<<¿Cómo es posible que un pueblo tan belicoso como el español haya sido siempre conquistado, del todo o en parte, por galos, romanos, cartagineses, vándalos, moros…? A lo que el rey contestó: La nación es bastante apta para las armas, pero desordenada de suerte que solo se puede hacer con ella grandes cosas el que sepa mantenerla unida. Y eso es lo que en efecto hicieron Isabel y Fernando; merced a ello pudieron lanzar a España a las grandes empresas >>. Francesco Guicciardini (Florencia 1483-1540), embajador en España, Relazione di Spagna, padre de la historiografía moderna y gran conocedor de los españoles.
Cita que he publicado en diversas ocasiones porque su actualidad no pasa con el transcurso de la historia. Aquí siempre huele a pólvora, aunque de un tiempo a esta parte la pólvora española está mojada. El diagnóstico que hizo Guicciardini <<mantenerla unida>> ha sido la eterna lucha acentuada cuando la política, la diplomacia y las armas no han sabido resolver esa ecuación que conduce al futuro. El protagonismo de uno u otro elemento definen el momento en el que se encuentra la nación, llámese España, Europa o el Mundo.
El actual es momento de armas ante el fracaso de la política y de la diplomacia. Política, diplomacia y armas son variables de una ecuación muy conocida, y sencilla, que rigió el mundo incluso antes de la escritura. Política o gobierno de los Estados, diplomacia o las relaciones entre ellos. Armas: el fracaso entre ambas. Decía el Cardenal Cisneros que «el olor a pólvora le resultaba más agradable que el de los perfumes de Arabia». Y que el incienso. No ha estado nunca la Roma Vaticana alejada de las intrigas que conlleva cualquiera de las variables de la ecuación. Los hombres son todos iguales, con o sin dogma, <<y llaman paz a los minúsculos intervalos en los cuales se aprestan a afinar los engranajes de la próxima batalla>>. Las tropas suelen ser bendecidas antes de entrar en combate. Vida y guerra son lo mismo. Política sin diplomacia es igual a armas o, de igual manera, la diplomacia es el puente que salva de la guerra que pasa por debajo y que si se derrumba a todos ahoga.
<<España las armas e Italia la pluma>> pusieron en boca del Gran Capitán cuando la envidia recorría los campos de batalla.
Los gobernantes no distinguen parcelas de actuación y no se dejan asesorar por sus diplomáticos a los que ven como una variedad cara de sus empleados domésticos, de la misma manera que tratan a sus generales cuando se ven obligados a declarar la guerra.
En política rara vez están al mando los mejores, todo lo contrario, y entre ellos forman familias ya que la corrupción crea un vínculo mayor que el de la sangre. La política irremediablemente es corrupción, esa tan magníficamente definida en nuestro Diccionario de la RAE: <<Deterioro de valores, usos o costumbres>>. Por el contrario la diplomacia es el alma de la virtud, la mano tendida, la honradez de la nación servida con mesura y dignidad. La diplomacia es el juego elegante que debe preceder toda relación de cualquier tipo; me atrevería a decir que la guerra es el fracaso de la diplomacia, el engaño de la política, y en España, que es decir Europa, siempre ha habido buenísimos diplomáticos y peores políticos, incluso cundo estos eran reyes, que procuraban cortocircuitar pasando de la política a las armas directamente. Eso es el Estado de la corrupción y la explicación del paisaje que vemos al asomarnos a la ventana.
Contaba el gran escultor Sebastián Miranda lo que le ocurrió en un viaje al sur en tren. Detenidos por una avería preguntó a un paisano que estaba en la estación.
—¿Pasamos ya Despeñaperros?
—Sí señor; este es el corazón de Sierra Morena.
—Y diga usted, buen hombre, ¿sigue habiendo bandoleros por esta tierras?
—No señor; eso se ha acabao. Por aquí no hay ninguno.
Y después de una profunda pausa añadió.
—Los que queais, vais ustedes muy arropaditos en vuestras camas del tren.
Aún no había llegado la época del mystére ni de las mascarillas; tampoco creo que el ministro de la cosa esa de los trenes tuviese en aquella época necesidad de un Koldo cercano.
<<Y es que, cuando en un Estado la masa está corrompida, las buenas leyes no sirven ya de nada, a no ser que se confíe su ejecución a un hombre con fuerza suficiente para hacerla observar, y que torne a la masa virtuosa>> (En Maquiavelo sobre las Décadas de Tito Livio).
Los gobernantes son fiel reflejo de los gobernados. Ahora virtudes y defectos parecen reflejarse en las urnas. Es de esperar que pronto caigamos del burro.
¿Será tarde? ¿Vendrá detrás otro burro al que subirse?
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Blog: generaldavila.com
6 marzo 2024
























