LA MONARQUÍA DE TODOS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Este próximo lunes día 13 en el Centro Cultural de los Ejércitos se presenta La Monarquía de todos, una firme apuesta de la Fundación Villacisneros para hablar de algo tan sencillo y elemental como es la Monarquía española que gracias a una estrategia premeditada y con una clara finalidad se lleva todos los titulares mediáticos solo con la intención de hacerla impopular cuando no de silenciar su insustituible cometido en el desarrollo de la España de todos.

Vamos a hablar de la Institución más valorada por los españoles, pero por otros silenciada y castigada sin razón y que forman y conforman la estrategia de someterla a un constante desprestigio que acabe con su popularidad.

El silencio no vale, las palabras tampoco y es necesario poner en marcha iniciativas que sean prácticas de acuerdo con el lema de la Fundación Villacisneros: Hechos no palabras.

Esta presentación es la primera de las acciones que pone en práctica la Fundación para desarrollar una permanente y metódica actividad que hable, informe y trabaje con y por La Corona, hacerla presente y llevarla al lugar que le corresponde dentro de la actividad de España como nación y como Estado de todos y para todos.

Fundaciones, asociaciones, grupos culturales o intelectuales debe pasar a la acción y no dejar nuestro devenir exclusivamente en manos de la política diaria que habla más de enfrentamiento que de unidad.

La Monarquía de todos los españoles es todo lo contrario, unidad estabilidad, moderación y el marco permanente donde se proclama su unidad por encima de cualquier interés de partido.

En la Monarquía cabemos todos y a todos representa sin exclusividad de nada ni de nadie, y su actividad es única: Por España. Todo por España.

Solo recordar las demasiadas veces olvidadas funciones de La Corona:

—Símbolo de la unidad y permanencia y ser la más alta representación del Estado en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica.

—Arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones.

—Como marca el artículo 61.1 de la Constitución: El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas.

Desgraciadamente estas funciones son asumidas en múltiples ocasiones  por otros a los que no les corresponden.

El Rey de España es el símbolo de España, exponente de la nación, pero sin palabrería, es España y es de todos los españoles, el abanderado de un proyecto común en convivencia, armonía y diversidad. En definitiva la encarnación de todo un pueblo. El Rey en España es España y cuando viaja fuera es España la que lo hace, no una parte u otra, no es una ideología, ni un territorio, lo es todo, lo que somos todos. Y lo es desde hace siglos, no de manera improvisada.

Algo tan sencillo y elemental es ocultado o asumido por otros con no muy claras intenciones. Demasiadas veces.

Cada uno que asuma su deber y entre todos uno común: España.

El trabajo de todos lo presenta y lo representa solo el Rey, que no es una opción, sino la única que nos une a todos.

De esto se trata. De iniciar una serie de acciones que recuperen el interés de todos por algo, quizá ya de las pocas cosas que nos quedan, que nos une, que nos hace sentirnos españoles sin diferencias en nuestro sentimiento histórico, recuperar el sentido de unidad y respeto a nuestra cultura e historia común.

De esto tan sencillo y fundamental trataremos: La Monarquía de todos los españoles.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: genealdavila.com

12 junio 2022

 

ZAPATERO Y LA PUERTA DEL INFIERNO Rafael Dávila Álvarez

Poco me importa. Si es que fuese un viento pasado. El daño que hizo queda y está allí y aquí, ahora. Perdurará. Debe hablarse de él para que nada inventen y pase a la historia como lo que fue e hizo: el mal para España.

Debemos tenerle presente para que los entendidos hagan un permanente estudio de su obra, la creación de una dinastía ahora encabezada por Zapatero II su heredero, sin personalidad, que basa su mandato en la irónica sonrisa y pegarse al peralte izquierdo para no salirse de la carretera que trazó el creador de la estirpe.

No traigo a colación al personaje por lo de Venezuela, que también, sino por  España, porque todos debemos ser desagradecidos con este personaje que levantó los vientos de venganza y linchamiento en la tierra que le vio nacer y, en agradecimiento, arrasó con pesticidas campos que son ahora paisajes yermos cuando antes eran de paz y concordia. ¿Necio o malo?

Quiebra de la nación, espanto de la historia,  mal viento que lo arrastró hasta La Moncloa en tormenta interna, un fuego fatuo que se alzó ante la debilidad de otros.

En el Rif El Raisuni se lo anunciaba al General Fernández Silvestre. «Tú y yo formamos la tempestad, tú eres el viento furibundo; yo, el mar tranquilo. Tú llegas y soplas irritado; yo me agito, me revuelvo y estallo en espuma. Ya tienes ahí la borrasca; pero entre tú y yo hay una diferencia; que yo, como el mar, jamás me salgo de mi sitio, y tú, como el viento, jamás estás en el tuyo».

Ha traído la borrasca a España y ahora va repartiendo vientos de agitación alabando allí donde se instala el crimen y el desgobierno dictatorial.

Sitúa a sus peones en los poderes que necesita. Hay que reducir a los católicos, a los monárquicos, al Rey el primero, que se haga una temporada republicano, le vendrá bien antes de la bastilla. Que no quede ni un conservador ni se conserve nada que tenga valores; morales. La inmoralidad en todo. Armas del no saber el bien.

Nadie notó que la Monarquía española es vínculo del catolicismo y que había que romper ambas y derramar su bálsamo, que España sin Corona es España sin Cruz y ello se logra recogiendo la moral comunista que es la dictadura del padrecito

Alguien debió soplarle lo de Julián Besteiro: «Ya dijo el Kempis que la tarde alegre trae la triste mañana».

Entendió que le habían dejado una herencia que tenía que gestionar porque equivalía a destruir España y, él que no sabe leer, aprendió solo una palabra: naciones. Hay que acabar con España: artículo 2 de la Constitución. Ahí está la clave: nacionalidades. Era la puerta del infierno

La abrió «Abajo la República burguesa de los capitalistas, los generales y el clero. Por la República  de los soviets de obreros, soldados y campesinos».

España, con perdón, ha retrocedido más de cien años. Aquello del 98 era una broma comparado con lo de ahora. Huele a azufre por todas partes.

Rafael Dávila Álvarez 

Blog: generaldavila.com

17 febrero 2021