LOS REYES DE ESPAÑA ANTE LA CATÁSTROFE Rafael Dávila Álvarez

 

El año 2014 el entonces Príncipe de Asturias, nuestro actual Rey Felipe VI, visitaba la localidad de Cheste donde se desarrollaba un ejercicio de Emergencia nacional, «Luñol 2014» que abarcaba la amplia zona de Cheste, Buñol y Chiva. La misma situación geográfica de la catástrofe actual. Entonces un supuesto terremoto habría provocado cerca de 200 fallecidos (¿coincidencia de cifras?) y otros tantos desaparecidos, miles de heridos, vías férreas y carreteras cortadas e incluso fugas de productos químicos. Se hacía un cálculo de unos 200 fallecidos. ¡Qué cosas!

La primera consecuencia y experiencia fue pasar al Nivel 3 de Emergencias y poner todo el operativo bajo un mando único.

Las autoridades después del ejercicio lanzaban el mensaje: «La población española está dotada de sistemas de emergencia capaces de responder de forma especialmente eficiente». De esto hace solo diez años. ¿Hemos ido a mejor? ¿Sirvió de algo? No fue el único. Se hacen anualmente. Nada se aprende o viene otro y destruye lo hecho. Recuerdo el Ejercicio EURIWATEREX 2018 celebrado los días 22, 23, 24, 25 y 26 de octubre.  En el ejercicio se contemplaba un escenario previsto de inundaciones en la cuenca del Jarama que obligaba a poner en marcha diversos tipos de emergencias y la movilización de medios nacionales e internacionales con alrededor de 600 intervinientes en contención de inundaciones, bombeo y achique de agua, así como acciones de rescate acuático, en túneles o en cuevas, identificación de víctimas y despliegue de puestos médicos avanzados. Hay experiencia comprobada sobre el terreno.

Esta vez no son pruebas ni ejercicios. El entonces Príncipe, el ahora Rey de España, contempla con sus propios ojos la catástrofe que se ha hecho cruda realidad.

Hasta el lugar del dolor se han trasladado los Reyes de España. No iban solos. Algo ha cambiado porque sé por experiencia que en actos de este nivel de tragedia se sigue un riguroso, para mí acertado, protocolo por el que los Reyes no van acompañados del presidente del Gobierno. Convendrá explicar el porqué.

Rey y presidente del Gobierno representan conceptos diferentes y de distinto significado.

El Rey, auctoritas, es el Jefe del Estado, símbolo de la unidad de España y su permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español.

El presidente asume la dirección de la acción del Gobierno y la coordinación de las funciones de sus demás miembros y representa al Gobierno del que responde solidariamente en su gestión política ante el Congreso de los Diputados.

Nada que ver el símbolo de España con el Gobierno de España. Uno representa a España, el otro al Gobierno del Reino de España.

El Rey es España, y por tanto sobre sus hombros carga con el lamento, las quejas y el sufrimiento de los españoles como si llorasen sobre España, incluso asume los reproches y sonoras palabras, como cuando sin saber las razones gritas: ¿¡¡¡Por qué!!!? sin que haya respuesta. Necesitas abrazarte a alguien, el consuelo de la mirada, compartir el sufrimiento, y aceptar tus limitaciones. Todo eso lo acepta España, que somos todos, y el Rey va como uno más siendo todos, sin representar a nadie en concreto, solo al dolor de España.

Es por lo que no conviene mezclar el sentimiento de impotencia y dolor con la responsabilidad. El Rey reina, no gobierna.  Algo por encima de ello ya que aúna y recoge unn solo sentimiento, el de todos los españoles.

El acto responsable, el del Gobierno encabezado por su presidente va en otra dirección y hay que responder ante los españoles de tu responsabilidad. Como tales no son los suyos actos de compasión, ni de caridad, sino de justicia y responsabilidad, para bien o para mal, y ante los que hay que enfrentarse y dar cuenta. El pueblo se manifiesta en estos momentos en la calle, único lugar o púlpito que tiene. Es su Parlamento.

El Rey ha asumido su función y se ha plantado ante una España que se lamenta, llora y grita, ha aceptado los entendibles reproches, no ha huido de su real misión y si por Él fuese la visita habría finalizado como estaba previsto en Chiva, a donde volverá, sin tanto acompañamiento ni protocolo, sin tanto vehículo ni exagerados despliegues, como lo hace siempre, sin molestar y sin pretender fingir otra cosa que ser el símbolo de la España que sufre. El Rey no molesta, sino que acoge y acompaña.

Dicho esto es necesario señalar el olvido de lo ya experimentado y trabajado sobre el terreno (¡en la misma zona donde ha ocurrido la catástrofe!), la renuncia por parte del Gobierno de la nación a asumir responsabilidades, y escusarse en que no se pidió la intervención del Ejército (petición irrelevante y en casos como este innecesaria), lo cual no es cierto como se ha comprobado, lo que produjo un retraso lamentable e imperdonable  en la intervención de las Fuerzas Armadas y conviene aclarar «Fuerzas Armadas» al margen de una u otra unidad, UME u otras (por ejemplo el Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad de Bétera, que lo de Alta Disponibilidad suena a broma de mal gusto en este caso), y, no por último, el gravísimo error de no poner una autoridad nacional de coordinación de una emergencia en la que han muerto cientos de españoles y que nadie entiende cómo ha podido gestionarse de esta manera. Emergencia nacional.

El Rey modera y  arbitra. Lo ha hecho con su impulso y ejemplo. No puede constitucionalmente hacer más. Su ejemplo es más moderador que cien discursos.

Lo que no puede hacer quien tiene la responsabilidad de la Seguridad de todos los españoles es protegerse tras el Rey de la suya propia y que le pide la ciudadanía (ni de derechas ni izquierdas). La responsabilidad se asume cuando la honradez es tu guía. Esto era y es una tragedia nacional.
Por último un tema candente y de máxima preocupación. Los protocolos militares están muy claros, pero hay que cumplirlos, el militar que asume el mando operativo debe hacerlo sin hacer declaraciones señalando a uno u otro. Es conveniente revisar los detalles porque nadie los entiende y las únicas explicaciones corresponden al mando político, nunca al militar que se limita a cumplir las órdenes recibidas, y guiarse en casos de tanta gravedad con lo que dicen nuestra Reales Ordenanzas: «no debe contentarse regularmente con hacer lo preciso de su deber, sin que su propia voluntad adelante cosa alguna«.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

6 noviembre 2024

 

EL LLEGAR TARDE A SU OBLIGACIÓN, AUNQUE SEA DE MINUTOS… Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Dicen las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, Capítulo I dedicado a los principios básicos del militar, en concreto al Espíritu militar, en su artículo 14:

«El militar cuyo propio honor y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien, vale muy poco para el servicio; el llegar tarde a su obligación, aunque sea de minutos; el excusarse con males imaginarios o supuestos de las fatigas que le corresponden; el contentarse regularmente con hacer lo preciso de su deber, sin que su propia voluntad adelante cosa alguna, y el hablar pocas veces de la profesión militar, son pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas».

Pocas palabras y toda una voluminosa lección en la que la palabra militar del texto bien podría (o debería) ser sustituida por la de servidor público.

El protocolo es tan sencillo como exigente. Solo trata de ordenar un sencillo proceso de comunicación para entenderse. Simple corrección, educación y respeto. Quien rompe el protocolo ofende. Mientras más elevado es el rango mayor la ofensa que puede incluso traer consecuencias muy graves como la historia nos muestra. No se puede ser gobernante sin ser fiel y correcto cumplidor del protocolo. Ser educado en definitiva.

12 de octubre es el día de la Hispanidad, oficialmente Día de la Fiesta Nacional, cuando desde lo nacional se ha destrozado la Nación, se ha roto la convivencia entre españoles, lo festivo no existe ni se distingue el día de la noche; después de reventar la Ley y la justicia de la Nación y mientras se patean sus símbolos en aras a la libertad de los facciosos que pretenden imponer su discurso violento. ¿De qué Fiesta Nacional hablamos?

Todo pasa y nada queda, dijo Ángel González en sus Glosas a Heráclito.

Nada es lo mismo, nada

permanece.

Menos

la Historia y la morcilla de mi tierra:

se hacen las dos con sangre, se repiten.

Alguno se cree que este es su pueblo y no España. Un día lo fue todo; no será nada, porque todo pasa y nada queda…

Explicar el 12 de octubre, el Día de la Fiesta Nacional, con un Gobierno en las antípodas de lo nacional, de la unidad de España, vendido al independentismo y a la más negra y reciente historia del terror en España, con los enemigos de la Hispanidad, del idioma español, del sentido de la justicia: es imposible.

Conozco muy en profundidad los protocolos ceremoniales de actos como el desfile del 12 de octubre, que he organizado algún que otro año; he participado, otros muchos, desde dentro, en caravanas reales, en actos trascendentes, donde no puede haber fallo; y no lo hay. Hay precisión matemática que no puede romperse sino por accidente o mala voluntad de uno de los participantes.

«La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero», dice un conocido texto de Machado

Leo en Ciropedia de Jenofonte, libro de cabecera de cualquier soldado, que al hombre de confianza debes situarlo a tu izquierda para que te proteja ese lado que es donde está el corazón. ¿Será algo de eso? Es uno de los primeros textos donde se demuestra que el protocolo tiene una razón de ser.

«Cuando llegaron los invitados al banquete, no hizo sentar a cada uno tal como estaba, sino que al que estimaba más, a su izquierda (porque un posible asesino intentaría alcanzarle en el corazón, por tanto, lo más seguro es tener a la izquierda al hombre de más confianza), pensando que este sitio es más apropiado para las agresiones que la derecha; al segundo en su estima, a la derecha; al tercero, de nuevo a la izquierda, y al cuarto de nuevo a la derecha -y así sucesivamente, si es que eran más-. Dejar en claro cuál era su estima por cada uno, esto a él le parecía bueno, porque donde los hombres creen que el que sobresale no va a ser proclamado ni a recibir recompensas, es evidente que entonces no muestran entre ellos afán de competir; en cambio, donde el mejor queda claro que es el que obtiene más ventajas, entonces es evidente que todos están muy dispuestos a rivalizar. Ciro de esta manera dejaba en claro quiénes eran los mejores ante sus ojos, comenzando desde el lugar que ocupaban a su lado, sentados o de pie. Sin embargo no asignaba el orden de los asientos a perpetuidad, sino que hizo usual el promocionar a un asiento más honroso por medio de nobles acciones, y si alguien flojeaba, el retroceder a un asiento menos honroso. Era un pundonor para él que el que ocupaba el asiento de honor quedase claro ante todos que era objeto de muchísimas atenciones de su parte. Estas costumbres instituidas en época de Ciro, hemos comprobado que permanecen igual todavía en nuestros tiempos».

Ante la humillación «deberíamos danzar la danza persa». Por su efecto apotropaico.

No es la primera vez que los más ofenden a los menos. Que los menos van siendo más y que la nación se empobrece y clama por la justicia contra los que ofrecen el vómito de su ideología como alimento de supervivencia.

«Habría que preguntarse desde cuándo empieza a deslizarse en la mente de los españoles la idea de la radical discordia que condujo a la guerra. Y entiendo por discordia no la discrepancia, ni el enfrentamiento, ni siquiera la lucha, sino la voluntad de no convivir, la consideración del “otro” como inaceptable, intolerable, insoportable. Creo que el primer germen surgió con el lamentable episodio de la quema de conventos el 11 de mayo de 1931, cuando la República no había cumplido aún un mes» (Julián Marías. La Guerra Civil. ¿Cómo pudo ocurrir?).

Sir Douglas Haig, Mariscal de Campo del Ejército británico combatió en la Batalla de Somme durante la I Guerra Mundial; nunca se aproximaba a sus soldados. Su Estado Mayor le recomendó hacerlo para estimular a sus decaídos soldados. Se acercó a uno de ellos y le preguntó: —¿Dónde empezó usted la guerra? El soldado no lo dudó:

—Yo no empecé esta guerra, señor; creo que fue el Kaiser.

Sin duda había llegado tarde y obtuvo la respuesta adecuada.

Más claro no puedo ser.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

17 octubre 2022

LA MINISTRA DE DEFENSA DEBE DIMITIR Y OCUPAR UN DESTINO IRRELEVANTE General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Dimita señora ministra. Deje de ser ministra de Defensa y ocupe un irrelevante puesto. De no existir, pase a la reserva.

El almirante de la Armada española Alfonso Carlos Gómez Fernández de Córdoba fue destituido recientemente de su cargo en el ministerio de Defensa por no estar de acuerdo con la repetición de unas oposiciones a psicólogo militar realizadas con todas las garantías y ajustadas a derecho. La reclamación de dos aspirantes, eliminadas por un tatuaje de acuerdo con las normas dictadas por el ministerio, hizo a la ministra replantearse la convocatoria y repetirla. Lógicamente eso significaba un serio revés y perjuicio para aquellos que hasta ese momento habían aprobado todas las pruebas realizadas. Por tanto estos aspirantes, con las pruebas superadas,  recurrieron la decisión de la ministra. La misma decisión que el almirante no compartía.

El almirante al mantener su justo criterio fue cesado. A los pocos días la ministra pidió al Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada que, al ser cesado en Defensa, la Armada le asignase un destino irrelevante. El AJEMA contestó diciendo que eso no existía en la Armada y que allí todos los destinos son relevantes. La ministra, no sabemos si como reacción airada u otras causas que nos gustaría conocer, si es que existen,  decidió mandar a la reserva al almirante, es decir truncar su carrera militar. Dicho en román paladino: mandó al almirante a su casa.

Ahora el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) da la razón al recurso de los aprobados en las pruebas, desestimando que el ministerio de Defensa pueda repetir la oposición a psicólogo militar, reafirmándose en su auto del 10 de agosto en el que se acordaba la suspensión cautelar de la repetición de la oposición. Aún le queda a la señora ministra el recurso de amparo ante el Tribunal Supremo, pero mientras, el periodo de formación de los futuros psicólogos y otros cuerpos comunes lleva un mes desarrollándose. Todo un despropósito, señora ministra; por no calificarlo de escándalo, no solo administrativo.

Es decir, que el almirante tenía razón. Pero aquí hay un detalle que no pasa desapercibido para nosotros. El almirante ya está en su casa; sin posibilidad de reingreso en la actividad de su querida Armada. No hay más recursos. Fue el Consejo de Ministros mediante Real Decreto, tan usado, mal usado, abusado, el que decidió la reserva del almirante.

La consecuencia de este enredo, señora ministra,  no debería hacerse esperar. Su dimisión es lo que corresponde al honor de su ministerio y que se le dé, a usted, un irrelevante puesto en la administración; si es que lo hay. En la política los tendrá a buen seguro: cientos de miles… muy irrelevantes. Ese es su lugar.

No está de más recordarle lo que dicen las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas que a buen seguro usted conoce:

<<Artículo 18. Justicia en las Fuerzas Armadas.

Propiciará, con su actuación, que la justicia impere en las Fuerzas Armadas de tal modo que nadie tenga nada que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad>>.

Pero antes de dimitir de su cargo deje de exhibir el Escudo de España, símbolo de la Nación,  partido en dos. La Patria se lo agradecerá y si no…

<<¿Es consciente la ministra de que sólo acierta cuando rectifica?>>.

Deberá responder.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

Twitter: @generaldavila

17 septiembre 2018