EL SEÑOR HOMERO. Rafael Dávila Álvarez

No les voy a descubrir a Azorín, aunque vaya usted a saber con lo poco que ahora se sabe de la Ilíada; y de dónde está Troya, que puede que ni estuviese. Azorín era algo así como Aquiles, pero en vez de espada usaba pluma y un paraguas rojo. Hoy sería youtuber o el número uno en tik tok. No me cabe la menor duda. El personal no es tan idiota como parece, solo los que tienen acta de Diputado alcanzan el lugar de los dioses y de la inmunidad.

Sí a ti te digo; tú también ¿te crees distinto?

Hay un corto pero inmenso cuento de Azorín, D. José Martínez Ruiz, que les recomiendo: Toscano o la conformidad. Forma parte de su libro: España. Hombres y paisajes.

Ustedes pensarán que escribir es una tarea pesada, difícil, y que hacerlo a diario una obligación que puede resultar más dura que picar. Les contesto que no, que escribir es un alivio ante el dolor o la alegría, un desahogo necesario y me atrevería a decir que una medicina, cual si el mundo estuviera con fiebre y debe tomarse algo. Paracetamol contra la fiebre que produce el talento de los que gobiernan una nación sí y la otra también.

En el mundo taurino nunca se juntó tanto desecho de tienta.

De lo escrito cada día saldrá un enorme libro único que, aunque tampoco lo sea, se le parece, como si el que escribe haya vuelto de Etiopía, «que es fama entre los etíopes que los monos deliberadamente no hablan para que no los obliguen a trabajar»; claro que no sabían que es mejor escribir que así parece que no hablas y además no es trabajo.

El gran libro lo escribió el señor Homero y luego los demás hemos ido copiando.

Conversaba D. Jacinto Benavente con el aldeano que le veía cavar la tierra

—¿¡Que Don Jacinto trabajando?!

—No hijo, descansando.

Cuando le veía escribir o leer.

—¿¡Que don Jacinto, descansando?!

—No hijo, trabajando.

«Después vi que es absurdo imaginar que hombres que no llegaron a la palabra lleguen a la escritura».

Todo parece ser que fue, pero que ya antes se había escrito.

Homero empezó todo y ya no hay nada más que escribir; es repetir lo mismo. El amor y el odio; el dolor, la traición, el valor y el verbo en sus terminaciones ar, er, ir. No hay más, aunque alguno nos empeñemos en repetir siempre lo mismo. Tomar el medicamento necesario en esta pandemia de inútiles que es tan contagioso.

Cervantes debió descansar mucho después de escribir, pero seguro que presumía más de haber perdido el brazo en Lepanto, si es que alguna vez hubo Lepanto, que debe ser que nos lo han contado tantas veces que ya dudas. Todo está bajo el poder de la luz, la imagen y el sonido.

De ahí que no sea difícil escribir. Dar luz, imaginar, escuchar las voces. Hoy te lo dan todo hecho y eso te causa una tristeza inmensa. Nada puedes. Hay una frase que circula en el cotidiano lenguaje (es horrorosa) y denota una incultura ofensiva: «Es lo que hay». ¿Cómo que es lo que hay? Es preferible vivir en las cuevas. ¿Lo que hay?

Nos hemos hechos inmortales: Creemos.

«Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal» (Borges. El inmortal).

En definitiva ya no hay palabras; cualquier palabra es la palabra de otro y no hay palabra que otro no tape con la suya; y así a palabrotazos vamos de paso en esta estrechez del pensamiento que uno no sabe qué hacer, si escribir o no, Si total está escrito todo y la «conclusión es inadmisible».

«Cuando se acerca el fin, escribió Cartaphilus, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. Palabras, palabras desplazadas y mutiladas, palabras de otros, fue la pobre limosna que le dejaron las horas y los siglos».

Después de sacar el paraguas rojo y no sé cuantas cosas más, todo fue inútil, y entonces el señor Toscano dijo en España. Hombres y paisajes:  «¿Dónde está el secreto de la paz espiritual, de la ecuanimidad, de la dicha? En la conformidad, en dejar que las cosas que no podemos remediar sigan su curso lento, inexorable y eterno».

Ya no queda nada. No hay España y el paisaje es yermo. Los hombres han desaparecido. Me resisto y escribo. Otra cosa no puedo.

Todos copiamos lo que dejó escrito el señor Homero que después repetía el señor Toscano.

¿A dónde nos llevará este curso lento, inexorable y eterno?

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

27 enero 2022

UN REGALO EL DÍA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN (En recuerdo a Manolo, un gran soldado de Infantería) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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La Inmaculada Concepción, Patrona de España y de su Infantería

Las historias del Cielo no suelen ser muy populares, pero en la vida militar, horas de estrellas y centinelas, cuando las esperadas auroras, entre soldados se cuentan muchas de estas historias que luego quedan ocultas en los rincones de los cuerpos de guardia o sobre las piedras solitarias donde la vigilancia descansaba al amparo del alba. Recuerdo especialmente una que siempre he desvelado con cautela. Hoy vuelvo a hacerlo. Puede que, aprovechando esta fiesta grande de la Infantería española, la festividad de Nuestra Patrona la Inmaculada Concepción, haya llegado el momento. Ella nos protege. Verán que sencillo es estar a su lado y buscar su amparo.

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Puerta del Cielo

Dicen que allí en el Cielo, un día estaba San Pedro muy preocupado. Iba y venía sin saber qué hacer. Recorría sin parar los accesos al Cielo y examinaba los registros de entrada. No le salían las cuentas. Se le colaba gente. Ante la duda y extrañeza se acercó al Señor, Jesús.

-Señor, estoy muy preocupado. Se me escapa el control del Cielo. Reviso a diario sus entradas porque noto que está entrando más gente de lo habitual. Cuando estaba recorriendo el límite celestial me he encontrado con un agujero por donde sin comprobación alguna se está colando mucha gente. Algunos son soldados de Infantería. En la distancia se les ve el uniforme y brillar en sus cuellos la corneta.

-Pedro ¿Estás seguro de lo que dices? Sí que es cierto que últimamente me he encontrado con más soldados de lo habitual.

¿Qué has hecho? ¿Has mandado arreglarlo?

-No, Señor, quería antes consultarlo contigo porque es todo muy extraño.

El agujero está en un lugar bastante apartado, aquel por donde surge cada día la aurora. Algo que me ha extrañado mucho es ver que hay colgado a la entrada del agujero un rosario.

-¿Cómo dices Pedro? ¿Un rosario?

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El santo Rosario entre tus dedos siempre rezando…

-Sí, Señor, un rosario. Da la impresión que alguien lo ha colocado intencionadamente como una señal para indicar el hueco por donde colarse en el Cielo.

– ¡Pero hombre, Pedro! ¡Ya está claro! ¿Cómo no te has dado cuenta?

-No os entiendo, Señor. ¿Sabes quién ha sido?

– Claro, Pedro. No lo toques, ni tapes el hueco. Déjalo como está y mira para otro lado.

Eso son cosas de mi madre.

Lepanto 7 de octubre de 1571. Las tropas embarcadas antes de la batalla rezan el rosario. Pio V ha encomendado a la flota española a la Santísima Virgen. Intercesora la Virgen. La de Infantería. La Señora de El Santo Rosario. ¡Dios te Salve, María!

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El milagro de Empel

No será la primera vez. 1585. La Virgen Infante vuelve catorce años después a interceder por los soldados en la isla de Bommel. Se quedará definitivamente entre nosotros. Nuestra Patrona. La de la fiel Infantería, la de a pie, caminante de todos los tiempos, veredas y caminos.

Todos los que hemos mandado conservamos una amistad especial con alguno de los que fueros soldados nuestros. Indefinible, profunda y eterna.

Manolo es uno de esos casos que a mí me ha acompañado hasta que, no hace mucho tiempo, se fue al lugar de donde venía. En el Cielo de los soldados está Manolo. Se coló por aquel roto del Cielo que conocía como nadie.

No es necesario saber mucho sobre Manolo. Solo desvelaré el regalo que me hizo. Lo hago con la misma cautela que he revelado el hueco por donde se entra en el Cielo.

Manolo antes de venir a verme siempre me llamaba para que le ayudase a llegar al lugar donde vivo. Se perdía, así que yo le esperaba en una rotonda de entrada para guiarle hasta la puerta de mi casa.

Aquel día era un 8 de diciembre, festividad de Nuestra Señora la Inmaculada Concepción. No hablamos de muchas cosas. Estar juntos un rato era suficiente. La humildad y la eficacia, como el honor y la honra suelen ser mudos.

Muda será siempre nuestra conversación a pesar de que Manolo pudo contar y contar.

Aquel día, antes de despedirse con la ternura de su habitual abrazo, me dijo:

-Mi general, hoy como es la Inmaculada Concepción, nuestra Patrona, le traigo un regalo.

-Tú dirás, Manolo. Ya veré si te lo acepto.

-No va a tener más remedio, mi general. Desde hoy y para siempre tiene usted un Rosario que a diario rezaré por usted. No le faltará ninguno de los días en los que Dios me mantenga vivo. Se lo rezaré a las seis de la mañana que es la hora a la que me levanto todos los días.

No supe que contestar. Tampoco a dónde mirar. Todavía las formas se resistían a romperse y pretendían mantener la firmeza de carácter y la compostura de la educación militar. No pude. Las lágrimas hicieron acto de presencia. Nunca, jamás, había recibido un regalo como ese. No era un regalo, era el camino del Cielo, el hueco señalado por donde se cuelan, a pesar de todo, los soldados.

¡Son cosas de mi madre! Recordé.

Manolo murió. No para mí. Noto cada día su Rosario. A las 6 de la mañana, a diario. Desde entonces me eché un Rosario al bolsillo y entre los dedos anda siempre rezando. Solo quiero que en su momento me indique el hueco señalado. ¿Manolo será ese tu regalo?

Nada ha cambiado desde Lepanto, Empel, navegando o volando, siempre caminando con nosotros los soldados.

Hoy es su día, el día de nuestra Patrona, Virgen Inmaculada de los que a pie caminamos, infantería española que todavía reza.

Fue aquel día, hace ya unos años, cuando Manolo, un soldado, me regaló el arma invencible de todos los tiempos: Su Santísimo Rosario.

8 de diciembre de 2016. Son las seis de la mañana. Manolo está en ese hueco que se abre al Cielo. Rezando su Rosario.

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El Milagro de Empel (Obra de Augusto Ferrer Dalmau)

¡Dios te Salve, María!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

La devoción a la Virgen María de la Infantería española tiene su orígen en este periodo en las advocaciones del Rosario y la Purísima Concepción.

Las Reales Ordenanzas  de Carlos III harían de precepto el rezo del rosario por compañías.

El Milagro de Empel propagó en la Infantería española la devoción a la Purísima.

Enlace a artículos publicados en años anteriores en la Festividad de Nuestra Patrona la Inmaculada Concepción

¡AVISPA! ¡ALCORNOQUE! ¡FUEGO, MOVIMIENTO Y CHOQUE! ¡IN-FAN-TE-RÍ-A! (General de División Rafael Dávila Álvarez)

http://wp.me/p3Eb9L-Sl

LA INMACULADA MADRE DE LOS INFANTES (Dedicado a los desconocidos infantes de todos los tiempos)

http://wp.me/p3Eb9L-fE

LA INFANTERÍA ESPAÑOLA Y SU PATRONA “LA INMACULADA CONCEPCIÓN”

http://wp.me/p3Eb9L-Q