acabó con él. Para más inri jugó también a ser más papista que el Papa y pasó a ser monaguillo de la España católica, aunque fuese por costumbres, tradiciones ancestrales. Hubo más militares que se pasaron a la reserva por el ataque a la Iglesia que por las reformas militares. Una auténtica persecución religiosa.

Se cometió el mismo error que Pavón achaca a Napoleón en España: el error nacional, el monárquico y el religioso. Los españoles después de tantos años de sacrificio son antes que otra cosa españoles. Se dan cuenta de ello cuando alguien intenta que dejen de serlo. Son monárquicos por costumbre, y porque no se dejan mandar por cualquiera. Lo de la religión es, además de costumbre, por lo que han luchado y muerto sus antepasados: la fe Católica.  Cómo para perderla por una imposición extranjera.

Azaña calculó mal. A la postre entre los retirados y apartados, generales o no, se generó el alzamiento.

MAYO 1931

Ha llegado el mes de mayo. «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano» (Azaña) (La España del siglo XX. M.Tuñón de Lara). Los propósitos de revolución de sector importante del nuevo régimen se hicieron patentes en los sucesos revolucionarios de los días 11 al 13 de mayo de 1931 en diversas poblaciones como Madrid, Málaga, Sevilla, Cádiz, Jerez de la Frontera, Algeciras, Valencia, Alicante, Murcia… en las que por multitudes, que no quiso controlar la policía, procedieron a incendiar templos, conventos, quemar las imágenes, bibliotecas, laboratorios…, sin que los bomberos pudieran actuar para aminorar los daños y sin que las fuerzas de Ejército intervinieran.

En este mes de mayo republicano Juan Ignacio Luca de Tena, director de ABC, se reúne con Alfonso XIII en Londres. La entrevista se publica el día 5.

— ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo sin vernos! El primer español que llega aquí para verme eres tú. Te lo agradezco mucho.

Verdaderamente era mucho: nadie se acordaba ya de Alfonso XIII, nadie en España, y solo habían pasado 15 días.

—No quiero que los monárquicos exciten en mi nombre a la rebelión militar […]. La monarquía acabó en España por el sufragio, y si alguna vez vuelve ha de ser asimismo por la voluntad de los ciudadanos.

Ese día el Rey autoriza al marqués de Luca de Tena a que se organice una corriente de opinión monárquica en España. Pone condiciones: «Que actúe públicamente y sin crear dificultades al Gobierno español, e incluso estar con él para todo lo que sea defensa del orden y de la integridad de la Patria». Está claro que el Rey no sabe lo que ocurre en España.

Lo va a saber en muy poco tiempo. Va a empezar a darse cuenta cuando llegue el mes de noviembre: «Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue rey de España, quien, ejercitando los Poderes de su Magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico del país; en su consecuencia, el Tribunal soberano de la nación declara solemnemente fuera de la ley a don Alfonso de Borbón Habsburgo-Lorena; privado de la paz pública, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetrase en territorio nacional. Don Alfonso de Borbón será degradado de todas las dignidades, honores y títulos, que no podrá ostentar ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de su representación legal para votar las nuevas normas del Estado, le declara decaído, sin que se pueda reivindicarlos jamás, ni para él, ni para sus sucesores. De todos los bienes, acciones y derechos de su propiedad que se encuentren en territorio nacional, se incautará en su beneficio el Estado, que dispondrá del uso más conveniente que deba darles. Esta sentencia, que aprueban las Cortes Soberanas Constituyentes, después de sancionada por el Gobierno Provisional de la República, será impresa y fijada en todos los Ayuntamientos de España y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de Naciones».

Firmaba la sentencia, como presidente del Gobierno de la República de España, Manuel Azaña el día 26 de noviembre de 1921.

El Decreto se había aprobado en las Cortes con nocturnidad: a las tres cincuenta y cinco minutos de la madrugada del 20 de noviembre de 1931.

Esa era la respuesta de los que hay que apoyar, según palabras del Rey. Alta traición. Una declaración de rencor — ¿odio?— sin precedentes. Peor que la guillotina. Insoportable. El Rey de España se convierte en un peligroso delincuente.

Los gritos de la calle se transforman en hechos. Las tierras hay que repartirlas, la Iglesia, iglesias llenas hace un mes, ahora hay que clausurarlas, los militares fuera, fuera el Ejército. Mantequilla por cañones y el odio como proyectil.

El Gobierno provisional, en un medido e interesado proyecto, convoca elecciones constituyentes. Los partidos se preparan.

Los monárquicos, autorizados por el rey, al que para otras cosas han olvidado, inauguran el domingo 10 de mayo la sede de su partido en la calle Alcalá nº 67.

Se oye en la calle la Marcha Real que alguno de los reunidos hace sonar intencionadamente. También vivas al Rey desde el balcón. Las pedradas iníciales dirigidas a la sede monárquica acaban en disparos. El centro monárquico es asaltado por la muchedumbre a la vez que arden los vehículos aparcados en sus inmediaciones. Luego se dirigen a la sede del ABC que no llegó a ser asaltada porque el ministro de Gobernación, Miguel Maura, ordenó a la Guardia Civil proteger el edificio. Hubo disparos y algunos manifestantes cayeron heridos. Murió el portero de una casa cercana y un niño de trece años.

El ABC había sido sentenciado desde el anuncio de la entrevista de su director con Alfonso XIII y la consecuente apertura de la sede del Partido Monárquico. A la República se le escapaban las riendas del caballo desbocado.

La calle va a ser utilizada como la principal urna. La C.N.T y los comunistas quieren dirigir las masas, la U.G.T. y el Partido Socialista también. Todo menos sacar un tricornio a la calle contra el pueblo.

Desde una de las ventanas del ministerio de Gobernación habla Azaña: «Se hará justicia». Demagogia que gentilmente cede a un joven ateneísta que aclama: «Se castigará a los monárquicos y se suprimirá la Guardia Civil».

El día 11(mayo) sigue el ambiente de crispación. Se sabe que la quema de conventos está preparada para ese día. El capitán Arturo Menéndez, ayudante de Azaña, se lo había comunicado al ministro de la Gobernación. Estaba confeccionada y repartida la lista de conventos que había que quemar. La dirigían los mismos jóvenes del Ateneo que el día anterior desde Gobernación habían pedido la disolución de la Guardia Civil. (Así cayó AlfonsoXIII… Miguel Maura. Ediciones Ariel).

El Gobierno está reunido ese día en Presidencia. Son las nueve de la mañana y llega el aviso: ¡Está ardiendo la Residencia de los jesuitas de la calle de la Flor! «Son Fogatas de viruta», bromea Alcalá Zamora. «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano», apostilla Azaña.

La calle festejaba la libertad y la justicia que dicen que trae la República. Con hogueras. La quema de conventos: el Sagrado Corazón en Chamartín, las Bernardas en Vallecas, Santa Teresa de los Carmelitas Descalzos…, todo lo previsto según la lista que se había redactado; más todo lo que se les ponía a tiro.

Pasadas las tres de la tarde el Consejo de Ministros decide declarar en Madrid el estado de guerra. Ni un tricornio a la calle contra el pueblo. Se pasa de no hacer nada a todo: que salgan los militares. Azaña toma el mando de sus soldaditos.

Madrid, Málaga, Sevilla, Cádiz, Jerez de la Frontera, Algeciras, Valencia, Alicante, Murcia…, arden como «fogatas de viruta».

En Valladolid también pretendieron incendiar el convento de los Padres jesuitas, los templos y colegios religiosos; desde Madrid llegan núcleos de personas para encabezar la acción revolucionaria.

«Habría que preguntarse desde cuándo empieza a deslizarse en la mente de los españoles la idea de la radical discordia que condujo a la guerra. Y entiendo por discordia no la discrepancia, ni el enfrentamiento, ni siquiera la lucha, sino la voluntad de no convivir, la consideración del “otro” como inaceptable, intolerable, insoportable. Creo que el primer germen surgió con el lamentable episodio de la quema de conventos el 11 de mayo de 1931, cuando la República no había cumplido aún un mes» (Julián Marías. La Guerra Civil. ¿Cómo pudo ocurrir?); y añade unos párrafos más tarde: «Cuanto peor, mejor, que fue la consigna que se acuñó por entonces y que valdría la pena datar con precisión». Julián Marías habla de frivolidad y de la irresponsabilidad máxima del Partido Socialista en octubre de 1934, aprovechada por los catalanistas, que llevó a la destrucción de una democracia eficaz y del concepto mismo de la autonomía regional.

Y es que siempre hay alguien que aprovecha el fuego de la colilla que se tira al suelo encendida.

El Norte de Castilla anunciaba al día siguiente: No pasa nada en Valladolid.

La capitanía general de Valladolid había dado orden de proteger los edificios y cumplir a rajatabla las ordenanzas para evitar cualquier desorden. El jefe de Estado Mayor de la Capitanía era el general Dávila.

Azaña sabía del general a raíz del Informe Picasso y quiere contar con él. Un hombre sensato y eficaz, sin alharacas a la hora de afrontar difíciles situaciones como lo prueba su actuación en África antes del desastre de Annual, que él vaticinó como jefe de la Sección de Campaña del Estado Mayor del general Silvestre. En el deseo de Azaña puede que influyese el consejo  del comandante Leopoldo Menéndez López (primo del general Dávila), uno de los militares, junto a Hernández Sarabia, de su confianza que conocía muy de cerca al general Dávila. Azaña nombraría a Menéndez más tarde subsecretario de Guerra con Hernández Sarabia de ministro. No podía contar con muchos colaboradores dentro de aquel Ejército desconfiado, pleno de retirados y expectantes ante el desorden y la ausencia de autoridad.

El domingo 24 de mayo de 1931 el general Fidel Dávila Arrondo estaba en su despacho de la Capitanía General de Valladolid. Dos capitanes de su Estado Mayor piden permiso para entrar.

—Enhorabuena mi general.

Dávila levanta la cabeza extrañado. ¿Un domingo de enhorabuena?

—A mí, ¿por qué?

—Mi general acaban de llamar del ministerio de la Guerra que don Manuel Azaña le llamará mañana porque le designa Subsecretario.

Al poco tiempo desde Madrid, por encargo de Azaña, llama el comandante Leopoldo Menéndez López repitiéndole lo que acababa Dávila de conocer por sus capitanes del Estado Mayor. Al poco tiempo entró su hermano Víctor Dávila, comandante de Infantería, al que habían enviado para convencerle de que aceptase el cargo.

Ya en su casa le comenta a su esposa:

—Teresa, Azaña me designa Subsecretario del ministerio de la Guerra. Me lo acaban de comunicar.

— ¿Y qué vas a hacer?

—Acabo de formalizar la solicitud de retiro y mañana la cursaré.

—Pero, ¿lo has pensado bien?

—Sí, yo no puedo servir a…

La resolución de Azaña fue muy rápida y en la primera lista apareció retirado, por Decreto del día 28, con tres tenientes generales, ocho generales de División y 42 generales de Brigada (Diario Oficial  del domingo 31 mayo 1931).

El pensamiento militar está revuelto. Sensibilidades a flor de piel ante los desórdenes, la violencia, la deriva que toma la República.

En junio se celebran elecciones generales para elegir las Cortes Constituyentes.

Se inauguran solemnemente. Bandera tricolor e himno de Riego. Ya no hay Rey. ¡Viva la República!… ¿O la revolución?

En el discurso de apertura luce la pomposidad dialéctica de Niceto Alcalá Zamora: « ¡Ah! El sabio extranjero que quiera definir la política española por diccionario tendrá ya que innovar la llamada que decía: “Pronunciamiento: voz anticuada, despectiva, militar y española, sin traducción posible”, y tendrá que decir: Pronunciamiento: voz moderna, civil, popular, de comicio legal, republicana, típica de España, sin traducción posible».

Del proyecto constitucional se pasó a la discusión del articulado. El problema de siempre. La República Federal.

Ortega y Gasset dejó claro los términos del problema, pero ya era tarde: «Un Estado federal es un conjunto de pueblos que caminan hacia su unidad. Un Estado unitario que se federaliza es un organismo de pueblos que retrograda y camina hacia su dispersión». Expuso las diferencias entre soberanía y autonomía: «Es la soberanía la facultad en su raíz, preestatal y prejurídica de las decisiones últimas o primeras, según el orden en que queráis contar: es, pues, el fundamento de todo poder, de toda ley, de todo derecho, de todo orden. Y la autonomía, en cambio, un principio político que supone ya un Estado sobre cuya soberanía indivisa no se discute porque no es cuestión» (Del libro Memorias de Diego Martínez Barrio).

En aquel momento constitucional se vislumbró que la discusión de los artículos referentes al problema religioso iba a ser el plato fuerte y espinoso de aquellas Cortes constituyentes. Lo resume Azaña: «España ha dejado de ser católica». Era el religioso, la Iglesia Católica, una obsesión de aquellos republicanos que, encabezados por el infantil sueño napoleónico de Azaña, cometían los mismos errores del Emperador francés en España: Entre ellos quizá el que más sensibilidades despertaba: el católico.

Se redactaba, más que con sentido común y pensando en la mayoría del sentir de la población española, con revancha y al dictado de los gritos de la calle que no eran todos los españoles, aunque sí los más ruidosos. Un elevado número de ciudadanos se refugió en su casa a la espera del desarrollo de los acontecimientos sin movilizarse en ningún sentido. El resultado no se hizo esperar.

Las discusiones fueron bruscas y pintorescas. Desde oír decir que todo el nudo religioso era: ¿Qué soy, de dónde vengo y adónde voy?, hasta la cita a la que recurre el presidente de las Cortes, con profética referencia, don Julián Besteiro: «Ya dijo el Kempis que la tarde alegre trae la triste mañana».

Al fin vía libre: El Estado español no tiene religión oficial (artículo 3 de la Constitución 1931).

Pero no era este el artículo de la controversia. Una Iglesia perseguida es la consecuencia que se extraía del artículo 26 y que provocó las dimisiones y enfrentamientos. De acuerdo con ese artículo todas las confesiones religiosas eran consideradas como asociaciones sometidas a una ley especial. Se prohibían las ayudas económicas oficiales. Se disolvía la Compañía de Jesús por su voto de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado, siendo sus bienes nacionalizados. El resto de órdenes religiosas se someterían a una legislación especial y se disolverían las que fuesen un peligro para la seguridad del Estado, prohibición de la enseñanza y toda una serie de medidas que las dejaba sin poder ejercer su labor tradicional. Era el camino a su desaparición.

Aprobado el artículo 26 con él llegó la crisis. ¿Deseada por Azaña? Niceto Alcalá Zamora, presidente del Gobierno provisional, dimite y con él Miguel Maura, ministro de la Gobernación.

No era difícil adivinar quién sería su sucesor: Azaña.

La crisis no estaba cerrada, solo daba comienzo perseguida por tres icebergs: la forma de Estado, los regionalismos, hacia la independencia, catalán y vasco, y sobre todo y, entonces por encima de todos, la Iglesia Católica.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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13 abril 2025

LAS COSAS DE DON EUFEMIO. Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (R.)

FERNANDO DE HUIDOBRO Y POLANCO: EL PÁTER JESUITA CAPELLÁN DE LA LEGIÓN. Rafael Dávila Álvarez

Páter Fernando de Huidobro. Claustro de la Iglesia PP. Jesuitas San Francisco de Borja . Madrid

El 11 de abril de 1937 moría el jesuita Padre Fernando de Huidobro y Polanco. Era el Capellán de la IV Bandera de la Legión en el frente de Madrid. Enterrados sus restos en la Iglesia de San Francisco de Borja de los Padres Jesuitas en la calle Serrano de Madrid tiene un monumento erigido en la Cuesta de las Perdices (N-VI. Madrid).

Uno de los primeros artículos que publiqué en este blog, el 5 de marzo de 2014, fue dedicado al Páter Huidobro, Legionario y Santo. Desde entonces han pasado muchas cosas, pero han de pasar muchas más. No ha habido año que no dedique mi recuerdo, devoción y oraciones al Páter de la Legión.

Ahora, al fin, su Causa de beatificación se ha vuelto a  abrir y el Capellán legionario continúa su lento, pero seguro camino hacia los altares.

Es la burocracia lenta y pesada, por rigurosa y eficaz, confiemos en ella para determinar ese día en el que oficialmente se proclame la Santidad del Páter Huidobro. La legión quiere un santo en sus filas.

Pero no será el lento caminar de los papeles los que hagan Santo al Páter; hay algo mucho más eficaz, necesario, y está en nuestras manos, en la de todos ustedes, legionarios o no, y es la devoción lo que le llevará a los altares.

La santidad a día de hoy es un difícil reto. Si además se trata para alguien que estuvo con la Legión en la Guerra Civil se nos antoja un imposible. Hay recelos, en lenguaje legionario ya saben, se quieren derribar cruces y bondades.

No entremos en ello. El que quiera puede leer la biografía del Páter Huidobro en este blog o en otros muchos sitios. No conoció bandos ni atendió a unos olvidando a otros. Se acercó entre balas y cañones a todos, los de uno y otro bando; a todos les llevó su crucifijo de brazos abiertos, de consuelo antes de morir. Sé que más de uno gritó y pidió como última voluntad su presencia, y el Páter olvidó las balas y los colores para correr a consolar a un español que moría.

Sea este día un homenaje hecho oración al Páter de la legión, una unidad elegida por él ya que era más pueblo y valiente que ninguna, y la más cercana al Cielo.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

11 abril 2025

Padre Huidobro Capellán de la IV Bandera de la Legión

(Publicado en 2014)

Si salen de Madrid por la carretera de  La Coruña, a la altura del Km. 8,6,  podrán observar una gran piedra de granito y comprobar, si son capaces de llegar hasta ella, que se trata del monumento “Al padre Huidobro. Capellán de la Legión”.

Hace exactamente un año que el Presidente Obama concedía a título póstumo la Medalla de Honor del Congreso al Capellán del Ejército de los Estados Unidos Emil Kapaun por su valor y méritos en la Guerra de Corea. Murió el año 1951 siendo prisionero de guerra. Se le conocía como el “capellán de los soldados”. “Nunca disparó un arma de fuego pero tenía el arma más poderosa de todas: el amor a sus hermanos, tan poderoso que estaba dispuesto a morir para que ellos pudieran vivir”, dijo de él Obama en el acto de entrega de la preciada condecoración.

El padre Huidobro era un joven jesuita que vino el año 1936 desde su destierro en Bélgica para prestar auxilio espiritual a los soldados en combate.

Murió en el frente de Madrid el 11 de Abril de 1937 siendo capellán de la IV Bandera de la Legión. Con un mono azul como vestimenta y crucifijo en el pecho, sentó plaza con los novios de la muerte y sólo necesitó el primer combate para demostrar quién era aquel curita que siempre aparecía donde más zumbaban las balas. Los legionarios pronto se dieron cuenta. “¡Este cura es un valiente!”, “¡es un Santo!”, decían al ver que se mezclaba entre ellos como uno más. Bien respondía aquél jesuita a lo que ahora predica y ejerce otro jesuita, el Papa: “Los obispos y sacerdotes deben estar al servicio del pueblo, en medio del rebaño y con olor a oveja”. El padre Huidobro amó siempre a sus legionarios, pero estaba en tierra de nadie y se lanzaba a prestar los auxilios espirituales a cualquier herido, sin discriminación de bandos y llevando como únicas armas la bondad y el crucifijo.

Era un valiente y era santo, según el decir de los legionarios que es envidiable certificado popular. Se fue, con tantos legionarios que caían en combate, cuando el amarillo de los jaramagos y el rojo de las amapolas rellenaban las cunetas de la Cuesta de las Perdices.

El poema medieval “La Danza de la Muerte”, que siendo un joven estudiante había representado Fernando Huidobro, se había hecho realidad tal y como él la esperaba, la muerte igualadora.

El Capellán en los ejércitos es algo que los soldados asumieron desde Flandes como saludable precaución ante el trance de la muerte cercana. Desde entonces, los capellanes han recorrido muchos frentes de batalla con su cruz y su estola. Los españoles les llamaban Páter o Padre. Las unidades de los ejércitos anglosajones copiaron entonces el nombre ya que eran los capellanes españoles los que les atendían. Por eso al “military chaplain” le llaman Padre en español. Eran los antecesores del Páter Emil Kapaun, “capellán de los soldados” y del Páter Fernando Huidobro, “capellán de los legionarios”. El primero ha sido condecorado con la más alta condecoración de su Nación.

El padre Huidobro ni una sola condecoración, casi olvidado y silenciado.

Ambos, héroes de la bondad, luchan por una condecoración más elevada, la de la santidad.

La Legión espera el término de la causa de beatificación de su capellán que parece perdida, con o sin intención, por los pasillos del Vaticano.

Mientras, esperamos rezando y encomendándonos al Padre Huidobro.

Se lo recomendamos; vayan de nuestra parte porque nunca le niega nada a un legionario.

Para la Legión la causa de beatificación terminó aquel 11 de Abril de 1937. Es legionario y Santo.

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UN PUEBLO Y UN EJÉRCITO CONFUNDIDOS POR SU CONSTITUCIÓN General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Cuando hablamos de la integridad territorial, tan en duda, tan cuestionada, conviene saber de qué estamos hablando. Nos lo figuramos, pero no está definido.

Es importante ya que constituye una de las misiones que la Constitución asigna a las Fuerzas Armadas: «…garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional»(subrayado propio).

Nuestra actual Constitución guarda silencio sobre cual es el espacio físico donde se ejerce la soberanía nacional, es decir que no determina cual es el territorio del Estado. Sí lo hicieron la Constitución de Cádiz de 1812 (art. 10) y la Constitución de la Segunda República de 1931 (art. 8). La actual se limita a hacerlo de manera indirecta al hablar de las circunscripciones electorales (arts. 68 y 69)

El territorio del Estado es «el espacio físico (terrestre, aéreo y marino) donde se ejercen las competencias y funciones del Estado, con exclusión de análogos poderes por parte de otro Estado o sujetos internacionales».

¿Integridad territorial? ¿Cuál es el territorio nacional?

Cuando las cosas están claras no parece necesario insistir en esa realidad física, jurídica e histórica. Todo se complica cuando vives en constante conspiración y es la propia Constitución la que abre sus puertas a la libre interpretación con el confuso e intrigante término de «nacionalidades» junto a su fundamento: «se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles», es decir que todo apunta a pretender justificar lo injustificable: «a la vez que reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas». Todo un lío sin aclarar ya que nos pone abiertamente ante la necesidad no solo de definir, con rotunda claridad, a qué territorio abarca, sino también de definir los mecanismos para evitar que el principio y fundamento en el que se apoya se venga abajo. El territorio es una realidad física y jurídica que debe ser definido y protegido. Ni le hemos definido ni protegido. Parece intencionado.

Es difícil saber cual es tu nación si no está escrito en algún lugar, si ninguna ley dice cual es el territorio nacional. Ese espacio terrestre, marítimo y aéreo que conforma la identidad nacional y del que ni un metro cuadrado has de abandonar, máxime cuando es la misma Constitución la que ordena defenderlo como misión principal de las Fuerzas Armadas. «…defender su integridad territorial».

¿Cuál es el territorio? ¿Integridad territorial? ¿De qué territorio hablamos?

Todo está en el aire.

Me preocupa ver que la Constitución dice una cosa y la contraria y que su interpretación está en manos del partido (s) político gobernante, es decir que no dependemos de la Ley sino de la trampa.

Lean ustedes e interpreten antes de que sean otros los que lo hagan.

Constitución española de 1978 (el subrayado es propio).

Artículo 94- La prestación del consentimiento del Estado para obligarse por medio de tratados o convenios requerirá la previa autorización de las Cortes Generales, en los siguientes casos:

  1. a)Tratados de carácter político.
  2. b)Tratados o convenios de carácter militar.
  3. c)Tratados o convenios que afecten a la integridad territorial del Estado o a los derechos y deberes fundamentales establecidos en el Título I.
  4. d)Tratados o convenios que impliquen obligaciones financieras para la Hacienda Pública.
  5. e)Tratados o convenios que supongan modificación o derogación de alguna ley o exijan medidas legislativas para su ejecución.
  6. El Congreso y el Senado serán inmediatamente informados de la conclusión de los restantes tratados o convenios.

Todo ello sin olvidar el artículo 95 que dice que: «La celebración de un tratado internacional que contenga estipulaciones contrarias a la Constitución exigirá la previa revisión constitucional» está en manos de ese llamado Tribunal Constitucional Ad hoc: «El Gobierno o cualquiera de las Cámaras puede requerir al Tribunal Constitucional para que declare si existe o no esa contradicción».

No dispongo de la preparación jurídica necesaria, pero interpreto -corríjanme si me equivoco- que se puede ceder territorio nacional mediante un «Tratado» y además por mayoría simple. Es decir que la Constitución se fundamenta en «la indisoluble unidad de la Nación española» y «la defensa de la integridad territorial» es misión de las Fuerzas Armadas, pero es un camelo que nos han contado ya que la misma Constitución permite, por mayoría parlamentaria, deshacer eso que llamamos «integridad territorial» recurriendo a lo que llaman -vaya usted a saber- un tratado internacional. Inaudito tener una Constitución adaptable a la interpretación sesgada de unos teóricos magistrados afines al Gobierno de turno y que abra paso de manera sutil y dudosa a romper con la integridad territorial. ¿En qué quedamos?

La irreductibilidad de España, su integridad territorial, su fundamento, y hasta la integridad territorial de todas su provincias… todo en el aire de un «tratado internacional».

Así estamos, con la duda más que razonable, si España seguirá siendo España, si su Constitución se fundamenta en su indisoluble unidad, si Ceuta y Melilla, Chafarinas, Perejil y los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas son irrenunciables, «si renunciamos a nuestro derecho sobre Gibraltar y aceptamos la extralimitación de la colonia militar británica respecto a lo cedido en Utrecht». Por último, y no menos importante, si alguna Comunidad Autónoma podría dejar de formar parte del territorio nacional sin que las Fuerzas Armadas intervengan en el cumplimiento de su misión ya que una treta de interpretación constitucional puede lograr ese tratado de cesión territorial sin que ni una pareja de la Guardia Civil lo impida.

Hágase la Ley y no olviden adjuntar la trampa.

Lo de las Fuerzas Armadas es una tomadura de pelo, o quizá una previsión por si Putin cruza los Pirineos por el Rosellón.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

9 abril 2025

DE BANDERA E HIMNO NACIONAL. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Estampa legionaria del cuadro obra de Vicente Serradilla Ballinas

Pues debo explicarme y entenderán conmigo que se echa de menos y, en breve, sin apenas darnos cuenta, eso de la bandera y el himno nacional quedará relegado a los cuarteles y si acaso a alguna ceremonia de Jura de Bandera, pero con las limitaciones que el ordeno y mando imponga, que puestos, a lo que vemos, podría ser que no inviten a la bandera o nos cambien el himno, que de todo son capaces cuando las fronteras no están bien delimitadas.

La bandera y el himno nacional cada día están más ausentes de la vida diaria, de lo cotidiano, y cualquier sentimiento de unidad, cualquier emoción que nos lleve al histórico ejemplo de nuestros antepasados es batido por la mediática orden que emana de quienes pretenden una España sin historia, sin pasado, camino de desaparecer en la maldición dictada por real decreto.

Me parece entender que pretenden dejarnos sin el temblor de la emoción que se siente cuando suena el himno nacional y con los ojos al cielo se eleva la Enseña Nacional, sobre todo y sobre todos, llevando ese trozo de poesía que encierra el símbolo en su imposible definición, solo explicable cuando se ha muerto bajo su mandato. ¿Es que no lo recuerdan?

¿…derramar, si es preciso, en defensa de la soberanía e independencia de la Patria, de su unidad e integridad territorial y del ordenamiento constitucional, hasta la última gota de vuestra sangre? No busquen ahora esas palabras. Se han cambiado: «¡Soldados! ¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente vuestras obligaciones militares, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey y a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España?

No querían saber como muere un soldado, olvidar el sacrificio: «…derramar hasta la última gota de vuestra sangre…» La vida militar no admite melifluas promesas ni adornos cobardes, genuflexiones ante el fuego del combate.

En el recuento hay días que falta alguien. Se reza y se llora, pero no habrá novedad mientras el deber y el honor no mueran. Lágrimas de soldado, secas y duras como perlas milenarias, invisibles, rostros que, a pesar de todo, transmiten sosiego y paz. Pretenden que nos encierre la noche. La Bandera se ha recogido. No se ve la Enseña, pero no descansa, no se esconde, cubre el silencio con su manto de protección esperando izarse de nuevo. Otro día y siempre, como horizonte permanente del soldado que la ha besado al jurar que siempre estará en lo alto.

Nuestra Bandera ha sido arriada del territorio nacional y su brillo ha sido eclipsado con la infamia del consentimiento de todos, sin que nadie haga nada, sin cumplir ni hacer cumplir la ley. Deberíamos sonrojarnos, todos.

¿Hemos perdido el honor? No es retórica. Es lo que veo.

La Bandera de España no se iza en todo el territorio nacional. En Cataluña y en muchos rincones del País Vasco se ha arriado la Bandera de España. Incluso se la ofende a diario. Nadie hace nada, no pasa nada.

No lo olvidemos. Ese es el parte, la novedad más importante que hoy y siempre comunicaremos al mando.

Mañana será otro día…, pero todo seguirá igual.

Artículo 4 Título Preliminar. Constitución española:

    1. La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas.
    2. Los Estatutos podrán reconocer banderas y enseñas propias de las Comunidades Autónomas. Estas se utilizarán junto a la bandera de España en sus edificios públicos y en sus actos oficiales.

Sentencia del Tribunal Supremo del 24 de julio de 2007:

La bandera debe ondear diariamente con carácter de permanencia, no de coyuntura, no de excepcionalidad sino de generalidad y en todo momento.

Cúmplase la Ley.

«La bandera de España simboliza la nación; es signo de la soberanía, independencia, unidad e integridad de la patria y representa los valores superiores expresados en la Constitución» (Ley 38/1981 por la que se regula el uso de la bandera de España y el de otras banderas y enseñas).

Muchos días, cuando empiezo a escribir, rompo el folio en blanco, se seca la tinta de la pluma porque todos los días son iguales de tristes para esta  España que se rompió desde que presos por la tiranía etarra y el independentismo caminamos como ciegos sin ni siquiera mantener la sombra de nuestros símbolos; que nos niegan.

Es por ello que vuelvo a nuestra Bandera y nuestro Himno Nacional, para recordar que existen; en poco tiempo los niños de ahora, que ya serán mayores, lo verán como algo extraño y lejano y la simbología será artificial. Aunque todo lo demás será igual, ¿por quién se morirá en combate? ¿por quién la vida dar? ¿Entregar  la última gota de sangre por un ideal? ¿…entregar vuestra vida en defensa de España?

¿Rearmarnos?: Juren ante la Bandera defenderla y morir por ella. ¿Rearmarnos?: Defiendan la soberanía e independencia de España, su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

¿Rearmarnos?: De valores, del valor que requiere morir por España.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

7 abril 2025

«BASTES Y CANCIONES» Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver.

Dibujo del Coronel Luis Esquiroz Medina de su libro «Chascarrillos Militares»

«…Quiero que esta Unidad sea muy alegre y muy eficiente, porque si no es lo primero difícilmente podrá ser  lo segundo; con caras largas no se vencen la fatiga, el miedo ni el hambre: sólo se soportan, pero lo que nosotros perseguimos no es soportar sino vencer, a eso y a todo…» (Alocución de un Capitán en la primera formación de su C.O.E., Compañía de Operaciones Especiales, vulgo guerrilleros.)

Y con ese talante empiezo:

Lo que no he dejado de hacer desde que estoy encerrado con la 2ª lumbar chafada, es ver «La Promesa» por las tardes. Todos tenemos nuestros pecados, pero este no me importa confesarlo, así que ahora me dedico entre otras cosas a ver pasar capítulo tras capítulo, donde todo se complica sacando nuevos personajes para que nunca se acabe,  como dice Pérez-Reverte deben pertenecer a la organización EPYPA  (Éramos Pocos y Parió la Abuela).

Como estoy cansado de pensar siempre sentado, preferiría reflexionar andando, pero con este corsé que me han puesto para corregir los desperfectos, me resulta difícil (una estructura de aluminio, marco de hiper-extensión Jewett largo con adaptación esternal tridimensional Orliman J001G le llaman).  ¡«Cágate lorito»! ; y no me refiero a una de esas expresiones chulesca de los jóvenes de hoy, sino a una de las  vías ferratas deportivas de alta dificultad situada en Sant Llorenc de Montgai, en la Noguera (Lérida).

Todos aseguran estar en posesión de la verdad, pero la lógica me dice que no debería apoyar ninguna que no admita que pueda estar equivocada, y así lo hago.

Pero con mi ingenuidad se me ocurrió preguntar al traumatólogo:

―¿Que estaba más lejos, el sol o mi recuperación?.

El doctor todo irritado me contestó:

―«¿Tú ves la recuperación?

Al menos desde Sócrates, la filosofía sirve para no ser tan necio como ese doctor.

Como aquel capitán de la COE, yo no quiero soportar, quiero vencer.

Y aquí me tenéis encerrado sin el último elemento grotesco de esta torre de Babel en que vivimos,  el «kit de supervivencia» de la Unión Europea. Seguiré mi vida con normalidad, sin hacer acopio de provisiones, y mucho menos  de grandes cantidades de papel higiénico.  La Promesa, el blog y todas estas canciones de marcha,  creo serán  la mejor estrategia de mi supervivencia.

En fin, que Dios nos dé humor para seguir asomados al mirador cómico de la vida, olvidando su fase trágica; hay que reír, porque la risa es vanguardia de la bondad, y porque de no haber ocasión de reírse de vez en cuando, sería cosa de dar parte por escrito de los infortunios de la existencia. (Anónimo militar)

Vais a la muerte con alegría con el galope de la Caballería…

El maldito corsé, se parece a un baste de las Baterías de Montaña para los mulos, como los que se usaban en la General en el ciclo de Artillería. Debido a mi no excesiva estatura, fui conductor de manguito del obús 105/11, y ahora me acuerdo de aquellas  sufridas  acémilas.

Cuando fuimos al campamento de Ezcaray con ellos, los hombres del campo decían:

―«¡Que bestias más guapas!»

Y siempre cantando. En 1953, en las revistas «Armas» y «La Taquilla» de la Academia de Zaragoza, apareció el «Canto al Mulo». Entre otras cosas decía:

 

Oigo «alférez» tu aflicción

 y escucho  el triste concierto

que forman tocando a muerto

la cureña y el cañón.

Estoy en la batería asiendo fuerte una cola.

 viendo la manera de meter en limonera

a mi tormento La Lola.

«Alférez»,

descansa en paz,

que este maldito mulero

jura con su rostro fiero, que hasta que el mulo sucumba

luchará como en Otumba contra ese animal tan fiero.

 

Y mucho antes, en 1949, ya cantaban los cadetes: «Un Conductor de Montaña»

 

Un conductor de montaña,

un testamento dejó…pilín, pilón

que le entierren con el tubo, la cureña y el cañón

que lo suban, que lo bajen, que le canten el kirie eleyson,

 ah,ah,ah que le canten el kirie aleyson…

que le hagan una corona, más reluciente que el sol…pilín, pilón

con los pelos de la cola del mulo que lo mató

que lo suban, que lo bajen…

En la Academia de Infantería de Toledo, en los años cincuenta, aparte de las canciones, estaban de moda los llamados «Ovillejos Académicos», como muestra este con cariñosos recuerdos a tres protos:

Astuto,  feroz y fiero,

«El Barbero».

Del «elenco» el más «felón»

«Cromañón».

No escatimará el «paquete»

«Morterete».

Son el terror del cadete

que sufre castigo duro

cuando le meten un «puro»

«Barbas» «Croma» y «Morterete»

 

1951.-La Batería de Montaña obuses 105/11. Desfilando ante el General Fernandez Capalleja. Del libro «AGM apuntes para su historia» del Coronel Julio Ferrer Sequera.

 

En aquellos años se cantaba casi todo: canciones de guerra como «Lily Marlen», «Yo tenía un Camarada», «La Madelón»… Gozaba también de cierta popularidad «La Campanera»: (¿Por qué seré tan Alférez?/ La estrella la tengo ya,/ solo me falta el Despacho/, y ese muy pronto me lo darán….)  con la que los «retras» ponían los dientes largos a los sufridos «nuevos», que a su vez se defendían tímidamente entonando «La Contracampanera».: (¿Por qué te crees tan Alférez?/ si estás en la General…/ si aún te queda el despacho,/ y hasta septiembre, no te lo dan…).

En el lado oeste del edificio histórico, se encuentra la denominada entre los cadetes  como «escalera del cañón». Accediendo desde el Patio de Armas al pasillo interior, antecede a nuestra protagonista un arco sobre el que reza el conocido refrán latino: «Si vis pacem para bellum» , que resume con elocuente sencillez la razón de ser de nuestros ejércitos.

Su traducción en español para los nuevos es: «Los novatos por la otra escalera».

Escalera del Cañón. Por tradición la escalera, está vetada a los cadetes de primer curso, quienes por ello, en multitud de ocasiones deben dar un largo rodeo para llegar al lugar donde el profesor les espera con exigente puntualidad para comenzar la sesión o actividad programada

Esta prohibición de acceso finaliza, buscando la sorpresa, en fecha indeterminada, nunca antes de la Jura de Bandera, cuando los «nuevos» que ya empiezan a no sentirse como tales, deciden llevar a cabo su primera acción coordinada de combate, agrupándose al pie de la escalera con la intención de tomarla al asalto. Pero, sus compañeros de segundo curso, los «retras», que ya vivieron la misma experiencia como atacantes un año atrás, sienten ahora la necesidad de defender la posición, impidiendo mediante la fuerza de la masa perder apenas un centímetro de terreno en forma de escalón, empleando para ello, agua y harina como armas arrojadizas, y como medio disuasorio, las estrofas de la Canción de la Escalera.

Tras unos minutos de imposible avance, las promociones se disuelven ante la cómplice y parsimoniosa llegada de los oficiales de servicio, quienes igualmente vivieron años atrás la misma experiencia, atacando y defendiendo junto a sus compañeros una escalera, que fue es y será testigo callado, de cómo se forja mediante el respeto y amor a las tradiciones el «Espíritu de la General», vínculo de unión entre generaciones y promociones. Aunque eso sí, todos contarán que fue la suya la única que consiguió subir la escalera del cañón.

Una mañana de invierno

llegaron los «nuevos» a la General

y toda la «alferecía» con mucha alegría se puso a cantar:

¡No subirán la escalera!

aunque juren Bandera

los novatos de la General ¡No hay, no hay, no hay, no hay…!

 

Algunas de esas canciones y otras más, también las cantan los soldados destinados en unidades de  montaña, tropas escogidas, que por su movilidad, perfecta instrucción y conocimiento del terreno, son los llamados a defender las fronteras montañosas,  conocidos con el nombre de Cazadores, sin tener ninguna analogía entre la guerra y la caza como deporte; de buscarlas, solamente serían la agilidad, actividad y conocimientos del terreno que ambos tienen.

Hubo una vez un hombre, Francisco de Asís, que llamaba hermanos a los animales, hasta el más malvado de los cuentos infantiles, era para él, el hermano lobo. Desde Esopo hasta Samaniego o Iriarte, en el mundo de la fábula, los animales han sido ejemplo de comportamientos del hombre

Bajo la piel del mulo, se esconden lecciones que los humanos no deberíamos tener reparo en imitar.  En este mundo en el que las voces «servicio» y «sacrificio» parece que están en crisis, ¡Que gran lección, para nuestra vergüenza, nos da el hermano mulo!

Para la confección de estas notas, me fueron imprescindibles los libros:

―La Academia General Militar «Apuntes para su historia» Tomo II, de mi admirado y amigo el Coronel de Infantería y Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza † JULIO FERRER SEQUERA, de la 8ª promoción, que en su presentación ante su COE pronunció las palabras con las que he comenzado este artículo, y

―«El Ganado».-Guia del Oficial y Suboficial de Cazadores, y «Chascarrillos militares»,del Coronel de Infantería † LUIS ESQUIROZ MEDINA, de la 9ª, que un día me contó:

Soldado español de montaña: CAZADOR. Dibujo del Coronel Luis Esquiroz Medina de su libro ―«El Ganado».- Guia del Oficial  y Suboficial de Cazadores

―Mi padre fue Cazador, mi abuelo en ellos sirvió, mis hijos son Cazadores, ¿qué quieres que  sea yo?

Mi más profundo agradecimiento a mis dos queridos Coroneles, a los que he tenido el gran lujo de conocer y estar a las órdenes del primero. Muchas gracias.

¡Descansen en Paz!

Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver.

Zaragoza  abril 2025.

Nota: Los dibujos son obra del coronel  Esquiroz. Las fotos y las  letras de las canciones están sacadas de ambos libros. Obligación de todos es mantenerlas y que no se pierdan con el tiempo.

Blog: generaldavila.com

LAS COSAS DE DON EUFEMIO. Coronel de Infantería DEM (R.) Félix Torres Murillo

EL CANAL DEL CORONEL. El General Dávila con el Coronel Pedro Baños.

Con el Coronel Pedro Baños en su Canal. Ha sido un placer analizar la actualidad que a tantos afecta. Gracias al Coronel y a todos sus seguidores. Siempre estoy a vuestras disposición en ese lugar donde la verdad, la amistad, la unión y socorro y el compañerismo florecen. ¡Gracias!