Cuentan que hace más de dos mil quinientos años un Maestro de artes marciales, que solo era eso, Maestro, enseñaba a sus discípulos y parece ser, según el relato, que su enseñanza se centraba tanto en la educación y la cultura como en el entrenamiento y la técnica.
Un día al comenzar su diaria clase uno de los alumnos se mostraba muy agitado y contento por lo que al ser tan ostensible aquella actitud el Maestro, cuyo nombre no se nos ha dado a conocer, le pidió que diese explicaciones por su manifiesta alegría.
—Maestro: Ayer pude poner en práctica todas tus enseñanzas y comprobar que he aprendido de manera eficaz lo que cada día nos repites. Ese es el motivo de mi satisfacción
A lo que el Maestro respondió.
—En principio me gusta ese ánimo que refleja tu rostro porque la instrucción es dada solo a los entusiastas; solo guío a los fervientes. Destapo solo una parte de la cuestión, y si el estudiante no puede descubrir el resto, no digo nada más. Veamos qué es lo que has descubierto para que todos compartamos tu experiencia.
—Maestro: Me disponía a cruzar una calle cuando vi un caballo muy nervioso atado al amarradero por lo que pensé que podría ser un peligro a la hora de pasar por sus proximidades. No quise huir del peligro y asumí que tampoco era bueno tener miedo al ataque. Sin amedrentarme, confiado en la virtud de tu enseñanza, me concentré y crucé la calle cerca del animal, momento en el que el bruto caballo me lanzó una coz que con un rápido y acertado movimiento de brazos acompasado con el de mis piernas pude detener. Saludé reverencialmente al bruto y seguí imbuido en tus sabias y prácticas enseñanzas.
La respuesta del Maestro no se hizo esperar. Rotundo.
—No has aprendido nada. Tendrás que empezar de nuevo o abandonar mi compañía.
Y sentenció:
—Cuando la naturaleza prevalece sobre la cultura, se tiene a un salvaje; cuando la cultura prevalece sobre la naturaleza, se tiene a un pedante. Cuando naturaleza y cultura están en equilibrio, se tiene a un caballero.
No has aprendido nada.
—Pero Maestro… siempre nos dijiste que hay una cosa de gran importancia en la guerra: ser tan rápido como el relámpago. ¡Lo he conseguido! Para eso nos enseñas. ¿Qué es lo que debería haber hecho?
—Pasar por delante del caballo. Esa es la enseñanza que te he dado y de la que nada has aprendido: Vencer sin combatir. «Abordar una cuestión por el lado equivocado es sin duda dañino». Tú lo hiciste. El lado equivocado era la grupa del caballo.
Aprovechó el maestro para concluir la enseñanza del día.
—«Si os dan el mando de los Tres Ejércitos, ¿a quién habríais nombrado lugarteniente? El mismo maestro dio la respuesta: «Como lugarteniente mío no hubiera escogido a quien lucha con tigres o atraviesa ríos sin sentir miedo. Más bien a alguien que estuviera lleno de temor antes de entrar en acción y prefiriera siempre una victoria lograda mediante la estrategia».
Este pensamiento tan conocido y que se repite en varios tratados clásicos en los que se trata el arte de la guerra transmite la idea de que hay que aprovechar las propias ventajas para enfrentarlas contra los puntos débiles del enemigo. La estrategia militar. El arte de la guerra, que como nos recuerda el filósofo en palabras del poeta: es el arte de la vida: «Amo la vida, con saber que es muerte».
¿Cuál es esa estrategia, qué es la estrategia? Sin duda la decisión óptima. El arte de dirigir las operaciones militares.
Conocen la fama del caballo Ji que era apreciado no por su fuerza física, sino por su fuerza interna. Es la primera historia sobre: Astucia, engaño, habilidad, estrategia, en definitiva: guerra.
La competición de caballos de Tian Ji es un cuento muy famoso en China porque se dice que fue la primera aplicación de la teoría de juegos de las matemáticas. Durante el período de los Reinos combatientes (475 – 221 a. C.) tanto el Rey Qi Wei Wang del reino Qi, como Tian Ji el general militar de su país, eran aficionados a la competición de caballos. Estos dos hombres clasificaban sus caballos para competir según su categoría: superior, intermedia y baja. Aún sabiendo que, en cualquier nivel, los caballos del rey eran más potentes, Tian Ji seguía compitiendo, cosechando varios fracasos consecutivos. En una competición su estratega militar Sun Bin se le acercó diciendo: “Mi general, tengo una idea para que no vuelva a perder”.
El rey mandó primero su caballo de la categoría superior mientras que Tian Ji, según las instrucciones de estratega, sacó su caballo del nivel más bajo para que compitiera. Lógicamente, el caballo del rey ganó la primera carrera. En la segunda, Tian Ji eligió a su mejor caballo contra el de clasificación intermedia del rey y, sin duda, ganó el del general. En la final, Tian Ji volvió a ganar con su caballo de categoría intermedia contra el de nivel más bajo del rey. Así venció al rey por 2 a 1. Esta victoria sorprendió al Rey Qi Wei Wang y el general aprovechó esta ocasión para recomendarle al rey a su estratega, Sun Bin, a quien llegó a apreciar tanto el rey que le acabó nombrando consejero militar. Gracias a Sun Bin el rey obtuvo numerosos éxitos militares.
Estrategia de guerra. Decisión óptima.
Arte de la guerra.
General Rafael Dávila Álvarez. Escritor
Blog: generaldavila.com
27 diciembre 2022
















