Hoy escribe con nosotros
César Nombela Cano
César Nombela Cano. Catedrático e investigador. Debería ser suficiente presentación. Definen la mayor aportación que el hombre puede hacer por sus semejantes. Indagar, enseñar, servir, ayudar. Ese es el catedrático don César Nombela. Humilde servidor de la humanidad. Excelencia en el servicio a la humanidad.
Presidente de la “Fundación Carmen y Severo Ochoa” por designación testamentaria del Nobel, trabajó con don Severo Ochoa en Estados Unidos y forma parte de la saga científica española (F1) de Severo Ochoa. Actualmente es Rector de la Universidad internacional Menéndez Pelayo. Inabarcable biografía, que no pretendemos abordar en esta breve presentación. Solo agradecer que haya tenido la amabilidad de hablar de España en este humilde blog.
Las palabras que hoy nos deja don César Nombela exigen una profunda reflexión. En todos los ámbitos.
‹‹Yo confío en que nuestra patria, España, siga siendo un país libre en el que todos podamos aspirar a encontrar oportunidades, a educar mejor a las nuevas generaciones y a afrontar los retos del futuro››.
Indagar, enseñar, servir y ayudar. Es en definitiva un hombre sabio que es decir un hombre bueno.
¡Gracias César! Desde el recuerdo de aquellos años de infancia y juventud en nuestro querido Instituto Ramiro de Maeztu de donde salieron hombres como tú gracias a la libertad, honradez intelectual y el conocimiento de nuestros educadores.
ESPAÑA MI PATRIA
Nadie puede elegir dónde nacer, ni en el seno de qué familia y comunidad humana venir al mundo, ello es algo que nos viene dado. Por eso es absurdo resaltar la pertenencia a un grupo humano como mérito propio y mucho menos como argumento de superioridad frente a otros. Porque una de las conquistas de lo que llamamos “civilización” es precisamente saber que todos los seres humanos son iguales en su dignidad, que son igualmente valiosos por el hecho de pertenecer a nuestra especie. Sabemos, además, así lo demuestra la Historia, que hay una aportación notable de España, en el curso de los largos siglos de existencia que tiene nuestra nación, a establecer ese principio civilizador: que la igualdad y la dignidad humanas, fundamentadas en un pensamiento humanista, se extiende a todos.
Pero, de lo que no cabe duda es de que la identificación de cada cual con su familia y el grupo humano que lo acoge, al llegar a este mundo, forma parte de actitudes profundamente humanas. En ello sí que está la propia voluntad asumida, que nos lleva a una forma de estar en el mundo, enraizada en los fundamentos que dan sentido a la propia cosmovisión. Negar las propias raíces supone una actitud que tiene mucho de cobardía, sin otra salida que la insatisfacción permanente. Inventar un pasado, al margen de lo que razonablemente nos muestra la Historia (siempre sujeta a progresos), reducir los hechos a lo particular y parcial de manera interesada, tiene mucho de engaño contra el que se debe combatir desde el rigor científico. Buscar en las raíces biológicas fundamentos identitarios, algo que sigue haciendo algún nacionalismo incluso hoy, pese al avance del genoma humano que muestra la existencia de una única especie humana, representa una actitud irracional. En este sentido, chocaba claramente hace poco el que un dirigente nacionalista radical de Cataluña afirmara -interpretando desde la ignorancia un estudio científico- que los catalanes se parecen más a los franceses y los españoles a los portugueses (sic).
España es mi patria. Como yo, así lo sentimos millones de españoles que tratamos de vivir en la honradez intelectual y asumimos la historia de nuestros antepasados. Cierto es que hay formas de verla que pueden tener muchos matices. La trayectoria del ser humano por este mundo se asemeja a la de la Humanidad. Es un recorrido no exento de riesgo, pero sólo quien lo asume es capaz de alcanzar logros. De lo que no cabe duda es de que España se construye sobre los fundamentos de una civilización que alumbraron los siglos y que significó progreso y avance para la Humanidad. El pensamiento griego, el derecho romano, las raíces religiosas judeo-cristianas componen el marco en el que surge la nación española. Naturalmente que no todo fue acertado, como en toda trayectoria humana existen también sombras. Pero, la nación española, la primera de las naciones modernas, construida desde la aspiración de sus habitantes, fue capaz de proyectar su potencial y sus proyectos en el mundo. Imposible repasar toda la historia en este espacio, pero baste señalar que nuestra lengua común es el vehículo de comunicación y de pensamiento -sangre de mi espíritu es mi lengua, que dijo Unamuno- es una de nuestras grandes aportaciones. Hoy, más 500 millones de almas se comunican en la lengua española, un patrimonio inmaterial que es herencia y es futuro, que ya no nos pertenece en exclusiva a los españoles, pero que puede ser percibida como una generosa aportación al acervo de la Humanidad.
Pues bien, no todo es ni tiene que ser pasado. A estas alturas de la Historia España sigue siendo una realidad para todos nosotros, para los españoles que vivimos en España y para los muchos que habitan en el mundo global. España es una realidad actual que también se hace proyecto de futuro para nosotros y para nuestros hijos. Año a año, día a día, en un país libre como el nuestro tenemos la oportunidad de decidir, de determinar nuestras vidas, de respetar los derechos de todos y de trabajar por un mundo mejor. Es un privilegio el vivir en un estado de derecho que no está al alcance de muchos seres humanos en estos tiempos. La Constitución vigente se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española -así lo hemos asumido- incorpora una tradición de siglos y, sobre todo, representa también el fundamento de nuestras libertades y nuestra voluntad de vivir en democracia.
España aporta nuestra forma de ser parte de Europa y asentarnos en el mundo. Romper ese orden, privar a los españoles, a los españoles en su conjunto, de un derecho tan fundamental, resulta contrario a los derechos de todos, además de abrir un futuro de incertidumbre, riesgo y enfrentamiento en alguna parte de nuestro país. Yo confío en la fuerza de nuestras instituciones, desde la Corona al Gobierno y todo el entramado institucional para seguir siendo libre en un estado en el que se cumplen las leyes en todo lo fundamental. Yo confío en que nuestra patria, España, siga siendo un país libre en el que todos podamos aspirar a encontrar oportunidades, a educar mejor a las nuevas generaciones y a afrontar los retos del futuro.
César Nombela Cano. Catedrático e investigador.






















