ARTÍCULO 8 Y 40 AÑOS DE CONSTITUCIÓN. LA INTEGRIDAD TERRITORIAL Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Sin duda es el artículo 8 de la Constitución uno de los más conocidos. También ahora el 155 (pero como si no se conociese) y ¡cómo no!, el artículo 2 que introdujo sin querer queriendo aquello de la indisoluble unidad de la Nación española mientras nos colaba el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones. Menudo lio, ya digo, sin querer queriendo.

El resto de la Constitución se conoce también, pero menos.

Si un militar habla del artículo 8 de la Constitución, ya se sabe, se alude al ruido de sables, impertinente expresión cuyo contenido solo responde a la mala intención de los que abogan por el conocido <<mientras peor mejor>>.

Sin embargo, nadie habla del sablazo, alfanjonazo, de los parlamentarios que rompen la integridad territorial de España -y no pasa nada-. No es ruido sino tormenta desatada, campos yermos, cosecha devastada por el granizo como pedradas. Golpe de Estado, golpe bajo, dado en las entrañas, desde dentro, y abatida, batida España. ¿Constitución? ¿40 años de qué? Traición.

Celebramos los 40 años de nuestra Constitución, esa que no se cumple, de la que andan unos ávidos de cambiarla, de federarla, de republicanizarla, incluso de quemarla en la inquisitorial hoguera asamblearia de las hordas que traen bajo sus brazos la venganza. Yo hablo en este 40 aniversario de cumplirla; antes que cualquier otra cosa. Que se cumpla lo que dice, que se haga cumplir. Luego, harto cumplida, pongámonos a dialogar si sus señorías desean adentrarse en aguas turbulentas. Pero primero escuchen, pongan el oído, eduquen y edúquense: <<Oigo, patria, tu aflicción, y no entiendo por qué callas, viendo a traidores canallas despedazar la nación>>.

Habla el artículo 8 de la Constitución de la integridad territorial y de la defensa de la Constitución y lo repite el juramento a la Bandera: no se cumple. Lo dice la Constitución, pero el camino que existe entre el dicho y el hecho queda sin recorrer. Porque se entiende que  lo más importante de una Nación, su soberanía e independencia, su integridad territorial y el ordenamiento constitucional, queden como misión de las Fuerzas Armadas, pero que en el día a día se permita que haya partidos políticos creados para partir España, que se admita, que se programe, se difunda, se trabaje y se parlamente contra España y para deshacer España, eso, eso no se entiende. Se entiende que las Fuerzas Armadas tengan como misión la defensa de lo más sagrado de una nación como es su soberanía e independencia, su integridad territorial y el ordenamiento constitucional, pero no se entiende que un parlamento parlamente contra España, y lo haga su presidente, los partidos políticos que lo llevan en su ideario, que se legisle contra la unidad de España, contra su integridad territorial y además lo hagan con el dinero de todos los españoles. Eso no se entiende, y eso está admitido, es legal… y es incomprensible, pero está sucediendo en España, en Cataluña. El artículo 8 de la Constitución se ha quedado cojo porque mientras dice una cosa se permite hacer la contraria. Es fácil burlarlo, a lo que se ve.

El artículo 8 habla con rotundidad, pero ningún artículo de la Constitución ni del Código Penal prohíbe o pena a partidos cuyo objetivo sea romper España. Contra la unidad de España se puede ir, se puede acabar con España, a pesar de que las Fuerzas Armadas tienen como misión constitucional garantizar la integridad territorial. Nadie ni ninguna ley prohíben a los partidos políticos ir contra la unidad de España. Alguien en este 40 aniversario debería explicárnoslo o si alguno de ustedes lo entiende que nos lo explique.

En este 40 aniversario nada veo que tengamos que celebrar sino mucho que meditar. No hay razones nada más que para la preocupación.

Me alegraría decir otra cosa y unirme a esos factos tan sonrientes y bulliciosos, pero les aseguro que no me sale de dentro.

Lo siento. No veo motivo, ni tengo nada que celebrar… <<Oigo, patria, tu aflicción, y no entiendo por qué callas, viendo a traidores canallas despedazar la nación>>…, viendo a traidores canallas despedazar la nación.

La culpa no es de la Constitución, sino de los que, debiendo hacerlo, no la defienden. Porque la Constitución hay ue cumplirla y hacerla cumplir.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

7 diciembre 2018

COMITÉS DEMOCRÁTICOS DE LA REPÚBLICA (Última hora: Puigdemont libre) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Ponen en peligro la paz pública y el orden constitucional. Lo dice la fiscalía y lo vemos y sufrimos todos. Comités del odio, facciosos. ¿Quién está detrás? No es difícil saberlo -sí para nosotros-, aunque el que tiene esa responsabilidad es de suponer que está en ello y señalará en la buena dirección para su desarticulación y puesta en manos de la justicia. Otra cosa es que no se quiera hacer o convenga hacerlo de manera distinta. Deberíamos saberlo. Una democracia madura no se mueve entre el permanente secretismo y la información modulada. Las pruebas no parece que sea muy difícil conseguirlas.

Es la hora de las decisiones antes de que esto, la violencia, vaya a más. Desgraciadamente tenemos malas experiencias de lo que supone que se apodere de la calle. Peor que las barricadas. El paso siguiente, el de la clandestinidad, es aún más peligroso. Llegará.

A unos les parece muy bien cómo actúa la policía autonómica; a otros no tan bien. El caso es que surgen dudas de todo y de todos. En esa situación, con el Parlamento catalán inexistente, la justicia actuando, pero amenazada, el Gobierno de la Nación indeciso, o al menos mostrándose indeciso, los españoles desorientados y Cataluña arruinada, surgen los Comités Democráticos de la República, que nada tienen de democráticos ni de republicanos; más bien dictadores y facciosos.

Todavía resuenan en nuestros asustados recuerdos aquellas palabras proféticas del intelectual: <<Por encima de la Constitución, la República; y por encima la Revolución>>. Así que todos a revolucionarse. No me cabe la menor duda de que España es un lugar de hombres de acción. Los ha habido en todas las épocas de su historia. Como han escaseado los políticos. Ortega y Gasset distinguía entre cabezas claras y cabezas rutinarias. Habría que añadir las cabezas malvadas y redondas.

En este blog hemos explicado en numerosos artículos como el modelo de las alteraciones del orden en Cataluña responden a los más conocidos manuales de subversión.

Uno de ellos es el enfrentamiento de los alborotadores con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad con dos fines: que la masa vea, compruebe y tome conciencia de la fuerza que tiene al ver reunidos a todos sus miembros, dispuestos y firmes. Les sirve para tomar conciencia de su violenta fuerza y acostumbrarse a usarla. Y ¡cómo no!, crear mártires, achacar la violencia al Gobierno, sus métodos represivos, y responsabilizarle de heridos, sangre, destrozos…, televisar, difundir la agresividad y mostrarse como víctimas de un Estado que ataca con crueldad la libertad del pueblo.

Cada algarada es un entrenamiento, una formación de grupo, un ejercicio que se dirige desde un puesto de mando con sus instrucciones y medios de todo tipo.

La peor de las situaciones llega cuando todos esos movimientos están dirigidos desde el poder.  Dirigidos desde unas instituciones que te permiten acceder a medios económicos, mediáticos y de influencia en todos los sectores, entre ellos las empresas. Es decir cuando se dirigen prácticamente desde el poder autonómico contra el poder central. Cuando se hace en un momento tardío para evitarlo, porque se ha permitido que el movimiento subversivo haya alcanzado objetivos intermedios y gran notoriedad. Cuando un error por mínimo que sea puede desunir y destrozar una histórica nación. No hace falta dirigir la mirada muy lejos en el tiempo para comprender lo que digo. El desequilibro a favor de una parte puede cambiar en un instante.

Por último; no olvidemos que hay un tipo de violencia difícil de evaluar, cuantificar y detectar. Se llama violencia moral, intimidación. Tiene matices tan finos que son casi imperceptibles. Pero es una crueldad, quizá el más abominable ataque contar las personas y su libertad. En esa disciplina son los dirigentes de los CDR,s. maestros muy peligrosos. Y están ganando a base de contagiar esa temible infección que recorre Cataluña y se extiende por el resto de España. Se llama independentismo, aunque en el fondo solo pretenden que mientras peor, mejor.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

Ya programado este artículo llega la noticia de la puesta en libertad del señor Puigdemont por la justicia alemana. El sistema judicial español en entredicho. Es preocupante y una prueba más del trato que dispensa Europa a la justicia y leyes españolas. Cómo para fiarse. Repito: este es un varapalo tremendo a la justicia española que queda desamparada en esta Europa que empieza a pensar y a certificar que la independencia de Cataluña tiene hueco y razones que esgrimir. No hay rebelión; no puede aplicarse «porque no se cumple el requisito de la “violencia”»… ¡Ojo! Es el primer paso… a más violencia.

Lo sucedido no hace sino refrendar el juicio que en este artículo emito: Lo peor llega cuando se hace en un momento tardío para evitarlo, porque se ha permitido que el movimiento subversivo haya alcanzado objetivos intermedios y gran notoriedad. Cuando un error por mínimo que sea puede desunir y destrozar una histórica nación. No hace falta dirigir la mirada muy lejos en el tiempo para comprender lo que digo. El desequilibro a favor de una parte puede cambiar en un instante.

Para muestra un botón:

El error ya se ha cometido. La desunión está consumada. España hecha jirones, destrozada. La violencia no hará sino aumentar. 

Entre las cabezas rutinarias ¿Queda alguna cabeza clara? ¿Y responsable de lo sucedido? 

La Corona ha cumplido con su labor, la justicia también, el pueblo español ejemplar sin duda y con gran esfuerzo. ¿Quien entonces  es el que ha cometido los errores?

Seamos justos y responsabilicemos a los culpables de este desaguisado que sufre España.

6 abril 2018