EL ESPÍA QUE SURGIÓ ¿DEL FRÍO? Rafael Dávila Álvarez

 

CNI Centro Nacional de Inteligencia

LOS ESPÍAS

Conocí a uno (puede que fuese huno) que al llegar fin de mes las cuentas no le salían porque pedía más dietas que días tenía el mes. Lo justificaba de esa original manera porque decía ser espía y por tanto tener dos trabajos, el de las dietas y el otro con el que las camuflaba. Nunca se supo si era sicofanta o valido que ambicionaba la riqueza. Suele pasar cuando juegas a los dos oficios, el de adulador y el otro. El viento les guía.

En un momento eres y en otro lo contrario, pero no se puede estar así toda la vida. El pagador cae en la cuenta de que no le salen las cuentas, va y lo cuenta.

PICAR ALTO

Con el rollito de los espías se han escrito muchos libros. El CESID levanta pasiones y el CNI recientemente las ha levantado y picado alto. Como Villamediana, pero sin el título que deseaba. Entonces no existían los papeles del Cesid, que es hacer un pan como unas tortas, como para creerse que aquí se investigara algo más allá que de cintura para abajo, que eso del cotilleo impera, pero allá cada cual, que con su pan se lo coma.

Poner una vela a uno y a otro es un juego muy de los espías, es el juego que dictan ahora, tiempos modernos y de cambios, y de espías, por lo que vemos, que decía mi admirado amigo Sunzi que «Entre los funcionarios hay hombres de mérito que han sido destituidos, hay otros que han sido castigados por haber cometido errores. […] Los hay que, injustamente, han sido relegados durante mucho tiempo a funciones modestas, los que jamás han accedido a puestos de responsabilidad y aquellos cuyo único deseo es aprovecharse de los periodos turbulentos para ampliar su poder personal. Los hay de doble faz, inconstantes y pérfidos, que siempre esperan ver de dónde sopla el viento».

Pues a lo mejor se le entiende y se me entiende.

AMIGO O ENEMIGO

Sopla el viento furibundo, que todo pertenece al viento, y provoca tempestades que hacen cambiar editoriales, con los huracanes que vuelven a las redacciones encharcadas del lodo de la modernidad y, ¡oye, que no se vende un ejemplar!, ¡a ver que hay por ahí que cause escándalo!; buscar un buen guion, que eso es lo que importa, escribir el que venda más y mejor; ¿qué dices de línea editorial?, ¡¿de qué me hablas?!

La Corona y Franco son los temas preferidos. Eso sí que mola, El Pardo, y la Zarzuela que es un género muy popular, como Doña Francisquita.

Al tratarse de vientos que soplan, me llega uno que dice que hay barra libre para que se dispare en todas las direcciones sea quien sea el que caiga, amigo o enemigo, que el IFR (Identification Friend or Foe) ya no es válido y las Reglas de Enfrenamiento están en los quioscos sin que nadie las compre.

En fin que ya uno no sabe si el espía que quería ser algo más, o el de ahora, o el anterior, o quién sea, y si todo es por el régimen o contra el régimen, pero los meses siguen teniendo los días que tienen y cobrar por ser una cosa y la otra a la vez ni siquiera en las eléctricas lo admiten ¿o ahí sí? Como les decía en el camarote de los hermanos Marx todavía hay sitio.

¡En las redacciones entra cada cosa!

Como en los Consejos de Administración. Del frío no. Ande yo caliente y ríase la gente.

P. S. Dedicado a mi amigo el espía. Pero vete tu a saber si es amigo o no, que siempre espera ver de dónde sopla el viento para inclinarse como el junco.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

25 octubre 2021

LA GUERRA (III) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

<<Pues si el príncipe esclarecido y el general competente derrotan al enemigo cada vez que pasan a la acción, si sus hazañas se salen fuera de lo común, es gracias a la información previa>>, dice Sun Tzu cuando habla de los agentes secretos.

<<Voy a esconderme detrás de los tapices para enterarme de lo que ocurra>>, le dice Polonio al rey que para calzarse la corona ha matado al rey anterior, su hermano, y casarse con la viuda.

La guerra actual tiene mucho que ver con los tapices. En los mejores edificios se sientan los negociadores de nuestras vidas mientras los ce-ene-íes intentan aconsejar y a la vez oír los de los otros. Es la guerra que prepara la guerra, y con ello puede ganarse o perderse. A veces por  comenzar antes de tiempo, sin las condiciones de información previa que exige cualquier guerra; otras por engaños. Entre nosotros hay una guerra subterránea hace ya algún tiempo. Por la información. Nadie se ha atrevido a atravesar las cortinas con la espada a pesar de que hasta en los despachos del Palacio de la Zarzuela llegaron a esconderse tras los tapices y bajo las alfombras, Polonio o Pausanias, que nadie aún lo sabe.

Si en estos días el Gobierno ha salido detrás de su cortina y ha revelado la identidad, el nombre como los apellidos, del director de Inteligencia de los servicios secretos españoles, no es casualidad sino causal. ¿Cuál es la causa?

Sin darnos cuenta la guerra ha estallado hace tiempo y lleva varios capítulos; este es el tercero. Los espías suelen pasarse la vida, según leo, entre restaurantes de muchos tenedores y despachos plagados de micrófonos que no funcionan.

Suelen atacar por la misma vía y caer en las mismas trampas. Han olvidado la norma fundamental de un espía para la guerra: <<inteligentes, pero de apariencia estúpida, y hombres intrépidos, a pesar de su aspecto inofensivo; hombres ligeros, humildes y capaces de soportar el hambre, el frío, la suciedad y la humillación>>. Conozco a algunos y son todo lo contrario. <<Hay sicofantes y validos que ambiciona la riqueza […] y aquellos cuyo único deseo es aprovecharse de los periodos turbulentos para ampliar su poder personal>>. Estos, como dice Sun Tzu:<<pueden provocar disensiones entre el soberano y sus ministros, de forma que no reine entre ellos un acuerdo perfecto>>.

En la guerra está casi todo inventado, pero solo nos acordamos de atacar y defender; cuando eso es lo de menos. Hoy la guerra se juega entre cortinas y haría falta un Hamlet que acabase con tanto Polonio y vigilar a los Pausanias que merodean por los palacios.

<<Por este motivo solamente el soberano esclarecido y el general de valía que sepan utilizar como agentes a las personas más inteligentes tendrán la certeza de realizar grandes cosas. Las operaciones secretas son esenciales en la guerra […]. Un Ejército sin agentes secretos es como un hombre sin ojos y sin oídos>>.

Claro que cuando uno de estos inteligentes provoca disensiones hay que dudar para quien trabaja.

Así es la guerra de los espías. Es decir: la guerra que hoy libramos.

Miren debajo de la cama antes de acostarse.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

19 junio 2020